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La Princesa y El Rey de Hielo: el corazón de onix y la daga celestial. - Capítulo 43

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  3. Capítulo 43 - 43 EL PROTOCOLO DE LA DESPEDIDA Y EL STRIPPER DE METAL
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43: EL PROTOCOLO DE LA DESPEDIDA Y EL “STRIPPER” DE METAL 43: EL PROTOCOLO DE LA DESPEDIDA Y EL “STRIPPER” DE METAL La tensión en el Palacio de Aldora se podía cortar con una de las dagas de Eyre.

Con la boda a solo veinticuatro horas, el aire estaba saturado de incienso rúnico y el zumbido constante de los drones invisibles de Kaelen.

Sin embargo, según el “Manual del Superviviente de Calandra” de Vance, no podía haber boda sin una despedida de soltero.

​—Es una cuestión de equilibrio termodinámico, Majestad —le había explicado Kaelen a Niamh mientras le instalaba un rastreador subdérmico en la nuca—.

Si no liberas la presión antes del compromiso, el núcleo explota en el altar.

Es ciencia básica.

La celebración se llevaba a cabo en los Jardines de Escarcha, un lugar que Niamh había reclamado para sus generales de Onyxia.

Kaelen, haciendo gala de su nuevo título de Ministro, había “decorado” el área.

Había barriles de hidromiel reforzado con electrolitos de Calandra y una serie de proyectores que creaban auroras boreales artificiales que bailaban al ritmo de una música que sonaba a una mezcla de tambores de guerra y sintetizadores de club nocturno.

​Niamh estaba sentado en un trono de hielo, rodeado de sus capitanes, mirando con genuina confusión una mesa llena de “snacks” que brillaban en la oscuridad.

​—Vance…

—dijo Niamh, señalando un cuenco de esferas efervescentes—.

¿Por qué mi comida está intentando comunicarse conmigo a través de vibraciones ultrasónicas?

​—Eso se llama “experiencia sensorial”, Copito de Nieve —respondió Kaelen, revisando frenéticamente su visor táctico mientras sostenía una jarra de algo que parecía aceite de motor, pero sabía a melocotón—.

Además, relájate.

Mis sensores indican que tres de los “invitados” de la Condesa Lyra están moviéndose por el perímetro.

Han usado camuflaje optoelectrónico de Calandra.

Son los otros espías.

​Kaelen sabía que no podía simplemente sacar su rifle y empezar a disparar en medio de la fiesta de Niamh sin arruinar la diplomacia.

Tenía que ser sutil…

al estilo Vance.

​—¡Atención, guerreros del Norte!

—gritó Kaelen, saltando sobre una mesa de cristal—.

¡Como parte de las tradiciones de mi pueblo, les presento el “Protocolo de Entretenimiento de Combate”!

¡Observen mientras este dron de servicio realiza una danza de…

distracción!

​Kaelen activó un comando en su brazalete.

Un pequeño robot de mantenimiento, modificado con luces de neón y una peluca de plumas de cuervo (que le había “prestado” a una de las gárgolas), empezó a girar alrededor de Niamh, soltando ráfagas de humo con aroma a pino.

​—Vance…

¿esto es un “striptease”?

—preguntó Niamh, arqueando una ceja plateada mientras el robot intentaba “quitarse” una placa de metal frontal—.

Porque me parece un insulto a la ingeniería y a la dignidad de ese aparato.

​—¡Es un arte incomprendido, Niamh!

¡No mires al robot, mira las sombras!

—susurró Kaelen por el intercomunicador privado del Rey.

​Mientras el robot distraía a los generales de Onyxia con sus movimientos erráticos y ruidosos, Kaelen activó el modo de sobrecarga de pulsos en su brazalete.

Identificó tres distorsiones en el aire, justo detrás del trono de Niamh.

Los espías de Elena estaban posicionándose para un asesinato coordinado con agujas de toxina nula.

Kaelen se lanzó desde la mesa, fingiendo un tropiezo ebrio.

En el aire, desplegó una red de filamentos de carbono electrificados.

​—¡Oops!

¡Error de cálculo gravitatorio!

—exclamó mientras la red atrapaba a dos de los espías invisibles, cuya tecnología de camuflaje chisporroteó hasta apagarse, revelando a dos operativos de Calandra con trajes de combate negros.

​El tercer espía, una mujer con reflejos mejorados, se lanzó hacia Niamh.

El Rey de Hielo, que no necesitaba los sensores de Kaelen para sentir el peligro, simplemente levantó una mano.

El aire alrededor de la mujer se congeló instantáneamente, dejándola atrapada en un bloque de hielo sólido a escasos centímetros de su rostro.

​Niamh miró a la espía congelada y luego a Kaelen, que estaba en el suelo tratando de desenredarse de sus propios cables.

​—Vance…

la próxima vez que quieras protegerme, simplemente dímelo.

No es necesario que ese pequeño cubo de metal intente seducir a mi capitán de la guardia.

​—Oye, el “stripper-bot” hizo su trabajo —bufó Kaelen, poniéndose en pie y dándole una patada amistosa a uno de los espías capturados—.

Atrajo la frecuencia de sus escáneres y me dio tiempo para el hackeo.

De nada, por cierto.

La fiesta continuó después de que los guardias de sombras se llevaran a los intrusos.

Kaelen se alejó del bullicio y subió a una de las terrazas que daban al patio interior.

Allí, en la penumbra, estaba Madre.

​Ella no había asistido a la fiesta, pero sus cuervos le habían informado de todo.

Miraba hacia la Torre del Olvido, donde una sola luz brillaba en la ventana de Callum.

​—Tu “danza de metal” fue ridícula, Kaelen —dijo Morrigan sin girarse—.

Pero efectiva.

Has limpiado mi corte de tres parásitos más.

​Kaelen se apoyó en la barandilla, dejando de lado su fachada de bufón por un momento.

—Solo hago lo que mejor se me da, Señora.

Arreglar cosas rotas.

Aunque a veces, algunas cosas no quieren ser arregladas.

​Miró hacia donde ella miraba.

Sabía que Morrigan seguía enviando una pizca de su propia esencia vital a través de las sombras para mantener a Callum con vida, a pesar de todo.

Era una debilidad que Kaelen respetaba, aunque le doliera en su ego de silicio.

​—Él no se merece esa luz, sabe —dijo Kaelen suavemente—.

Pero supongo que el amor no sigue ninguna lógica de programación.

Es más como un sistema operativo antiguo que te niegas a actualizar porque te gusta el fondo de pantalla.

​Morrigan se giró y lo miró fijamente.

Por un breve segundo, su mano rozó la de Kaelen sobre el frío mármol.

—Eres más sabio de lo que dejas ver, pequeño ingeniero.

Pero mañana, cuando Eyre se convierta en Reina, mi corazón tendrá que endurecerse aún más.

Asegúrate de que tu tecnología no falle.

Elena no enviará más espías; enviará una tormenta.

​Kaelen sonrió, recuperando su chispa.

—Señora, para cuando termine de instalar el cortafuegos de mañana, Elena no va a poder ni mandar un mensaje de texto sin que yo le dé permiso.

Ahora, si me disculpa, tengo que ir a rescatar a mi robot.

Creo que los generales de Niamh están intentando enseñarle a beber hidromiel.

​Kaelen baja de nuevo a la fiesta, mientras en las fronteras de Aldora, el cielo empieza a teñirse de un blanco eléctrico.

La boda no sería solo una ceremonia; sería el inicio de la guerra definitiva.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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