LA PARADOXA SE GONDII - Capítulo 14
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14: página 14 14: página 14 La transición del “entusiasmo” a la depredación ocurrió a las 18:42 en la Rue du Mont-Blanc.
El suministro de azúcar de los quioscos y cafeterías se había agotado en menos de una hora.
Fue entonces cuando la fisiología del TG-Alpha impuso su ley más cruel: la Autofagia Inducida.
Cuando el glucógeno hepático se agota y los niveles de insulina caen en picado, el cerebro entra en un estado de psicosis metabólica.
Marc observó desde la seguridad de un portal cómo un grupo de infectados rodeaba a un turista que intentaba retroceder, aterrorizado.
El turista gritaba, pero el sonido de su pánico no provocaba piedad en la multitud; al contrario, el cortisol en el sudor del hombre actuaba como un estimulante para los infectados.
Científicamente, el TG-Alpha ha sido diseñado para detectar el estrés del “huésped no apto” y reaccionar eliminando la resistencia.
—No llores, amigo —dijo uno de los infectados, un hombre que vestía un traje de negocios ahora empapado en sudor amarillento—.
Solo tienes hambre de verdad.
Déjanos ayudarte a sentir lo que nosotros sentimos.
El ataque no fue una embestida caótica.
Fue coordinado, eficiente.
El infectado no buscaba el cuello para matar de inmediato; buscaba tejidos blandos, áreas ricas en grasa y glucosa residual.
En la medicina forense, las mordeduras humanas son altamente infecciosas debido a la microbiota bucal, pero aquí, cada desgarro era una inyección directa de taquizoítos de TG-Alpha en el sistema circulatorio de la víctima.
Lo más aterrador no era el acto de comer, sino la expresión de los agresores.
Comían con la misma alegría con la que se comparte una cena de Navidad.
No había ira, no había gruñidos.
Solo el sonido de la masticación era interrumpido por risas suaves y palabras de aliento hacia la víctima que, en medio del shock traumático y la entrada masiva de dopamina por la saliva de los agresores, dejaba de gritar para empezar a sonreír mientras era consumida.
Científicamente, este comportamiento se denomina “Trofolaxis Predatoria”.
El parásito utiliza el consumo de biomasa para asegurar que el vector (el infectado) no muera por fallo orgánico antes de contagiar al siguiente grupo.
Marc vomitó al ver cómo la mujer de ojos dilatados se unía al festín, arrancando una tira de piel con una delicadeza quirúrgica.
Ella lo miró, con el rostro manchado de rojo, y le extendió una mano temblorosa pero cálida.
—Ven, Marc.
No tengas miedo.
Hay suficiente para que todos seamos felices.
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