La Princesa y El Rey de Hielo: el corazón de onix y la daga celestial. - Capítulo 40
- Inicio
- La Princesa y El Rey de Hielo: el corazón de onix y la daga celestial.
- Capítulo 40 - 40 LA SINFONÍA DE LA LUZ INVERNAL
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
40: LA SINFONÍA DE LA LUZ INVERNAL 40: LA SINFONÍA DE LA LUZ INVERNAL El cielo de Aldora era un caos de fuego azul y estática púrpura.
La llegada de la flota de Niamh había equilibrado la balanza, pero las naves de Elena eran legión, y su núcleo de energía orbital estaba acumulando una carga que podría vaporizar la montaña entera.
En el patio del palacio, el frío de Onyxia chocaba con el calor de las explosiones, creando una neblina espesa que dificultaba la visión.
Kaelen Vance, apostado en la torre de comunicaciones, vio la oportunidad entre el ruido de sus sensores.
—¡Eyre!
¡Rey de Hielo!
¡Escuchen bien!
—gritó Kaelen a través del canal de corto alcance que había logrado estabilizar—.
¡La nave capitana de Elena tiene un escudo de fase que ni el hielo ni la sombra pueden atravesar por separado!
¡Necesito vincular sus armas!
¡Ahora!
Eyre descendió del cielo como un halcón de obsidiana, aterrizando pesadamente junto a Niamh en el puente de hielo.
Sus miradas se cruzaron por un segundo; no hubo tiempo para palabras, solo para el reconocimiento del alivio y la determinación.
Kaelen bajó de la torre corriendo, arrastrando una unidad de procesamiento portátil.
—¡Rápido, junten sus armas!
—ordenó Kaelen, conectando cables de fibra óptica rúnica directamente desde su brazalete a la empuñadura de la Daga Celestial de Eyre y al pomo de la Espada de Escarcha de Niamh.
—¿Qué estás haciendo, humano?
—preguntó Niamh, sintiendo cómo la tecnología de Kaelen empezaba a succionar su esencia gélida.
—Estoy creando un puente de resonancia —explicó Kaelen, con el sudor corriéndole por la frente—.
Voy a usar el algoritmo de Calandra para sincronizar la frecuencia de la sombra de Eyre con el cero absoluto de tu hielo.
Si funciona, crearemos un pulso de Luz Invernal.
Si falla…
bueno, seremos los fuegos artificiales más caros de la historia.
Mientras Kaelen tecleaba febrilmente, Padre (Callum) se acercó.
Sus manos seguían manchadas de la energía del Vacío que había prestado a los cañones.
—Falta potencia, Vance —dijo Callum con voz cavernosa—.
La tecnología de tu ciudad es precisa, pero le falta alma.
Usa lo que queda de mi pacto como catalizador.
Úsame a mí.
Eyre miró a su padre con horror.
—Padre, si haces eso, el Vacío te consumirá por completo.
—Es el único modo de que Madre sobreviva, Eyre —respondió Callum, mirando hacia el trono donde Morrigan sostenía el último aliento del escudo del palacio—.
Déjame ser útil una última vez.
Kaelen, a pesar de su odio por Callum, asintió.
Conectó un último sensor al pecho de Callum.
El antiguo rey soltó un rugido de dolor mientras su esencia era drenada para alimentar el vínculo entre Eyre y Niamh.
—¡Ahora!
¡Liberen todo lo que tengan!
—rugió Kaelen.
Eyre cerró los ojos y pensó en todo el entrenamiento con Madre, en la oscuridad que ahora amaba.
Niamh rugió, liberando el frío ancestral de Onyxia.
La tecnología de Kaelen actuó como el prisma perfecto.
Un rayo de luz blanca-azulada, envuelto en filamentos de sombra violeta, salió disparado desde la unión de sus armas.
Atravesó el cielo de Aldora como una lanza divina, impactando directamente en el corazón de la nave capitana de Elena.
El escudo de fase de Calandra se hizo añicos.
La explosión que siguió no fue de fuego, sino de una onda expansiva de cristal y silencio que congeló y luego desintegró la flota enemiga en pleno vuelo.
Las naves de Elena empezaron a caer como hojas muertas de metal.
Cuando el resplandor se apagó, el silencio regresó a Aldora, interrumpido solo por el crujido del hielo.
Niamh sostuvo a Eyre, quien estaba exhausta por el esfuerzo.
Kaelen cayó de rodillas, con su equipo humeando y arruinado, pero con una sonrisa de triunfo dirigida hacia el balcón donde Morrigan los observaba.
Callum, sin embargo, se desplomó.
Su cuerpo estaba pálido, casi transparente.
El sacrificio de energía lo había dejado al borde de la disolución total.
Morrigan bajó del trono con paso lento y majestuoso.
Se acercó al grupo, ignorando por un momento a Niamh y a Eyre.
Se detuvo frente a Callum y luego miró a Kaelen.
—Has salvado mi reino, humano —dijo Madre, poniendo una mano sobre el hombro de Kaelen.
El mercenario sintió que su alma entera vibraba ante el toque—.
Tu tecnología ha demostrado tener una nobleza que no esperaba.
Luego, miró a Callum.
—Has pagado una parte de tu deuda, Callum.
Pero el Vacío aún te reclama.
Eyre se acercó a su madre y a su padre, con Niamh a su lado.
—Hemos ganado esta batalla, Madre.
Pero Elena sigue viva en Calandra, y ahora sabe que podemos unirnos.
Niamh envainó su espada y miró a la Diosa Cuervo con respeto pero firmeza.
—Mi flota se quedará para ayudar en la reconstrucción, Morrigan.
Pero Onyxia y Aldora deben formalizar esta alianza.
El mundo ha cambiado hoy.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com