LA PARADOXA SE GONDII - Capítulo 38
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38: página 38 38: página 38 Marc hundió su brazo derecho, desollado y humeante, directamente en la aorta central del trono de Thorne.
El tejido orgánico del palacio siseó, burbujeando en un fango negro mientras la sangre hirviente de Marc se mezclaba con el fluido rosado de la colmena.
Fue una Inyección de Choque Antigénico.
—”¡NO!” —El grito de Thorne no fue humano; fue el rugido de millones de gargantas en todo París que sintieron, al mismo tiempo, que su “paz” se convertía en ácido.
Científicamente, el suero de Marc actuó como un virus informático biológico.
Al entrar en el torrente principal, el anticuerpo empezó a destruir los quistes de Toxoplasma Gondii Alpha a una velocidad de cadena.
Los corazones incrustados en las paredes del salón empezaron a estallar uno tras otro, proyectando chorros de sangre necrótica y trozos de músculo que se licuaban antes de tocar el suelo.
Thorne se retorció en su trono, su rostro desdoblándose mientras su segunda mandíbula se desprendía, colgando de un hilo de nervios expuestos.
Sus ojos negros estallaron, liberando un vapor vítreo que olía a amoníaco quemado.
—”¡Estás…
matando…
la canción!” —bramó Thorne, mientras sus dedos-aguja se clavaban en su propio pecho para intentar arrancar la infección que Marc le había contagiado—.
“¡Eran felices!
¡Iban a ser eternos!” —”La eternidad no se construye con carne ajena, Thorne” —replicó Marc.
Sus pulmones ardían tanto que cada palabra le provocaba una hemorragia interna.
Escupió un coágulo de sangre nácar sobre el rostro del doctor—.
“Es hora de que sientas lo que es estar solo otra vez”.
La Dra.
Vance, conectada al sistema, fue la primera en sufrir la Lisis Sistémica.
Marc vio cómo su cráneo se fracturaba hacia adentro mientras su cerebro se evaporaba.
Pero el efecto no se detuvo allí.
Afuera, en los jardines, los miles de niños y ancianos que esperaban la comunión empezaron a deshacerse.
El “Gran Viaje” se convirtió en una “Gran Disolución”.
Millones de personas en Europa, conectadas por la red de Thorne, sintieron que sus células se suicidaban.
Thorne, en un último acto de desesperación biológica, activó el Protocolo de Quiste Durmiente.
Su cuerpo empezó a retraerse, envolviéndose en una costra de queratina negra, intentando aislar su núcleo del veneno de Marc.
El trono empezó a colapsar, las paredes de carne se derrumbaron sobre ellos en una avalancha de vísceras y fluidos hirvientes.
—Esto no ha terminado, Marc…
—la voz de Thorne era ahora un siseo bajo la costra que se formaba—.
He plantado la semilla en el agua…
en la tierra…
tu sangre limpiará París, pero el mundo es demasiado grande para tu pequeño corazón moribundo.
Una explosión de presión biológica lanzó a Marc hacia atrás, estrellándolo contra una de las pocas columnas de mármol que quedaban en pie.
El Gran Salón se hundió, tragándose a Thorne y su trono en un foso de carne putrefacta.
Marc yacía en el suelo, su temperatura bajando peligrosamente, viendo cómo el cielo de París se llenaba de una lluvia negra: las cenizas de los millones que acababa de “salvar” destruyéndolos.
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