LA PARADOXA SE GONDII - Capítulo 5
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5: página 5 5: página 5 El Dr.
Thorne caminó hacia la parada del tranvía 15, en la Place des Nations.
Ginebra, en un martes por la tarde, era un hervidero de diversidad: diplomáticos de la ONU con maletines de cuero, estudiantes de la Universidad de Ginebra y turistas fotografiando la silla rota gigante.
Para Thorne, cada persona que rozaba su hombro no era un obstáculo, sino una conexión potencial.
La dopamina seguía fluyendo, bañando su cerebro en una sensación de omnipotencia que distorsionaba su percepción visual; los colores eran más brillantes, los sonidos más nítidos.
En la biología de las enfermedades infecciosas, un “super-propagador” es un individuo que contagia a un número desproporcionadamente alto de personas.
Thorne era el espécimen perfecto.
El TG-Alpha, en su frenesí replicativo, había comenzado a acumularse en sus glándulas salivales.
No necesitaba morder, como en las películas de terror baratas; solo necesitaba hablar, reír o compartir un espacio cerrado.
El tranvía llegó, chirriando sobre los rieles.
Thorne subió y se sentó en un espacio reducido entre una mujer joven que leía un libro y un hombre de negocios que revisaba su teléfono.
En un estado normal, Thorne habría mantenido la distancia social típica de Suiza, pero el parásito había reconfigurado su noción del espacio personal.
—Es un libro fascinante, ¿verdad?
—dijo Thorne, inclinándose hacia la joven.
Ella levantó la vista, sorprendida por la intrusión, pero se encontró con la mirada de Thorne.
Sus pupilas estaban dilatadas, un efecto secundario de la estimulación del sistema nervioso simpático, lo que a menudo se interpreta subconscientemente como una señal de honestidad y atracción.
Ella sonrió, bajando sus defensas.
—Sí, lo es —respondió ella.
Mientras conversaban, microscópicas gotas de saliva cargadas con taquizoítos de TG-Alpha quedaron suspendidas en el aire acondicionado del tranvía.
El parásito, editado para ser aerotolerante durante cortos periodos, fue succionado por los filtros de ventilación del vehículo, distribuyéndose uniformemente entre los treinta pasajeros.
Científicamente, este proceso se llama transmisión por bioaerosoles.
En la vida real, el Toxoplasma se transmite principalmente por vía oral, pero Thorne había modificado las proteínas de superficie del parásito para que pudieran adherirse a las mucosas respiratorias.
En menos de diez minutos, el tranvía 15 se había convertido en un laboratorio ambulante.
Ninguno de los pasajeros sintió nada más que una extraña y repentina sensación de bienestar, un eco tenue de la euforia que ya consumía al doctor.
Thorne se bajó en la estación de Cornavin, la principal terminal ferroviaria de Ginebra.
Ante él se extendían los trenes de alta velocidad (TGV) que conectaban con París, Milán y Lyon.
El parásito, a través de los impulsos de Thorne, miró las pantallas de horarios.
Europa estaba abierta, y él tenía un mensaje de alegría que compartir con todo el continente.
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