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La Princesa y El Rey de Hielo: el corazón de onix y la daga celestial. - Capítulo 19

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  3. Capítulo 19 - 19 CENIZAS Y SECRETOS DE ESTADO
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19: CENIZAS Y SECRETOS DE ESTADO 19: CENIZAS Y SECRETOS DE ESTADO La caída de la amalgama no trajo el sol de vuelta a Aldora.

Trajo un silencio sepulcral, solo roto por el crujir de la ceniza bajo las botas de los soldados.

Aunque el monstruo de Callum se había desintegrado, la ciudad seguía siendo un laberinto de traumas y sombras.

​Niamh se mantenía en pie, apoyado en su espada de cristal negro.

El esfuerzo de congelar a la bestia le había pasado factura; pequeñas vetas de escarcha azulada subían por su cuello, un signo de que había llevado su magia al límite.

​—No ha terminado —murmuró Niamh, mirando sus manos temblorosas—.

Siento a Callum.

Se ha escondido en las venas de la ciudad.

Lo que destruimos fue solo su armadura.

​Eyre se acercó a él.

Su piel blanca como la nieve resaltaba entre el hollín, y sus labios rojos eran la única nota de color en aquel mundo gris.

Sin importarle que Kaelen o los generales elfos estuvieran mirando, tomó la mano de Niamh y entrelazó sus dedos.

​—Pero le hemos hecho daño, Niamh —dijo Eyre con firmeza—.

Y ahora saben que no soy la niña asustada que sacaron de Calandra.

Kaelen se acercó, limpiando la sangre y el lodo de su chaqueta de cuero.

Miró la unión de sus manos y soltó un suspiro dramático, aunque sus ojos castaños bailaban con diversión.

​—Vaya…

¿es que tengo que salvar el mundo para que alguien me dé la mano a mí también?

—bromeó Kaelen, poniéndose al otro lado de Eyre—.

Porque mis guanteletes rúnicos han hecho un trabajo sucio y nadie me ha invitado a un baile de gala todavía.

​Eyre soltó una risita y, con la mano que tenía libre, le dio un tirón afectuoso a la oreja de Kaelen.

—Eres un dramático, Kaelen.

Ya te dije que te debo una cena.

Pero no esperes que el Rey te sirva el vino.

​Niamh soltó un gruñido, pero esta vez no fue de furia, sino de una resignación casi tierna.

El hecho de que Eyre lo incluyera en su juego de bromas lo hacía sentir parte de algo que no era solo “el trono”.

​—Vance —dijo Niamh, mirando al humano—, si sobrevivís a la próxima luna, permitiré que mis bodegueros os entreguen una caja de hidromiel de Onyxia.

Pero mantened vuestras manos lejos de…

la estrategia real.

​Kaelen soltó una carcajada y le dio una palmada en el hombro a Niamh, quien se tensó pero no lo congeló.

—¡Eso es un avance, copito!

Ya casi pareces una persona normal.

Entraron en el palacio de Aldora, pero no fueron al salón del trono.

Eyre sintió que la Daga Celestial la guiaba hacia los niveles inferiores, hacia los archivos secretos de su “padre”.

​Allí, entre estanterías cubiertas de moho negro, Eyre encontró un mapa que no era de Aldora, ni de Onyxia.

Era un mapa de las Siete Tierras Prohibidas, regiones de las que Niamh solo hablaba en susurros de leyenda.

​—Mira esto —dijo Eyre, señalando un punto marcado con sangre seca—.

No es solo Aldora.

Callum y Morrigan están buscando los Fragmentos del Corazón de Gaia.

​Niamh palideció.

Se acercó al mapa, tocando el pergamino con dedos temblorosos.

—Si logran reunir los fragmentos, no solo controlarán este mundo…

podrán fusionar Calandra y Aldora en una sola dimensión de caos.

Calandra dejaría de ser un mundo de acero para convertirse en un matadero mágico.

​Eyre miró a Kaelen.

El capitán humano ya no sonreía.

La idea de que su verdadero hogar fuera destruido por completo borró cualquier rastro de picardía de su rostro.

​—Mi gente todavía está allí, Eyre —dijo Kaelen, su voz volviéndose ronca—.

Mi familia, los que no cruzaron…

Si esos locos fusionan los mundos, Calandra no sobrevivirá al choque.

Eyre se giró hacia Niamh.

La coquetería del campamento se había transformado en una resolución feroz.

Se acercó a él, rodeando su cuello con sus brazos pálidos, obligándolo a centrarse solo en ella.

​—Niamh…

la guerra acaba de empezar —susurró Eyre contra sus labios—.

Callum ha huido hacia la primera Tierra Prohibida.

Tenemos que seguirlo.

No por el trono de Aldora, sino por la supervivencia de todo lo que conocemos.

​Niamh la tomó por la cintura, pegándola a su armadura.

El frío y el calor se mezclaron en ese abrazo.

—Iremos, Eyre.

Pero esta vez, no seremos un ejército marchando.

Seremos un grupo de búsqueda.

Necesitamos rapidez.

​Miró a Kaelen, quien asintió con determinación.

—Los Vagabundos del Vacío y los Caballeros de Onyxia.

Una alianza que los dioses no vieron venir.

​Eyre sonrió, y en la penumbra del archivo, le dio a Niamh un beso rápido pero cargado de promesa, antes de girarse hacia el mapa.

​—Prepárate, Morrigan —dijo Eyre en voz baja—.

La Heredera del Vacío va a por tus fragmentos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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