LA PARADOXA SE GONDII - Capítulo 40
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
40: página 40 40: página 40 Marc se arrastró fuera de los jardines del Elíseo, dejando tras de sí al guardia ciego que ahora sollozaba mientras las esferas negras empezaban a brotar de sus propias cuencas vacías.
El aire de París se había vuelto pesado, con un sabor metálico que le raspaba los pulmones.
Al mirar hacia atrás, vio que el Palacio ya no era una masa de carne palpitante, sino que se estaba cubriendo de una costra de grafito biológico.
El parásito se estaba “blindando”.
Científicamente, el TG-Alpha había entrado en su Fase de Latencia Carbonosa.
Al detectar que el suero de Marc podía disolver el tejido blando, el organismo había ordenado la cristalización de sus huéspedes.
Los infectados que no habían muerto en la “Gran Disolución” se estaban convirtiendo en estatuas de carbón y queratina, monumentos negros que exhalaban nubes de esporas microscópicas cada vez que el viento soplaba.
Marc llegó al Panhard VPC, que seguía con el motor encendido.
Al subir, vio su reflejo en el retrovisor y casi no se reconoció.
Sus ojos, antes marrones, ahora tenían un anillo plateado alrededor de la pupila, un efecto secundario de la saturación de metales pesados en su suero.
Su piel nácar estaba llena de cicatrices que parecían grabados en mármol.
—Tengo que salir de aquí —se dijo a sí mismo, pero su voz sonó como el crujido de piedras frotándose entre sí.
Puso el vehículo en marcha y enfiló hacia el sur, buscando la autopista A6.
El camino era un cementerio de estatuas negras.
En las paradas de autobús, familias enteras permanecían abrazadas, convertidas en figuras de hollín sólido.
Al pasar junto a ellas, Marc notó que sus sensores de calor detectaban una actividad mínima: los corazones dentro de aquellas estatuas latían una vez cada cinco minutos.
Era una Animación Suspendida Extrema.
De repente, una de las figuras negras se abalanzó contra el cristal del blindado.
No era un ataque coordinado; era un movimiento espasmódico, como un muelle que se suelta.
El impacto dejó una mancha de polvo negro en el vidrio.
Marc vio por la cámara lateral que el ser no tenía rostro, solo una hendidura vertical por la que expulsaba un gas denso y oscuro.
Científicamente, las Esporas de Tipo B (Necro-esporas) estaban diseñadas para la infección por inhalación profunda.
Ya no necesitaban el afecto o el contacto; solo necesitaban que el huésped respirara.
Marc se dio cuenta de que su suero, aunque lo protegía de la mutación, no detenía la acumulación de estas cenizas en sus pulmones.
Si no encontraba los filtros de aire experimentales que Arishti mencionó en las coordenadas de los Alpes, moriría asfixiado por el mismo mundo que intentaba salvar.
El Panhard dejó atrás la periferia de París.
En el horizonte, hacia el este, vio columnas de humo negro que se elevaban desde otras ciudades.
La “paz” de Thorne había muerto, pero el invierno biológico que Marc había desatado apenas estaba comenzando.
Europa ya no era un jardín de locura; era una cantera de ceniza donde algo mucho más frío y eficiente estaba despertando en el silencio.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com