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La Princesa y El Rey de Hielo: el corazón de onix y la daga celestial. - Capítulo 15

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  3. Capítulo 15 - 15 CONSEJO DE GUERRA Y CHISPAS DE HIELO
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15: CONSEJO DE GUERRA Y CHISPAS DE HIELO 15: CONSEJO DE GUERRA Y CHISPAS DE HIELO El viaje desde la devastada ciudad de Veridia hacia el sur, hacia el corazón de Aldora, se sentía como marchar hacia la boca de un lobo que ya había empezado a masticar el mundo.

El cielo seguía gris, una cúpula de ceniza que asfixiaba el sol, y el olor a jazmín podrido persistía en el aire, recordándoles la corrupción de Callum.

​El ejército de Onyxia avanzaba en formación perfecta, un río de armaduras de ónix que contrastaba con la columna más desordenada pero letal de los hombres de Kaelen.

​Eyre cabalgaba entre Niamh y Kaelen.

Vestía su armadura esmeralda, pero se había quitado el casco.

Su piel pálida y sus labios rojos eran lo único brillante en kilómetros a la redonda.

Llevaba la Daga Celestial en su cintura; el arma parecía vibrar con anticipación, anhelando purificar la tierra que la vio nacer.

Al caer la noche, el estado mayor se reunió en la gran tienda de campaña real de Niamh.

En el centro, sobre una mesa de obsidiana, estaba desplegado el mapa rúnico de Aldora.

Pequeñas luces azules marcaban la posición de sus tropas, mientras que una mancha negra y palpitante cubría la capital.

​—Callum ha concentrado sus defensas aquí —dijo Niamh, señalando el palacio real con la punta de su espada de cristal negro—.

La Viscosidad ha creado muros orgánicos.

No podemos simplemente asediarlo; tenemos que quemarlo.

​Kaelen Vance, apoyado contra un poste de la tienda, revisando su guantelete rúnico, soltó una risa seca.

—”Quemar” suena muy bien, Rey.

Pero vuestro hielo no hace fuego.

Mis hombres tienen explosivos térmicos, pero necesitamos acercarnos lo suficiente sin ser devorados por esas paredes que respiran.

​—Vuestros explosivos son ruidosos y poco precisos, Vance —replicó Niamh, sin mirarlo, concentrado en el mapa—.

Necesitamos una penetración quirúrgica.

Mis magos de escarcha pueden crear pasillos congelados a través de la viscosidad, pero solo si la Daga Celestial abre el camino primero.

​La tensión entre los dos hombres era casi física.

Kaelen representaba la audacia humana y la tecnología improvisada; Niamh, la tradición mística y la disciplina milenaria.

Y en medio de ambos estaba Eyre, la clave de todo el plan.

Eyre, cansada de la discusión estratégica, decidió que era hora de intervenir, a su manera.

Se acercó a la mesa de obsidiana, colocándose justo al lado de Niamh.

Se inclinó sobre el mapa, permitiendo que su brazo rozara deliberadamente el de la armadura de Niamh.

​—Niamh…

—susurró ella, su voz suave y cantarína interrumpiendo la explicación técnica del Rey elfo—.

Estás tan tenso que pareces una estatua de verdad.

¿Es que el mapa te asusta, o es que la presencia del “vagabundo” te pone nervioso?

​Niamh se tensó aún más ante el contacto y el tono de Eyre.

Giró la cabeza lentamente hacia ella, encontrándose con unos ojos marrones llenos de travesura y unos labios rojos entreabiertos en una sonrisa juguetona.

El Rey de Hielo sintió que su máscara de stoicismo flaqueaba.

​—No me asusta el mapa, Eyre —respondió Niamh, su voz bajando a un susurro ronco que solo ella pudo oír—.

Y Vance no me pone nervioso.

Me pone…

impaciente.

​Eyre rio bajito, un sonido que flotó en la tienda llena de hombres curtidos en mil batallas.

Extendió su mano pálida y, con una lentitud tortuosa, ajustó una de las hebillas de la capa de piel de lobo de Niamh, rozando su cuello con los dedos.

​—Impaciente…

—repitió ella, mirándolo a los ojos con intensidad—.

Me gusta cuando pierdes la paciencia, Niamh Thursteim.

Te hace parecer…

casi humano.

Y muy, muy guapo.

​Kaelen, desde el fondo de la tienda, soltó una carcajada exagerada.

—¡Vaya, vaya!

Parece que la Princesa está intentando derretir el glaciar real de nuevo.

¡Cuidado, Eyre, que si se calienta demasiado podría terminar provocando una inundación!

​Niamh se separó de Eyre con brusquedad, aclarándose la garganta y recuperando su compostura militar con dificultad.

Sus orejas puntiagudas estaban notablemente teñidas de un rubor azulado.

​—¡Vance!

—rugió Niamh, volviéndose hacia el humano con furia—.

Si tenéis tiempo para hacer chistes, tenéis tiempo para revisar las rutas de suministros.

¡Largaos de mi tienda!

​Kaelen alzó las manos en gesto de paz, guiñándole un ojo a Eyre antes de salir.

—Me voy, me voy.

No quiero interrumpir el “entrenamiento” del Rey.

Pero recordad: la Viscosidad no se derrite con miradas bonitas, se necesita fuego real.

Cuando se quedaron solos en la tienda, el silencio fue denso, cargado de la electricidad que Eyre había desatado.

Niamh se giró hacia ella, y esta vez, no había máscara de Rey.

Había un hombre que la deseaba con una intensidad que lo aterraba.

​Se acercó a ella, acorralándola contra la mesa de obsidiana.

Sus ojos azules de hielo brillaban con un fuego interior.

​—Ten cuidado con tus juegos, Eyre de Calandra —advirtió Niamh, su rostro a centímetros del de ella—.

Me estás pidiendo que rompa siglos de disciplina.

Y si lo hago…

no habrá vuelta atrás.

​Eyre no retrocedió.

Se puso de puntillas y rozó sus labios rojos contra la mandíbula tensa del elfo.

​—Eso espero, Niamh Thursteim —susurró ella, su aliento cálido contra su piel fría—.

Porque yo no quiero un Rey.

Quiero al volcán que hay debajo.

​Niamh cerró los ojos, luchando contra el impulso de besarla allí mismo, frente al mapa rúnico de la guerra.

Tomó las manos de ella entre las suyas, apretándolas con fuerza.

​—Ganaremos esta guerra, Eyre —prometió él, su voz vibrando con determinación—.

Y cuando lo hagamos…

te enseñaré exactamente cómo erupciona un volcán de Onyxia.

​Eyre sonrió, satisfecha, y le dio un rápido beso en la mejilla antes de salir de la tienda.

​Niamh se quedó solo en la penumbra, mirando el mapa de Aldora, pero sus pensamientos estaban lejos de la estrategia militar.

Miró hacia el sur, hacia la capital negra, pero por primera vez, no sintió miedo por su reino, sino una necesidad feroz de sobrevivir para cumplir la promesa que le había hecho a la mujer de la piel de nieve y los labios de fuego.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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