Lazos de Sombra y Llama. - Capítulo 18
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18: Capítulo 18: Calderos Explosivos 18: Capítulo 18: Calderos Explosivos Comieron en silencio, con una extraña tranquilidad formándose.
El silencio junto a un miércoles era tan sólido como si estuviera solo, pero con una presencia que le hacía sentirse inquietantemente, pero a la vez cómoda.
Aunque no podía sacarse el extraño sentimiento de que, en cualquier momento, ella podría sacar un cuchillo y lanzarse a la cabeza.
Pero debía ser solo su imaginación ¿no?
Al poco tiempo de que empezaran a comer, el gran comedor comenzó a llenarse más y más.
Lo que antes se oía como un murmullo, ahora era claramente audible.
Haciendo que el aire se sintiera animado, con trinos y sonidos de voces, entre conversaciones, chismes y bromas.
El ambiente era muy animado, pero también disparejo.
La primera mesa, la mesa de los magos o la casa arcana, estaba abarrotada de gente.
A pesar de que el salón era enorme y la mesa en la que ellos estaban también era muy larga, esta se encontraba repleta de gente, de punta a punta.
Las siguientes mesas se encuentran más vacías.
Las mesas de las casas primarias y nocturnas, están casi iguales en cuanto a cantidad de alumnos.
Seguidas un poco más atrás por la senda elemental y finalizando con la de confluencia o de los anómalos, que era a la que pertenecía Alex, y la que tenía la menor cantidad de alumnos.
Lo que dejada a las mesas en un orden que hacía que estas parecieran una pendiente, yendo desde la más abarrotada hasta la más vacía y con menos gente.
También se topó con otras diferencias, cuentos como los colores de los uniformes.
Hasta el día de ayer, la mayoría de los uniformes eran de un tono violeta muy oscuro.
Pero el día de hoy, en la mesa de los magos, se podía ver a los alumnos divididos en diferentes secciones de la mesa, con diferentes colores en sus uniformes.
Los colores base aún eran de ese violeta característico, pero había detalles y colores acompañantes que entonaban los uniformes, siendo estos cuatro principales; rojo, azul, amarillo y verde.
Estos cuatro colores, curiosamente, eran los mismos que se podían apreciar en el escudo de la carta que había recibido hace un tiempo, invitándolo a ser alumno de esta escuela.
De repente, cuando ya casi estaba llena la mesa, una figura se detuvo junto a la mesa.
Era el profesor Arden, un hombre que parecía estar en su mejor momento, alrededor de sus treinta o cuarenta años.
El profesor se acercó a los estudiantes, y uno a uno, estaban recibiendo sus horarios.
“Alex, ¿verdad?”, dijo con una sonrisa y su expresión tranquila característica.
“Aquí tienes tu horario de clases”.
“Te darás cuenta de que tus clases están mezcladas con diferentes grupos” Dijo mientras señalaba el horario, ahora en manos de Alex.
“No te preocupes, es algo muy común para los estudiantes de esta casa”.
“A veces, las cosas pueden no encajar del todo, pero no te preocupes, con el tiempo, todos encuentran su lugar”, terminó de explicar el profesor Arden, nuevamente con una expresión tranquila en su rostro.
“Lo mismo va para ti, señorita Addams”, dijo el profesor, luego de una ligera pausa.
Entregándole con un movimiento rápido el horario a la niña inexpresiva a su lado.
Luego de haber entregado el mismo horario a los tres y explicado a cada uno un par de cosas, el profesor se alejó, y se sentó nuevamente en la mesa principal de profesores.
Luego de que este último se fuera, Alex comenzó a comer nuevamente, dejando a un lado el horario, para así poder revisarlo con tranquilidad cuando terminara de comer.
Una vez terminado y disfrutando su desayuno, se puso a revisar el horario de hoy, viendo que clases le asignaron hasta el momento.
No le habían dicho nada de ello, ni sabía como funcionaba.
Alex solo esperaba que las clases no fueran tan aburridas.
✦ ° • ✦ ° • ✦ *Historia de la Magia, 9:00 a.m.
Pociones, 10:30 AM.
Defensa contra las Artes Oscuras, 13:00 horas*.
✦ ° • ✦ ° • ✦ No había muchas clases para hoy, eso era algo bueno.
Las clases de defensa parecían prometedoras, pociones iguales, historia… no tanto, después de todo, Alex no era un fanático de la historia.
✦ ° • ✦ ° • ✦ Las clases de historia fueron, como se esperaba, aburridas al principio para Alex.
El profesor explica un montón de hechos sobre logros de personas muertas cuyos nombres no se molestaba en recordar.
Aunque si un hecho interesante salió de esto, es que, descubrió algo impactante.
Ellos no eran de este mundo.
De alguna manera, aterrizaron en otro mundo de la nada.
No se dio explicación ni motivo, solo que muchos conflictos fueron causados a partir del choque entre las diferentes culturas, tanto locales, como otras que aterrizaron aquí.
Dichos conflictos siguieron sucediendo hasta que eventualmente en algún punto se unieron para formar una sociedad que se tambalea entre lo estable y una posible guerra.
Algo que, al parecer, era tal y como se trataban de la mayoría de las culturas del mundo, y por lo tanto nadie le prestaba atención.
Eso también, hasta cierto punto, explicaba la diferencia de números en las mesas, puesto que la mayoría de los magos presentes en la escuela provenían del mismo mundo y, por lo tanto, formaban un número considerable, a comparación de los otros grupos, que se encontraban divididos entre cuatro mesas diferentes.
Historia era una clase general, que enseñaba tanto sobre la cultura mágica, como la cultura marginada (ambas culturas principales fundadoras de esta nueva sociedad), además de algo de historia común.
Por esto, se podía ver alumnos de varias mesas diferentes, aunque obviamente no todos, pues, aunque los salones eran grandes, sería difícil agrupar a toda una generación en un mismo salón.
Razón por la cual, fueron agrupados en distintos grupos y días de clase.
Algunos alumnos preguntaron una de las dudas que el tenía, y que varias otras personas más parecían compartir, es decir, “¿Por qué todos los uniformes de los alumnos de la senda arcana eran de diferentes colores el día de hoy?”.
Ante lo cual el profesor respondió que, esta era una medida que se tomaba por la alta cantidad de estudiantes presentes en una misma casa, con motivos de poder administrarlos mejor, teniendo cada una de las cuatro divisiones un profesor a cargo.
Eso era lo dicho al menos en términos oficiales, aunque lo que se rumoreaba era que, los magos simplemente no querían deshacerse de aquella tradición y, por lo tanto, hacían una selección privada en su torre, donde los alumnos eran seleccionados y divididos en cuatro grupos; Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin.
Teniendo cada uno de sus respectivos colores, bandera, profesor a cargo, y una sección de la torre.
Siendo los Ravenclaw los que se encontraban en lo más alto de la torre.
Los Gryffindor también alto, pero justo debajo de ellos, en un punto medio.
Los Hufflepuff siendo los que los seguían hacia abajo, a una altura mucho más cercana a los primeros pisos, para finalmente tener a los Slytherin, quienes se encontraban en los puntos más bajos de la torre, estando ubicados mayormente en las mazmorras, y que, según dijo el profesor, podían incluso tener vistas claras al lago que cruzaron al llegar a la escuela.
Eso explicaba muchas cosas, y aunque en general no le gustaba la Historia, las preguntas hechas al profesor y los datos sobre la historia reciente fueron muy interesantes, y aclararon varias de sus dudas.
Aunque sinceramente, Alex no tenía mucha esperanza en que la clase fuera interesante cuando avanzaran más y empezaran a tener tareas y estudiar contenido de verdad.
Las horas pasaron, y pronto llego el momento de ir a la clase de pociones.
Tuvieron que recorrer todo el camino hasta las mazmorras del castillo.
Era un lugar frío y oscuro, con muros de piedra y estantes llenos de frascos con ingredientes extraños y lo que parecían ser animales conservados.
El aire del aula de Pociones era pesado y cargado, una mezcla de olores a hiervas y otros olores desconocidos para Alex.
Con calma, se sentó en una de las mesas, mientras las voces poco a poco comenzaban a llenar el aire.
No pasó mucho tiempo antes de que los murmullos se detuvieran de golpe con el sonido de pasos por el pasillo, acercándose cada vez más al salón.
Un hombre de mirada certera, con una nariz aguileña y una expresión de desagrado que solo era superada por su larga y negra túnica, que parecía ondear con cada paso que el hombre daba.
Con su pelo grasiento y piel cetrina, siendo alto y delgado, el hombre que parecía un murciélago gigante, caminaba con paso decidido hacia el frente de la clase mientras las puertas se cerraban de golpe a sus espaldas, luego de un gesto de la mano del hombre.
Su mirada pronto recorrió la clase, deteniéndose un momento en un muchacho de cabello negro y desordenado, con lentes horribles y redondos junto a una notoria cicatriz con forma de rayo en su frente.
Solo para que luego su mirada se posara en aquellos tres alumnos que no pertenecían a su clase hasta que le fue notificado hoy por la mañana.
El hombre desvió su mirada y finalmente, dirigiéndose a todos los presentes en la clase, comenzó a hablar con un tono seco y cortante.
“No habrá agotamientos a lo loco de sus varitas ni harán encantamientos tontos en esta clase”.
Su mirada recorrió la clase, viendo la reacción de los alumnos que ahora guardaban un profundo silencio mientras escuchaban sus palabras.
“No espero que muchos aprecien la sutil ciencia y el arte exacto de crear pociones”.
“Sin embargo, para la minoría selecta, que posea la predisposición, yo les puedo enseñar como hechizar la mente y embotar los sentidos” Acomodándose la túnica y observando a los alumnos de la primera fila de asientos, continuó el profesor.
“Yo les puedo enseñar a embotellar la fama, elaborar la gloria e incluso… a detener la muerte” Dijo el profesor, haciendo una pausa casi tan dramática como su entrada al salón.
Como si este fuera el mismo discurso que usó todos los años.
Volviéndose hacia la pizarra que tenía detrás y con un agotamiento de su varita, hizo que los caracteres y las letras comenzaran a escribirse sobre ella.
“No espero que lleguen a comprender la belleza de un caldero hirviendo, con sus vapores relucientes” “El delicado equilibrio de los líquidos que de deslizan a través de las venas humanas”.
“Hechizando la mente, engañando los sentidos… si no son algo más que los incompetentes a los que habitualmente tengo que enseñar”.
De repente, la mirada del profesor se clavó en el muchacho con la cicatriz y lentes feos.
“Potter”, dijo el profesor, “Nuestra nueva celebridad”.
“¿Qué obtendría si le añado polvo de raíz de asfódelo a una infusión de ajenjo?
¿Dónde buscaría si le pidiera que me encontrara un bezoar?
¿Cuál es la diferencia, Potter, entre acónito y luparia?”.
El profesor dijo todo eso sin pausa y de forma rápida y seca, con ese tono cortante y agresivo que lo caracterizaba.
El niño solo pudo negar ante cada una de las preguntas que le hacía el profesor.
Todo esto mientras una niña de cabello abundante y enmarañado de color castaño mantenía la mano levantada, con cada vez más entusiasmo.
✦ ° • ✦ ° • ✦ Para Alex esta situación era extraña, pero también era clara.
El profesor tenía A) Problemas con el niño, B) Problemas con los padres, parientes o tutores del niño, o C) El niño podría ser una pobre víctima elegida al azar, para su desgracia, que serviría como ejemplo y para el disfrute morboso debido a su humillación o intimidación ante las palabras duras del profesor.
Este análisis le hizo recordar aquellos libros que tanto lo ayudaron.
No tenía acceso muy seguido, pero aquella saga de libros de misterio e investigación, escritas por Sir Arthur Conan Doyle, sobre aquel hombre inglés llamado Sherlock Holmes y sus aventuras, generalmente con su ayudante, el doctor John Watson era su favorito.
Los libros eran interesantes y enseñaban muchas habilidades útiles que se podían aprender.
Las habilidades no eran fantásticas, de hecho, muchas de ellas pudieron lograrse bajo una ardua práctica, como el análisis de la ropa, del caminar, de la actitud y costumbres de las personas.
Pero también era cierto, que le era imposible aprender todas ellas, y mucho menos ponerlas en práctica, pero de vez en cuando, intentaba analizar las situaciones en las que se encontraba.
Esta práctica le parecía una actividad muy sana, y que muchas veces, podría ayudarle a salir de situaciones difíciles.
Aunque ciertamente no ayudaban con las situaciones de ámbito más emocional, ciertamente proporcionaban y fomentaban hacer uso de un punto de vista más general, para poder encontrar cosas que habitualmente, se ignorarían a simple vista.
El no podía ser así, después de todo, el no era Sherlock, pero ciertamente, esperaba algún día poder llegar a ese nivel de habilidad.
No creía que fuera a ser una eventualidad cercana, aunque ciertamente lo deseaba, pero actuaba sin prisa ante lo que, por ahora, parecía un sueño lejano.
✦ ° • ✦ ° • ✦ El niño, al contrario de lo que se esperaría, no parecía nervioso, sino más bien enojado.
Probablemente debido a una personalidad impulsiva y de sangre caliente.
El profesor, sin inmutarse ante su mirada, respondió ahora con un tono ligero pero evidente burlón.
“No lo sabes, ¿verdad?”, continuó el profesor con una sonrisa de desprecio.
“Es evidente que la fama no lo es todo, Potter, al menos no en este lugar”.
La sonrisa del profesor rápidamente fue respaldada por risas y burlas en voz baja de los estudiantes con decoraciones verdes en el uniforme, los cuales conformaban la otra mitad de los estudiantes del salón.
“Parece que no has abierto tus libros ¿o me equivoco?” Dijo el profesor con una mirada despreciativa.
Pero esta mirada rápidamente se interrumpió cuando, con una mirada de evidente irritación, se dirigió hacia otra mesa y le reclamó a una niña.
“¡Baja la mano niña molesta!”.
Ante lo cual la niña, cabizbaja y con una mirada de vergüenza, bajo rápidamente la mano.
La niña portaba el uniforme con decoraciones rojas al igual que el niño anterior, lo que abriría una cuarta opción.
Siendo esto, un desagrado u odio personal a esa división de la casa en particular.
Aunque Alex rápidamente lo descartó.
Si bien podría ser un posible factor influyente, no podía generar por si solo esa mirada de odio profundo que tenía el profesor al mirar al niño.
Dirigiéndose esta vez hacia el resto de la clase y con vestigios de irritación clara en su tono de voz, el profesor comenzó a hablar nuevamente.
“Nuestra primera poción”, continuó diciendo el intento de murciélago gigante, “Será un simple bálsamo para curar forúnculos”.
“Es un antídoto sencillo, pero sus ingredientes, cuando se mezclan con descuido, pueden tener resultados dolorosos.
Las instrucciones están en la pizarra”.
Alex siguió las instrucciones al pie de la letra, su mente en un estado de concentración rara vez visto, debido a sus frecuentes distracciones.
Pero cuando llegó el momento de agregar el ingrediente clave, sintió un calor familiar en sus palmas.
No fue un calor abrumador, sino una chispa, un poder que, si lograba entrenar, respondería a su voluntad.
Pero que había llegado en el peor momento posible.
Quizás fue la emoción, quizás nerviosismo, quizás solo su mente haciendo juegos.
Pero eso ahora no era importante.
Rápidamente trató de mantenerse bajo control e intentó calmar el calor.
Pero el daño ya estaba hecho.
Ese solo instante de calor en el momento más crucial lo había cambiado todo.
El caldero comenzó a burbujear con una intensidad inusual.
La poción se volvió más espesa y densa, brillando con un color verde brillante que era demasiado puro.
No había explosión, pero el líquido se volvió inestable.
La poción hirvió, se agitó, y finalmente se desbordó en el suelo con un seiseo que quemó la piedra.
El profesor Snape se acercó rápidamente a su mesa.
Su rostro una máscara de fría furia.
Los otros estudiantes se quedaron en silencio.
La mirada de Snape se clavó en Alex, que tenía sus ojos grises fijos en el caldero ahora vacío, gracias al rápido movimiento de varita de su profesor.
“¿Qué has hecho?”, siseó Snape.
Alex no respondió.
Estaba concentrado en la sensación en sus manos.
Su habilidad era más problemática de lo que había anticipado.
Pero antes de que el profesor pudiera expresar su molestia y despotricar contra Alex, un grito agudo resonó en el aula.
El caldero de Neville Longbottom, un chico regordete con una mirada perpetuamente asustada, y el uniforme para variar, también rojo, se había derretido en algunas partes sobre el suelo, dejando un charco de líquido negro y espeso.
El pobre Neville se había cubierto de la poción, y una docena de forúnculos purulentos brotaban de su rostro y sus brazos.
El profesor se giró nuevamente hacia el primer niño en ser bendecido con las “cálidas” palabras del profesor en esa clase y le reclamó.
“¡Potter!
¿Por qué no le dijiste que no le echara las púas?” “¿Crees que iba a ser divertido si fallaba?
A Gryffindor le quito cinco puntos.
No espero que la fama te haya vuelto tan arrogante que creas que no necesitas seguir mis instrucciones”.
Mientras el profesor Snape decía eso, el caldero burbujeante de Seamus Finnigan se desbordó y el líquido humeante salpica el suelo.
El profesor desapareció rápidamente la poción con una furia ya incontrolable, visible para todos tanto en su voz como su expresión.
El profesor se giró hacia el compañero de mesa del chico regordete, ahora cubierto de furúnculos y le gritó.
“¡Llévalo a la enfermería!”.
“¡Potter, después de que los demás hayan salido, puedes limpiar el caldero!”.
Le espetó finalmente al lamentable chico, que había sido objetivo de burlas toda la clase.
“¡Y tú!” Dijo el profesor señalando a Alex, con su voz baja y peligrosa, “¡Tu espectáculo de pirotecnia se distrajo a Longbottom!
“¡Limpia el desastre de ambos junto a Potter!” Dijo finalmente el profesor, habiendo descargado su furia sobre ambos chicos.
Alex se quedó en su lugar, sintiendo una punzada de molestia.
Su concentración se había roto, y ahora tendría que lidiar con el desorden de las consecuencias de aquel desastre.
No le importaban las palabras de Snape, ni las miradas de los demás, pero el hecho de que su falta de control afectara su rendimiento y lo metiera en problemas era inaceptable.
Este era un problema que tenía que resolver, y rápido, para al menos ganar control suficiente como para no volarse la cara de un momento a otro.
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