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LORD OF THE WORLDS: The Bellicose Foxes. - Capítulo 21

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21: Capítulo 19: Tierra Quemada.

21: Capítulo 19: Tierra Quemada.

UBICACIÓN: Base Imperial del Distrito de Modra.

TIEMPO: Minutos Antes del Mensaje de “Auxilio” Recibido por Kaiden.

En la sala de comunicaciones de la base reinaba el aburrimiento burocrático.

Los operadores charlaban sobre el clima y las raciones de comida, hasta que un sonido rompió la monotonía.

¡PING!

…

¡PING!

…

¡PING!

El radar de largo alcance parpadeó con una luz roja insistente.

Un soldado, que estaba recargado en su silla riendo de un chiste, se enderezó de golpe.

Se acercó a la pantalla, entrecerrando los ojos.

—¿Qué demonios…?

—murmuró.

Sus ojos se abrieron como platos al leer el código de identificación—.

Es una señal prioritaria…

Código Negro.

Agente de la Oprichnina.

El pánico lo invadió al instante.

No perdió tiempo en protocolos formales.

Activó su transmisor personal, gritando con una voz quebrada por la urgencia.

—¡Señor!

¡Teniente Prent!

En los baños de oficiales, el Teniente Prent dio un brinco tan violento que casi se caía del retrete.

Se subió los pantalones torpemente, salió del cubículo y corrió hacia el pasillo, con el corazón martilleando.

Si la Oprichnina llamaba y nadie contestaba, rodarían cabezas.

Literalmente.

—¡Voy para allá!

—gritó al aire, pero en lugar de ir a la sala de comunicaciones, corrió directamente hacia el despacho del Coronel.

Esto era demasiado grande para él.

Prent llegó a la recepción del despacho derrapando en el piso pulido.

El secretario del Coronel, un hombre delgado con gafas que escribía en una computadora digital, ni siquiera levantó la vista.

—El Coronel no está recibiendo a nadie, vuelva más…

—¡Es una emergencia!

—rugió Prent, interrumpiéndolo.

Ignorando al secretario, Prent irrumpió en la oficina sin llamar.

La puerta se abrió de golpe.

La escena que encontró lo dejó helado.

El Coronel Brank no estaba revisando estrategias.

Estaba en una situación comprometedora con una soldado en su escritorio.

—¡¿PERO QUÉ…?!

—bramó Brank, rojo de ira y vergüenza, cubriéndose apresuradamente.

La soldado chilló, recogió su uniforme para cubrir su desnudez y salió corriendo de la oficina, empujando a Prent en el proceso.

El Coronel, ajustándose la bragueta con manos temblorosas de furia, fulminó con la mirada tanto a Prent como al secretario que se asomaba pálido por la puerta.

—¡Incompetentes!

—escupió Brank, respirando con dificultad—.

¿Qué es lo que quieres que sea tan importante como para suicidarte profesionalmente?

Prent tragó saliva, tratando de mantener la compostura militar.

—Lamento interrumpirlo, señor.

Pero hemos recibido una alerta de auxilio nivel crítico.

Proviene del agente de la Oprichnina en el bosque del distrito de Zoriana.

El color rojo desapareció de la cara de Brank, reemplazado por una palidez mortal.

—¿Y por qué no me lo dijiste por el transmisor?

—Lo siento, señor —balbuceó Prent—.

Creí que era mejor decírselo en persona por la delicadeza del asunto.

Brank lo miró con absoluto disgusto, como si fuera una mancha en su zapato.

—Lárgate.

Te daré instrucciones por el transmisor.

Y Prent…

si mencionas lo que viste aquí, te enviaré al frente sin arma.

—Sí, señor.

Prent salió disparado y el secretario cerró la puerta con llave desde dentro, asegurando la privacidad.

Se giró hacia Brank, su rostro ahora serio y calculador, muy diferente al del burócrata sumiso de hace un momento.

—¿Qué va a hacer, señor?

—preguntó el secretario—.

Si la Oprichnina sobrevive y regresa…

Brank caminó hacia el ventanal, mirando hacia la selva lejana.

Sus ojos brillaron con una malicia fría.

—Es una buena oportunidad —murmuró Brank—.

Sea lo que sea que esté pasando allá fuera…

es un buen momento pero aún no hay órdenes.

El secretario asintió lentamente, entendiendo el subtexto.

Brank activó su comunicador privado, conectando con la torre de control.

—Aquí el Coronel Brank.

Hemos recibido la señal.

Manden un bombardero de fusión a las coordenadas.

Inmediatamente.

—¿Un transporte médico, señor?

—preguntó la torre.

—Dije un bombardero —cortó Brank—.

Nivelen la zona.

UBICACIÓN: Hangar 4 y Pista de Despegue.

En la pista, el calor del asfalto distorsionaba el aire.

Una piloto de cabello corto, estaba recargada en el tren de aterrizaje de un bombardero pesado clase “Eagle”, fumando un cigarrillo con tranquilidad.

Vio acercarse a su compañera, que caminaba por la pista con el casco bajo el brazo y una expresión de fastidio.

—¿Estás lista, Mara?

—preguntó la mujer recargada en el avión con una pequeña sonrisa, tirando el cigarrillo y aplastándolo con la bota.

Mara le dio un golpe amistoso en el brazo.

—Nací lista.

¿Y tú, Stef?

¿Lista para quemar un poco de selva?

—Siempre.

Ambas subieron a la cabina.

Los sistemas se encendieron, iluminando sus rostros con luces ámbar.

—Torre, aquí el bombardero F-90.

Motores en línea.

Solicitando despegue inmediato.

—Concedido, F90.

Tienen luz verde.

Los motores de fusión rugieron, escupiendo fuego azul.

En un parpadeo se elevaron hasta estar a una corta altura del suelo, Stef presionó el acelerador a fondo.

La nave, pesada y letal, salió disparada por el cielo siguiendo la pista como simple referencia, rompiendo la barrera del sonido en segundos, dejando una estela blanca tras de sí.

UBICACIÓN: Edificio de Alojamiento, Habitación T231.

Base de Modra.

Desde una ventana alta en el edificio de oficiales, Fer observaba el despegue.

Sus ojos azules siguieron la estela del bombardero hasta que desapareció entre las nubes.

—¿Un bombardero?

—se preguntó a sí misma, ladeando la cabeza—.

¿Ahora qué tramas, Coronel?

Se dio la vuelta, apartando la vista de la ventana.

La habitación estaba en penumbra.

En el centro, había una silla.

Y en la silla, un hombre en ropa interior, amarrado con cables y con un trapo sucio en la boca.

Tenía el cuerpo lleno de moretones y los ojos desorbitados por el terror.

Fer se acercó a él, dándole unas palmaditas condescendientes en la mejilla.

—No fuiste de mucha ayuda, cariño —dijo con voz dulce—.

Agradece que, aun así, te di la recompensa de estar vivo.

Por ahora.

Salió de la habitación, dejando al hombre temblando en la oscuridad.

Fuera de ahí, en el pasillo, Fer tocó su pulsera y materializó una hoja de papel arrugada que había “extraído” durante su investigación.

La desdobló y leyó de nuevo las palabras escritas a mano, confirmando sus sospechas.

“Coronel Brank: Tiene como objetivo eliminar a los miembros de la Black que abordaron la Blitz a su llegada.

Asegúrese de que parezca un accidente de combate.

Por órdenes del: Jefe de Liberación de Elitor-III.” Fer sonrió.

Una sonrisa depredadora, genuina y aterradora.

Hizo una bola con el papel y lo guardó.

—Que empiece la purga, Coronel —susurró, y sus pasos resonaron con un eco de muerte mientras se alejaba, tocando su transmisor—.

Thailon…

tienen trabajo que hacer…

UBICACIÓN: Bosque de Zoriana.

TIEMPO: Simultáneo al Aviso Recibido por Kaiden.

De vuelta en el peñasco, la situación estaba a un milímetro de la tragedia.

Isidora tenía el dedo en el gatillo.

Selene, tirada en el suelo y sangrando por la cabeza, cerró los ojos esperando el final.

—Adiós, estorbo —dijo Isidora.

Justo cuando su dedo comenzó a ejercer presión…

BZZZT.

—¡Aquí central de mando!

—la voz de un operador estalló en el auricular de Isidora, urgente y pánica—.

¡Atención a todas las unidades en el Sector 9!

¡Detectamos un bombardero imperial clase Eagle en aproximación rápida!

¡Bombardeo inminente!

Isidora se quedó congelada.

—¡¿QUÉ?!

—¡Órdenes directas del General!

—continuó la voz—.

¡Retírense de la zona de inmediato o serán vaporizados!

¡Repito, retirada inmediata!

La misma orden resonó en los comunicadores de Alaric y Jarek abajo en el bosque.

Isidora miró al cielo, donde un punto brillante se acercaba a velocidad supersónica.

Luego miró a Selene.

La frustración le quemó la garganta.

Tenía la victoria en la mano.

Bajó la pistola lentamente, temblando de rabia.

Se arrancó el transmisor de la oreja, lo tiró al suelo y lo aplastó con el tacón de su bota.

—¡MALDITA SABANDIJA!

—gritó Isidora, su voz desgarrándose por la ira—.

¡Tienen tanta suerte que me enferma!

Agarró a Selene del pelo, levantándole la cabeza bruscamente para mirarla a los ojos una última vez.

Se inclinó y le susurró con un tono suave y venenoso: —Ni creas que te has salvado, zorrita.

La próxima vez, no habrá bombarderos.

Con un golpe seco del mango de su pistola en el rostro de Selene, la noqueó y la arrojó hacia el borde del barranco, dejándola caer sobre una saliente segura pero dolorosa.

Isidora no perdió más tiempo.

Se dio la vuelta y corrió hacia la espesura, desapareciendo como una sombra antes de que el cielo cayera sobre ellos.

Abajo, Selene abrió un ojo, aturdida, viendo el cielo gris.

Tosió sangre —Soy una mujer con mucha suerte.

Se obligó a levantarse poco después.

Le dolía todo el cuerpo.

Vio el rifle que Isidora había dejado tirado en su ataque de furia.

Lo usó como muleta para ponerse de pie y luego lo cargó.

Tenía que bajar.

Tenía que llegar con Lyana.

Empezó a cojear hacia el sendero de descenso cuando el silencio del bosque fue roto por una transmisión en frecuencia abierta.

—Aquí el bombardero F90 —era la voz de la piloto Mara—.

Tenemos en nuestros radares a tres aliados en la zona cero.

¡Retírense de la zona de peligro!

Agente de la Opri y Vexillarius, repito: ¡CORRAN!

¡Tienen tres minutos antes del impacto!

El color desapareció del rostro de Selene.

—¡Maldición!

—gritó, ignorando el dolor de sus piernas y empezando a correr cuesta abajo, tropezando con las rocas—.

¡Maldición, maldición!

¡Tengo que correr más rápido!

¡LYANA!

Mientras tanto, abajo en el claro, la transmisión de Mara llegó también Kaiden, poco después de la alerta de auxilio.

Alaric, que había escuchado la orden de retirada de los suyos y ahora escuchaba el rugido de los motores en el cielo, miró a Kaiden.

El gigante cargó a Jarek inconsciente sobre su hombro como si fuera una pluma.

—Dejemos esto por hoy, ¿no crees?

—dijo Alaric con calma, mirando al cielo—.

Si nos quedamos, morimos todos.

Lo dicho por el gigante puso a Kaiden en un dilema terrible.

Quería matarlos.

Quería acabar con ellos ahí mismo.

Pero Lyana se estaba desangrando, Hana y Daiki estaban mal heridos, y un bombardero venía a borrar el mapa.

La misma frustración que sintió cuando enfrentó a Zarbac y tuvo que elegir salvar a los Zorros regresó.

Con impotencia absoluta, Kaiden bajó los puños.

Alaric asintió, respetando la decisión lógica.

Se dio la vuelta para irse, pero se detuvo un momento.

—¡Isidora, vámonos!

—gritó hacia la espalda de Kaiden.

—¡CÁLLATE!

¡YA SÉ!

—la voz de Isidora resonó desde la espesura cercana.

Kaiden se giró rápidamente hacia donde estaban Lyana y los niños.

Vio un borrón de movimiento.

Isidora, en su huida, pasó corriendo junto a ellos.

Pero no se fue con las manos vacías.

Con un movimiento fluido, ella agarró el cuerpo inconsciente del Capitán Ripto del suelo, lo cargó sobre su hombro y siguió corriendo hacia la profundidad del bosque.

—¡Hey!

—gritó Kaiden, pero fue inútil.

Alaric ya no estaba.

Jarek tampoco.

Isidora y su prisionero Ripto se desvanecieron entre los árboles.

El enemigo se había esfumado, y en su lugar, el sonido de la muerte venía cayendo del cielo.

2 minutos para el impacto.

Los avisos de peligro de los transmisores de Kaiden y Selene pasaron ruidosos a muy ruidosos, gritando infinitas veces “ADVERTENCIA”.

Kaiden llegó derrapando hasta donde estaban Lyana y los niños.

La desesperación le dio una fuerza momentánea.

Intentó cargar a los tres a la vez.

Lyana en un brazo, Hana y Daiki en el otro, pero su cuerpo, destrozado por la pelea con Alaric, le falló.

Sus rodillas se doblaron bajo el peso y el dolor de sus costillas rotas.

—¡Maldición!

—gruñó, sintiendo que el tiempo se escurría como agua.

En ese instante, Selene apareció entre los arbustos, cojeando pero moviéndose con urgencia letal.

Al ver a Kaiden luchar por levantarlos, no perdió un segundo.

—¡Yo me encargo!

—gritó ella.

Selene agarró a Daiki, cargándolo sobre su espalda.

Kaiden, liberado de parte del peso, aseguró a Hana bajo un brazo y cargó a Lyana, que estaba semiinconsciente, sobre su hombro sano.

—¡Vamos!

—ordenó Kaiden, y sin perder más tiempo, se deslizaron por el pequeño barranco y corrieron.

La distancia hacia la aldea parecía infinita, una línea de meta que se alejaba con cada paso.

El bosque era denso, las raíces intentaban hacerlos tropezar, y el rugido de los motores en el cielo se hacía cada vez más fuerte, un trueno mecánico que descendía sobre ellos.

La frustración y el miedo eran palpables, pero entonces, la vegetación se abrió de golpe.

Salieron de la maleza y sus botas golpearon la tierra suelta de un camino que atravesaba campos de cultivo abiertos.

—¡Por ahí!

—señaló Selene.

Sin los obstáculos del bosque, pudieron acelerar.

Corrieron con los pulmones ardiendo, cruzando los cultivos hacia la entrada de piedra de la aldea.

Estaban a punto de cruzar el umbral de la entrada cuando el cielo se partió en dos.

El bombardero F90 pasó rugiendo justo por encima de sus cabezas a baja altura, su sombra cubriendo el mundo por un instante.

Segundos después, la carga fue liberada sobre el bosque que acababan de abandonar.

¡BOOOM!

Varias explosiones masivas surgieron detrás de ellos, una cadena de fuego y destrucción que borró la línea de árboles.

La tierra tembló violentamente.

La onda expansiva los alcanzó justo en la entrada de la aldea, golpeándolos como un martillo invisible.

Las ráfagas de aire caliente los levantaron del suelo y los aventaron contra la tierra dura de la calle principal de la aldea.

Rodaron envueltos en una nube de polvo y escombros.

UBICACIÓN: Cabina del Bombardero F90.

En el cielo, Stef tiró de la palanca de mando, inclinando la nave en un arco cerrado para alejarse de la zona de destrucción.

—Impacto confirmado.

Regresamos a la base, torre de control —reportó Stef con frialdad profesional.

Sin embargo, mientras pasaban de nuevo sobre la zona límite donde habían detectado a los aliados, Mara frunció el ceño, mirando su consola de sensores.

—Espera…

—dijo Mara, ajustando la ganancia del radar—.

Stef, es extraño.

El radar me marca a dos enemigos prácticamente junto a ellos.

Stef miró de reojo, pero negó con la cabeza.

—Imposible.

Acabamos de nivelar el bosque.

Debe ser un error por la interferencia de las explosiones o ecos del terreno.

—Tal vez…

—dudó Mara, pero su instinto le decía otra cosa—.

Me comunicaré con ellos de todas formas, por si acaso.

UBICACIÓN: Entrada de la Aldea.

El polvo cubría el lugar como una niebla espesa y asfixiante.

El sonido de la explosión había dejado a todos aturdidos, con un zumbido agudo taladrándoles los oídos.

Kaiden estaba acostado en el piso, boca abajo.

Sentía el sabor a cobre y tierra en la boca.

Abrió los ojos, pero el mundo era una mancha borrosa y giratoria.

Intentó levantarse, apoyando las manos en el suelo, pero sus brazos temblaban sin control y volvió a caer.

A través del zumbido y la visión nublada, percibió movimiento.

Unas figuras se acercaban a él entre el polvo.

No podía distinguirlas.

¿Eran los Hunters?

¿Rebeldes?

Las figuras empezaron a hablar entre sí con tono preocupado, sus voces sonando distorsionadas y lejanas para Kaiden.

—…yuda…

heridos…

—decían las voces.

Kaiden no entendía.

El instinto de supervivencia, llevado al límite por la paranoia y el combate, tomó el control.

—¿Quiénes son?…

—balbuceó, arrastrando las palabras—.

Aléjense de mí…

Haciendo un esfuerzo sobrehumano, intentó levantarse por segunda vez.

Lo logró, poniéndose de pie, pero se tambaleaba peligrosamente, como si estuviera completamente borracho.

Una de las siluetas se acercó para sostenerlo.

Kaiden reaccionó con violencia.

Lanzó un golpe torpe y lento hacia la figura, pensando que era un enemigo.

El puño cortó el aire vacío.

El impulso fue demasiado para su equilibrio roto.

Kaiden cayó al piso de golpe, boca abajo, sin meter las manos.

La oscuridad comenzó a cerrar su visión periférica.

A lo lejos, como si viniera de otro planeta, la voz de Mara sonó en su transmisor, urgente y estática.

“Aquí F90…

cuidado…

lecturas de enemigos en su proximidad…

repito…” Pero Kaiden ya no estaba allí.

Su conciencia se apagó antes de que pudiera procesar la advertencia.

Se desmayó sobre la tierra de la aldea, dejando que la oscuridad lo consumiera por completo.

─────────────────────────────  ・・・✦・・・ “El peligro no termina cuando cierras los ojos.

Solo se vuelve invisible.” — Manual de Campo Oprichnina.

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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