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Los Seis de Ventormenta - Capítulo 15

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  3. Capítulo 15 - 15 El Nuevo Jefe Zarpa Río y el Camino de Polvo
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15: El Nuevo Jefe Zarpa Río y el Camino de Polvo 15: El Nuevo Jefe Zarpa Río y el Camino de Polvo Antes de abandonar definitivamente el frescor del Bosque de Elwynn, Hogger pidió un último momento para arreglar los asuntos de su manada.

El grupo, manteniéndose a una distancia prudente con las armas listas, observó cómo el gigantesco gnoll mandaba a llamar a uno de sus tenientes.

De entre los matorrales salió un gnoll desaliñado, con una oreja mordida y una armadura de cuero remendada.

Hogger lo llamó Grrn.

En su lenguaje gutural y lleno de ladridos, el antiguo rey les hizo prometer que la manada retrocedería hacia las montañas y dejaría de atacar las caravanas y granjas de los humanos.

Grrn lo escuchó con las orejas gachas, pero finalmente alzó la vista y, en un común muy rudimentario, le hizo la pregunta que destrozaba la moralidad de cualquier guerra: —Si Zarpa Río no cazar en granjas…

¿cómo Grrn dar de comer a cachorros?

Cachorros morir de hambre en las rocas.

La pregunta flotó en el aire, pesada como el plomo.

Alistair, cuyo juramento como paladín lo obligaba a proteger a los inocentes, bajó la mirada hacia la tierra y apretó los puños con fuerza.

La línea entre el bien y el mal, que en la Abadía parecía tan clara, se estaba desdibujando rápidamente.

Eran monstruos, sí, pero monstruos que intentaban evitar que sus crías murieran de inanición porque Ventormenta los había acorralado.

Sintiendo la tensión del rubito, Kalair se acercó y le puso una mano firme y cálida en el hombro de la armadura.

—De donde vengo, dicen que Fenrar fue un villano al principio —murmuró Kalair, asegurándose de que solo sus compañeros la escucharan—.

Pero sé que se redimió como un verdadero héroe al final.

Él viene de mi reino, Alistair.

Si ese guerrero, teniendo en cuenta que Hogger es producto de una historia salvaje, decidió salvarle la vida a este gnoll…

alguna razón tuvo que tener.

Nadie está completamente perdido.

Alistair asintió lentamente, agradeciendo el consuelo de la Dama de las Sombras.

A unos metros, Hogger tomó una decisión solemne.

Desenganchó de su cinto la enorme bola de acero con pinchos y su pesada cadena, el símbolo de su poder que había aterrorizado Elwynn durante años, y se la entregó a Grrn.

—Tú ser nuevo jefe Zarpa Río.

Llevar manada lejos.

Cazar jabalíes en montañas, no humanos —ordenó Hogger.

A Grrn se le infló el pecho de orgullo.

Tomó el arma con reverencia y, acto seguido, golpeó su propio puño contra su frente con fuerza.

Hogger hizo exactamente lo mismo.

Luego, ambos chocaron sus inmensos puños peludos en el aire.

Lo que siguió fue un intercambio de gestos completamente absurdo para los espectadores: se golpearon el pecho, movieron los dedos en el aire como si tocaran un piano invisible, dieron una vuelta sobre sí mismos y finalizaron el ritual con un apretón de manos tan fuerte que hizo crujir los nudillos de ambos.

Thrain parpadeó, incrédulo.

—Por el martillo de Khaz’goroth…

¿acaban de hacer un saludo secreto de taberna?

Tras la emotiva y extraña despedida, el grupo de los seis emprendió la marcha.

Cruzaron a escondidas las aguas poco profundas del río fronterizo usando un viejo bote de contrabandistas que encontraron semihundido en el fango.

Por supuesto, el esfuerzo físico no estuvo dividido equitativamente.

—Mis brazos están hechos para empuñar hachas y levantar jarras de cerveza, no para remar —sentenció Thrain, sentándose cómodamente en la proa—.

Tú remas, chucho.

Fue mi condición para no reventarte las manos con el mango de mi arma.

Hogger, suspirando resignado, tomó los remos, que parecían palillos de dientes en sus enormes manos, y comenzó a remar “rema, rema” con una velocidad envidiable.

El cambio de paisaje fue drástico.

Al tocar la orilla opuesta, el frescor de los robles y el suelo húmedo desaparecieron.

Frente a ellos se extendía un océano de tierra árida, pastos secos color ámbar y campos de cultivo muertos que se mecían bajo un viento polvoriento y caliente.

Habían llegado a los Páramos de Poniente.

A lo lejos, divisaron siluetas inquietantes en los campos: espantapájaros mecánicos que no parecían estar del todo inanimados.

Alistair se secó el sudor de la frente.

—¿Cómo llegaremos ante el Capitán Gryan Mantorrecio?

—preguntó, evaluando la situación—.

Es el líder de la Milicia del Pueblo.

Es un hombre rudo y odia a los criminales.

No podemos simplemente entrar caminando a la Colina del Centinela con el monstruo más buscado de Elwynn trotando a nuestro lado.

Nos freirán a flechazos antes de llegar a la puerta.

Lyra se encogió de hombros y le dio un suave codazo a Kalair, con una chispa de complicidad en sus ojos plateados.

—Lo llevaremos atado.

Momificado de nuevo, si es necesario.

Parecerá un botín de guerra.

—Me parece más que justo —dijo la humana con una sonrisa pícara—.

Hasta diría que es entretenido.

—¡Yo lo amarro!

—festejó el enano, sacando la larga soga de su mochila con un entusiasmo casi sádico.

Thomas, al ver la enorme cuerda, dio un paso atrás y levantó las manos en señal de rendición absoluta.

—No me miren a mí.

Ya tuve suficiente experiencia traumática a solas con esta bestia.

No lo voy a llevar a cuestas bajo este sol del demonio.

Que le toque a Alistair, que tiene los hombros anchos y necesita hacer ejercicio.

Alistair miró hacia otro lado, soltando un suspiro de mártir.

—Si no hay más remedio…

supongo que la Luz me dará la fuerza para arrastrar a este gigante.

—¡Hogger no dar problemas!

—replicó el gnoll rápidamente, sentándose en la tierra polvorienta y agachando las orejas en una postura sumisa, casi cómica para su tamaño—.

Hogger ayudar al grupo.

Hogger ser cachorro bueno.

Kalair soltó una carcajada, se acercó a la bestia y le revolvió el pelaje áspero de la nuca como si fuera un mastín de caza.

—Miren si es un chucho come-humanos muy adorable —bromeó ella, antes de girarse hacia el horizonte árido—.

Iremos por el camino principal.

¿Hay uno, cierto?

—Lo hay —asintió Alistair, señalando una ruta de tierra batida llena de surcos de carretas antiguas—.

Pero es peligroso.

Todo en este lugar lo es.

Los bandidos Defias controlan los caminos, y esas máquinas de cosecha que ven a lo lejos atacan a todo lo que se mueve.

Lyra, caminando ahora al lado del paladín con una ligereza que no tenía días atrás, esbozó una sonrisa arrogante.

—Alistair, querido, el peligro somos nosotros —dijo la elfa, dándole un golpecito en el peto de la armadura—.

Mira que vencimos a Garrick Piessuaves, sometimos al gran Rey Hogger y…

enfrentamos a todo un cardumen de mrrrmrmrmlocs.

El sonido gutural, burbujeante y ridículo que Lyra hizo al imitar a los hombres-pez fue tan inesperado viniendo de una elfa de la noche tan altiva, que Hogger fue el primero en reaccionar.

El gigante gnoll soltó una carcajada ronca, parecida al ladrido asmático de una hiena.

Un segundo después, Thrain estalló en risas, seguido por Thomas, Alistair y Kalair.

Incluso Lyra terminó riéndose de sí misma.

Caminando bajo el sol abrasador de los Páramos de Poniente, el variopinto grupo —un paladín noble, una elfa enamorada, un enano refunfuñón, un sacerdote cobardemente valiente, una pistolera de otro mundo y un rey gnoll destronado— se adentró en el peligroso polvo del camino, dejando que el eco de sus risas espantara a los buitres.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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