Los dioses me arrebataron mi mundo… ahora yo les arrebataré el suyo - Capítulo 8
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- Capítulo 8 - 8 Capítulo 8 — Las misiones que no figuran en el tablón
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8: Capítulo 8 — Las misiones que no figuran en el tablón 8: Capítulo 8 — Las misiones que no figuran en el tablón La carpeta no tenía sello del gremio.
No había número de registro, ni firma oficial, ni recompensa escrita con claridad.
Solo un símbolo grabado a mano en la cubierta: una línea vertical atravesando un círculo incompleto.
Aren la observó en silencio.
—Esto no está en el tablón —dijo.
Brakk Ironhand asintió.
—Nunca lo estará.
La oficina estaba cerrada, reforzada con runas aislantes.
Nadie más debía escuchar esa conversación.
—Estas misiones no existen —continuó Brakk—.
Si fallas, el gremio no puede ayudarte.
Si mueres… oficialmente nunca estuviste allí.
Aren abrió la carpeta.
Dentro había informes incompletos, mapas dibujados a mano, declaraciones de testigos que parecían más confesiones que reportes.
—Pueblos enteros desaparecidos —murmuró—.
Mazmorras que no deberían existir.
Aventureros “héroes” fuera de control.
Brakk lo observó con atención.
—No todos los problemas vienen de demonios —dijo—.
Algunos vienen del cielo… filtrándose donde no deberían.
Aren cerró la carpeta.
—¿Por qué yo?
—Porque no dependes de ellos —respondió Brakk sin dudar—.
Y porque si alguien va a atraer su atención… prefiero saber dónde está parado.
Aren pensó unos segundos.
—Acepto.
Brakk sonrió levemente.
—Sabía que lo harías.
La primera misión era simple en apariencia.
Ubicación: Aldea de RethDescripción: Desapariciones nocturnasTestigos: Ninguno confiableObservación: Presencia de “héroe errante” —Ese término no me gusta —dijo Aren mientras caminaba fuera de la ciudad.
—A nadie que sepa la verdad —respondió Caelum—.
“Héroe errante” es como el cielo llama a los humanos que se salen del guion.
—O que ya no les sirven —añadió Vharzeth.
La aldea de Reth era pequeña.
Demasiado silenciosa.
Casas intactas.
Puertas cerradas.
No había signos de lucha, ni de saqueo.
Pero el aire estaba cargado de mana residual, distorsionado, artificial.
—Esto no es una mazmorra —dijo Aren.
—No —confirmó Caelum—.
Es una interferencia.
Aren avanzó por la calle principal hasta llegar a la plaza.
Allí lo sintió.
Una presencia humana… envuelta en algo que no le pertenecía.
—Sal —dijo Aren—.
Ya te vi.
El aire vibró.
Un hombre descendió desde el tejado de una casa cercana.
Vestía una armadura ligera cubierta de símbolos luminosos.
Su rostro mostraba una sonrisa confiada, casi fanática.
—Así que tú eres el que anda haciendo ruido —dijo—.
No pareces gran cosa.
Aren lo observó.
—Eres un héroe invocado.
El hombre abrió los ojos con sorpresa… y luego rió.
—Vaya.
Normalmente tardan más en notarlo.
Liberó su aura.
No era débil.Pero tampoco era natural.
—Me dieron una misión —continuó—.
Eliminar anomalías.
Miró a Aren de arriba abajo.
—Y tú lo eres.
Aren suspiró.
—Siempre el cielo mandando a otros a ensuciarse las manos.
El héroe atacó.
Su espada descendió envuelta en luz divina, cortando el aire con violencia.
Aren dio un paso al costado.
El suelo explotó detrás de él.
—¿Eso es todo lo que te dieron?
—preguntó Aren—.
¿Poder prestado?
El héroe rugió y desató una ráfaga de ataques frenéticos, cada golpe acompañado de bendiciones artificiales.
Aren no retrocedió.
Bloqueó.Desvió.Leyó cada movimiento antes de que ocurriera.
—No… —jadeó el héroe—.
No se supone que puedas hacer esto… Aren golpeó.
No fue un ataque letal.
Fue un impacto preciso, dirigido al núcleo de mana.
El cuerpo del héroe salió disparado, chocando contra la fuente de la plaza.
La luz que lo rodeaba se apagó.
—¿Qué hiciste…?
—susurró, aterrorizado.
Aren se acercó.
—Te quité lo que no era tuyo.
El héroe intentó levantarse.
No pudo.
—Escucha bien —dijo Aren—.
Si vuelves a recibir órdenes del cielo… corre.
El hombre tembló.
—E-ellos… no perdonan… Aren lo miró sin emoción.
—Yo tampoco.
El héroe desapareció en un destello débil, su vínculo roto, expulsado del mundo.
El silencio regresó a la aldea.
—Interesante —dijo Vharzeth—.
No lo mataste.
—No era el objetivo —respondió Aren—.
El mensaje sí.
Caelum guardó silencio unos segundos.
—El cielo ya sabe que estás interfiriendo.
—Bien —dijo Aren—.
Que lo sepan.
De regreso a Karnel, Brakk lo esperaba.
—Reth volvió a responder —dijo—.
Los desaparecidos regresaron.
Confundidos… pero vivos.
Aren dejó la carpeta sobre la mesa.
—Había un héroe.
Brakk cerró los ojos.
—Entonces empezó.
—No —corrigió Aren—.
Ya había empezado.
Solo que ahora yo estoy en medio.
Brakk lo miró con seriedad.
—Estas misiones te pondrán en conflicto directo con el cielo.
—Ese siempre fue el camino —respondió Aren.
Brakk asintió.
—Entonces te asignaré más.
Se levantó.
—Y cuando llegue el momento… —apretó el puño— el gremio de Karnel no se arrodillará.
Aren se giró hacia la salida.
—No necesito que me sigan —dijo—.
Solo que no estorben.
Brakk sonrió.
—Créeme… cuando los dioses bajen, necesitarás a alguien que sepa golpear sin rezar.
Aren salió del gremio.
En el cielo, muy lejos de allí, una grieta invisible se abrió por un instante.
—Confirmado —dijo una voz—.
La anomalía interfiere con héroes activos.
—¿Orden?
—Observación… por ahora.
Pero incluso los dioses sabían algo: El problema ya no estaba creciendo en silencio.Estaba actuando.
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