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La Princesa y El Rey de Hielo: el corazón de onix y la daga celestial. - Capítulo 36

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  3. Capítulo 36 - 36 SUSURROS DE ÉBANO
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36: SUSURROS DE ÉBANO 36: SUSURROS DE ÉBANO La noche en las faldas de Onyxia era un manto de terciopelo frío, solo interrumpido por el fulgor rúnico de las hogueras del campamento.

Eyre se encontraba alejada del bullicio de los soldados, sentada sobre una roca que dominaba el desfiladero.

El Quinto Fragmento latía en su regazo con una luz plateada, pero su mente estaba en otra parte.

​Sintió una presencia a su espalda antes de escuchar los pasos.

Kaelen Vance se acercó con su rifle al hombro y una barra de ración de Calandra a medio comer.

​—No deberías estar aquí sola, “Jefa” —dijo Kaelen, sentándose a una distancia prudencial—.

El aire está tan cargado de magia que mis sensores están teniendo un ataque de pánico.

Y Niamh…

bueno, el Rey está durmiendo como un tronco después de esa paliza en el Reino de los Sueños.

Fenris lo vigila como si fuera un tesoro nacional.

​Eyre sonrió débilmente, pero su mirada seguía fija en el horizonte oscuro.

—Niamh cree que el peligro ha pasado, Kaelen.

Pero yo siento que las sombras se están apretando a nuestro alrededor.

Como si el mundo estuviera conteniendo el aliento.

​Kaelen la observó con una seriedad inusual.

—Escucha, Eyre.

He visto muchas guerras en Calandra.

Sé cuándo el enemigo está lamiéndose las heridas y cuándo está preparando el golpe de gracia.

Elena no se va a quedar de brazos cruzados.

Ella es…

—Kaelen buscó la palabra adecuada— …tenaz.

En ese instante, un graznido ronco cortó el viento.

Un cuervo de un negro tan profundo que parecía un agujero en la realidad descendió en picado, aterrizando sobre el hombro de Eyre.

Sus ojos no eran de pájaro, sino pozos de ónix líquido.

​—Un regalo de Aldora —susurró Eyre.

​El cuervo abrió el pico y, en lugar de un graznido, proyectó una neblina violeta que formó imágenes en el aire.

Eran los recuerdos que Morrigan había capturado: la intimidad brutal y obsesiva entre ella y Callum.

Eyre vio a su padre suplicando por el amor de la Diosa Cuervo, escuchó sus palabras despreciando a Elena como una herramienta “desechable” y sintió la humillación de la mujer que la crió en Calandra.

​Junto a la visión, la voz de Morrigan resonó en la mente de Eyre: “Hija mía, la provocación ha sido enviada.

Elena ha visto la verdad que su orgullo le impedía aceptar.

Una reina despechada es más peligrosa que un dios hambriento.

Prepárate, pues su ataque no será por deber, sino por pura y sangrienta venganza.

No confíes en la calma, pues el cielo de Onyxia está a punto de arder.” ​El cuervo se disolvió en plumas negras que desaparecieron antes de tocar la nieve.

Eyre se quedó temblando, una mezcla de asco por la obsesión de su padre y una extraña gratitud hacia Morrigan por advertirla.

​—Mi madre…

—murmuró Eyre—, Morrigan me está protegiendo a su manera.

Me ha mostrado que Elena ya no tiene nada que perder.

Eso la hace impredecible.

Kaelen, que había visto las imágenes residuales, soltó un silbido bajo.

—Vaya culebrón divino.

Así que Elena es solo el “plan B” de Callum, y ahora ella lo sabe.

Eso cambia todo el tablero de juego, Eyre.

Si Elena sabe que no es nada para él, va a intentar destruir todo lo que Callum ama…

empezando por ti y terminando por Aldora.

​Eyre miró a Kaelen a los ojos, tomándolo del brazo con urgencia.

—Kaelen, guarda esta información.

Si algo sale mal, si nos separan…

usa esto.

Elena es vulnerable ahora.

Su orgullo está herido.

Es la única grieta en su armadura de perfección de Calandra.

​Kaelen asintió, memorizando cada detalle de la visión.

—Entendido.

El despecho es una moneda que sé cómo gastar.

Ahora ve a descansar.

Voy a entrar al campamento y a asegurarme de que el Rey de Hielo no se despierte con un cuchillo en la garganta.

Fenris y yo haremos la primera guardia.

Este momento sería el que salvaría la vida de Kaelen horas después.

Cuando el camuflaje falló y fue capturado por Alaric y los mercenarios de Vargas, Kaelen mantuvo la calma.

Mientras Alaric le exigía los códigos de la tecnología, Kaelen visualizó la imagen del cuervo de Morrigan.

​En la tienda de interrogatorio, Kaelen miró a Vargas, el líder de los mercenarios de Elena, y usó la verdad como un estilete: ​—¿De verdad crees que Elena te va a pagar, Vargas?

—había dicho Kaelen con esa sonrisa ladeada—.

Ella vio a Callum en brazos de la Diosa Cuervo.

Escuchó cómo él la llamaba “mediocre” y “desechable”.

Elena no está enviando refuerzos para vuestra extracción; está enviando una bomba nuclear emocional.

Ella quiere que todos muramos aquí para que Callum no tenga nada a lo que regresar.

Ella ya no juega para ganar la guerra, juega para que nadie sobreviva al funeral de su orgullo.

​Esa confesión, nacida de la conversación con Eyre bajo las estrellas, fue lo que fracturó la confianza entre Alaric y los hombres de Elena, permitiendo la fuga que ahora los llevaba al muelle de Onyxia.

De vuelta al presente de la fuga, Eyre y Kaelen corrían por los callejones de la ciudad portuaria, esquivando las patrullas que aún se enfrentaban entre sí.

El cielo sobre Onyxia empezó a rasgarse; una luz blanca, fría y estéril como el laboratorio de un cirujano, comenzó a filtrarse desde las nubes.

​—¡Es ella!

—gritó Kaelen, señalando al cielo—.

¡Elena está forzando la entrada!

¡Vargas y sus hombres tenían razón, no viene a rescatar a nadie!

​Eyre sintió el Quinto Fragmento vibrar violentamente.

—¡Tenemos que llegar a Niamh!

Alaric no es el problema ahora.

Si Elena se materializa antes de que recuperemos el fragmento robado, usará toda esa energía para borrar Onyxia del mapa.

​Kaelen cargó su rifle, sus ojos reflejando la luz blanca del cielo.

—Entonces espero que el Rey de Hielo sea tan rápido con la espada como tú dices, porque la “mamá de Calandra” viene con ganas de quemar la casa con todos nosotros dentro.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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