Los dioses me arrebataron mi mundo… ahora yo les arrebataré el suyo - Capítulo 4
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- Capítulo 4 - 4 Capítulo 4 — El gremio no estaba preparado
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4: Capítulo 4 — El gremio no estaba preparado 4: Capítulo 4 — El gremio no estaba preparado La ciudad apareció ante Aren al caer la tarde.
Altas murallas de piedra oscura rodeaban el perímetro, cubiertas de antiguas runas defensivas que aún emitían un débil resplandor.
Aventureros de todo tipo entraban y salían por la puerta principal: humanos, demi-humanos, hombres bestia y razas que Aren jamás había visto en su mundo.
—Esta ciudad se llama Karnel —explicó Caelum en su mente—.
Es una ciudad gremial.
Aquí empieza todo para quienes buscan poder.
—Y aquí es donde suelen morir los arrogantes —añadió Vharzeth con una risa baja.
Aren avanzó sin ocultarse.
Su presencia no era abrumadora, pero sí incómoda.
Algunos aventureros lo miraron de reojo sin saber por qué, como si algo en él no encajara del todo.
El edificio del gremio se alzaba en el centro de la ciudad.
Grande, robusto, construido para resistir asedios.
En la entrada, un emblema de metal mostraba dos espadas cruzadas.
—Aquí —dijo Aren—.
Empiezo aquí.
El interior del gremio era ruidoso.
Tableros llenos de misiones cubrían las paredes, mientras grupos de aventureros bebían, discutían o se preparaban para salir.
El olor a alcohol, sudor y acero llenaba el aire.
Aren se acercó al mostrador.
—Quiero registrarme como aventurero.
La recepcionista lo observó con atención.
—Nombre.
—Aren.
—¿Raza?
—Humano.
Antes de que pudiera continuar, una carcajada resonó detrás de él.
—¿Humano?
—dijo una voz cargada de desprecio—.
¿Y vienes solo?
Aren giró lentamente.
Un hombre alto, cubierto con una armadura azul oscuro finamente trabajada, lo miraba con arrogancia.
En su pecho brillaba un emblema bien visible.
Rango A.
—Este no es un lugar para novatos sin respaldo —continuó—.
¿O es que quieres morir rápido?
Aren lo miró sin emoción.
—Apártate.
El aventurero frunció el ceño.
—¿Qué dijiste?
—Que te apartes —repitió Aren—.
No tengo tiempo para ti.
El rango A liberó su aura de forma deliberada.
La presión cayó sobre el gremio, haciendo que varios aventureros de rango bajo retrocedieran.
—Te voy a enseñar respeto —gruñó.
Atacó.
El golpe fue rápido, directo, cargado de intención asesina.
Aren dio un solo paso.
El ataque pasó rozándole el rostro, fallando por un margen imposible.
El puño del rango A destrozó una mesa detrás, lanzando astillas por el aire.
Silencio absoluto.
—¿Qué…?
—murmuró el hombre.
Aren ya estaba frente a él.
Su puño se detuvo a centímetros de su garganta.
—El siguiente no fallará —dijo con calma—.
Y morirás.
El rango A sintió algo que no había sentido en años.
Miedo.
Rugió y atacó de nuevo, lanzando una ráfaga de golpes imposibles de seguir para un humano normal.
Aren esquivó todos.
Sin retroceder.Sin apresurarse.
Cada movimiento era mínimo, preciso, como si hubiese visto el ataque antes de que ocurriera.
—No puede ser… —susurró alguien.
Aren levantó la mano.
El rango A supo que iba a morir.
⚡ ¡CRACK!
⚡ Un rayo pequeño, concentrado y brutal cayó exactamente entre ambos, partiendo el suelo y separándolos por la fuerza.
—Basta.
La voz no fue fuerte.
Pero nadie se atrevió a moverse.
Un hombre caminó desde el fondo del gremio.
Alto.
Enorme.
Sin armadura ni armas visibles.
Su cuerpo parecía hecho de pura fuerza física.
Cada paso hacía vibrar el suelo.
—Jefe… —balbuceó el rango A.
—¿Atacando dentro de mi gremio?
—preguntó el hombre con frialdad.
Sus ojos se posaron en Aren.
—Interesante —dijo—.
Ese rayo fue mío… y aun así lo esquivaste moviendo solo el pie.
Aren lo observó con atención.
—Fue rápido —admitió—.
Pero predecible.
El hombre sonrió.
—Hace mucho que no escuchaba eso.
Caelum habló en la mente de Aren: —Ten cuidado.
Ese hombre es fuerte.
Muy fuerte.
—Depende casi por completo de su fuerza física —añadió Vharzeth—.
Pero si usa magia… significa que está en problemas.
El hombre se giró hacia la recepcionista.
—Regístralo.
Primero la prueba.
Una sala especial fue despejada.
En el centro flotaba un cristal negro, cubierto de runas antiguas que pulsaban con magia ancestral.
—Cristal de evaluación —explicó el jefe—.
Mide nivel y potencial.
Aren colocó la mano sobre él.
El cristal vibró.
Las runas comenzaron a brillar… luego a parpadear de forma errática.
—Eso no es normal… —murmuró alguien.
El cristal se agrietó.
—¡Espera!
—gritó la recepcionista.
💥 ¡CRASH!
💥 El cristal explotó en fragmentos de luz.
Silencio total.
El jefe del gremio abrió los ojos con sorpresa genuina.
—…Ese cristal soporta rangos S —dijo lentamente—.
Y aun así no aguantó.
Miró a Aren con interés real.
—Esto está muy por encima.
Aren retiró la mano.
—¿Eso es malo?
El jefe soltó una carcajada profunda.
—No.
Significa que el gremio no tiene un rango para ti.
Se acercó y extendió la mano.
—Mi nombre es Brakk Ironhand, jefe de este gremio.
Aren estrechó su mano.
—Aren.
Brakk sonrió.
—Dime algo, chico… ¿viniste a este mundo a hacerte famoso?
Aren pensó en el cielo.En los dioses.En su hogar.
—No —respondió—.
Vine a volver a casa.
La sonrisa de Brakk se ensanchó.
—Entonces quédate.
Aquí… te vas a volver peligroso.
Y en ese momento, el gremio entendió algo: Habían dejado entrar a alguienque no pertenecía a ningún rango conocido.
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