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Los dioses me arrebataron mi mundo… ahora yo les arrebataré el suyo - Capítulo 7

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  3. Capítulo 7 - 7 Capítulo 7 — El nombre que comenzó a circular
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7: Capítulo 7 — El nombre que comenzó a circular 7: Capítulo 7 — El nombre que comenzó a circular El rumor llegó antes que el hombre.

En Karnel, las noticias viajaban rápido, pero aquella se propagó como fuego en hierba seca.

—¿Lo escuchaste?—Dicen que fue en la Garganta de Leth…—Un rango S…—No, no “derrotado”.

Humillado.

El gremio estaba lleno, más de lo habitual.

Aventureros que normalmente ignoraban las conversaciones ajenas ahora hablaban en voz baja, mirando a su alrededor como si temieran ser escuchados.

—El grupo salió arrastrándolo —susurró uno—.

Apenas respiraba.

—¿Quién fue?

—Un rango A.

—Mentira.

—Eso dijeron.

Un rango A… solo.

Las miradas se dirigían una y otra vez hacia la puerta del gremio.

Brakk Ironhand estaba apoyado contra el barandal del segundo piso, observando el caos silencioso con expresión pensativa.

—Así que ocurrió de verdad… —murmuró.

A su lado, un subdirector del gremio tragó saliva.

—Jefe, los informes coinciden.

El grupo de Kael Draven, rango S, abandonó la mazmorra en retirada total.

Brakk frunció el ceño.

—Kael no es un novato.

—No —admitió el hombre—.

Y aun así… fue incapaz de tocarlo.

Brakk soltó una risa baja.

—Ese chico… Miró hacia la entrada.

—Todavía no volvió, ¿verdad?

—No, señor.

—Entonces la mazmorra sigue viva.

Aren emergió de la Garganta de Leth al anochecer.

Su ropa estaba cubierta de polvo y restos de mana, pero no mostraba heridas.

Su respiración era estable.

Sus pasos, firmes.

Los guardias se tensaron al verlo.

Uno de ellos dio un paso atrás sin darse cuenta.

Aren cruzó la ciudad sin detenerse.

La gente lo observaba.

Algunos con curiosidad.

Otros con temor.

Nadie se atrevió a hablarle.

Cuando empujó las puertas del gremio, el murmullo se apagó.

Todos lo miraron.

Aren avanzó hasta el mostrador.

—Misión completada.

La recepcionista lo miró como si viera un fantasma.

—¿S-solo?

—Sí.

Ella tragó saliva y revisó los registros.

—La mazmorra… sigue activa.

—Por ahora.

El silencio se volvió aún más pesado.

—¿Y el grupo de Kael Draven?

—preguntó alguien desde el fondo.

Aren giró la cabeza.

—Vivos —respondió—.

No me servían muertos.

Eso fue suficiente.

El gremio estalló en murmullos.

—¿Escucharon eso…?—Lo dejó vivir…—Un rango S… Brakk descendió las escaleras.

El sonido de sus pasos bastó para imponer silencio.

—Basta —ordenó.

Todos callaron.

Brakk se detuvo frente a Aren.

—¿Cuánto profundizaste?

—Tres niveles más después de ellos —respondió Aren—.

La mazmorra cambió.

Brakk alzó una ceja.

—¿Y seguiste?

—Sí.

Una sonrisa lenta se dibujó en el rostro del jefe del gremio.

—Como pensé.

Se giró hacia los presentes.

—Escuchen bien.

—Su voz resonó en el salón—.

Nadie molestará a este hombre dentro de mi gremio.

Nadie lo seguirá a una mazmorra sin su permiso.

Y nadie repetirá rumores sin pruebas.

Sus ojos recorrieron el lugar.

—El que lo haga… responderá ante mí.

Eso generó más impacto que cualquier grito.

Brakk volvió a mirar a Aren.

—Ven conmigo.

La oficina estaba iluminada solo por una lámpara de mana.

Brakk se sentó, cruzando los brazos.

—Derrotar a un rango S no es algo que se pueda ocultar —dijo—.

Ya hiciste ruido.

—No me importa —respondió Aren.

—Debería —replicó Brakk—.

Porque el cielo escucha cuando los humanos rompen sus juguetes.

Aren alzó la mirada.

—¿También lo sientes?

Brakk asintió lentamente.

—Desde hace años.

—Apretó el puño—.

Los “héroes” bendecidos.

Las órdenes sin explicación.

Las muertes justificadas.

Suspiró.

—Kael Draven era uno de ellos.

No directamente, pero estaba en su camino.

Aren permaneció en silencio.

—Te di rango A para protegerte —continuó Brakk—.

Pero ahora… incluso eso empieza a quedarse corto.

—Lo sé —respondió Aren—.

Necesito subir.

—Y lo harás —dijo Brakk—.

Pero no de la forma tradicional.

Se inclinó hacia adelante.

—A partir de ahora, aceptarás misiones selladas.

Encargos que no aparecen en el tablón.

Problemas que el gremio no puede reconocer públicamente.

Aren lo miró fijamente.

—Más peligrosos.

—Mucho —sonrió Brakk—.

Y más reveladores.

Aren asintió.

—Acepto.

Caelum habló en su mente.

—Está cruzando una línea.

Igual que tú.

Vharzeth rió suavemente.

—Los mejores aliados siempre lo hacen.

Brakk se puso de pie.

—Una última cosa —dijo—.

Tu nombre ya circula.

—¿Cuál?

—preguntó Aren.

Brakk sonrió.

—Todavía no tienes uno fijo.

Pero he oído esto… Hizo una pausa.

—“El aventurero que no respeta los rangos.” Aren no reaccionó.

—No me interesa un nombre —dijo—.

Solo el camino.

Brakk asintió.

—Entonces prepárate.

Miró hacia el cielo, visible por la ventana.

—Porque cuando los dioses finalmente se den cuenta… ya no podrás caminar en silencio.

Muy lejos de allí, en un plano superior… Una pantalla tembló.

Un símbolo prohibido parpadeó brevemente antes de desaparecer.

—¿Ese oficio…?

—murmuró una voz celestial—.

No… aún no debería existir.

Y por primera vez en mucho tiempo… El cielo comenzó a preocuparse.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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