Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

LORD OF THE WORLDS: The Bellicose Foxes. - Capítulo 19

  1. Inicio
  2. LORD OF THE WORLDS: The Bellicose Foxes.
  3. Capítulo 19 - 19 Capítulo 17 Política Sentimental
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

19: Capítulo 17: Política Sentimental.

19: Capítulo 17: Política Sentimental.

La carrera se convirtió en una marcha agónica.

Minutos después, el sonido de la batalla había quedado atrás, pero nadie se atrevía a detenerse.

Daiki, agarrado al cuello de su hermana, miraba hacia atrás con ojos grandes.

Luego miró a Kaiden, que corría a su lado con la armadura abollada.

—¿No eres fuerte?

—preguntó el niño de repente.

La pregunta, tan inocente y directa, golpeó a Kaiden más fuerte que la mano de Alaric.

Apretó los dientes.

La impotencia le quemaba la garganta.

Recordó los cuerpos de sus padres, la aldea en llamas de su infancia, y ahora…

huir de nuevo.

—No —respondió Kaiden, con una voz tranquila pero cargada de dolor—.

Si fuera fuerte…

los que perdí estarían conmigo.

Hana, jadeando por el esfuerzo, miró a Kaiden con sorpresa.

Entendió el peso de esas palabras.

—Lo siento —dijo ella entre respiraciones—.

Daiki no sabe cuándo callarse.

—No te preocupes, Hana —respondió Kaiden.

Su tono fue gentil, contrastando con la violencia de la situación.

Selene, que corría cojeando un poco más atrás, observó el intercambio.

Vio cómo Kaiden protegía a los niños a pesar de su propio dolor.

Mientras que Lyana, corría cojeando también pero a lado de su capitana, notó hacia dónde miraba Selene.

—¿Extrañas a tu hermana, verdad?

—preguntó Lyana en un susurro agitado, conociendo una historia que solo ellas sabían.

Selene parpadeó, sorprendida de que su máscara se hubiera agrietado.

—Sí…

—admitió con voz nostálgica—.

Quisiera verla.

—¡Allá está la aldea!

—el grito de alegría de Daiki interrumpió la melancolía.

A través de los cientos de árboles, las estructuras de madera y piedra de un asentamiento amurallado aparecieron a la vista de un pequeño barranco.

El alivio inundó al grupo.

Estaban a metros de la salvación.

Pero ese alivio tardó más en llegar que en irse.

¡BOOOM!

Un temblor sísmico sacudió el suelo bajo sus pies, derribándolos.

Alaric había saltado.

El gigante aterrizó justo atrás de ellos.

El polvo se levantó a su alrededor.

Sin darles tiempo a levantarse, Alaric dio un gran brinco hacia ellos y, con mucha fuerza, dejó caer su puño dirigido a Selene y Lyana.

—¡CUIDADO!

Rápidamente Kaiden reaccionó.

Soltó el cuerpo de Ripto, se deslizó por la tierra y desplegó su escudo frente a las chicas.

El puño de Alaric chocó contra la energía azul.

La fuerza del ataque fue tal que hundió a Kaiden en el piso hasta las rodillas, haciendo temblar cada hueso de su cuerpo.

—¡Muévanse!

—rugió Kaiden, sosteniendo el peso de la montaña.

Selene empujó a Lyana aún lado, rodó por el suelo y desenfundó su pistola, disparando al rostro de Alaric para hacerlo retroceder.

Pero el terror no había terminado.

Un grito de Hana y Daiki rasgó el aire.

Jarek salió de la maleza a sus espaldas, riendo como un maníaco, con las katanas extendidas.

Con un movimiento cruel y rápido, lanzó un ataque cruzado que alcanzó a los niños, cortándolos y haciéndolos caer al suelo.

—¡NO!

—gritó Lyana, horrorizada.

Jarek se enderezó, salpicando la sangre de sus katanas con un movimiento de muñeca.

Los volteó a ver y dio una sonrisa de oreja a oreja.

—Primeros puntos para mí.

Lyana, aún malherida y sin tiempo de procesar lo que sucedió, escuchó un sonido infinitesimal.

Un clic lejano.

—¡Francotirador!

Se levantó con una fuerza que no tenía y ahora ella empujó a Kaiden y a Selene hacia un lado con desesperación.

¡BANG!

El disparo de Isidora impactó donde habían estado un segundo antes, provocando otra explosión que astilló los árboles cercanos.

—¡Esa bastarda!

—se oyó la voz de Isidora por los altavoces de Jarek—.

¿Cómo es que se dio cuenta?

El rifle se cargó de nuevo.

Otro disparo.

Esta vez no hubo tiempo para esquivar.

Kaiden, recuperándose del empujón, se levantó y usó su escudo para recibir el ataque directo una vez mas, cubriendo al resto.

El impacto provocó una explosión de humo y chispas.

El humo le dio la oportunidad a Jarek.

Atacó a ciegas a través de la cortina gris.

Selene se percató y disparó, pero Jarek desvió las balas con sus katanas con una facilidad insultante.

—Esto será interesante…

—decía Jarek con su gran sonrisa.

Con debilidad, Lyana se levantó del suelo y desenfundó nuevamente su cuchillo de combate.

Se puso en guardia, temblando.

—Selene…

—dijo con voz agitada—.

Hay un francotirador.

Por el poder del ataque, no debe estar muy lejos de acá.

En esa cresta.

Selene jaló la corredera de su pistola.

Su mirada cambió.

Ya no había miedo, solo determinación letal.

—Yo me encargo.

Kaiden, sin dejar de materializar el escudo frente a Alaric, escuchó su decisión.

—Ve —ordenó—.

Yo me ocuparé del grandote.

Ubicación: Enfermería de la Base Imperial.

Tiempo: Simultáneo.

Mientras la batalla estallaba en la lejanía, Cedric había regresado a la enfermería con el peso del mundo sobre los hombros.

El conocimiento del “Rango SSS” quemaba en su mente, haciendo que el aire estéril de la sala se sintiera sofocante.

Se dejó caer de nuevo en la silla junto a las camas de sus compañeros.

Apoyó los codos en las rodillas y hundió la cabeza entre las manos, incapaz de mirar las heridas de los que están ahí.

La imagen de Zarbac y la certeza de que había otros como él cazando a Lyana lo estaban destruyendo.

—Maldición…

—susurró con voz rota, llena de impotencia—.

¿Por qué no estuve con ellos en ese momento?

Estaba a punto de golpearse la pierna por frustración cuando sintió un toque ligero, casi imperceptible, en su rodilla.

Cedric dio un respingo y levantó la vista.

Lunaria lo miraba.

Su ojo sano estaba entreabierto, vidrioso por los sedantes, pero enfocado en él.

Había despertado.

—Tranquilo…

—dijo ella, con una voz rasposa que apenas era un susurro—.

Lo importante es que estamos bien.

Aunque oír su voz fue un alivio inmenso, la culpa de Cedric no desapareció.

Lunaria intentó acomodarse, haciendo una mueca de dolor, y sus dedos apretaron débilmente la armadura de Cedric.

—Lo siento…

—murmuró ella, y una lágrima solitaria escapó de su ojo—.

Fui una carga.

Por mi culpa…

no pudiste ayudar a Lyana y Selene.

Si yo fuera más fuerte…

Cedric le tomó la mano con suavidad, interrumpiéndola.

—No tienes que disculparte —le respondió con una tranquilidad firme—.

Tú también eres mi familia.

Hiciste lo que pudiste contra un monstruo.

Cedric miró hacia el atardecer a través de la ventana de la habitación, pensando en la francotiradora tímida que ahora estaba en el infierno verde del planeta.

—Aparte, sé que ellas estarán bien —dijo Cedric, intentando convencerse a sí mismo tanto como a Lunaria—.

De todos nosotros…

la más fuerte está ahí, aunque es tímida.

Eso es un poco menos preocupante.

Lunaria soltó un suspiro tembloroso y asintió levemente.

Se dieron una pequeña sonrisa mutua, un pacto silencioso de esperanza, antes de que el cansancio la venciera de nuevo.

UBICACIÓN: Bloque de Detención de Máxima Seguridad.

Ahora, mientras en la enfermería reinaba la tristeza, en los pasillos subterráneos de la cárcel militar, algo invisible se movía.

Los guardias patrullaban con rifles de asalto, los sensores de movimiento barrían los corredores y las cámaras no parpadeaban.

Pero ninguno detectó a la figura que caminaba tranquilamente entre ellos.

Fer, envuelta en su camuflaje óptico, burlaba la seguridad como si fuera un fantasma paseando por su casa.

Llegó hasta la celda de aislamiento número 4.

Dentro, el Mayor Matsumoto estaba recostado en el catre, mirando el techo con las manos entrelazadas tras la nuca.

Fer atravesó el campo de contención sónico sin activarlo, un truco de gracias a su traje, y se plantó en medio de la celda.

El aire brilló y su figura se materializó de la nada.

Se quitó el casco con elegancia y sacudió su cabello rubio.

Matsumoto no se sobresaltó.

Solo giró la cabeza lentamente.

—¿A qué debo el honor de esta visita, señorita Fer?

—Es mi trabajo investigar —respondió ella tranquilamente, apoyándose contra la pared fría.

El Mayor soltó un resoplido de indiferencia.

—Seré culpado, señorita.

El Coronel y Toshiro ya escribieron la sentencia.

No tiene sentido investigar más, solo acúseme y se resolverán sus problemas.

Así funciona esto.

Fer soltó una risa cantarina.

—Eso sería fácil, Mayor.

Pero es aburrido hacer trabajos fáciles.

Aparte…

usted no es el único sospechoso en mi lista.

—¿Ripto?

—preguntó Matsumoto, alzando una ceja—.

Creo que usted sabe, señorita, que él sí es un traidor.

Lo vio con sus propios ojos.

—No, Mayor…

—la sonrisa de Fer desapareció, reemplazada por una mirada de hielo—.

No hablo simplemente de gente insignificante como un capitán desechable…

Yo hablo del Coronel Brank, del Gobernador del planeta y de su segundo al mando, Toshiro.

La podredumbre viene de arriba.

Matsumoto se sentó en la cama, mirándola con un nuevo interés.

—Mmm…

¿Qué es lo que quiere de mí?

Fer se acercó a los barrotes láser, bajando la voz.

—Su cooperación…

Quiero que me diga en este momento: ¿Cómo es que se filtró el informe de la Oprichnina?.

Eso es información clasificada de alto nivel.

Al escuchar la pregunta, el semblante de Matsumoto se oscureció.

Se frotó la barbilla, pensando.

—No sé cómo se filtró…

pero hubo algo.

Algo que pasó durante el viaje y que no pusimos en el reporte oficial.

Fer ladeó la cabeza, atenta.

—Lo escucho.

—Antes de que ustedes y los demás escuadrones que íbamos a transportar entrara en hibernación, tuvimos un “problema” con las comunicaciones —empezó a explicar el Mayor—.

De alguna forma, todos los tripulantes recibieron en sus brazaletes avisos de alerta roja simultáneos.

De inmediato fui informado de la situación; todos en la nave corrían de un lado a otro pensando lo peor, preparándose para un abordaje que no existía.

Matsumoto hizo una pausa, recordando el caos.

—Pero después de unos pocos segundos, los avisos pararon.

Esto en un principio nos dio la conclusión de que fue un error del sistema.

Pero lo raro de esto fue que, un día antes del combate real contra los rebeldes, el fallo se repitió.

El Mayor miró a Fer a los ojos.

—Investigué el asunto en secreto.

Descubrí que el personal de mantenimiento y los escuadrones de su Cradle fueron los únicos, en las dos ocasiones, en no recibir la alerta.

Al día siguiente…

una tercera parte de mi personal ya eran soldados rebeldes armados.

Fer procesó la información al instante.

No eran errores.

Eran señales de activación.

Una orden sincronizada para los infiltrados.

Y el hecho de que aislaran a los escuadrones de la Black significaba que los querían dormidos o ignorantes.

—Ya veo…

—murmuró Fer—.

Fue un hackeo interno.

Dio un suspiro y se volvió a poner el casco.

Su silueta comenzó a desvanecerse de nuevo.

—Nos veremos de nuevo, Mayor.

Gracias por la pieza del rompecabezas.

Se volvió completamente invisible justo cuando los pasos pesados de los guardias resonaron en el pasillo.

Dos soldados se detuvieron frente a la celda de Matsumoto, mirando con sospecha a través de los barrotes.

—¿Con quién tanto hablas?

—preguntó uno de los guardias, iluminando el interior con su linterna.

Matsumoto miró el espacio vacío donde había estado Fer hace un segundo.

Tuvo una reacción de sorpresa genuina por la astucia de la mujer; ni siquiera el sensor de la puerta había sonado.

—Con nadie —respondió el Mayor, volviendo a acostarse en la fría cama de la celda y dándoles la espalda—.

Solo rezo por mi nave.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo