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LA PARADOXA SE GONDII - Capítulo 10

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  3. Capítulo 10 - 10 página 10
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10: página 10 10: página 10 El Capitán Renault sentía el peso de su fusil HK416 como si estuviera hecho de plomo.

A través del cristal de su máscara, la figura del Dr.

Thorne no se registraba como una amenaza biológica, sino como una presencia casi clerical.

La paradoja era insoportable: todos sus sentidos entrenados para detectar la hostilidad estaban en silencio.

En la psicología militar, esto se conoce como “parálisis por análisis”, pero lo que Renault sufría era una infiltración química.

El TG-Alpha de Thorne había comenzado a exudar una variante volátil de la proteína p30, una molécula que el Toxoplasma real utiliza para modular la respuesta inmune del huésped.

Al ser aerotransportada en un espacio tan confinado, la proteína estaba siendo succionada por las válvulas de exhalación de los trajes NBQ.

Aunque los filtros HEPA detenían los quistes del parásito, no estaban diseñados para filtrar señales hormonales sintéticas de escala nanométrica.

—Capitán, baje el arma —repitió Thorne.

Su voz no era un comando, era una invitación—.

Sienta cómo su corazón recupera su ritmo natural.

El miedo que siente no es suyo; es un residuo evolutivo que ya no necesita.

Renault miró a sus hombres.

Dos de ellos ya habían bajado la guardia, sus hombros relajados, sus dedos lejos del gatillo.

En la epidemiología de combate, el pánico es contagioso, pero en la “Paradoja de Gondii”, la calma es la verdadera plaga.

El parásito había comprendido que si lograba infectar a una unidad de élite como el GIGN, obtendría no solo nuevos huéspedes, sino transporte blindado y autoridad gubernamental.

—Hay…

hay una alerta biológica —logró articular Renault, aunque su voz sonaba lejana incluso para él mismo.

—La alerta es para los que temen al cambio, Capitán —respondió Thorne, dando un paso más, acortando la distancia hasta que el cañón del fusil tocaba su pecho—.

Yo soy el Dr.

Aris Thorne.

He dedicado mi vida a salvar a hombres como usted de la guerra que llevan dentro.

Déjeme ayudarlo.

En un acto que desafiaba quince años de entrenamiento táctico, Renault soltó su arma.

El metal chocó contra el suelo del vagón con un sonido seco que pareció despertar a los pasajeros de su letargo.

Con manos temblorosas, el capitán llevó sus dedos a los cierres herméticos de su casco.

El sello de vacío se rompió con un siseo, y por primera vez en aquel tren, el aire saturado de TG-Alpha entró sin filtros en los pulmones de un soldado de élite.

Renault cerró los ojos y aspiró profundamente.

La tensión acumulada de una década de misiones de riesgo, el insomnio crónico y el estrés postraumático se disolvieron en un segundo de claridad dopaminérgica.

Cuando abrió los ojos, ya no eran del azul acero del soldado; estaban dilatados, brillantes, reflejando la misma euforia peligrosa que la del hombre que tenía enfrente.

El parásito acababa de reclutar a su primer ejército.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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