LA NUEVA ERA - Capítulo 50
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Capítulo 50: El camino de regreso
Ana y Silvia sujetaban la camilla con todas sus fuerzas. El dolor en sus cuerpos quemaba, pero no soltaban. No podían.
Lara iba adelante, mirando cada esquina, cada sombra. Se escondían en casas destrozadas, caminaban lentamente, conteniendo la respiración.
Esto es malo, pensó Lara. Vamos muy despacio. Y Marcos está grave. No sé qué va a pasar si seguimos así.
Silvia apretó los dientes.
—Tenemos que apurar el paso. Estamos muy lejos. Ya no nos queda tiempo.
Ana miró hacia atrás, hacia adelante. Los zombis se movían entre los edificios. Demasiados.
—¿Y si cambiamios de plan? —preguntó—. Hay demasiados zombis. ¿Qué podemos hacer?
Lara se detuvo. Lo pensó.
—Yo soy la más rápida —dijo—. Voy a distraerlos. Que me sigan. Ustedes dos corren al hospital lo más rápido que puedan. Marcos es la prioridad ahora.
Ana negó con la cabeza.
—Es muy arriesgado.
—Si un zombi aparece con sus heridas —dijo Silvia, mirando a Marcos en la camilla—, no podemos garantizar su supervivencia.
Lara las miró fijo.
—Al menos tenemos que hacer algo. Tiene que haber una forma de llegar. Tenemos que intentarlo.
Ana y Silvia intercambiaron una mirada.
—Está bien —dijo Ana—. Pero asegurate de volver.
Lara asintió. No dijo nada más.
Se colocó en posición. Saltó entre los autos destrozados.
—¡Acá! —gritó—. ¡Vengan por mí!
Los zombis giraron. La vieron. Corrieron hacia ella.
Lara no esperó más. Empezó a correr.
De reojo, vio a Ana y Silvia cruzar la calle con la camilla. Van bien, pensó. Solo eso importa.
Ahora tenía que perder a los zombis.
Las casas destrozadas. Los techos. Las ventanas rotas. Todo lo que había aprendido en estos meses. Todo lo que Marcos le había enseñado.
Entró en un edificio. Subió las escaleras de dos en dos. Los pies descalzos golpeaban el cemento. Los zombis la seguían. Escuchaba sus gruñidos detrás.
Llegó a una habitación. Ventana rota. Abajo, un montículo de basura. Cartones. Ropa vieja.
Va a doler, pensó.
Saltó.
El aire silbó en sus oídos. Cayó sobre la basura. Algo le raspó el brazo, pero estaba entera.
Se levantó rápido. Miró arriba.
Los zombis también saltaban. Algunos se estrellaban contra el suelo. Cráneos rotos. Cuerpos retorcidos. Otros caían de pie. Seguían.
Corrió.
Un zombi apareció de golpe. No lo vio venir. Le golpeó el brazo. Por suerte, el golpe no fue muy duro. Estaba débil.
Lara reaccionó. Le golpeó la pierna. El zombi cayó. Se alejó.
Siguió corriendo.
Después de un tiempo, perdió a los zombis.
Se detuvo. Apoyó las manos en las rodillas. Respiraba hondo.
Tengo que volver, pensó. Tengo que volver con Ana y Silvia.
Ana miró hacia atrás.
—¿Lara estará bien? —preguntó.
Silvia respondió, sin dudar.
—Sí. Tiene que volver.
Siguieron caminando.
Ana vio algo adelante. Sombras moviéndose entre los autos.
—Hay zombis adelante —susurró.
Silvia apretó la mandíbula.
—Ya nos vieron. No podemos correr. La camilla…
—¿Qué hacemos? —preguntó Ana.
Silvia no respondió con palabras. Agarró un tubo de metal del suelo. Se puso en posición.
Ana hizo lo mismo. El dolor en la espalda ardía, pero apretó los dientes.
Los zombis se abalanzaron.
Silvia conectó el primer golpe. Directo a la cabeza. El zombi retrocedió, pero no cayó.
Ana lo remató. Golpe seco. El zombi cayó.
Otro se acercó a Silvia. Quiso morder. Silvia metió el tubo entre sus dientes. Empujó. El zombi forcejeó.
Silvia fue empujada hacia atrás. Perdió el equilibrio. Cayó de rodillas.
El zombi se liberó. Se giró hacia la camilla.
Hacia Marcos.
Silvia quiso levantarse. No podía. Los otros zombis la atacaban.
Ana luchaba contra otro. No podía ayudar.
El zombi se acercaba a Marcos.
Abría la boca.
Silvia gritó.
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