LA PARADOXA SE GONDII - Capítulo 26
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
26: página 26 26: página 26 El laboratorio de biometría del Sector 18 no era una sala de curación, sino un matadero de alta tecnología.
Marc fue inmovilizado en una mesa de disección automatizada, sus extremidades sujetas por bandas de polímero que se hundían en su carne sucia.
Sobre él, la Dra.
Arishti, una neurobióloga cuyos ojos estaban inyectados en sangre por la falta de sueño y el uso de bloqueadores de dopamina, sostenía una aguja de biopsia de gran calibre.
—No te muevas, Marc —dijo Arishti.
Su voz era plana, desprovista de cualquier empatía; el silencio dopaminérgico la había convertido en una autómata biológica—.
Tu sangre es un caldo de cultivo de TG-Alpha, pero tus neuronas no están disparando la cascada de la Euforia.
Vamos a extraer líquido cefalorraquídeo directamente de la base de tu cráneo.
Sin anestesia.
Los opioides podrían activar al parásito.
Marc gritó cuando la aguja penetró la duramadre.
El dolor fue una descarga eléctrica que le recorrió la espina dorsal, pero a través del cristal de la sala de observación, el horror era visual.
Un grupo de asistentes procesaba a los “especímenes” capturados en las alcantarillas.
Vio cómo una de las máquinas desmembraba a una mujer infectada que aún sonreía mientras sus piernas eran trituradas para alimentar los extractores de suero.
La mujer no se quejaba; mientras la sierra circular le cortaba el fémur, ella intentaba besar el brazo robótico que la sostenía.
—”Es tan hermoso ser útil” —susurraba la mujer, su voz saliendo en borbotones de sangre oxigenada que salpicaba el cristal—.
“Muerde un poco de mi alegría, doctora.
Hay tanta dentro de mí que mis huesos ya no pueden guardarla”.
Científicamente, el parásito había inducido una Angiogénesis Acelerada en los infectados.
Sus cuerpos estaban tan llenos de vasos sanguíneos nuevos que, al ser cortados, no sangraban como un humano normal; emitían un spray de fluido rosado y caliente que saturaba el aire.
Marc vio a un niño, el mismo que estaba en la celda anterior, ser colocado en una cámara de centrifugado vivo.
Sus pequeños dedos rascaban el cristal, dejando rastros de piel y grasa mientras su risa se convertía en un gorgoteo sordo.
—”¿Por qué nos separan?” —preguntó el niño, sus ojos dilatados fijos en Marc mientras el rotor empezaba a girar—.
“Tengo un pedacito de mi corazón en la mano para ti, Marc.
Es blandito…
como un malvavisco.
Solo tienes que abrir la boca”.
El niño extendió un trozo de su propio músculo intercostal que se había arrancado durante el forcejeo.
El detalle era obsceno: la carne palpitaba debido a los quistes del parásito que seguían disparando impulsos eléctricos.
Arishti no se inmutó.
Accionó la centrífuga y el interior de la cámara se convirtió en una espiral de rojo y amarillo.
—Su mutación es nuestra única base de datos real —murmuró Arishti, ignorando los restos que golpeaban el vidrio—.
El Dr.
Thorne en París ha comenzado lo que él llama el ‘Gran Viaje’.
Millones de infectados están saliendo de las ciudades a pie, formando alfombras humanas.
Se comen entre ellos cuando alguien cae para no detenerse.
Si no sintetizamos tu resistencia en las próximas doce horas, no habrá nada que salvar.
Marc cerró los ojos, pero el sonido de los dientes de los infectados rascando las paredes de metal de las celdas contiguas, ese chirrido de felicidad maníaca y desesperada, se le filtraba por los poros.
La ciencia estaba devorando a los monstruos para salvar a los hombres, y Marc, atrapado en medio, empezaba a preguntarse si la fría crueldad de Arishti era realmente mejor que la cálida y sangrienta locura de Thorne.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com