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Los Seis de Ventormenta - Capítulo 11

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  3. Capítulo 11 - 11 La Dama de las Sombras
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11: La Dama de las Sombras.

11: La Dama de las Sombras.

El sol comenzó a asomar tímidamente por el horizonte, tiñendo el cielo de un rosa pálido que se reflejaba en las aguas del río.

Kalair sentía los párpados pesados, como si estuvieran sellados con cera.

Entre el efecto residual del vino elfo —que aún le dejaba una vibración eléctrica en las sienes— y su naturaleza de dormilona empedernida, el despertar fue una lucha lenta.

A su lado, vio que Lyra ya estaba en pie.

La elfa permanecía pensativa, mirando la bruma que se levantaba sobre los juncos.

A pocos metros, Thrain ya trajinaba con las sartenes.

Resultaba curioso que, en un grupo tan dispar, fuera el enano quien asumiera el mando de la cocina, aunque sus métodos fueran más mecánicos que culinarios.

—¿Qué piensas ahora?

—preguntó Kalair con voz ronca, frotándose los ojos—.

Parece que siempre estás tramando algo inteligente.

Lyra se giró y, por primera vez, su sonrisa no tenía ese filo de superioridad.

Soltó una risita suave que contagió a Kalair.

—Deberías aprender un poco de mí, humana.

El mundo se ve mejor cuando le ganas la carrera al sol —respondió la elfa.

En un gesto inusual de camaradería, extendió su brazo y lo cruzó sobre los hombros de Kalair, atrayéndola un poco hacia ella—.

Eres una buena niña, Kalair.

Creo que he sido demasiado dura contigo estos días.

Kalair se quedó rígida un segundo, sorprendida por el contacto, pero luego se relajó.

—Llegaste muy rápido a nuestras vidas y todos te respetan —continuó Lyra, bajando un poco la voz—.

Alistair…

bueno, ya sabes.

Me gusta mucho, pero parece que tú le llamas más la atención.

Perdóname por los celos.

Como te dije, no soy alguien fácil, pero puedo ser agradable si me lo propongo.

Si sigo tratándote así, solo traeré problemas al grupo, y eso es lo último que necesitamos antes de enfrentar a Hogger.

—No tienes nada de qué temer —le aseguró Kalair, mirándola a los ojos plateados—.

Tal vez yo esté acostumbrada a tomar decisiones difíciles o a cargar con un arma, pero tú eres la verdadera líder aquí.

En cuanto a Alistair…

podrías simplemente decírselo.

Es un buen chico, pero es un poco lerdo para captar miradas o indirectas.

Necesita que le deletrees las cosas.

Lyra suspiró con una media sonrisa.

—Lo pensaré.

Quizá la sutileza milenaria no funcione con los humanos de esta generación.

El momento de confesión fue interrumpido por el olor a carne chamuscada.

Alistair se acercó cargando los restos de un cerdo que, a juzgar por su aspecto negro y crujiente, había pasado más tiempo en las brasas del que dictaba la prudencia.

—¡Desayuno de campeones!

—anunció el paladín con entusiasmo.

Kalair arqueó una ceja, mirando el trozo de carne carbonizada que Thrain empezaba a repartir.

—¿Acaso piensas cocinar todo ese animal, Alistair?

¿O es que planeas usarlo como escudo secundario?

—¿Qué dices, muchacha?

¡Si ya está ahumado!

—bromeó Thrain, pinchando un trozo con su cuchillo—.

Es el sabor de la supervivencia.

¡Vamos, Thomas!

Bendice estos alimentos, que este cochinillo está pidiendo a gritos un hueco en mi estómago para dejar de sufrir.

Thomas, que aún bostezaba, juntó las manos con rapidez.

—Luz, gracias por este…

cerdo.

Prometemos que si sobrevivimos a la indigestión, seremos tus mejores servidores hoy.

Amén.

Comieron entre risas.

Thrain intentaba convencer a Alistair de que si le ponía un poco de grasa de eje a la carne sabría mejor, mientras que Thomas preguntaba seriamente si los Murlocs del día anterior sabrían a pollo.

La escena era tan idílica, tan llena de una normalidad cálida, que a Kalair le pareció casi una farsa.

Su mente, traicionera, voló de regreso antes de Xera, a la Tierra.

Recordó aquel encuentro apasionado con Orion, y el frío glacial que sintió al descubrir que él era Redhand.

El mismo hombre que había arrebatado la vida a Alonzo, su primer amor.

Sentía que su existencia era una serie de caprichos y vanidades que habían terminado por herir a la Tierra y desangrar a la gente de Xera.

Todo aquel caos, la obsesión enfermiza de Gar’Dal con la versión alterna de ella misma…

el Rey Demonio nunca entendió que no podía revivir a su “Kaly” porque ella vivía en los fragmentos rotos de su propia alma.

Se preguntó, con una punzada de duda, si el Gar’Dal de esta realidad —el que Paxton o los libros mencionaban— habría cometido las mismas atrocidades.

¿Habría matado también a Alonzo aquí?

¿O tal vez había tomado un camino diferente, como aquel “Kaiser” del que hablaban Zapperean y Brannigan?

¿Existiría una versión de él que fuera benevolente?

Un codazo en su brazo la devolvió al presente.

Alistair la miraba con curiosidad, notando que su mirada se había perdido en el vacío.

—¡Despierta!

—le dijo el paladín con una sonrisa burlona—.

A veces no paras de hablar y de repente te quedas callada como una estatua.

¿Qué ocultas, Dama de las Sombras?

El apodo le arrancó una sonrisa genuina a Kalair.

Le gustaba cómo sonaba.

—Mi tierra está demasiado lejana, Alistair —respondió ella, mirando a los cuatro—.

Llegué aquí sin conocer nada.

Apenas puedo descifrar esas letras tan confusas que usan ustedes.

A veces me siento nostálgica por mis antiguos amigos…

pero estoy feliz de estar con ustedes.

Tienen que saber que, a pesar del poco tiempo, ya los considero mis amigos.

Los quiero, muchachos.

Hubo un pequeño silencio de asombro.

Thrain fue el primero en romperlo con una carcajada ronca.

—¡Ya hablas como una borracha!

—dijo el enano, dándole una palmada en la espalda—.

Todavía te está haciendo efecto el vino de Lyra.

¡A las armas, gañanes, que el afecto no mata Gnolls!

Entre risas y empujones amistosos, levantaron el campamento.

El objetivo estaba claro: el puente que llevaba al Cuartel Arroyo Oeste.

Allí debían hablar con el oficial a cargo para coordinar el ataque final contra Hogger.

Mientras caminaban, Kalair sintió que el peso en su pecho se aligeraba un poco.

Si lograban derrotar al Rey Gnoll, se convertirían en los héroes del bosque.

Entonces tendría la influencia necesaria para buscar a Drazen y a Zeraki.

Y por supuesto, quedaba el misterio de los Defias.

Pero por ahora, la Dama de las Sombras caminaba junto a sus amigos, lista para escribir su propia historia en el suelo de Azeroth.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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