Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

LA NUEVA ERA - Capítulo 70

  1. Inicio
  2. LA NUEVA ERA
  3. Capítulo 70 - Capítulo 70: El último día
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 70: El último día

El sol se asomaba por las ventanas rotas.

Marcos entrenaba sin descanso. Sus movimientos se sentían extraños. Como si su cuerpo recordara los movimientos que había hecho en el sueño. Una especie de memoria muscular.

—¿Qué hacés? —preguntó Lara, apoyada en el marco de la puerta.

Marcos se detuvo. Bajó los brazos.

—No lo sé —respondió—. Los movimientos me salen solos.

Lara lo miró un momento. Después sonrió.

—¿Querés medir tu condición actual? —propuso—. Un combate.

Marcos la miró. Sabía que necesitaba saber cuánto había perdido.

—Está bien.

Lara se puso unos guantes. Le tiró otros a Marcos.

—¿Estás lista? —preguntó él, ajustándose los guantes—. ¿Va a ser como aquella vez en la cabaña?

Lara sonrió.

—¿Creés que estuve sin hacer nada todo este tiempo?

Marcos se colocó en guardia adelantada. Trató de tomar distancia.

Lara es demasiada rápida, pensó. Si me descuido, pierdo.

En ese momento, Lara apareció frente a él. Un movimiento rápido de pies. Unas fintas. Rompió su guardia.

Marcos intentó reaccionar. Se posicionó de nuevo. Pero era tarde.

Lara le clavó un rodillazo en el estómago.

El dolor lo recorrió. Tosió. Casi se dobla.

Eso no fue fácil, pensó. Uno más y termino arrodillado en el piso.

Lara no se detuvo. Empezó a lanzar combinaciones. Uno-dos. Tres-cuatro. Golpes al cuerpo. Golpes a la cabeza.

Marcos no podía seguirle el ritmo. Sabía cómo moverse. Pero el cuerpo no le respondía.

No la voy a alcanzar, pensó.

Cambió de estrategia.

Esperó. Calculó el momento. Un contragolpe.

Justo cuando Lara se acercaba, Marcos lanzó su golpe.

Perfecto, pensó.

Pero Lara cambió el golpe en el aire. Desvió su mano. La hizo golpear contra su propia frente. Redujo el daño. Y contraatacó con un gancho.

Marcos cayó al suelo.

Respiraba hondo. La mandíbula le dolía. El estómago también. El orgullo, más.

Lara se agachó a su lado.

—¿Estás bien?

Marcos se incorporó despacio. Se frotó la cara.

—Nunca pensé tener que perder tan feamente —dijo—. Mejoraste bastante, Lara.

Lara se sentó a su lado.

—Sí —respondió—. Vas a tener que empezar de cero.

—Supongo que sí. Pero voy a entrenar en el viaje.

—Te voy a ayudar —dijo Lara.

Marcos la miró.

—No te sientas mal —dijo—. Voy a estar en mi mejor condición rápido. Y te voy a volver a derrotar.

Lara sonrió.

—Eso espero.

Silvia y Ana aparecieron con comida y agua.

—Comamos todos juntos —dijo Ana.

—Buena idea —respondió Marcos—. Así podemos conversar a dónde deberíamos irnos.

Lara recordó algo.

—Una vez escuché a Benites hablar de una ciudad con supervivientes. El virus ya afectó a tantos que seguro en algunas partes hay gente escondida. O lugares para comerciar, como en las películas.

Silvia frunció el ceño.

—¿Lugares para comerciar? ¿Con qué?

Ana pensó.

—El dinero ya no vale nada. Así que tal vez con comida, agua… o armas.

La puerta se abrió.

Benites entró.

—Disculpen que los interrumpa —dijo—. Escuché que estaban hablando de eso. Puedo ayudar.

—¿Hay un lugar así? —preguntó Silvia.

—Recién me enteré por radio —respondió Benites—. No sabía que existía antes. No es una ciudad como la que imaginan. Es un puesto de intercambio. Chico. Peligroso. No es como en las películas. Son más agresivos, diría yo. Pocas reglas. La más importante es que para entrar hay que pagar.

—¿Pagar con qué? —preguntó Ana.

—Una caja de cigarrillos. O una lata de comida. Podés cambiar cosas por cigarros, comida, agua, o armas. Tanto simples como armamentísticas.

Marcos se inclinó hacia adelante.

—¿Está cerca de acá?

Benites sacó un mapa del bolsillo. Lo desplegó.

—Calculo unos diez días de viaje en la camioneta. Si no tienen problemas en el camino, tal vez ocho. Pero no menos.

—¿Diez días? —preguntó Silvia, sorprendida.

—Es lo que hay —respondió Benites—. Les traje el camino marcado. Es lo único que puedo hacer.

Se puso de pie.

—No se olviden de despedirse de todos antes de irse. Tengo que atender a mis pacientes.

Salió.

Marcos miró el mapa. Lo estudió.

Si es verdad, pensó, sería una gran oportunidad para conseguir información.

Ana se acercó.

—Tal vez el científico del que escuché los rumores esté en ese lugar —dijo—. O tal vez tus padres, Marcos.

Marcos se quedó en silencio.

Lara habló primero.

—Vamos.

Silvia la miró.

—¿Ya lo decidiste?

Marcos levantó la vista.

—No pueden obligarlas —dijo—. Pero Lara tiene un punto. Es la opción más recomendable para seguir nuestro camino.

Silvia lo miró fijo.

—¿Vamos a estar seguros allá?

Marcos negó con la cabeza.

—No lo sé. Pero si nos quedamos acá, no vamos a encontrar a mis padres.

Hizo una pausa.

—Y vos, Silvia, podrías divertirte un poco más.

Silvia sonrió.

—Es verdad. Me gustaría divertirme un poco más. Pero es muy arriesgado. No quiero arriesgar sus vidas de nuevo.

Marcos la entendió.

—Por eso vamos a tomar el camino más largo —dijo—. No voy a arriesgar sus vidas. Te lo prometo.

Silvia asintió.

—Está bien. Hagámoslo.

Ana se acercó.

—Donde vos vayas, yo voy —dijo, mirando a Marcos.

—¿Qué van a hacer hoy? —preguntó Marcos.

Lara respondió:

—Voy a ayudar a Juárez con unas revisiones. Notamos algunas grietas en las paredes. Hay que repararlas.

—Voy a preparar mis cosas —dijo Ana—. Y hacer algunas modificaciones para seguir trabajando con mi investigación en el viaje.

Silvia pensó un momento.

—Tal vez entrene un poco. Pero no estoy segura. En realidad, tengo una lesión.

Marcos la miró.

—¿Una lesión?

—Nada grave —respondió Silvia—. Después te cuento.

—Entrenemos después —dijo Marcos.

Silvia asintió.

Las horas pasaron.

Cada uno siguió con sus actividades.

Marcos caminaba por los pasillos del hospital cuando se encontró con Samira.

—¿Me ayudás con unos vendajes? —preguntó ella—. Tengo varios pacientes.

—Sí —respondió Marcos.

Mientras vendaba, Samira habló.

—¿Te adaptaste bien al hospital?

—Sí.

—¿Es verdad que se van pronto?

Marcos no quiso mentir.

—Sí. Es necesario. Tengo cosas que hacer. Pero si alguna de las chicas quiere quedarse, no la voy a obligar a venir.

Samira sonrió.

—Eso no va a pasar. Ellas confían en vos. Te cuidan.

Marcos no dijo nada.

Samira terminó el vendaje.

—Listo.

—¿Sabés dónde puedo encontrar algo de comer? —preguntó Marcos.

—En el comedor. Seguí derecho y bajá las escaleras.

Marcos llegó al comedor. Pero antes de entrar, vio a Lara ayudando a Juárez a reparar las paredes quebradas del hospital.

Juárez lo saludó.

—¿Cómo te sentís hoy?

—Bien —respondió Marcos. Observó las paredes—. Se están derrumbando.

Juárez asintió.

—No te preocupes. Ya las estoy arreglando. Solo necesito un poco más de tiempo. Tiene que aguantar un rato más.

Marcos lo miró.

—¿Benites tiene un plan?

Juárez se quedó en silencio un momento.

—Tal vez. Si nos encontramos de nuevo, te lo voy a contar. Pero ahora no sé.

Marcos sonrió.

—Gracias por todo.

Se retiró.

Después de comer, Marcos entrenó con Silvia.

Flexiones. Boxeo. Calistenia. Correr por las escaleras. Subir. Bajar. Subir. Bajar.

Después, combates de práctica.

Silvia ganó todas.

Marcos estaba agotado.

Mi condición es mala, pensó. Tengo que esforzarme más.

Pero también notó algo más.

Silvia mejoró tanto que nunca pensé que iba a lograrlo.

El día pasó normal. Hasta la noche.

Marcos se acostó. Miró el techo.

Cerró los ojos.

Sabía que al otro día iba a ser el último que pasaría en el hospital.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo