LORD OF THE WORLDS: The Bellicose Foxes. - Capítulo 18
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18: Capítulo 16: Rango de Monstruos.
18: Capítulo 16: Rango de Monstruos.
UBICACIÓN: Almacén N67, Base de Modra.
El almacén estaba en una zona poco transitada de la base, lleno de sombras proyectadas por altas torres de cajas de suministros.
Aki se encontraba caminando de un lado a otro, frotándose las manos con nerviosismo evidente.
Cuando Cedric entró y la luz del pasillo le dio en la espalda, Aki dio un respingo.
Al reconocerlo corrió hacia él.
—Tenemos un gran problema —dijo con voz preocupada, sin siquiera saludar.
Al escuchar el tono de Aki, Cedric cruzó los brazos, adoptando una postura defensiva.
—¿Qué sucede?
Aki miró hacia la entrada, asegurándose de que la puerta se cerrara, y luego sacó una tableta de datos que tenía oculta bajo su informe.
—Descubrí que el planeta puede recibir un nuevo rango de peligro…
Clase SSS —soltó Aki—.
Estuve indagando en los registros de inteligencia aprovechando el caos, pero al parecer esta clase es ultra secreta.
No tengo idea a qué se refiera.
Cedric parpadeó, procesando la información.
—¿SSS?
—repitió, incrédulo—.
Esto se vuelve raro.
Cuando nos dieron esta misión, el planeta era del mismo rango que mi escuadrón: Clase A.
Y de repente saltó a SS cuando llegamos…
¿y ahora SSS?
—Lo sé —asintió Aki con gravedad—.
Y hay una posible explicación.
Pero antes de enseñarle lo siguiente…
me gustaría saber algo.
¿Quién es la Oprichnina?
La pregunta tomó por sorpresa a Cedric.
Miró a Aki, evaluando.
Aki había peleado a su lado, había demostrado lealtad, pero esta información era peligrosa.
Sin embargo, el soldado de élite merecía saber en qué se estaba metiendo.
—¿La Oprichnina?…
—Cedric suspiró, bajando la voz aún más, como si pronunciar el nombre fuera peligroso—.
Son los perros de caza del Emperador.
No le responden a nadie más.
Aki asintió, sintiendo la gravedad en el tono de su líder.
—Ya conociste a Fer…
—continuó Cedric, recordando a dicha mujer—.
Ella es Chnina.
Su trabajo es oler la traición, meterse en tu mente y sacar la verdad.
Son los ojos.
Cedric hizo una pausa, recordando la brutalidad silenciosa de Clifford en la nave.
—Y la Opri…
como el sujeto de la armadura negra que nos salvó…
ellos son los colmillos.
Ellos ejecutan y limpian el desastre.
—Cedric lo miró a los ojos—.
Si ves una insignia de tres cabezas de lobo, Aki, reza para que estén de tu lado.
Son Clase SS…
los únicos que está por encima de ellos son la primera rama del imperio y los Grandes Generales.
Al escuchar esto, la curiosidad en los ojos de Aki aumentó, mezclada con un nuevo respeto y temor.
—¿Cabezas de lobo…?—Aki lo miró dudando su respuesta—.
¿Segunda rama y primera de la Black?
Cedric asintió.
—Por eso es que la White y personas fueras de las Cradles no conocen casi o nada de ellos.
—¿Igual que la Red?—Aki cuestionó algo entusiasta.
—Ellos son un mito—Afirmó Cedric rotundamente—.
La Oprichnina es un poco más real.
Luego Aki se limitó a no preguntar más detalles al terminar de escucharlo, y volvió a levantar la tableta como si lo que hubieran hablado nunca hubiera pasado.
—Bueno, esto tendrá sentido para usted —dijo Aki, activando un holograma.
Una imagen azulada y granulada flotó en el aire.
Era una captura de seguridad de la Blitz.
Mostraba a un hombre con un cubrebocas metálico y una mirada desquiciada.
—Esta persona está clasificada como rango SS —dijo Aki enseguida, señalando la imagen—.
Por eso el planeta recibió la misma clase.
Al parecer es un…
—Hunter —interrumpió Cedric.
La palabra salió de su boca como un veneno.
—Así es…—dijo Aki interrumpiendo el silencio momentáneo de Cedric, mostrando y pasando múltiples fotos de personas—.
De todas las clasificaciones que hay, como la de los comandantes de liberación de clase A.
Se detuvo en una foto para mostrar.
Una muy reconocida para el, la de un hombre que había visto no hace mucho: el Capitán Ripto.
—Como es en el caso de este ex-capitán, usted sabe muy bien que la clase SS es lo más peligroso hasta hora.
Las preocupaciones de Cedric, que ya eran pesadas, se volvieron aplastantes.
Su mente voló lejos de ese almacén, cruzando kilómetros de selva hasta donde Selene y Lyana estaban perdidas.
“Si hay un Hunter suelto…
y un nuevo rango desconocido.
Ellas no tienen oportunidad”, pensó, perdiéndose en un abismo de escenarios catastróficos donde solo podía ver el rostro de Lyana lleno de miedo.
Aki notó la mirada perdida de su superior.
Guardó el holograma y rompió el silencio con la pregunta que flotaba en el aire.
—¿Cree que él fue quien lastimó a sus compañeros?
Cedric cerró los ojos un instante.
La rabia y la impotencia lucharon en su interior.
—No tengo idea —respondió con inseguridad, aunque su instinto le gritaba que sí.
Luego de esa pequeña plática, el ambiente en el almacén se sentía más frío.
Aki guardó la tableta.
—Regresaré con más información después —dijo Aki, retirándose hacia las sombras—.
Tenga cuidado.
Cedric se quedó solo en la penumbra, apretando los puños, sabiendo que el entrenamiento con Fer ya no era una opción, sino una necesidad absoluta para sobrevivir a lo que venía.
“Resistan…”, pensó Cedric, apretando los puños hasta hacerse daño.
“Solo resistan un poco más”.
Pero a cientos de kilómetros de allí, el tiempo para resistir se había acabado.
UBICACIÓN: Bosque de Elytor-III.
TIEMPO: Segundos Después del Disparo.
El eco de la explosión aún retumbaba en el valle, mezclándose con el olor a madera quemada y ozono.
Kaiden se incorporó lentamente entre el humo, con los músculos en tensión máxima.
A un lado y en suelo, Ripto estaba inconsciente.
Frente a él, el rayo de luz que acababa de impactar en su escudo había dejado una cicatriz humeante en la tierra, marcando la línea de salida de una carrera hacia la muerte.
De entre las sombras de los árboles, tal como la pesadilla de Cedric había presagiado, las dos siluetas terminaron de emerger hacia la luz crepuscular.
Ya no eran sombras; eran monstruos de carne y hueso.
El de la izquierda era delgado, una figura nerviosa enfundada en una ropa militar cómoda que parecía una segunda piel llena de correas tácticas.
Llevaba una especie de lentes de combate que ocultaba sus ojos, pero no su sonrisa: una mueca amplia y llena de dientes afilados.
En sus manos, hacía girar dos katanas térmicas con una floritura innecesaria, disfrutando del espectáculo.
El de la derecha era una montaña.
Un gigante de piel grisácea y músculos que parecían placas de blindaje orgánico.
Solo vestía unos pantalones cortos desgastados y una camisa de tirantes, como si ninguna ropa pudiera contener su brutalidad.
No llevaba armas; sus puños, del tamaño de un casco, eran suficiente amenaza.
—Vaya, vaya…
—dijo el delgado, su voz chillona rompiendo el silencio del bosque—.
Parece que la hermanita tuerta falló el tiro.
Qué vergüenza para la familia.
El gigante soltó un gruñido profundo, un sonido tectónico que resonó en el pecho de Kaiden.
—Mejor para nosotros, Jarek —dijo con voz grave y lenta—.
Me gusta cuando se mueven antes de romperse.
Kaiden dio un paso atrás, instintivamente poniéndose frente a Hana y Daiki, convirtiéndose en su escudo humano.
Selene y Lyana flanquearon sus lados, levantando sus armas, pero Kaiden pudo notar el ligero temblor en las manos de Selene.
El hambre de su mutación la estaba debilitando por segundos.
—¿Quiénes son?
—preguntó Selene, intentando mantener la voz firme, aunque sus ojos delataban el reconocimiento del peligro.
Jarek soltó una carcajada, inclinándose hacia adelante como un depredador listo para saltar.
—¿Nosotros?
Somos la limpieza.
Somos el castigo.
—Señaló a Kaiden con la punta de una de sus katanas—.
Y ustedes…
son juguetes rotos que el Imperio tiró a la basura.
Kaiden analizó la situación en microsegundos.
Un francotirador de nivel élite en la colina.
Dos combatientes cuerpo a cuerpo de nivel desconocido, pero claramente inhumanos como ellos.
Su equipo herido.
Civiles presentes.
Las probabilidades no eran cero.
Eran negativas.
—Hana…
—susurró Kaiden sin mover los labios, sin quitarle la vista a los monstruos—.
Cuando yo me mueva…
corran.
No miren atrás.
—¿Qué?
—Hana tembló detrás de él, aferrando a Daiki.
—¡CORRAN!
—rugió Kaiden, y se lanzó al ataque.
No esperó a que ellos golpearan primero.
Kaiden tomó impulso del suelo y salió disparado hacia el gigante, buscando derribar a la amenaza más grande para abrir una brecha de escape.
El gigante ni siquiera parpadeó.
Cuando Kaiden lanzó el puñetazo, cargado con toda la potencia que pudo, el gigante simplemente abrió los brazos.
¡CLANG!
Fue como golpear una pared de acero sólido.
Kaiden sintió el impacto reverberar hasta su hombro, entumiendo su brazo.
El gigante no se movió ni un centímetro.
En su lugar, sonrió, agarró a Kaiden de la cabeza con una mano enorme y lo levantó del suelo como si fuera un muñeco de trapo.
—Pequeño hombrecito…
—dijo, apretando su agarre—.
Te vas a romper.
—¡Kaiden!
—gritó Lyana, apuntando con su pistola de reacción.
Pero antes de que pudiera disparar, Jarek ya estaba en movimiento.
Desapareció en un borrón de velocidad, reapareciendo al costado de las chicas.
—¡Tu baile es conmigo, preciosa!
—gritó Jarek, lanzando un tajo horizontal con su katana.
Lyana apenas tuvo tiempo de desenfadar su propio cuchillo de combate para bloquear.
El acero chocó con chispas, y la fuerza del impacto la hizo patinar hacia atrás.
El impacto de Jarek también hizo que Lyana perdiera el equilibrio, tirándola al suelo, pero Selene reaccionó al instante.
A pesar de su debilidad, disparó una ráfaga hacia el espadachín para cubrir a su amiga.
Jarek ni siquiera se molestó en esquivar.
Giró sus katanas como un ventilador, desviando los disparos con una facilidad insultante mientras reía.
—¡Lentas!
¡Muy lentas!
—se burló Jarek.
Mientras tanto, Kaiden colgaba en el aire, sostenido por la cabeza.
El gigante por su parte apretaba con fuerza.
—¡Suéltalo!
—gritó Hana, lanzando una piedra inútil que rebotó en el hombro del sujeto.
El gigante giró la cabeza lentamente hacia los niños.
Eso fue su error.
Kaiden aprovechó la distracción, y lanzó una patada al pecho de el hombre que lo sostenía.
El gigante soltó el agarre por la sorpresa, y Kaiden cayó al suelo, rodando para recuperar la distancia.
¡ZIIIUUU!
Un segundo disparo de francotirador bajó desde la colina lejana.
Pero esta vez, no iba dirigido a Kaiden.
El rayo pasó rozando la oreja de Jarek, chamuscándole un mechón de pelo.
Jarek se detuvo en seco, olvidándose de Lyana y Selene.
Se llevó la mano al comunicador de su oído, furioso.
—¡¿Ah?!—gritó al aire, ignorando el combate—.
¡Cuidado adónde apuntas, estúpida!
¡Casi me das!
La voz de la mujer crepitó en los altavoces externos de los suyos, llena de veneno.
—Si fueras más útil, ya los habrías matado.
Deja de jugar, imbécil.
—¡No es mi culpa que seas una ciega!
—respondió Jarek, dándose la vuelta y exponiendo su espalda a los Zorros para gritarle a la montaña lejana—.
¡Si tan útil fueras, hubieras estado con el imbécil de Zarbac para que no lo lastimaran!
¿O no, Isidora?
La provocación fue demasiado lejos.
—¡Cierra la boca!
—chilló ella.
Desde la distancia, Isidora disparó de nuevo, pero esta vez con pura ira, sin apuntar bien.
El rayo impactó en el suelo, justo entre Jarek y el gigante, creando una explosión de tierra que los cubrió a ambos.
Jarek, enfurecido por el ataque de Isidora, perdió el control.
—¡Ahora sí vas a ver!
—bramó, y por un segundo pareció que iba a correr hacia la colina, olvidando su misión.
Pero el gigante, que se sacudió el polvo como si nada, intervino.
Con una velocidad sorprendente para su tamaño se acercó a él, estiró el brazo y le dio un revés a Jarek en la nuca, tirándolo al suelo de cara.
—Es tu hermana, Jarek —dijo el gigante con una serenidad aterradora—.
Y ella es la única mujer a la que no puedes pegarle.
—¡Aouhh!
—la voz de Isidora cambió instantáneamente de furia a dulzura enfermiza por el comunicador—.
¡Muchísimas gracias, Alaric!
No esperaba menos de nuestro hermano mayor.
Kaiden, que observaba la escena jadeando, no podía creer lo que veía.
Estaban peleando entre ellos.
Su disfuncionalidad era total, pero su poder era abrumador.
—Están locos…
—murmuró Selene, ayudando a Lyana a levantarse.
Kaiden vio la apertura.
Los disfuncionales estaban distraídos en su drama familiar.
—¡Es ahora!
—gritó Kaiden—.
¡CORRAN!
Hana cargó a Daiki en su espalda sin dudarlo.
Selene y Lyana, impulsadas por el terror puro, se dieron la vuelta y corrieron.
Kaiden se quedó un segundo más, para materializar con su pulsera y lanzar una granada de humo al suelo para cubrir la retirada y tomar a Ripto antes de seguirlas.
El grupo se adentró en la espesura a toda velocidad, dejando atrás el humo gris.
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