LA NUEVA ERA - Capítulo 55
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Capítulo 55: La noche en la habitación
La habitación estaba a oscuras. Solo la luz de la luna entrando por la ventana rota, dibujando sombras en el piso de cemento.
Lara suspiró. Estaba tirada en la cama, boca arriba, mirando el techo. No podía dormir. No quería. Pero el cuerpo le pedía descanso.
—Silvia —dijo, con la voz baja—. ¿Vos qué querés hacer?
Silvia estaba en la cama de al lado, acurrucada contra la pared. No se movió. Por un momento, Lara pensó que se había dormido.
Pero no.
—No lo sé —respondió Silvia, con la voz apagada—. No sé qué hacer. No sé adónde ir. No sé nada.
Hizo una pausa. Se incorporó un poco. Apoyó la espalda contra la pared.
—Revisé varias cosas en la ciudad —dijo—. Siento que mejoré en el combate. Pero en verdad… no tengo un plan.
Lara se quedó callada un momento.
—Yo también me siento igual —dijo—. Sin ningún plan.
Silvia la miró.
—¿Vos tampoco podés dormir?
Lara negó con la cabeza.
—No. No puedo.
—¿Qué ves en tus sueños?
Lara se mordió el labio. Las uñas se le clavaron en la palma de la mano.
—Miedo —dijo, con la voz quebrada—. Siento miedo. Cada vez que duermo, veo cosas. Cosas que no quiero ver.
—¿Qué cosas?
Lara cerró los ojos.
—A mi familia —susurró—. A mis padres. A mi hermana. Los veo como los perdí. Otra vez. Siempre otra vez.
Silvia no dijo nada. Solo la miró.
—Por eso no duermo bien —dijo Lara—. Por eso no quiero dormir.
Silvia bajó la cabeza.
—Yo también tengo pesadillas —dijo—. Pero no con mi familia. Con… esto. Con ustedes. Con Marcos. Con que no despierte. Con que Ana se desmaye en el laboratorio. Con que vos no vuelvas de una de esas expediciones.
Lara abrió los ojos. La miró.
—Por eso te pegué —dijo Silvia, con la voz rota—. No fue por bronca. Fue por miedo.
Lara no respondió. Solo se quedó mirando el techo.
Afuera, el viento soplaba.
Las dos se quedaron en silencio.
No dormían. Pero estaban juntas.
El sol tardó en salir. O tal vez fue que el tiempo se había vuelto más lento. O tal vez era que las horas pesaban más cuando no tenés nada que esperar.
Cuando la luz entró por la ventana, Lara se dio cuenta de que no había dormido ni un minuto.
Escuchó a Silvia moverse en la cama de al lado.
—¿Seguís despierta? —preguntó Lara.
—Sí.
—¿Pensaste algo?
Silvia se sentó. Se pasó las manos por la cara.
—No —dijo—. Solo pensé en que no sé qué hacer.
Lara asintió.
—Yo tampoco.
Se quedaron un rato más en silencio.
Después, Silvia se levantó.
—Voy a buscar un poco de agua —dijo.
—Voy con vos —respondió Lara.
Salieron de la habitación. El pasillo estaba vacío. El hospital todavía dormía.
Pero en el laboratorio, Ana seguía despierta. Y en su cama, Marcos no se movía.
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