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LORD OF THE WORLDS: The Bellicose Foxes. - Capítulo 16

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16: Capítulo 14: Amenaza.

16: Capítulo 14: Amenaza.

TIEMPO: Dos Horas Después de la Caída de la Zona Este.

UBICACIÓN: Base de Operaciones Rebelde.

DISTRITO: Desconocido.

En lo profundo de unas instalaciones, de algún lugar desconocido, donde una tormenta azotaba con fuerza cubriendo de nieve todo el lugar, ocultando su existencia.

El silencio por los pasillos de hormigón era extremadamente tranquilo.

Su único ruido inevitable, eran las pisadas de las personas que caminaban por esos lugares.

Gente con batas blancas y sujetos con escaso equipo táctico.

Todo era tranquilo.

¡BBOOM!

Una pared de concreto reforzado explotó hacia afuera, no por una bomba, sino por la fuerza bruta de un impacto físico.

Los escombros volaron como metralla, llenando el pasillo de polvo gris.

De entre la nube de polvo, emergió una figura.

Era una mujer de tez bronceada.

Caminaba desnuda, sin importarle el frío del lugar ni las miradas, con el cuerpo cubierto de polvo y tensión muscular.

Su cabello largo y desaliñado le caía por la espalda, y en su rostro, un parche negro cubría su ojo derecho.

El ojo que le quedaba, un iris de color ámbar brillante, estaba inyectado en sangre y locura.

—¡¿QUIÉN CARAJOS FUE?!—gritó, y su voz fue un chillido que hizo vibrar las lámparas del techo.

Varios guardias y personal médico corrieron hacia ella, intentando contener la situación con mantas y sedantes.

—¡Por favor, cálmese!—suplicó un médico, acercándose con una jeringa.

Fue un error fatal.

La mujer ni siquiera lo miró.

Lanzó un revés con el brazo que conectó con el cráneo del hombre.

La cabeza del médico se deformó con un crujido húmedo, y su cuerpo salió disparado contra la pared opuesta, cayendo muerto al instante.

Dos guardias intentaron sujetarla.

Ella giró, clavando el puño en el estómago del primero con tal fuerza que le atravesó la armadura y le reventó la columna por detrás.

Al segundo lo tomó del cuello y lo lanzó como si fuera un muñeco de trapo hacia el techo.

El pánico estalló.

—¡Es un monstruo!

¡Corran!—gritaron los sobrevivientes, huyendo despavoridos mientras ella avanzaba, respirando agitadamente, buscando algo más que matar.

Por ese mismo pasillo, caminando en dirección contraria a la marea de gente aterrorizada, apareció un hombre conocido: el General Enmascarado.

Su bata blanca estaba impecable, contrastando con la sangre y el polvo que llenaban el aire.

No se inmutó ante los cadáveres ni ante la mujer desnuda que emanaba un aura de muerte.

El General se detuvo a unos metros de ella.

—Tienes trabajo que hacer—dijo él con calma, su voz distorsionada por la máscara de gas—.

Trae a Ripto con vida.

Ella se detuvo.

Su único ojo se clavó en el General con desprecio.

—¡¿Ah?!—gruñó, mostrando los dientes—.

¡Tú no eres nadie para ordenarme!

El General suspiró, un sonido de cansancio infinito.

Reanudó su paso, caminando tranquilamente para pasar a su lado, como si ella no fuera una amenaza.

—También captura con vida al que lastimó a Zarbac—dijo el General justo cuando pasaba junto a ella.

Esa frase fue la chispa en un barril de pólvora.

La furia de la mujer se multiplicó.

Con un grito gutural, giró sobre sus talones y lanzó un puñetazo directo a la cabeza del General, con la intención de arrancársela.

El aire silbó por la velocidad del golpe, pero el impacto nunca llegó.

El General se volteó con una rapidez que desafiaba al ojo humano.

Su mano enguantada subió y atrapó el puño de ella en seco.

¡PUM!

La onda de choque del impacto levantó el polvo del suelo, pero el General no retrocedió ni un milímetro.

Sosteniendo el puño como si fuera la mano de una niña.

Ella intentó liberarse, sorprendida por la fuerza inamovible que la sujetaba.

Miró la máscara de gas, buscando los ojos de ese hombre, y encontró un abismo de calma aterradora.

El General la soltó, empujándola levemente hacia atrás.

Ella lo miró con enojo puro, sobándose la muñeca, pero entendiendo la jerarquía de poder en ese pasillo.

Una sonrisa cruel y retorcida se dibujó en su rostro.

—Bien…—siseó la mujer—.

Primero me divertiré con él…

—Llévate también a esos dos—dijo el General sin haber nadie más que ellos—.

Y vístete.

La mujer borró su sonrisa.

—Si se pelean conmigo por mis presas…—la arteria de la mujer en su frente parecía estallar—.

Las mataré primero antes de pelear con esos dos.

¿Algún problema?

El General guardó silencio.

Sin esperar respuesta, ella impaciente dio la media vuelta.

Los músculos de sus piernas se tensaron y estallaron en movimiento.

Salió disparada por el pasillo a una velocidad inhumana, desapareciendo en la oscuridad en cuestión de segundos.

El General se quedó solo entre los escombros y los muertos, acomodándose la bata.

—Prepárense—tocó el general su transmisor.

—Recibido.

UBICACIÓN: Bosque de Elytor-III.

TIEMPO: Dos Horas más Después del Aterrizaje.

Lejos del frío de esa base, la luz del atardecer comenzaba a filtrar entre las copas de los árboles gigantes.

El grupo llevaba horas caminando en silencio, y el cansancio empezaba a cobrar su precio.

Especialmente en Selene, cuyo rostro estaba inusualmente pálido y sudoroso, no solo por las heridas, sino por algo más visceral: una necesidad biológica acelerada.

Un crujido en las ramas altas rompió la monotonía de la marcha.

Daiki bajó de un salto desde un árbol, aterrizando con agilidad frente a ellos.

En sus manos sostenía una fruta extraña, de cáscara azul y brillante.

—¡Miren lo que encontré!—exclamó el niño, ofreciendo el hallazgo como un trofeo.

—¡Compórtate!—dijo Hana, asustada por el ruido repentino—.

¡Podría ser venenosa!

—Es una fruta de xime—la miró saboreándosela, tentándolo a morderla—.

Es para la señorita.

Daiki ignoró la advertencia de su hermana y, con una sonrisa inocente, extendió la mano hacia Selene, quien estaba sentada por un momento en la raíz de un árbol, respirando con dificultad.

—Es una fruta de xime—repitió el niño, moviéndola para que brillara bajo la poca luz—.

Es dulce.

Es para usted.

Se ve pálida.

Selene miró la fruta y luego a los ojos del niño.

Su estómago rugió, un sonido gutural que, en otra situación, habría sido vergonzoso.

Pero ahora era una alarma biológica.

—Gracias…—murmuró Selene.

La tomó y la devoró en dos bocados.

El jugo dulce le manchó la barbilla, pero la energía entró en su sistema como combustible de alto octanaje.

—Parece que no comías en días —comentó Lyana en voz baja.

Selene se limpió la boca con el dorso de la mano, recuperando un poco de color.

Soltó una risa amarga.

Kaiden, viendo que la situación estaba controlada por el momento y por el ruido de un avión a gran velocidad que los sobrevoló, lo hicieron dar la orden, bajando inmediatamente a Ripto al suelo.

—Descansen cinco minutos.

Necesitamos recuperar el aliento antes de que caiga la noche.

El alivio fue colectivo.

Lyana se dejó caer junto a Selene, materializando un pequeño kit médico con la ayuda de su pulsera, lo usó para revisar las heridas de su capitana.

—Cómo me gustaría tener tu mutación, Selene —dijo Lyana en voz baja, aplicando un gel frío sobre la piel de su amiga—.

Tu metabolismo sana rápido.

Yo sigo sintiendo que me atropelló la nave entera.

Selene terminó la fruta y se limpió la boca, recuperando un poco de color en las mejillas, soltando después una risa amarga.

—Y a mí me gustaría ser como tú, Lyana —respondió, mirando sus manos temblorosas—.

Esto es el precio de ser rápida.

Si no como, me apago.

Tú tienes suerte con tus ojos y fuerza.

No te piden tanto a cambio tus mutaciones.

Mientras ellas compartían ese momento de vulnerabilidad técnica, Kaiden se mantenía de pie, vigilando el perímetro.

Se acercó a Hana, que estaba sentada abrazando sus rodillas, mirando la nada.

Kaiden se acuclilló frente a ella, tratando de que su armadura no se viera intimidante.

—Hana…

necesito preguntarte algo serio —dijo con voz suave.

La joven levantó la vista.

—¿Estás segura de que vamos al lugar correcto?

Este bosque parece infinito.

—Sí…

—asintió ella—.

Nuestra aldea está a una hora más de distancia, cruzando esa cresta.

—Mmm…

esperemos llegar pronto.

Kaiden hizo una pausa, observando la ropa de los niños.

Estaba sucia, desgastada, pero era ropa de ciudad, no de campesinos.

—A todo esto…

¿Qué hacían ustedes dos solos en el lugar donde nos encontramos?

Estaban muy lejos de cualquier aldea.

La pregunta tuvo un efecto inmediato.

La mirada de Hana se apagó.

Sus manos se apretaron en puños sobre su falda hasta que los nudillos se pusieron blancos.

—Veníamos de la ciudad de Floranis…

—respondió con la voz partida, como si el nombre de la ciudad le doliera.

Kaiden notó la reacción.

Floranis.

Una de las ciudades más importantes de el planeta, ocupada por rebeldes.

—¿Tus padres te esperan en la aldea?

—preguntó Kaiden, temiendo la respuesta.

Hana bajó la cabeza, ocultando los ojos.

—No…

ellos…

—su voz se quebró y no pudo terminar.

No hizo falta.

Kaiden sintió un golpe en el estómago.

Tragó saliva, y por un segundo, no vio a Hana; se vio a sí mismo, a los siete años, un recuerdo amargo.

El dolor era un espejo.

—Lo siento…

—susurró Kaiden, con una sinceridad que llamaba la atención—.

No debí preguntar.

El sonido de otro avión interrumpió el momento.

Kaiden se puso de pie bruscamente, teniendo la excusa perfecta para no pensar en lo que pasó.

Caminó hacia Ripto, lo levantó del suelo de un tirón y lo cargó nuevamente sobre su hombro.

—Se acabó el descanso —anunció con voz firme—.

Vámonos.

Esta incrementando la vigilancia aérea.

El grupo se levantó.

Selene ayudó a Lyana.

Hana tomó la mano de Daiki.

Kaiden dio un paso al frente para liderar la marcha.

Apenas su bota tocó el suelo, su piel se erizó repentinamente.

Un instinto de advertencia que no logró a procesar muy bien.

Kaiden se inclinó ligeramente hacia tras.

¡ZIIIIUUUU!

Un pequeño rayo de luz concentrada pasó zumbando a milímetros de su rostro.

El aire se calentó instantáneamente, mientras que el rayo se expandía en un instante, creciendo unos 45 cm.

El disparo impactó en el tronco de un árbol gigante justo aún lado de él, provocando una explosión de astillas y fuego que iluminó el crepúsculo.

—¡ABAJO!

—gritó Kaiden.

Hana, con reflejos nacidos de la guerra, se lanzó sobre Daiki, protegiéndolo con su cuerpo en el suelo.

Selene y Lyana desenfundaron sus armas, buscando un blanco que no podían ver.

Kaiden se quedó inmóvil por un microsegundo, sintiendo el calor del disparo en su mejilla.

Giró la cabeza hacia la dirección del ataque, mirando hacia una colina lejana.

“Eso estuvo cerca…”, pensó, sintiendo el sudor frío recorrerle la espalda.

“Demasiado cerca”.

A casi un kilómetro de distancia, en lo alto de un peñasco que dominaba el valle.

Una mujer de cabello largo y salvaje dejó de mirar a través de la mira telescópica de su rifle de francotirador de alta potencia.

Se apartó el cabello del rostro, revelando un parche negro sobre el ojo derecho y su ojo ámbar brillando con malicia.

—Maldición…

fallé —dijo, escupiendo al suelo con frustración—.

Los encontré…

es su turno.

—Eres una inútil hermana—respondió una voz egocéntrica por el transmisor algo agitada.

—Cierra el hocico—la mujer crujió los dientes, apuntando nuevamente con la mira—.

Haz tu maldito trabajo…

Jarek.

Delante de la boquilla del rifle, una pequeña bola de luz amarilla clara se materializó.

Saliendo convertida en el pequeño rayo de luz justo cuando apretó el gatillo.

Su fuerza de disparo generó una onda de de aire que la movió ligeramente y le alborotó aún más su pelo.

El rayo atravesó el kilómetro en cuestión de microsegundos, arrasando árboles a su paso y alcanzando a dos personas, pasando en medio de ellas mientras corrían.

De pronto, Kaiden los vio.

El pequeño rayo a unos metros a punto de tocarlo, y dos siluetas diferentes emerger de ambos lados.

Diferentes cada una.

Una ancha y una delgada.

—Uno fallado —susurró la mujer, dibujando una sonrisa depredadora—.

Quedan tres.

─────────────────────────────  ・・・✦・・・ “El silencio del bosque no es paz.

Es el cazador conteniendo la respiración.” — Manual de Supervivencia en Territorio Hostil.

─────────────────────────────

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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