La Princesa y El Rey de Hielo: el corazón de onix y la daga celestial. - Capítulo 42
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- Capítulo 42 - 42 EL PROTOCOLO DE LA SEDICIÓN Y EL ESPEJISMO DEL ALABASTRO
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42: EL PROTOCOLO DE LA SEDICIÓN Y EL ESPEJISMO DEL ALABASTRO 42: EL PROTOCOLO DE LA SEDICIÓN Y EL ESPEJISMO DEL ALABASTRO Aldora se había sumergido en un frenesí de preparativos.
La boda entre la Heredera de las Sombras y el Rey de Hielo no era solo un evento social; era la firma de un tratado de paz que estaba redibujando el mapa del mundo conocido.
Sin embargo, mientras los sirvientes colgaban estandartes de seda reforzada y los chefs de Onyxia tallaban esculturas de hielo eterno, Kaelen Vance se movía por los niveles inferiores del palacio como un depredador eléctrico.
Kaelen había convertido una antigua antecámara de tortura en su “Centro de Operaciones Tácticas”.
Pantallas holográficas de color azul neón flotaban sobre mesas de piedra milenaria, y el zumbido de los servidores de Calandra contrastaba con el goteo rítmico de las filtraciones de éter.
—A ver, equipo de sombras —decía Kaelen a un grupo de guardias aldorianos que intentaban entender cómo usar un escáner de retina—.
Si el sensor marca naranja, es un invitado borracho.
Si marca rojo, es un asesino.
Si marca negro…
es que me he quedado sin batería y estamos todos perdidos.
¡Vuelvan a sus puestos!
Kaelen se secó el sudor de la frente y miró hacia el balcón principal.
Allí, Morrigan observaba los jardines.
Él sentía ese tirón magnético hacia ella, esa mezcla de adoración técnica y fascinación biológica.
Pero Kaelen no era tonto; sus escáneres emocionales, aunque rudimentarios para los dioses, le decían la verdad.
Morrigan lo miraba como un científico mira a una especie de insecto particularmente ruidosa y entretenida: con curiosidad, tal vez con un ápice de aprecio por su utilidad, pero sin una gota de deseo.
El corazón de la Diosa Cuervo, a pesar de los milenios y las traiciones, seguía anclado en la figura demacrada de Callum.
Kaelen lo veía en la forma en que ella desviaba la mirada hacia la Torre del Olvido cada vez que creía que nadie la observaba.
—Maldito drama shakesperiano de nivel divino —masculló Kaelen, ajustándose el visor—.
Un tipo que pacta con el vacío gana el premio, y el ingeniero que salva el Wi-Fi se queda con la Condesa.
Hablando del diablo…
La Condesa Lyra entró en el laboratorio de Kaelen sin llamar, haciendo que los sensores de proximidad pitaran con una melodía que Kaelen había programado específicamente para ella.
Vestía un traje de encaje negro que dejaba muy poco a la imaginación y mucho a la sospecha.
—Señor Vance…
este lugar huele a metal y a secretos —dijo Lyra, deslizándose entre las mesas holográficas.
Pasó un dedo por el brazo de Kaelen, justo por encima de su brazalete—.
Me han dicho que está instalando un “muro de fuego” para la boda.
¿No cree que tanta seguridad arruina el romance?
Kaelen activó discretamente un escáner de espectro completo bajo su manga.
—Condesa, el romance es solo una fluctuación química.
Los proyectiles de energía de Calandra, en cambio, son muy reales.
¿A qué debo el honor?
¿Ha venido a que le explique cómo funciona la encriptación de 256 bits o solo busca que le invite a una ración de emergencia?
Lyra se rió, acercándose peligrosamente a su rostro.
Su perfume olía a jazmín y a algo metálico…
algo que Kaelen reconoció de inmediato: aceite de mantenimiento de droides de Calandra.
—Busco un aliado, Kaelen —susurró ella—.
El Consejo Real cree que eres una amenaza.
Yo creo que eres la clave.
Si compartieras conmigo cómo acceder a la red de defensa de Aldora…
podríamos asegurar que esta boda no sea el fin de nuestra soberanía, sino el inicio de una nueva era.
Mi habitación tiene una conexión mucho más…
privada…
para discutir estos datos.
Kaelen sintió un escalofrío, pero no de placer.
Sus pantallas internas estaban lanzando alertas rojas: Lyra llevaba un micro-transmisor oculto en su gargantilla de ópalo.
Era un modelo de espionaje de Calandra, de los que solo Elena distribuía a sus agentes más cercanos.
—Seducción y espionaje industrial —dijo Kaelen con una sonrisa cínica, sin apartarse—.
Es un clásico, Condesa.
Pero le falta un detalle: mi tecnología es celosa.
Kaelen agarró la mano de Lyra con fuerza y proyectó un holograma en el centro de la sala.
Era una grabación en tiempo real del transmisor de la condesa enviando datos cifrados hacia una señal satelital fuera de la atmósfera de Aldora.
—¿Quién es tu contacto, Lyra?
—preguntó Kaelen, su voz perdiendo toda jocosidad—.
¿Elena te prometió un título en la nueva Calandra?
¿O simplemente te gusta el olor a traición por la mañana?
Lyra cambió su expresión de inmediato.
Su rostro se volvió frío, carente de toda emoción humana.
De su manga brotó una pequeña cuchilla de energía nula.
—Ustedes no entienden nada, Vance.
Aldora es un cadáver que Morrigan intenta mantener en pie.
Calandra es el futuro.
Y tú…
tú eres un desperdicio de intelecto.
Antes de que Lyra pudiera atacar, las sombras de la habitación cobraron vida propia.
Filamentos de oscuridad violeta surgieron del suelo, envolviendo a la condesa como si fueran cadenas de hierro.
Eyre entró en el laboratorio, con sus ojos brillando con el poder que Morrigan le había enseñado a dominar.
—Llegas tarde, Jefa —dijo Kaelen, soltando a Lyra—.
Estábamos empezando la parte divertida del interrogatorio.
—Mis sentidos de sombra detectaron la fluctuación de vacío desde el Gran Salón —dijo Eyre, mirando a Lyra con desprecio—.
Así que el Consejo Real tiene una rata entre sus filas.
—No soy la única —escupió Lyra mientras era arrastrada hacia las sombras—.
Elena ya está dentro.
La boda será su banquete.
Eyre se llevó a la condesa a las celdas rúnicas, dejando a Kaelen solo en su laboratorio.
Un momento después, una presencia mucho más poderosa llenó la sala.
Madre entró, caminando con una elegancia que hacía que incluso las máquinas de Kaelen parecieran inclinarse ante ella.
—Has cumplido con tu deber, Kaelen Vance —dijo Morrigan, mirando las pantallas con curiosidad—.
La condesa era una pieza importante en el tablero del Consejo.
Kaelen la miró, permitiéndose un segundo de debilidad.
—Señora…
lo hice por Aldora.
Y por usted.
Aunque sé que para usted no soy más que un técnico que hace que las luces brillen más fuerte.
Morrigan se acercó a él.
Por un instante, Kaelen creyó ver una chispa de algo parecido al afecto en sus ojos, pero se desvaneció tan rápido como un glitch en una pantalla.
—Eres un hombre excepcional, Kaelen.
Tu mente es un laberinto que me intriga.
Pero mi corazón…
—ella miró hacia la ventana, hacia la torre donde Callum languidecía— …mi corazón es una reliquia de una guerra que aún no termina.
No confundas mi curiosidad con otra cosa.
Kaelen asintió, tragándose el nudo en la garganta.
—Entendido, Majestad.
De vuelta a los cables, entonces.
Tenemos una boda que proteger y una reina de Calandra que enviar al desguace.
Kaelen vuelve a sus pantallas, detectando que la señal de Lyra no era la única.
Había tres más, moviéndose hacia el ala de invitados donde Niamh descansaba.
La noche de bodas prometía ser un campo de batalla.
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