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LA PARADOXA SE GONDII - Capítulo 22

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22: página 22 22: página 22 Marc emergió de la corriente de lodo rosado en la Estación de Filtrado de Saint-Jean.

El aire aquí era más frío, cargado de un vapor metálico que le irritaba los pulmones.

Sin embargo, el silencio industrial fue interrumpido por un sonido rítmico, un golpeteo suave sobre las tuberías de acero.

Al encender su linterna, el haz de luz reveló una alfombra de cuerpos pequeños apiñados sobre los tanques de decantación.

Eran niños, docenas de ellos, de todas las edades.

No estaban jugando; estaban “alimentando” el sistema.

Sus pequeños brazos colgaban sobre los bordes de los tanques, con las venas abiertas mediante incisiones precisas, dejando que su sangre cargada de taquizoítos goteara directamente en el agua que se distribuía al resto de la ciudad.

Científicamente, el TG-Alpha estaba induciendo una Hemofilia Selectiva: el parásito impedía que las heridas se cerraran, convirtiendo a los infantes en grifos biológicos vivientes.

—”Gota a gota, el miedo se agota” —canturreó una niña sentada sobre una válvula de presión.

Sus piernas estaban amputadas a la altura de las rodillas, y los muñones, envueltos en gasas empapadas de aquel sudor amarillo, servían como nidos para los quistes del parásito—.

“Bebe de nosotros, Marc.

Mi sangre sabe a la tarde en que dejé de llorar”.

La niña se deslizó hacia él usando sus manos con una agilidad simiesca.

Su rostro era una máscara de carne tensa y ojos hundidos, pero su sonrisa era de una ternura que hacía que las tripas de Marc se retorcieran.

Al acercarse, Marc notó que sus dientes habían sido afilados, no con herramientas, sino mediante el roce constante contra el metal de las tuberías.

—”Un bocado de tu cuello es un beso que dura para siempre” —susurró ella, lanzándose con una velocidad explosiva.

Marc apenas tuvo tiempo de interponer su mochila.

Los dientes de la niña se hundieron en la lona, arrancando un pedazo de material con una fuerza mandibular que fracturaría huesos.

El ataque no fue salvaje; fue quirúrgico.

Ella buscaba la carótida no para matar, sino para “conectar”.

Detrás de ella, otros niños empezaron a gatear por las paredes de hormigón, sus cuerpos demacrados y fibrosos moviéndose con la eficiencia de insectos sociales.

Científicamente, el parásito había atrofiado el sistema digestivo de estos niños, forzándolos a depender de la “Ingestión de Proximidad”: comer la carne fresca de los no infectados para obtener energía inmediata.

Marc vio cómo uno de los niños más pequeños, un bebé que apenas debería caminar, se arrastraba hacia él con una mandíbula dislocada para abarcar más superficie de mordida.

El bebé emitía un gorgoteo alegre mientras sus encías negras buscaban el tobillo de Marc.

—”No te resistas al abrazo de los pequeños” —dijo una voz grave desde las sombras.

Un hombre en una camilla de hospital, con el cuerpo consumido por la necrosis pero con los ojos brillantes de euforia, era empujado por dos mujeres sin lengua—.

“Ellos son el futuro de nuestra calma.

Deja que sus dientes escriban la paz en tu piel”.

Marc golpeó la válvula de emergencia, liberando un chorro de vapor a alta presión que escaldó la piel translúcida de los atacantes.

Ellos no gritaron de dolor; se rieron mientras la piel se desprendía en jirones rojos, agradeciendo el “calor” de su resistencia.

Marc subió por la pasarela superior, viendo hacia abajo cómo la guardería de pesadilla se disolvía en la neblina de vapor, con la niña sin piernas saludándolo con un muñón sangriento mientras le lanzaba un beso al aire saturado de muerte.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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