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Lux de Luna - Capítulo 100

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Capítulo 100: Una princesa para Zeta

— ¿Mamá?

Lux se encontraba en un vasto paisaje que desafiaba la lógica del tiempo y el espacio. Antiguos árboles de hojas doradas danzaban con una brisa etérea, mientras que un cielo de múltiples colores se extendía sobre ella, destellando como un tapiz de sueños. En el centro de esta maravilla, un portal astral vibraba, proyectando imágenes fugaces de la mujer que había poblado sus pensamientos más íntimos: su madre.

—Sí, hija. Soy Lilian, tu madre —, resonó una voz cálida y familiar.

— Mamá, ¿eres un espíritu? —, preguntó Lux, con la confusión aún dibujada en su rostro.

—Lo sé, te parecerá extraño, pero te prometo que te lo contaré todo —. La voz era suave como la seda, y Lux sintió una extraña mezcla de calma e inquietud al escucharla.

— Te he traído aquí para ayudarte a despertar de tu encapsulamiento.

— ¿Qué encapsulamiento? —, replicó Lux, parpadeando, tratando de despejar las nubes que habían invadido su mente.

—Han intentado hechizarte, hija. Has ingerido una pócima que te provocaría el sueño eterno. Pero tus poderes lo han impedido.

— Eso suena fatal—, respondió Lux, sintiendo el peso del temor a apoderarse de su pecho.

— Sí, para cualquiera, pero no para una sanadora con tu poder.

—Pero ¿quién me ha hechizado? En la Manada de la Escarcha feroz no tengo enemigos… al menos que…

Lux suspiró al caerle la ficha. De todas las personas que la rodeaban, Electra era la única que podría haberlo hecho.

Su ira comenzó a brotar, Oz se puso en guardia esperando lo peor, pero la voz de su madre fue lo que la devolvió a su estado natural.

—Lux, mírame. Si estoy aquí, es porque necesito que despiertes.

— Si estoy dormida, ¿cómo es que ahora estoy aquí hablando contigo?—, inquirió, intentando comprender la complejidad de su situación.

Oz se llevó las manos a la cara en señal de frustración y agotamiento, mientras Lilian sonreía por la inocencia de su pequeña Lux.

— Parte de tu poder es viajar entre portales, tanto de forma física como espiritual. Aun así, básicamente sigues en la habitación, profundamente sumida en ese sueño.

— ¿Qué? ¿Dónde estoy entonces?

— En realidad, tus protectores se asustaron un poquito y te han llevado al Reino Sagrado… —susurró Oz.

— Hija, ahora, necesito que te concentres porque se nos acaba el tiempo para las dos.

La urgencia en la voz de su madre hizo que Lux sintiera una punzada de miedo.

— Mamá, no puedes dejarme así. Yo necesito saber la verdad.

—Y te la contaré. Lo prometo.

Las palabras eran un ancla en medio de su tormenta interna.

—De acuerdo. ¿Qué tengo que hacer?”

Oz te va a instruir para que puedas controlar tus poderes.

— ¿Y una vez que los controle? —, preguntó Lux, ansiosa.

— Podrás despertar. Tus poderes te han encapsulado para protegerte del hechizo. Cuando logres controlarlos, podrás liberarte de la protección.

— ¿Qué es este lugar? —, quiso saber, observando a su alrededor con fascinación.

— Es la apertura de una conexión entre diferentes planos de existencia. Lo llamamos Tierra Media. Todos los portales nacen de aquí. Es un lugar único, fortalecido con las energías divinas del bien.

—Lux, escucha con atención—, continuó su madre. — Lo único que necesito es que te entrenes bien y sepas utilizar tus poderes. Es importante que lo hagas.

— Pero yo no quiero tener poderes. Daño a la gente que quiero —, murmuró, sintiendo unas lágrimas inesperadas deslizarse por sus mejillas.

— Eso es porque aún no los controlas, mi pequeña. Hace años, me pasó lo mismo con uno de mis protectores…—Lilian entristeció al recordarlo.

—Marcus… y ahora esa cosa intenta apoderarse de mi Conall…

—Lo sé, lo arreglaremos. Pero ahora tú, a entrenar, que se avecina una guerra entre todos los reinos…

— ¿Una guerra? ¡Mamá, no sé qué hacer!

— Lo sabrás cuando llegue el momento, Lux. — La energía en la pared comenzaba a desvanecerse, dejando un rastro de irrealidad.

-¡Mamá! ¡No te vayas! —, gritó Lux, aferrándose a los recuerdos de su madre.

—Se está agotando demasiado. Ella necesita descansar —, intervino Oz, que había estado observando y esperando el momento adecuado.

—Lilian solo ha despertado la mitad de sus poderes, Lux. —concluyó Oz ante la mirada de tristeza y desamparo de Lux.

—¡Antes de desvanecerte, dime lo que debo hacer, por favor! —, imploró Lux.

— Lux, tu padre guarda un colgante que me pertenece. Quiero que lo lleves puesto siempre —, le dijo su madre, su figura comenzando a desvanecerse.

— ¿Un colgante? — La pregunta quedó flotando en el aire, evacuando la esperanza.

—Te quiero, Lux. Siempre lo he hecho.

Con esas palabras, la luz proyectada desapareció por completo, dejando a Lux sola en el vasto portal.

—¡Mamá! ¡Mami!

El lamento de su corazón resonó en la Tierra Media, y Lux, incapaz de contener las lágrimas, lloró. Oz, comprendiendo su dolor, se acercó a consolarla.

— Pequeña luminiscencia, no hay tiempo para llorar. Debemos entrenarte para que puedas usar tus poderes a la máxima potencia.

— ¿Cuánto tiempo tardaremos? —, preguntó entre sollozos.

— Unas semanas, espero.

— ¿Pero y mis compañeros? —, cuestionó, sintiendo la necesidad de estar cerca de ellos.

— Todos están esperando que despiertes, Lux.

— Pero estar separados de ellos tantos días me debilitará.

— No, exactamente. Verás, cada portal tiene su propio sistema horario.

— ¿Eso qué significa? —, replicó, preocupada.

— Lo que aquí son días, en el Reino Sagrado, solo serán algunos minutos. — La revelación despertó una chispa de asombro en Lux.

—¡Vaya!

— Te enseñaré todo lo que tienes que saber, Lux. Te prepararé para que tengas todos los conocimientos adecuados.

— Vale.

Un brillo de determinación iluminó su pálido rostro.

— ¿Estás lista para conocer todo acerca del mundo al que perteneces? —, preguntó Oz, su voz cargada de emoción.

Lux respiró hondo. Había pasado de la tristeza al coraje.

Estaba lista para abrazar su destino.

Con un nuevo propósito latiendo en su interior, se encaminó hacia su futuro en la Tierra Media, donde la magia y la realidad se entrelazaban, y donde la historia de su vida apenas comenzaba.

————————

De regreso al Reino Sagrado…

Cornelius miraba por la ventana del salón del trono, su rostro serio y agraviado.

— ¿Los protectores dónde están? —, murmuró.

— En la habitación contigua. —respondió Iris.

— ¿Conall ha regresado?—, preguntó con voz tensa, buscando en los ojos de su consejera la respuesta que tanto temía.

— Sí, Marcus se ha ido —, respondió Iris, consciente de que la presencia de esos lobos era una doble espada.

— Tenemos que estar muy atentos con ellos. Ambos son peligrosos…

—Son los compañeros de Lux—, enfatizó Iris con un tono que dejaba clara su preocupación.

— No por mucho tiempo —, afirmó Cornelius con firmeza. — Ya he hablado con el hechicero Moon, y está más que dispuesto a casarse con mi hija para ayudarla con sus poderes.

—Eso ha sido un mal movimiento, mi rey. Conall y Zeta no lo van a permitir. —predijo Iris con tono preocupante.

Cornelius sabía que aquellos lobos habían cruzado más que un umbral.

Habían llegado a la vida de Lux, y al hacerlo, también habían puesto en jaque su propio reino.

— Tú no te imaginas lo que estos lobos son capaces de hacer por su compañera, — dijo Iris, insistiendo en la lealtad y el sacrificio que habían demostrado.

Restando importancia a sus palabras, Cornelius cambió rápidamente de tema.

— ¿Dónde se han alojado el resto de los lobos?

— Hanna los ha llevado a su casa, fuera del reino, informó Iris, con un susurro de resignación.

— Bien —. Murmuró Cornelius.

— Creo que deberías dejar que se quedaran en el palacio, son una buena escudería por si pasara algo.

—¡No! —, estalló Cornelius, su voz resonando como un trueno al atravesar el silencio.

— Los lobos nunca han pisado este reino, bastante tengo ahora con aguantar a dos, como los protectores de mi única hija.

— ¿Qué vas a hacer? ¿Les ayudarás?”, preguntó Iris.

— ¿Acaso tengo otra opción?”, replicó Cornelius, consciente de que su hija había pasado por mucho y que los lobos, aunque venían de un lugar oscuro, podrían ser su única salvación.

— Tu hija no lo pasó nada bien en la manada donde nació. Los lobos de allí la maltrataron y humillaron. —confesó Iris.

La tensión aumentó en la habitación mientras Cornelius apretaba los puños.

— La ignoraron y le negaron cosas básicas como una buena alimentación.

— ¡Los mataré a todos! — Gruñó Cornelius, su voz llena de rabia.

— Pero quien rescató a tu hija fue el Alfa Conall con la ayuda del Príncipe Heredero, recordó Iris, tratando de calmar la ira del noble.

— Dos machos alfa que no se ponen de acuerdo en nada, solo vieron lo mejor para ella y se unieron solo por ella. ¿Lo entiendes ahora?

— Sus compañeros darían su vida por Lux. Desde entonces, ninguno de los dos se ha apartado de su lado. —concluyó Iris.

Cornelius se detuvo, reflexionando sobre las palabras de su consejera.

— ¿Qué quieres decirme?

— ¿Y si nos equivocamos y no todos los lobos son malos? —, sugiriendo, invocando una esperanza de que Cornelius no estaba dispuesto a abrazar.

—Esas son tonterías—, contestó Cornelius con desdén.

— Lilian tuvo visiones sobre la guerra. Una guerra que perderán si no les ayudamos.

Cerrando los ojos, Cornelius recordó a Lilian, la poderosa sanadora que siempre buscaba la paz entre las facciones enfrentadas.

— Lilian quería evitar a toda costa que nuestros poderes fueran utilizados para dañar. Lo he visto en Lux, ella tiene los tres poderes, Cornelius.

— ¿Cómo es eso posible? —, preguntó el noble, incrédulo.

— Su humo blanco purifica y sana, su humo rojo es fuerte y, en ocasiones lastima, pero su humo negro… bueno, la cosa es que su humo negro es peligroso”, explicó Iris, recordando los peligros ocultos en los dones de Lux.

— Le enseñaremos a controlarlos. Pero ella no se irá de aquí —, insistió Cornelius.

— ¿Y cómo piensas ayudar a los lobos?—, preguntó Iris, sabiendo que la decisión de Cornelius cambiaría todo.

—Soy el Dios de la Guerra. Iré en el lugar de Lux —, respondió con determinación.

—————————

Mientras tanto, en el Gran Palacio Real, el Alfa Denzel esperaba en la sala del consejo, visiblemente inquieto.

—¡Bienvenido, Alfa Denzel! —, exclamó el Rey Eliseo, su voz cargada de autoridad.

—Gracias por venir.

—El honor ha sido todo mío—, contestó Denzel, sintiéndose honrado, pero también nervioso.

— ¿Y tu hermana?—, preguntó el rey, buscando afianzar alianzas.

Alfa Denzel salió un momento de la sala, regresando con una bella loba morena de ojos cautivadores y escote pronunciado a su lado.

— Aquí está, mi rey —, anunciado con satisfacción.

—¡Oh! ¡Qué bella hembra! —, exclamó Eliseo, asintiendo ante su belleza.

— Gracias, mi rey —, respondió la joven loba con modestia, mirando con respeto al monarca.

— Y ¿cuál es tu nombre?

—Tatiana, mi rey.

Retomando viejas conversaciones y con la mente dispuesta a cerrar un pacto por el futuro, el rey continuó:

— Esperaba que pudiéramos llegar a oficializar el compromiso de mi hijo Zeta con ella.

—Por supuesto, su majestad. Como lo hemos hablado, Tatiana ha sido formada para poder desempeñar el papel de la futura Reina Luna a la perfección.

—Eso espero, Alfa Denzel. Te encargarás de organizarlo todo. Tienes a tu disposición todo lo que necesitas para hacerlo a la mayor brevedad posible.

Tatiana se sonrojó al sentir la mano del rey en su mejilla.

—No solo vas a calentar la cama de mi hijo, tu misión es conseguir que te marque y te reconozca como su compañera.

Tatiana bajo la mirada.

— Será todo un honor para mí obtener semejante responsabilidad, mi rey.

—Perfecto, a sí me gustan las lobas. Bien sumisa.

—Tatiana sabe lo que tiene que hacer. Me he encargado yo mismo de ello. —afirmó Denzel.

La mirada fría, calculada y lasciva de Denzel a Tatiana, dejó ver más allá de lo que parecía.

— Llamaré a Zeta para que regrese de inmediato, y así ordenaré la ceremonia del compromiso real —, anunció Eliseo, su voz resonando en el aire como una orden irrevocable.

—¡Estupendo, mi rey!—, dijo Denzel, satisfecho. — Tatiana está completamente formada para poder ocupar ese lugar.

— ¿Es eso cierto? —, cuestionó el rey, buscando la confirmación en la mirada de la joven.

—Sí, mi rey. Estoy cualificada para ser la princesa del reino de los lobos y poder darle cachorros —, aseguró con fervor.

—¡Perfecto, Tatiana! — afirmó Eliseo, contemplando los nuevos lazos.

El Rey Eliseo tenía un plan, uno que uniría reinos bajo su único mando, y todos parecían ignorar que el verdadero interés de Zeta podría estar, sorprendentemente, en Lux.

Pero no para él, Eliseo conocía muy bien a su hijo.

— Si Zeta cree que no me he dado cuenta de su repentino interés por Lux, es que no me conoce en absoluto  —, pensó el rey, sintiendo cómo la trama de destinos entrelazados comenzaba a fraguarse.

La historia apenas comenzaba, y las emociones, los vínculos y la fantasía estaban a punto de desencadenarse en cataclismos y revelaciones que cambiarían el curso de su mundo.

————————–

Las imágenes del Alfa Denzel y su hermana, Tatiana os las dejo en los comentarios.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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