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LA PARADOXA SE GONDII - Capítulo 6

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6: Página 6 6: Página 6 Apenas tres horas después de que el Dr.

Thorne abandonara el laboratorio, los algoritmos de la Oficina Federal de Salud Pública (BAG) de Suiza comenzaron a registrar anomalías en los servicios de emergencia de Ginebra.

No eran reportes de fiebres hemorrágicas o colapsos respiratorios; eran informes policiales y de tráfico.

En un país conocido por su orden casi quirúrgico, los accidentes de tráfico en el centro de la ciudad se habían triplicado sin causa aparente de clima o fallos mecánicos.

La Dra.

Elena Vance, analista de datos de la OMS asignada a la vigilancia de patógenos emergentes, observaba los monitores con una mezcla de desconcierto y una creciente alarma profesional.

—No tiene sentido —murmuró Elena, ajustando sus gafas—.

No hay rastro de intoxicación etílica o narcóticos.

Los conductores involucrados simplemente…

dejaron de frenar.

Dicen que sentían que “todo saldría bien”.

En la vida real, el Toxoplasma gondii está vinculado estadísticamente con un aumento en los accidentes de tráfico debido a que ralentiza el tiempo de reacción y aumenta la asunción de riesgos.

Pero el TG-Alpha no estaba ralentizando a sus huéspedes; estaba reconfigurando su percepción del peligro de forma agresiva.

Los pasajeros del tranvía 15, ahora dispersos por toda la ciudad, estaban entrando en la fase de “Latencia de Euforia”.

Científicamente, el parásito estaba colonizando las células de la microglía en la corteza prefrontal, la región encargada de la inhibición y el juicio moral.

Los infectados no se sentían enfermos; se sentían invencibles.

En el Hospital Universitario de Ginebra (HUG), un enfermero de urgencias reportó a un hombre que llegó con una fractura abierta de fémur tras saltar de un segundo piso “por diversión”; el hombre no gritaba de dolor, sino que intentaba abrazar a los médicos, con una sonrisa que Elena, al ver las grabaciones de seguridad, describió internamente como “depredadoramente alegre”.

Elena activó el protocolo de enlace con el Campus Biotech.

Necesitaba saber si el Dr.

Thorne, el mayor experto mundial en Toxoplasma, tenía alguna teoría sobre un brote de psicosis colectiva.

Lo que no sabía era que Thorne ya no estaba en Ginebra.

El sistema de peajes y cámaras de seguridad ya lo registraba cruzando la frontera hacia Francia.

El parásito había comprendido que Ginebra era solo una placa de Petri; Europa era el organismo entero, y el sistema circulatorio ferroviario era la forma más eficiente de infectar el corazón del continente antes de que alguien como Elena Vance pudiera siquiera pronunciar la palabra “cuarentena”.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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