Los Seis de Ventormenta - Capítulo 24
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- Capítulo 24 - 24 Los Seis Valientes de Ventormenta
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24: Los Seis Valientes de Ventormenta.
24: Los Seis Valientes de Ventormenta.
Kalair se arrojó sobre los escombros y abrazó el cuerpo destrozado del moribundo gnoll.
Las lágrimas brotaron de sus ojos, surcando su rostro cubierto de hollín.
En cada herida sangrante de la bestia, la Dama de las Sombras veía a Borgol.
La historia se repetía de la manera más cruel: iba a perder a un amigo otra vez, y el dolor le desgarraba el pecho.
El temible Rey de los Zarpa Río la miró con sus inmensos ojos amarillos, que ahora perdían rápidamente su brillo feroz.
Con un esfuerzo sobrehumano, levantó un brazo pesado y magullado, tratando de cubrirla y consolarla con una ternura totalmente impropia de una bestia de su tamaño.
—Kalair…
no llores por Hogg —le susurró el gnoll, con una voz ronca que burbujeaba por la sangre—.
Hogg reencontrarse con Daly.
Hogg estar feliz ahora…
ayudar a humanos, ayudar a gnolls.
Cachorros Zarpa Río…
ya no pasar hambre.
El gigante tosió, y su mirada se desvió por un segundo hacia el cielo oscurecido por el humo, como si buscara algo más allá de las nubes.
—Ve con Fenri, Kalair…
abrázalo de mi parte…
dile que papá y mamá…
lo cuidarán ahora desde las estrellas…
El grupo entero contuvo el aliento mientras observaban cómo Hogger guardaba silencio.
Su enorme pecho dejó de subir y bajar.
Su respiración agónica cesó por completo.
Thomas corrió hacia él, cayó de rodillas y, sollozando, apretó su abalorio.
Rezó con todas sus fuerzas, canalizando una cantidad inmensa de energía Sagrada.
Un enorme resplandor dorado rodeó el cuerpo del Rey Gnoll, cálido y reconfortante…
pero no lo sanó.
La magia de la Luz no podía revertir lo inevitable cuando el alma ya había partido.
Era demasiado tarde.
El feroz alfa de los Zarpa Río, el otrora sanguinario Hogger, había muerto.
Kalair lloró sobre el cuerpo de su amigo de forma desgarradora.
Golpeó el pecho inerte del gigante y lo zarandeó con fuerza, negándose a aceptar la realidad.
Thrain dio un paso al frente, pensando en separarla para que se calmara, pero al verla, su propio corazón de enano se quebró.
En lugar de apartarla, Thrain se dejó caer y abrazó el enorme brazo de Hogger.
Luego, Lyra se arrodilló a su lado, seguida por Thomas y, finalmente, Alistair, quien envolvió al grupo entero en un abrazo silencioso.
A la entrada de los jardines en ruinas, el Rey Infante, Anduin Wrynn, observaba la escena en silencio.
Su pequeño rostro reflejaba una profunda tristeza al ver el dolor de los cinco forasteros.
A su lado, Bolvar Fordragon mantenía la guardia alta, asegurándose de que el niño estuviera a salvo.
—Bolvar…
—murmuró el joven rey, señalando el cuerpo gigante—.
¿Ese es Hogger?
¿El Terror de Elwynn?
—Al parecer, mi Príncipe.
Es él.
—No —lo corrigió Anduin con una sabiduría solemne—.
Ahora es el Héroe de Ventormenta.
El Alto Señor miró en dirección a los aventureros.
Habían vuelto a ser cinco, pero en esencia eran seis.
Eran los héroes de todo el reino, quizá los salvadores del mundo entero.
Hoy, Onyxia, la infame hija de Alamuerte que había tejido sus redes en la corte durante años, había caído gracias a la valentía de un grupo singular.
—¿Necesitaban hablar conmigo?
—preguntó Anduin, dando un paso hacia las cenizas.
—Ya habrá tiempo para una audiencia formal, Príncipe.
El peligro acaba de pasar —intentó disuadirlo Bolvar.
—No.
La tendrán ahora mismo —sentenció el niño.
Anduin caminó con paso firme entre los soldados que ayudaban a los heridos y se plantó frente a los aventureros.
—Hoy salvaron mi vida y salvaron al reino.
Ventormenta no olvidará su sacrificio, ni el de este gnoll, ni la verdad sobre los Defias.
Los escucharé.
Ahora.
Kalair se limpió las lágrimas con el dorso de la mano y miró a Alistair y a Lyra.
Ellos eran los líderes naturales de la compañía, los que conocían este mundo.
Pero el paladín y la elfa le hicieron un gesto silencioso para que ella hablara.
Era su derecho.
Kalair se puso de pie, aun extremadamente acongojada, pero irguiéndose con la dignidad de la Dama de las Sombras.
—Majestad.
Mi nombre es Kalair Zad.
Hablo en nombre de Hogger, Líder de los Gnolls Zarpa Río.
Ellos depondrán las armas y vivirán en paz con los ciudadanos del reino si se les otorga un lugar seguro para cazar y cultivar en las montañas.
Han sido desplazados por los terratenientes; sus cachorros mueren de hambre y no tienen líneas de comercio.
Grrn, el nuevo Alfa, ha cumplido con la promesa de Hogger y espera su respuesta.
Anduin asintió, sin apartar la mirada.
—Hogger es ahora un héroe de la Alianza.
Su clan ha tenido el honor de no atacar a los ciudadanos durante dos semanas, a pesar de que el crudo invierno está a las puertas.
Lady Kalair, le doy mi palabra como Rey: los Gnolls Zarpa Río tendrán tierras de caza y cultivo propias en las estribaciones de las montañas.
Se les facilitarán herramientas, se les preparará la tierra y tendrán permiso real para comerciar en Ventormenta y con todos nuestros ciudadanos.
Bolvar miró al niño Rey con los ojos muy abiertos, sorprendido por su determinación, pero terminó por inclinar la cabeza, aceptando cada palabra que salía de la boca de su monarca.
—Y en cuanto a la Hermandad Defias…
—continuó Kalair, dándose la vuelta para buscar entre los escombros—.
Tenemos como embajador a Sulivan Durr, antiguo miembro del Gremio de Albañiles.
Empujó a un desorientado y chamuscado Sulivan, que caminaba tambaleándose aleatoriamente por el jardín quemado.
—¿Eh?
¿Yo?
¿Qué?
—tartamudeó el bandolero, parpadeando al verse frente al mismísimo rey—.
Ah…
sí.
Rey Anduin.
Nosotros, el Gremio de Albañiles, no causamos el trágico fallecimiento de su madre, la Reina Tiffin.
Quien lanzó la piedra en la revuelta no era un trabajador ni un ciudadano de Ventormenta.
Fue un asesino profesional.
Lo identificamos y lo tenemos prisionero en las Minas de la Muerte.
Él confesó que estaba…
bajo el control mental de algún mago poderoso.
Ahora que hemos visto a Lady Prestor convertirse en dragona, todo tiene sentido.
Sulivan se aclaró la garganta, ganando confianza.
—Por otro lado, Majestad…
el líder Edwin Van Cleef exige el pago completo de la reconstrucción de Ventormenta.
Un perdón real generalizado por los actos cometidos en el exilio, y el envío urgente de recursos, tropas de protección, herramientas y alimentos a los Páramos de Poniente.
Esa provincia entera ha sido marginada y abandonada a su suerte, causando una pobreza extrema y obligando a los granjeros a volverse saqueadores para no morir.
—¡Joven Príncipe!
—intervino Bolvar, incapaz de contenerse—.
Los crímenes de los Zarpa Río y la Hermandad Defias incluyen mucho más que vandalismo.
Son asesinos, terroristas.
¡No podemos darles un indulto total tan simplemente!
¡Menos aún vaciar las arcas para pagarles y cederles tierras!
—Bolvar —lo interrumpió Anduin, con una voz suave pero firme—.
Lady Prestor…
Onyxia…
es quien causó todo esto.
La muerte de mi madre, la corrupción de la corte y probablemente la desaparición de mi padre, el Rey Varian.
Es nuestro deber reparar lo que este trono cometió en contra de su propia gente.
El niño rey se giró hacia los oficiales sobrevivientes.
—Se enviará una caravana real a los Páramos de Poniente con todo lo necesario para reactivar los campos y la actividad comercial.
Se dispondrá de un administrador imparcial para erradicar la miseria en esa región.
Los Defias serán perdonados de todos sus crímenes, siempre y cuando depongan sus armas inmediatamente, y se cancelará la deuda del Reino con ellos esta misma semana.
Anduin le dirigió una mirada al Alto Señor Fordragon, con una sabiduría impropia de su corta edad.
—En estos momentos, yo soy el Rey, y yo lo decreto.
Bolvar, ordena al IV:7 y al Maestro Shaw que inicien una purga e investigación exhaustiva para descubrir hasta dónde llega la corrupción de Onyxia en la nobleza.
Dispone al ejército para que todo lo que he prometido hoy se cumpla al pie de la letra.
El Rey se giró nuevamente hacia los cinco aventureros.
—Y ustedes…
serán nombrados hoy mismo con el rango de Caballeros y Protectores del Reino.
Se les otorgará una sede de operaciones y se les concederá cualquier recurso que pidan, dentro de los límites de la cordura.
A Hogger de los Zarpa Río se le otorga, de forma póstuma, la máxima distinción de la Alianza: la Cruz del León.
Se erigirá un monumento en su honor a los pies del Cuartel del Arroyo Oeste, donde se dispondrá la zona de comercio e integración para los gnolls, bajo la estricta supervisión de Lady Kalair Zad y el Alfa Grrn.
—¿Yo?
—preguntó Kalair, parpadeando, completamente atónita y apesadumbrada con el peso de la misión.
Era el legado de Hogger.
Deseaba cumplirlo con todo su corazón para honrar a su amigo caído, pero no podía olvidar su promesa más profunda: la búsqueda de Fenrar, ni su inminente viaje a Kalimdor para encontrar a Zeraki y a Drazen.
—El Cuartel Arroyo Oeste es ahora la sede oficial de los Seis Valientes de Ventormenta —decretó Anduin.
—Con todo respeto, su Majestad…
—respondió Kalair, dando un paso atrás—.
Prometí a Hogger con mi vida que buscaría a su hijo Fenrar.
Y tengo asuntos vitales que atender cruzando el mar, en Kalimdor.
Bolvar Fordragon, con el rostro sucio de ceniza pero esbozando una amplia y sincera sonrisa, se acercó a ella.
—Lady Zad, no es necesario que estén de planta vigilando el Cuartel día y noche.
Tómenlo como un hogar permanente para su compañía.
Un refugio al que siempre podrán volver.
Es su legado.
Y ruego a la Luz que, de ese lugar, sigan saliendo héroes tan excepcionales como ustedes en los años venideros.
El atardecer bañó de naranja y rojo las cúpulas blancas de la ciudad cuando comenzó la procesión.
Kalair miró por última vez a Hogger.
Los ciudadanos de Ventormenta se asomaban a las calles, murmurando confundidos, sin entender muy bien cómo el infame “Terror de Elwynn” era transportado sobre un carro ceremonial escoltado por la Guardia Real como un mártir del reino.
Pero los Cinco Valientes que caminaban tras él sabían muy bien la realidad de la historia.
Allí iba el más grande entre ellos.
Aquel salvaje gnoll gigante que una vez fue criado como mascota, que amó a una humana de corazón puro, que la vio morir víctima de la crueldad misma de los humanos, que fue salvado por un Demonio, que lideró por años a los marginados de las montañas, y que, al final de sus días, se inmoló por sus amigos para salvar al mismo Rey que lo había cazado.
Esa noche, bajo un cielo libre de la sombra de las alas de Onyxia, el Rey Hogger el Bravo pasó a vivir en las estrellas.
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