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Lazos de Sombra y Llama. - Capítulo 17

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17: Capítulo 17.

Una mañana reconfortante 17: Capítulo 17.

Una mañana reconfortante A medida que se iba alejando más del salón las emociones de Alex se fueron calmadas poco a poco, pero mientras más se calmaba, más confundido se encontraba.

Eso nunca había pasado antes, y la verdad para el no tenía el más mínimo sentido.

Las cosas no pueden simplemente salir de la nada y luego simplemente explotar.

Mostraron indicios a lo largo del tiempo, y por eso mismo, no haber experimentado nada ni remotamente similar solo confundía más y más a Alex.

La única pista que tenía era el fuego.

Hoy fue la primera vez que la nosotros, la primera vez que se conectó con ella, pero eso no salió de él completamente ¿verdad?

Las llamas se acercaron a él sin que fueran llamadas, rodeándolo por un instante, como si estas tuvieran voluntad propia.

Lo que por si mismo ya es suficientemente extraño, solo para luego sentir un montón de emociones confusas que pronto lo abrumaron.

Esto no tenía el sentido más mínimo.

Pero algo Alex tenía claro, no le gustaba que jugaran con su mente.

✦ ° • ✦ ° • ✦ Alex caminaba en un silencio tenso junto a Wednesday y la chica rubia, cuyo nombre seguía sin saber.

Wednesday parecía cómoda en el silencio, Alex estaba sobrepensando y la chica rubia seguía tranquila, pero era evidente que estaba un poco incomoda estando entre estas dos presencias silenciosas.

Alex había perdido el control, y eso lo asustaba un poco, pero era mucho mayor la ira que sentía ante la posibilidad de que alguien manipulara su mente a su antojo, modificando sus emociones e influyendo en el solo porque puede.

El recuerdo de esa sensación, el calor que parecía transmitir una sensación reconfortante pero que a la vez lo incomodaba, no dejaba de inquietarlo.

Se sintió molesto consigo mismo por dejarse llevar, pero no quería culparse por ello, nunca lo había hecho, pues la culpa no solía solucionar nada.

No.

El tenía que investigar esto.

No volvería a perder el control.

Entre el conjunto de emociones que lo invadió, extraña sensación de culpa parecía invadirlo en ese momento.

¿Por qué había sentido esa emoción tan intensa, pero a la vez tan ajena a lo que había experimentado antes?

Era como si una oleada de felicidad y arrepentimiento junto con muchas otras emociones lo hubieran golpeado de la nada.

Fue demasiado y, a la vez, demasiado rápido.

Era el primer día, y no tenían más clases en todo el día.

Alex se el paso distraído hasta que llegó la hora de dormir, donde seguía preguntándose que pudo haber pasado en esa aula.

Nadie más parecía verso afectado, bueno, no de forma tan drástica, al menos que el supiera.

Se quedó dormido, pero aún así, él no pudo encontrar el descanso.

✦ ° • ✦ ° • ✦ Alex estaba perdido, no sabía dónde estaba, pero parecía una cabaña.

Las llamas extrañamente cambiaban tanto de tamaño como de color, siendo a veces altas y doradas, otras veces más bajas y con tonos morados o azules, intercalando constantemente, antes de asentarse lentamente en un color anaranjado, bailando de forma suave hasta asentarse.

El lugar olía a malvaviscos, dato que era extraño que él supiera, puesto que nunca había comido o estado cerca de uno, lo cual ciertamente lo desconcertó un poco.

Dándose cuenta finalmente de que algo andaba mal, Alex se puso alerta.

Estaba perdido en un lugar desconocido, y no sabía que hacer.

Por el momento, solo podía esperar y prestar atención.

De repente, pudo ver una figura entrar en la cabaña.

Parecía pequeña, pero al siguiente instante llegó a ser ligeramente más alta que él.

Era una mujer al parecer.

Llevaba ropa sencilla, con un sencillo vestido marrón y un chal de lino en la cabeza.

Tenía el cabello castaño, ojos rojos y cálidos como el fuego, junto a una ligera sonrisa que parecía sincera a primera vista.

Era portadora del mismo aroma que la cabaña, pero a los malvaviscos se le sumaba un ligero olor al aroma del humo de la leña.

Su mirada parecía tranquila, pero el fuego detrás de ella parecía haber comenzado a alterarse nuevamente, como si estuviera ¿emocionado?

De la nada, la figura estiró los brazos.

Sucedió tan rápidamente que Alex no alcanzó a reaccionar, y pronto se vio arrastrado hacia un abrazo forzado por parte de la que creía, era quien lo había arrastrado hasta aquí.

Su cuerpo parecía decirle poco a poco que se dejara llevar, que mantuviera aquel abrazo un poco más.

Pero en el instante en que Alex sintió esa sensación, su mente se despertó, y le dijo a gritos que se alejara y saliera corriendo.

Él lo sintió.

La misma sensación que había sentido en la clase, como si las llamas lo estuvieran envolviendo en un abrazo.

Esa mujer era demasiado peligrosa, había logrado atraerlo no solo hacia esta cabaña desconocida sin que el no notara, sino que, de la misma manera, casi logra controlarlo para quedarse.

Un ápice de pánico se filtró por un instante en su mente, pero pronto una molestia y una ira lo asaltaron.

Ya tenía suficiente con lo que pasó durante la clase de esta mañana, no podía dejarse controlar, no podía perder el control, no dejaría que nadie entrara en su mente nunca más, se lo prometió a si mismo.

Y así, en un arranque de ira, la apartó de golpe, empujándola hacia atrás con todo lo que tenía.

Su golpe los separo, alejándola efectivamente de él a unos pasos de distancia.

Ella lo miró y su expresión fue cambiando.

Su suave sonrisa fue cambiada por una expresión de sorpresa, que instantáneamente fue cambiada por una de amargura, abatimiento y aparente tristeza, pero él no sentiría pena por ella.

Ella lo rapto, ella lo controló, ¿y ahora espera que reaccione bien?

El solo pensamiento de eso le repugnaba.

Odiaba que lo controlaran.

Odiaba los límites.

Quería ser él quien definiera su vida.

¿Esta mujer creía que solo por poder raptarlo, él no iba a luchar?

Pero pronto trato de calmar su mente tanto como le fue posible estar enfurecido.

Lo suficiente como para mantenerse en silencio, pero aún teniendo la mirada puesta fijamente en ella, prestando atención a todo lo que ella pudiera llegar a hacer.

… El silencio hizo su presencia en la cabaña.

Ella había bajado la cabeza, y las llamas se hacían más pequeñas, cambiando nuevamente sus colores cálidos por tonos más fríos, que se iban oscureciendo poco a poco.

Poco a poco, la imagen de la cabaña se fue difuminando, volviéndose borrosa a medida que pasaba el tiempo.

“Lo siento mi niño”.

Se escuchó la voz como un susurro y, aunque Alex no estaba viendo claramente, supo que provenía de aquella mujer, quien a pesar de todo le ofreció una última sonrisa cálida.

Y con un susurro que decía “suerte”, todo finalmente se desvaneció.

✦ ° • ✦ ° • ✦ Alex se despertó con el corazón acelerado y la garganta seca.

Intento volver a dormir, pero no podía concentrarme, no con tantos pensamientos en la cabeza.

Así, Alex se resigno a tener que estar despierto a tempranas horas de la mañana.

Todo era demasiado vívido.

Un sudor frío perlaba su frente.

Sacó las piernas de la cama, sus pies golpeando el piso frío con un sordo golpe.

Se levantó y se puso a caminar por las cercanías.

El reloj de la sala común indicaba que eran apenas las cinco de la mañana.

Era demasiado temprano para su gusto, por lo que se encontró ligeramente disgustado.

La figura de sus sueños rondaba por su mente, aquella sensación cálida que sentía.

No.

Eso era inútil.

No tenía más información, no podía hacer nada por el momento y ahora tenía que lidiar con que hacer de aquí hasta que diera la hora del desayuno.

Su mente, generalmente una fortaleza de lógica, era un campo de batalla.

Esta era una de esas pocas y raras veces que había dudado, aunque sea un poco, de sus pasadas acciones.

Había hecho lo correcto, ¿no?

Se había defendido, protegido.

Eso debería ser lo correcto, ¿cierto?

El solo dudar de ello se le hacia extraño.

Mayor razón para etiquetar a aquella mujer como peligrosa.

Al parecer, podía influir en la mente de la gente incluso sin estar presente, con solo el recuerdo de ella basta para sentirse influenciado como si hubiera un aura de apacibilidad a su alrededor, que obliga a la gente a verla de forma positiva.

Le era difícil sentirse molesto, pero no podía hacer mucho, él no poseía métodos para entrenar su mente, y era demasiado joven como para que esta fuera fuerte naturalmente.

Paseó de un lado a otro por la habitación.

No tenía nada que hacer, ya veces, caminar ayudaba a encontrar ideas, a pensar.

Pensó en escribir sobre aquel sueño, sobre aquella mujer.

Escribir sobre su punto de vista sobre como sucedió todo, por si olvidaba los detalles si alguna vez lo olvidada, aunque presentía que solo buscaba algo que hacer.

Pero poco a poco, una idea diferente fue abriendo camino en su mente.

No puedes hacer nada por entrenar tu mente por el momento, pero si puedes comprender su poder.

No iba a dejar que lo controlara de nuevo.

Él iba a controlarlo.

Así, Alex volvió a la tranquila oscuridad de su habitación.

Se sentó en el suelo, cruzando las piernas y cerrando los ojos.

Buscando concentración no en el calor del sueño, sino en el núcleo frío y racional de su ser, tratando de encontrar la forma más pura de su energía en el interior.

Buscando la “esencia” que alguna vez su profesor había mencionado anteriormente.

Durante varios minutos, no pasó nada.

Pero no se frustró, se concentró aún más, sin tratar de apresurarse.

Los minutos pasaban rápidamente y la luz del sol poco a poco comenzó a iluminar la habitación.

Buscaba en su interior no una fuente de energía que pudiera ser influenciada por otros, sino que solo obedeciera sus órdenes y que, por lo tanto, no podría apresurar.

Comprendía que, sin ayuda, probablemente no habría demostrado tales hazañas ayer.

O al menos, ahora no podría.

La intervención de alguien más en medio de sus pruebas le hizo perder la mejor oportunidad para poder sentir como se siente realmente.

Dejándolo ahora teniendo que entrenar y buscar el sentimiento desde cero.

Entonces, en algún momento, poco a poco, el calor fue aumentando en el espacio entre sus palmas.

Aún no había nada, pero siguió concentrándose en el sentimiento.

Así, poco a poco, se forma una pequeña chispa.

No era una llama propiamente dicha, pero era un comienzo.

Y mejor aún, era suya.

Aquella chispa, era completamente suya.

Libre de cualquier sentimiento y emoción ajenos a su persona.

Trató de concentración aún más en ella, queriendo que esta pequeña chispa creciera.

Esta última creció ligeramente, asentándose como un pequeño y cálido brillo en la habitación, como un pequeño faro.

Las voces alrededor, provenientes de la sala común, comenzaban a aumentar.

Parecía ser que pasó más tiempo del que esperaba haciendo esto.

Se concentró de nuevo, queriendo que la pequeña chispa se extinguiera, y así lo hizo.

El calor se desvaneció, dejando sus palmas frías y vacías, ante el frío de la mañana.

Abró los ojos, con un pequeño suspiro de triunfo escapando de sus labios.

Había encontrado una manera de controlar sus habilidades.

Y aunque el progreso actual era lento, tenía un camino ahora.

Y no iba a dejar que nadie se interpusiera en su camino.

No tardó mucho en terminar de arreglarse para ir a desayunar.

Sintiéndose renovado, Alex comenzó su nuevo día, y ser dirigido al gran comedor.

Tomó un desayuno sencillo y encontró su asiento vacío nuevamente.

Dirigiéndose hacia el con una calma incipiente, se detuvo un instante, mientras los pensamientos corrían por su mente, distraído del mundo real.

Su soledad fue interrumpida por una voz.

“Muévete”.

Levantó la vista solo para ver a Wednesday Addams, su rostro nuevamente una máscara de indiferencia.

Ella era la otra estudiante de su clase del día anterior.

Con un ligero movimiento, él se movió, dejándola pasar.

Ella se sentó en una mesa vacía, en lo que hasta ahora había sido su puesto predilecto, y él se encontró observándola, intrigada por su naturaleza solitaria.

Sus ojos se encontraron, y ella le hizo un sutil gesto con la cabeza, una invitación silenciosa.

Su naturaleza solitaria le gritaba que se quedara quieto, pero su nueva curiosidad ganó.

Tomó su bandeja y se sentó frente a ella.

“Supongo que mi compañía no te molesta”, dijo él, con un tono que cuestionaba ligeramente, mientras se sentaba en aquel asiento vacío en la misma mesa que aquella peculiar niña.

“El silencio es la única compañía que aprecio”, respondió ella, con su voz tan plana como su expresión.

De forma extraña, Alex sabía que esa era una aprobación y una invitación a sentarse.

Y aunque no dicha directamente, él la aceptó.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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