Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

La Princesa y El Rey de Hielo: el corazón de onix y la daga celestial. - Capítulo 11

  1. Inicio
  2. La Princesa y El Rey de Hielo: el corazón de onix y la daga celestial.
  3. Capítulo 11 - 11 FUEGO HIELO Y ACERO
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

11: FUEGO, HIELO, Y ACERO 11: FUEGO, HIELO, Y ACERO El suelo del campamento en las Tierras Neutras se había convertido en una pesadilla de alquitrán viviente.

La Viscosidad de Callum no solo avanzaba; respiraba.

De las burbujas negras emergerían los Acechadores de Médula, criaturas esqueléticas recubiertas de esa sustancia pastosa que siseaba al contacto con el aire.

​—¡Mantened el perímetro!

—rugió Niamh, extendiendo sus manos hacia el suelo.

​Una onda de escarcha azulada recorrió la tierra, congelando la viscosidad antes de que pudiera tragarse las tiendas de campaña.

Pero la magia de Niamh, aunque poderosa, parecía agotarse más rápido en estas tierras donde el flujo místico era errático.

​—¡Tus trucos de congelador no van a bastar esta vez, Rey de Hielo!

—gritó Kaelen Vance, apareciendo a su lado.

​Kaelen llevaba una mochila metálica de la que salían cables conectados a unos guantes reforzados.

Con un movimiento rápido, golpeó a uno de los Acechadores.

Una descarga de electricidad pura desintegró la parte superior de la criatura.

​—¡Eyre, por aquí!

—Kaelen le tendió la mano a Eyre, quien acababa de salir de la tienda con la Daga Celestial en alto.

​Niamh se interpuso con un movimiento fluido de su capa, apartando a Kaelen con el hombro.

—Ella se queda conmigo, Vance.

Ocúpate de tus hombres si no quieres que terminen siendo abono para Callum.

​—Mis hombres saben cuidarse, “Su Majestad” —replicó Kaelen con un guiño a Eyre—.

Pero Eyre sabe que el acero de Calandra entiende mejor a los monstruos que vuestras rimas antiguas.

Eyre no esperó a que terminaran de discutir.

Un Acechador se lanzó sobre ella, y con un giro que habría enorgullecido a Niamh, hundió la Daga Celestial en el pecho del monstruo.

La luz blanca de la daga y la electricidad de los guantes de Kaelen crearon una reacción en cadena que iluminó todo el campamento.

​—¡Dejad de mediros el orgullo y luchad!

—les gritó Eyre, sus ojos brillando con esa mezcla de determinación y magia que tanto fascinaba a ambos hombres.

​Niamh soltó un gruñido y canalizó una tormenta de granizo afilado que cortó a una docena de enemigos.

Kaelen, por su parte, sacó una granada de pulso térmico y la lanzó hacia el centro de la mancha negra.

​—¡Al suelo!

—advirtió el humano.

​La explosión de calor vaporizó gran parte de la viscosidad.

Niamh miró la tecnología de Kaelen con una mezcla de asco y reticente respeto.

Era una forma de lucha que no requería años de estudio místico, solo audacia e ingenio.

En medio del caos, la tierra se abrió bajo los pies de Eyre.

Una mano gigante hecha de sombras y lodo —una extensión directa de la voluntad de Callum— surgió del abismo para atraparla.

​—¡Eyre!

—gritaron ambos hombres al unísono.

​Niamh lanzó una lanza de hielo para congelar el brazo de sombra, pero la criatura era inmune al frío extremo; solo el fuego o la luz pura podían dañarla.

Antes de que Niamh pudiera recargar su magia, Kaelen ya se había lanzado al vacío, agarrando a Eyre por la cintura y usando un arpeo mecánico para impulsarlos a ambos hacia una roca elevada.

​Cuando aterrizaron, Kaelen no la soltó de inmediato.

Se quedó allí, sujetándola con fuerza, comprobando si tenía heridas.

​—¿Estás bien, nena?

—preguntó Kaelen, su voz suave y cargada de una preocupación genuina que olía a sudor y pólvora—.

Casi te conviertes en un recuerdo.

​—Estoy bien, Kaelen.

Gracias —Eyre le sonrió, sintiendo que esa cercanía humana era un bálsamo para su alma agotada.

​Niamh llegó a la roca un segundo después.

Su rostro estaba tan pálido que parecía hecho de mármol.

Al ver a Eyre en brazos de Kaelen, el aire a su alrededor se volvió tan frío que la escarcha empezó a formarse en la ropa del capitán humano.

​—Suéltala, Vance —dijo Niamh.

No era una petición; era una amenaza de muerte.

​Kaelen alzó una ceja, pero soltó a Eyre lentamente, manteniendo una mano protectora en su brazo.

—Solo hacía vuestro trabajo, Rey.

Parece que vuestro hielo se está derritiendo bajo presión.

​Niamh agarró a Kaelen por la pechera de su chaqueta de cuero.

—No vuelvas a tocarla.

Ella es el futuro de este mundo, no un trofeo para tus juegos de mercenario.

​—Ella es una mujer, no una reliquia —respondió Kaelen, su mirada castaña desafiando al azul gélido de Niamh—.

Y quizás lo que necesita es alguien que respire, no alguien que solo sabe dar órdenes desde un trono de cristal.

La batalla terminó cuando la luz de la Daga Celestial, impulsada por la rabia de Eyre, creó una barrera permanente alrededor del campamento.

Los Acechadores se retiraron a las sombras, pero el daño estaba hecho.

El campamento estaba destrozado y la tensión entre los líderes era insoportable.

​Eyre se alejó de ambos, caminando hacia el borde del acantilado.

Se sentía asfixiada.

Por un lado, Niamh representaba su destino, el hombre que la había despertado y que le ofrecía un poder y un amor que la hacían sentir como una diosa.

Por otro lado, Kaelen era el recordatorio de la chica que solía ser, el hogar que perdió y la calidez de su propia especie.

​Niamh se le acercó por detrás, sus pasos silenciosos.

—Eyre…

lo que pasó…

​—Lo que pasó es que casi morimos porque estabais más preocupados por quién me salvaba que por salvarme —dijo ella sin volverse—.

Elara tenía razón en algo.

Soy una grieta en vuestro mundo.

​Niamh se detuvo a un paso de ella.

Quiso tocarla, pero sus manos estaban frías y temió que ella buscara el calor de Kaelen de nuevo.

—No eres una grieta.

Eres el eje.

Y si soy…

difícil…

es porque nunca he tenido algo que temiera perder tanto como te temo perder a ti.

​Eyre se giró y vio el dolor en los ojos de Niamh.

Pero antes de que pudiera responder, Kaelen apareció en el otro extremo del balcón natural, apoyado contra una roca, limpiando su arma con calma.

​—Mañana llegaremos a la Fuente de las Almas —dijo Kaelen, mirando a ambos—.

Allí sabremos quién tiene la voluntad más fuerte.

Si el Rey elfo que quiere un monumento, o el humano que solo quiere que vivas para ver otro amanecer.

​Eyre miró a uno y luego al otro.

Sabía que el camino hacia Aldora no solo sería una guerra contra Callum y Morrigan, sino una prueba para su propio corazón.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo