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LA PARADOXA SE GONDII - Capítulo 35

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35: página 35 35: página 35 El Panhard VPC se detuvo frente a las puertas del Palacio del Elíseo, o lo que quedaba de él.

La estructura de piedra estaba ahora recubierta por una membrana pulsante de color violáceo, una red de venas y quistes que latían al unísono con el corazón de la ciudad.

Marc apagó el motor y el silencio que siguió fue más aterrador que cualquier grito: era el silencio de millones de pulmones esperando una orden.

—Tengo que bajar —susurró Marc.

Su piel nácar emitía un brillo tenue en la penumbra de la cabina.

Sabía que el blindaje ya no era necesario; su propia sangre era un búnker.

Al abrir la escotilla, el aire de París le golpeó como un mazo de putrefacción y perfume floral.

Era la “Firma de Thorne”: la mezcla de descomposición orgánica y las feromonas sintéticas del parásito.

Marc puso un pie en el suelo y, al instante, el micelio rosado que cubría el asfalto se retrajo, siseando.

La tierra misma parecía huir de su contacto.

Miles de infectados llenaban los jardines del palacio.

No lo atacaron.

Se abrieron paso para él, formando un pasillo de carne y éxtasis.

Entre ellos, una hilera de niños en sillas de ruedas, cuyos cuerpos estaban tan fundidos con el metal que no se sabía dónde terminaba el niño y dónde empezaba la máquina.

Algunos de ellos sostenían cuencos con trozos de órganos frescos, ofreciéndoselos como si fueran pétalos de rosa.

—”¡El Rey del Veneno ha llegado!” —canturreó un niño, cuya lengua había crecido tanto que se arrastraba por su barbilla como una babosa—.

“¡Mátanos con tu luz, Marc!

¡Haz que nuestras células canten antes de borrarse!” Marc avanzó.

Fue una procesión de horror absoluto.

A medida que caminaba, los infectados más cercanos empezaban a burbujear.

La Apoptosis Galopante no esperaba al contacto físico; el bioaerosol que Marc exhalaba era suficiente.

Vio a una mujer joven caer de rodillas; su piel se volvió translúcida y sus órganos internos se licuaron, convirtiéndola en un saco de fluidos negros en segundos.

Ella sonrió hasta que sus labios se desvanecieron.

—”Gracias…

por…

la…

verdad…” —logró articular antes de convertirse en nada.

Científicamente, la carga de anticuerpos de Marc era tan agresiva que estaba creando un “Vacío Biológico”.

Estaba purificando el aire a su paso, pero la purificación significaba la destrucción total de los huéspedes.

El camino hacia el trono de Thorne estaba pavimentado con la ceniza de los que más “amor” sentían por él.

Al llegar a las escalinatas principales, Marc vio a un hombre que reconoció: era el Presidente .

Estaba sentado en un peldaño, acariciando la cabeza de un niño decapitado que sostenía en su regazo.

El Presidente levantó la vista; sus ojos eran pozos de una alegría negra y viscosa.

—”Thorne te espera en el Gran Salón, Marc” —dijo el mandatario, su voz vibrando con la frecuencia del parásito—.

“Él dice que tu veneno es la sal que le falta a su banquete.

Entra.

El mundo que conocías ya no tiene hogar, pero aquí…

aquí siempre serás parte de nosotros, incluso si solo es como el humo de nuestra hoguera”.

Marc subió los últimos escalones.

Cada paso dejaba una huella de limpieza absoluta en la podredumbre del palacio.

Detrás de él, la masa de niños y lisiados se cerraba de nuevo, llenando el espacio que él había vaciado, devorando los restos necróticos de los que habían muerto a su paso para recuperar la biomasa.

El enfrentamiento final no era solo entre dos hombres, sino entre la individualidad dolorosa de la razón y la disolución gozosa de la colmena.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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