Los dioses me arrebataron mi mundo… ahora yo les arrebataré el suyo - Capítulo 11
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- Capítulo 11 - 11 Capítulo 11 — El precio de no arrodillarse
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11: Capítulo 11 — El precio de no arrodillarse 11: Capítulo 11 — El precio de no arrodillarse El cielo no descendió.
Pero el mundo cambió.
Durante los días posteriores al enfrentamiento en la colina, algo comenzó a sentirse distinto en Karnel.
No era visible.
No era inmediato.
Pero los aventureros lo notaban en silencio.
Las mazmorras estaban más inestables.Las criaturas eran más agresivas.El mana fluctuaba de forma irregular.
—Esto no es natural —murmuró un mago del gremio mientras examinaba un cristal de detección agrietado—.
Es como si… algo estuviera forzando al mundo a reaccionar.
En la oficina del gremio, Brakk escuchaba el informe con expresión dura.
—¿Desde cuándo?
—Desde hace tres días.
Justo después de… —el mago dudó—.
Después del enfrentamiento en las afueras.
Brakk no necesitó que terminara la frase.
—Déjanos.
Cuando quedaron solos, Brakk miró a Aren.
—No enviaron más héroes —dijo—.
Pero están presionando el mundo.
Aren permanecía de pie, mirando por la ventana.
—Es una advertencia.
—No —corrigió Caelum en su mente—.
Es un experimento.
Vharzeth habló con voz grave.
—Están midiendo cuánto puede resistir este mundo con tu presencia.
Aren giró el rostro ligeramente.
—Entonces no es solo contra mí.
Brakk asintió.
—Si las mazmorras colapsan o se desbordan, Karnel caerá primero.
Hubo un breve silencio.
—Quieren obligarte a moverte —dijo Brakk—.
O a exponerte.
Aren apretó el puño.
—No me arrodillé.
Así que ahora castigan al entorno.
—Así funcionan —respondió Caelum.
— Esa misma noche, la primera grieta apareció.
Una mazmorra menor al norte de Karnel sufrió una mutación repentina.
Las criaturas comenzaron a emerger sin control, como si algo las estuviera empujando desde dentro.
El gremio respondió de inmediato.
Equipos completos fueron enviados.
Rango C, B y A.
Aren llegó antes que todos.
El portal de la mazmorra vibraba violentamente, expandiéndose más allá de su tamaño habitual.
Bestias deformadas salían sin patrón ni jerarquía.
—No es una expansión normal —dijo Caelum—.
Está forzada.
Aren avanzó sin esperar refuerzos.
Golpe tras golpe, eliminaba criaturas antes de que alcanzaran el bosque cercano.
Su movimiento era limpio, eficiente.
Pero incluso él notó algo distinto.
—No buscan matar —murmuró—.
Buscan desbordar.
Entonces lo vio.
En el centro del portal, una marca dorada, casi invisible.
—Interferencia divina —dijo Vharzeth.
Aren dio un salto y atravesó la abertura.
Dentro, la mazmorra estaba colapsando sobre sí misma.
El núcleo vibraba como si alguien estuviera inyectando mana externo.
—Lo están forzando desde arriba —dijo Caelum—.
No pueden intervenir directamente… pero sí alterar el flujo.
Aren avanzó hasta el núcleo.
Una masa cristalina inestable, llena de fracturas.
—Si explota —murmuró— la ciudad perderá medio perímetro.
Extendió la mano.
Su oficio reaccionó.
No con luz.No con poder explosivo.
Con rechazo.
El mana divino que contaminaba el núcleo comenzó a fragmentarse, como si fuera expulsado por la fuerza.
—Eso es… —susurró Caelum—.
Estás cortando la conexión.
La marca dorada parpadeó… y se apagó.
El núcleo se estabilizó.
Fuera de la mazmorra, el portal se contrajo lentamente hasta recuperar su tamaño normal.
Cuando Aren salió, los equipos del gremio acababan de llegar.
Todos lo miraron.
No había sangre en su cuerpo.No había heridas.Solo una expresión fría.
Brakk avanzó entre los aventureros.
—¿Qué hicieron?
—preguntó.
—Intentaron usar la mazmorra como herramienta —respondió Aren—.
Fallaron.
Brakk sostuvo su mirada.
—Entonces ya no es solo cacería.
—No —dijo Aren—.
Ahora es presión estratégica.
— En el cielo, Aurelios observaba la pantalla fragmentada.
—La conexión fue cortada —dijo una voz secundaria.
—No destruida —corrigió Aurelios—.
Rechazada.
El símbolo del oficio prohibido apareció brevemente.
—Ya no es solo una anomalía —continuó—.
Es una variable activa.
Hubo silencio.
—Preparen el siguiente movimiento —ordenó—.—Si no se arrodilla… haremos que el mundo lo cuestione.
— Esa noche, Karnel celebró discretamente la contención de la mazmorra.
Pero el ambiente era distinto.
No era alivio.
Era anticipación.
En la muralla, Brakk se apoyó junto a Aren.
—Lo están probando —dijo el jefe del gremio—.
Quieren saber cuánto puedes sostener.
Aren miró el cielo oscuro.
—No importa cuánto presionen.
—¿No?
—No me arrodillé cuando me lo ordenaron —respondió Aren—.
No lo haré ahora.
Brakk sonrió levemente.
—Entonces prepárate.
El viento sopló con fuerza.
Y en algún lugar del mundo, una segunda mazmorra comenzó a vibrar.
El cielo había dejado claro el mensaje.
Si no podían quebrarlo a él directamente… Intentarían quebrar todo lo que lo rodeaba.
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