Los Seis de Ventormenta - Capítulo 17
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- Capítulo 17 - 17 Noche de Chicas el Aroma de un Paladín y la Tragedia del Rey
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17: Noche de Chicas, el Aroma de un Paladín y la Tragedia del Rey 17: Noche de Chicas, el Aroma de un Paladín y la Tragedia del Rey A los ojos de Alistair y Thrain les brilló una chispa de pura ilusión al divisar la posada de la Colina del Centinela.
La promesa de una buena bebida fría y camas con sábanas limpias parecía el paraíso tras días de dormir sobre raíces y tragar polvo.
Sin embargo, al cruzar la puerta de madera astillada, la realidad de los Páramos de Poniente los golpeó con fuerza: la taberna apenas tenía dos habitaciones lúgubres disponibles y unos pocos barriles de una cerveza que olía a agua estancada y óxido.
Abatidos y con los hombros caídos, los hombres juntaron las monedas que habían ganado y se las entregaron a Lyra.
—Hagan lo que quieran —les dijo Alistair a ambas chicas, suspirando con resignación, sabiendo que ellas eran las más juiciosas cuando se trataba de administrar el oro y tomar decisiones de supervivencia.
Una vez que el triunvirato masculino se dejó caer en una de las mesas cojas del rincón, las chicas se quedaron conversando frente a la raída barra de madera.
—Debería pedir una de las habitaciones solo para Alistair y tú —le susurró Kalair a Lyra, dándole un suave codazo con una sonrisa picarona.
La elfa de la noche rodó los ojos, aunque un levísimo tono violeta tiñó sus mejillas.
—Ni hablar.
Ya tengo suficiente con las miradas y las burlas de ustedes todo el día.
Además, tendrían que pasar al menos cien años para que diéramos ese paso, ¿no crees?
Los humanos son…
precipitados.
—En cien años no quedarán ni los huesos de Alistair en este mundo —le respondió Kalair, poniendo cara de “qué burra eres”—.
El tiempo de ustedes no es el mismo.
Lyra se apoyó en la barra y la miró fijamente, con esa agudeza centenaria que la caracterizaba.
—Pero de ti sí quedarán, humana.
Incluso me atrevería a decir que en un siglo te verás más joven que yo.
Y no intentes negarlo.
¿Qué clase de magia llevas encima?
¿Es algún abalorio maldito?
Kalair soltó una risita suave, tocándose el cuello.
—No sé si acá en Azeroth exista algo así.
—Insistes en decir que eres de otro lado.
¿Cómo era?
¿Xeka Xaena?
—Xera —corrigió Kalair, bajando la voz, con la mirada perdida por un segundo en los recuerdos—.
Luego de combatir a un enorme dragón, todos los que sobrevivimos nos bañamos en la Fuente de la Juventud.
Todo el grupo que luchó ese día allí será eternamente joven.
Fue…
nuestro premio de consuelo, supongo.
Lyra abrió los ojos un poco más de lo normal.
El silencio se instaló entre ambas por un instante.
—Guau…
—murmuró la elfa—.
Creo que me plantearé seriamente la idea de creerte.
A estas alturas, me parece más descabellado que exista otro continente oculto en este mundo donde hayas estado todo este tiempo, a que vengas de las estrellas.
Kalair sonrió con melancolía.
—Hogger podría confirmártelo, si hablara mejor.
Fenrar, su hijo, creció en Xera.
Gar’Dal, el Rey Demonio, lo raptó cuando era un bebé y lo crio como uno de sus alumnos en la magia oscura.
Por eso vi esa arma orca y por eso conozco su linaje.
Lyra soltó un largo suspiro, procesando la inmensidad de la revelación.
—Así que ese monstruo peludo es el padre de un brujo interdimensional…
Te creo, Kalair Zad.
En realidad, no puedo no creerte.
Has sangrado a mi lado.
Eres una camarada, y juro por Elune que me inmolaría por todos ustedes si fuera necesario.
—Gracias, Lyra.
Eso significa mucho para mí —dijo Kalair, sintiendo un nudo genuino en la garganta.
La elfa le sonrió ampliamente y, en un gesto insólitamente maternal y aprovechando la diferencia de estatura, puso una mano sobre la cabeza de Kalair y le despeinó el cabello polvoriento.
—¿Sabes qué, Kalair?
Esta será una noche de chicas.
Que esos tres tontos ronquen para ellos solos en la otra habitación.
Nosotras…
no sé, hablaremos de cosas de mujeres.
Kalair alzó una ceja, divertida.
—Pensé que eras de esas chicas que…
digo, una guerrera implacable que solo habla de arcos, tensiones de cuerda y tácticas militares.
Sin ofender.
—¡Qué dices, Kalair!
—se ofendió Lyra, riendo—.
Tengo mi lado femenino, por la Diosa, tampoco soy una orca.
Además, mírate ese pelo.
Tenemos que darle un tratamiento urgente con aceites, o terminarás pareciendo un espantapájaros de los Páramos.
—Ah, sí…
—suspiró Kalair, tocándose las puntas resecas—.
Realmente ya me estaba resignando a verme mal y cubierta de barro el resto de mi vida eterna en este mundo.
—Con esa cara de ángel que tienes, es casi imposible que te veas mal —le aseguró la elfa con sinceridad.
—Eres…
muy agradable cuando te lo propones, Lyra.
Rieron juntas apoyadas en la barra, mientras desde el otro lado de la sala, los tres hombres las miraban fijamente, tratando de descifrar qué demonios las hacía sonreír tanto.
—Seguro que están hablando de ti, Alistair —dijo Thrain, soltando una carcajada que hizo vibrar su jarra—.
De que hueles a perro mojado y a gnoll.
Alistair frunció el ceño, levantó un brazo y se olfateó a sí mismo.
Su rostro palideció de golpe.
—Por la Luz…
ese maldito Hogger me impregnó su aroma al cargarlo.
¡Apesto a Zarpa Río!
Thomas, que estaba dando pequeños sorbos a un vaso de agua, lo miró de reojo.
—Alistair…
desde que te conozco hueles así —dijo el sacerdote, muy despacio y con brutal honestidad.
—¡Thomaaaas!
—gimoteó Alistair, llevándose las manos a la cara de forma lastimera—.
¿Por qué no me lo dijeron antes?
¡Por fin tengo novia y le debo de apestar!
¡Me va a dejar antes de llegar a las minas!
—Tranquilo, muchacho —se burló el enano, golpeando la mesa de pura risa—.
Seguro que Lyra no tiene olfato, o en sus años de guerra le tocó oler los sobacos de algún druida en forma de oso y se quedó sin nariz para siempre.
¡No te preocupes!
—Ahora solo quiero beber hasta olvidar mi miseria…
—murmuró Alistair, empinándose la jarra de pésima cerveza justo cuando las chicas regresaban a la mesa con más bebidas.
Mientras tanto, afuera en la fría noche, Hogger vivía su propio infierno.
Atado firmemente a un poste de las caballerizas, el gnoll trataba de rascarse el lomo contra la madera sin usar las manos.
Desesperado, maldecía a los humanos, a las cuerdas y a las pulgas en algún idioma propio y gutural.
Sin embargo, sus quejidos, ladridos y gruñidos sonaban exactamente igual que su risa, por lo que adentro, el grupo escuchaba el alboroto y sacó la cómoda conclusión de que la bestia estaba muy feliz charlando con los caballos de la milicia.
Fue una noche cálida, llena de historias, bromas a costa de la falta de higiene de Alistair y camaradería forjada en el peligro.
Cuando ya estuvieron saciados, se dispusieron a dormir.
Alistair volvió a gimotear cuando se confirmó que dormiría con el enano y el sacerdote en lugar de con Lyra.
Thrain se tapó la nariz dramáticamente al entrar al cuarto.
—Thomas, prepárate mentalmente.
Mañana tendremos que beber otra pinta apenas despertemos.
El olor a pata de Alistair nos va a dejar ciegos antes del amanecer.
Thomas se acostó en su catre, mirando al techo, preguntándose seriamente si médicamente un olor podía dejar ciego a alguien.
En la otra habitación, Kalair le pidió un momento a Lyra.
Tomó de la mesa un enorme hueso de res que aún conservaba bastante carne y salió sigilosamente hacia las caballerizas.
—Hogg…
—susurró Kalair, acercándose al bebedero donde el gnoll descansaba, rindiéndose ante la picazón—.
Hogg…
—le movió el hombro atado.
El gnoll despertó sobresaltado y, por puro instinto salvaje, lanzó una dentellada al aire que por milímetros no le arranca la mano a Kalair.
La forajida retrocedió con reflejos felinos.
—¡Kalair!
¡Perdón!
—jadearon las fauces de la bestia, con los ojos amarillos muy abiertos por el pánico—.
¡Hogg tener pesadilla!
Hogg lamentar mucho.
Yo…
Kalair, yo ser respetado por manada.
Ser alfa.
Dar órdenes.
Hogg no estar nunca así, atado como cerdo.
Yo comer gente, sí, ¡pero no puedo aguantar esto!
Kalair suspiró, sintiendo una punzada de lástima por el otrora temible monstruo.
Sin decir una palabra, sacó uno de sus cuchillos y cortó las gruesas cuerdas que lo inmovilizaban, desatándolo por completo.
Se acercó, le puso una mano cerca de la oreja peluda y le susurró: —Llevamos dos días caminando contigo, y yo llevo apenas cuatro días con estos chicos.
Somos amigos, Hogger.
Todos nosotros.
—Hogg no creer —murmuró el gigante, frotándose las muñecas adoloridas—.
Hogg no creer que humanos querer a alguien si ese alguien comer gnoll…
o gnoll comer humanos.
—Como te dije, amigo…
Fenrar fue importante en mi mundo, pero yo nunca le conocí en persona —Kalair le extendió el trozo de carne.
Hogger lo tomó y comenzó a masticarlo con desesperación, sentándose pesadamente frente a ella en la paja—.
Dime, ¿cómo era él?
Hogger tragó, y su mirada se ensombreció con un dolor muy antiguo.
—Muchacho ser buen gnoll.
Él parecer orco, sí, por ser verde y grande, pero yo saber que es mi hijo.
Hijo de Daly.
—¿Daly?
—Daly ser humana —continuó Hogger, y para sorpresa absoluta de Kalair, gruesas lágrimas comenzaron a correr por el hocico de la bestia mientras masticaba con mayor vehemencia, como si masticar contuviera el llanto—.
A Daly matarla humanos por parir gnoll.
Yo ser joven, Daly ser joven.
Yo estar amarrado, igual que hoy.
No pude hacer nada.
La vi morir a palos y fuego.
Yo antes no comer humanos, Kalair.
Yo crecer entre humanos, ser mascota de la familia de Daly.
Nosotros amarnos en secreto.
Kalair sintió que el corazón se le encogía.
No podía creer que la historia de origen del monstruo más infame de Elwynn fuera una tragedia de amor prohibido y brutalidad humana.
—Gar’Dal se llevó al niño —dedujo Kalair en un susurro.
—Sí.
Mago pequeño, parecer niño, pero con pelo blanco hasta el suelo.
Él aparecer de la nada.
Él matar a todo el pueblo con fuego frío y liberar a Hogg.
Hogg no quería matar a su gente, pero Gar’Dal lo hizo.
Los gnolls de las montañas tomarme a mí por líder después, porque creer que yo escapé de los humanos y los maté a todos.
Pero eso fue cosa de Gar’Dal.
Él hacer un portal brillante y llevarse a mi pequeño Fenri con él.
Gar’Dal.
Kalair pensó para sí misma en la insondable maldad y complejidad del Rey Demonio.
—Pero…
sin Gar’Dal, Fenri habría sido quemado en la hoguera junto con Daly, y tú habrías sido descuerado y trozado —razonó Kalair en voz alta.
¿Acaso Gar’Dal quiso salvar al bebé por compasión en su retorcida mente?
¿O simplemente vio la oportunidad de reclutar a un raro espécimen medio-gnoll para sus filas en Xera?
Con Gar’Dal, los milagros y las maldiciones eran exactamente lo mismo.
—Dime, Hogg.
Dices que Fenrar parecía un orco.
¿Sabes qué fue de él?
—Él morir donde tú eres.
Morir luchando.
Pero él usar magia…
llevar su alma a cuerpo de orco muerto para vivir de nuevo —Hogger hablaba mirando las estrellas a través del techo roto del establo—.
Él viajar con humanos en tu mundo, pero Gar’Dal encontrarlo y expulsarlo a Azeroth.
Fenrar ayudar a mago humano a abrir gran portal oscuro.
Él unirse a la Horda.
Él salvar a Hogg hace años, cuando soldados humanos acorralar a mi manada.
Él no olvidó a su padre.
Hogger se limpió el hocico con el dorso de la mano.
—Fenrar enfrentó a mago humano y a brujo orco malo.
Ahora él trabajar muy lejos, cruzando el mar.
En Kalimdor.
Ser consejo de guerra del gran Jefe Orco.
Está con Zeraki.
Ser ellos de Xera.
Ser guerreros fuertes.
—Todo…
todo ahora tiene mucho sentido —dijo Kalair, llevándose las manos a la cabeza, impactada, tratando de asimilar la masiva cantidad de información cósmica.
Debía contarle la historia de Hogger al grupo.
Si lo hacía, Alistair y los demás empatizarían profundamente con el gnoll, entendiendo que el monstruo fue creado por el odio del propio hombre.
Pero era su historia, su dolor, y solo a él le correspondía decidir si compartirla o no.
Kalair se puso de pie y miró al gigante a los ojos.
—Eres un guerrero, Hogger.
Sobreviviste a lo peor.
Frente a los soldados de Mantorrecio tendrás que seguir atado por seguridad, pero para el grupo…
para nosotros, tú ya eres libre.
Tienes mi palabra.
Si logramos solucionar el problema de los Defias y limpiar esta región, serás reconocido.
Te prometo que los gnolls tendrán un lugar seguro para vivir, donde puedan cazar sin ser perseguidos por los humanos.
Creo firmemente que eso sucederá.
—Hogger no querer ilusionarse —susurró el gnoll, mirándose las garras—.
Pero yo no traicionar a Kalair.
Tú ser como Daly.
Tú mirar con el corazón, no con los ojos.
Kalair le regaló una última sonrisa comprensiva, apretó su hombro peludo una vez más y se dio la vuelta.
Caminó por el frío barro de la colina, abrió la pesada puerta de madera de la taberna y regresó a la habitación donde Lyra la esperaba para su prometida noche de chicas, dejando al Rey Gnoll libre en la oscuridad, comiendo en paz por primera vez en muchos años.
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