Los dioses me arrebataron mi mundo… ahora yo les arrebataré el suyo - Capítulo 6
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- Capítulo 6 - 6 Capítulo 6 — La diferencia entre rangos
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6: Capítulo 6 — La diferencia entre rangos 6: Capítulo 6 — La diferencia entre rangos La misión destacaba incluso entre las más peligrosas.
No tenía nombre formal, solo un aviso escrito con tinta roja, clavado en lo más alto del tablón de misiones del gremio.
Mazmorra activa — Profundidad desconocidaUbicación: Garganta de LethEstado: InestableRiesgo: ExtremoRecomendación mínima: Rango A (grupo completo) La mayoría de los aventureros evitaba siquiera leerla.
Algunos la observaban durante unos segundos, fruncían el ceño y se alejaban.
Otros murmuraban supersticiones sobre equipos enteros que habían desaparecido allí dentro.
Aren arrancó el aviso sin dudar.
—Esa —dijo.
La recepcionista levantó la vista de golpe.
—¿Irás… solo?
Aren asintió.
No hubo más preguntas.
Desde el segundo piso del gremio, Brakk Ironhand observaba en silencio, con los brazos cruzados.
—Elegiste una buena —murmuró—.
O una muy estúpida.
Una sonrisa casi imperceptible apareció en su rostro.
—Veremos cuál.
La Garganta de Leth era un abismo abierto en la tierra.
Un cañón de roca negra, irregular, como si el suelo hubiese sido arrancado a la fuerza.
Una neblina espesa se acumulaba en su interior, absorbiendo el sonido y distorsionando la percepción.
La entrada de la mazmorra pulsaba con un brillo enfermizo, como un corazón latiendo lentamente.
Aren se detuvo frente a ella.
—Mazmorra viva —dijo Caelum en su mente—.
Se adapta a quien entra.
Aprende.
—Perfecto —respondió Aren—.
Necesito algo que aprenda rápido.
Cruzó el umbral.
El cambio fue inmediato.
El aire se volvió frío y denso.
Cada respiración pesaba más de lo normal.
Las paredes de piedra parecían húmedas, cubiertas por runas antiguas que se encendían y apagaban con lentitud.
La mazmorra lo estaba observando.
Los primeros niveles no presentaron dificultad.
Criaturas deformes emergían de las sombras: bestias con múltiples ojos, sombras sólidas con garras afiladas, cuerpos animados por mana corrompido.
Aren avanzaba sin prisa, eliminándolos con movimientos precisos, eficientes, sin desperdiciar fuerza.
No luchaba.
Ejecutaba.
—No te estás esforzando —comentó Vharzeth—.
La mazmorra lo notará.
—Que lo haga —respondió Aren—.
No vine a ocultarme.
Lo sintió antes de verlo.
Presencias humanas.
Varias.
—No estás solo —advirtió Caelum—.
Y uno de ellos… es fuerte.
Aren avanzó hasta una cámara amplia, iluminada por cristales carmesí incrustados en las paredes.
El mana era tan denso que vibraba en el aire.
Allí estaban.
Cinco aventureros formaban un círculo defensivo alrededor de un hombre que destacaba incluso entre ellos.
Su armadura blanca estaba grabada con símbolos dorados, intacta, sin una sola marca.
Una capa larga ondeaba suavemente a pesar de la ausencia de viento.
Su aura aplastaba el espacio.
Rango S.
Los otros cuatro eran rango A, claramente veteranos, pero tensos.
—¿Un intruso?
—dijo el rango S, girándose—.
Pensé que la entrada estaba sellada.
Sus ojos se clavaron en Aren.
—No llevas equipo —añadió—.
¿Te perdiste?
Uno de los rango A frunció el ceño.
—Señor… su aura es extraña.
—Solo es otro aventurero con delirios —respondió el rango S con una sonrisa confiada—.
Siempre aparecen.
Aren dio un paso al frente.
—Apártate —dijo—.
No vine por ustedes.
La caverna quedó en silencio.
El rango S lo observó como si acabara de escuchar un chiste.
—¿Un rango A dándome órdenes?
—rió—.
Arrodíllate.
Quizá te deje salir con vida.
Aren suspiró.
—Siempre el mismo error.
El rango S atacó.
El suelo explotó bajo sus pies.
Su espada descendió envuelta en mana brillante, un golpe capaz de partir una colina.
El aire gritó al ser cortado.
Aren ya no estaba allí.
El ataque impactó contra la roca, destruyendo un pilar completo.
—¿Qué…?
Aren apareció detrás de él.
No atacó.
Esperó.
—¿Eso es todo?
—preguntó.
El rango S giró furioso y lanzó una ráfaga de cortes y hechizos combinados.
Espadas de mana, presión gravitatoria, explosiones concentradas.
Aren caminó entre los ataques.
No los esquivaba por reflejo.Los evitaba antes de que ocurrieran.
—Está leyendo mis movimientos… —murmuró el rango S, sudando.
Uno de los rango A retrocedió.
—Esto no es normal… Aren golpeó.
Un solo puñetazo directo al abdomen.
El impacto fue seco.
El rango S salió disparado, atravesando tres pilares de roca antes de incrustarse violentamente contra la pared.
La caverna tembló.
Silencio absoluto.
—¡Señor!
—gritaron los rango A.
El rango S cayó de rodillas, tosiendo sangre.
Su armadura estaba destrozada.
Su aura… inestable.
Aren caminó hacia él.
—¿Rango S?
—preguntó con calma—.
Pensé que sería distinto.
El rango S intentó levantarse.
Aren lo pateó en el rostro.
El impacto resonó como un trueno.
El hombre cayó inconsciente.
Aren levantó la mano.
Los rango A se congelaron.
—Llévenselo —ordenó—.
Y recuerden esto.
Los miró uno por uno.
—La próxima vez… no sobrevivirá.
No hubo discusión.
Tomaron a su líder en brazos y huyeron, desapareciendo en los túneles de la mazmorra.
Cuando el silencio regresó, la mazmorra reaccionó.
Las runas se encendieron con violencia.
El mana se agitó como un mar embravecido.
Nuevos pasajes comenzaron a formarse.
—La mazmorra te reconoce —dijo Caelum—.
Como una amenaza.
—O como un depredador —añadió Vharzeth.
Aren avanzó hacia la oscuridad recién formada.
—Que se adapte —murmuró—.
Yo también lo haré.
Muy lejos de allí… En el exterior, un grupo de aventureros emergió de la Garganta de Leth cargando a un hombre inconsciente.
—Rango S… derrotado… —susurró uno—.
Por un solo hombre… Y sin que Aren lo supiera aún… Su nombre acababa de comenzar a circular.
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