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Lux de Luna - Capítulo 103

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Capítulo 103: Un delicioso castigo

La noche había transcurrido con una calma poco habitual.

Después de días marcados por revelaciones, tensiones y descubrimientos que habían cambiado el destino de varios reinos, aquel descanso parecía casi irreal. Afuera, el mundo permanecía sumido en una quietud profunda mientras la oscuridad comenzaba a disiparse lentamente.

El alba se asomaba en el horizonte.

Los primeros rayos del sol nacían tímidamente detrás de las montañas lejanas, filtrándose a través de los ventanales del palacio y tiñendo la habitación con una luz dorada y suave.

Era una luz tranquila.

Una promesa de un nuevo día.

Lux dormía profundamente en el centro de la gran cama, envuelta entre los cuerpos cálidos de sus dos compañeros. La respiración de la joven era pausada y regular, su rostro mostraba una serenidad que rara vez había podido disfrutar desde que su vida se vio arrastrada por los secretos de su origen.

Su cabello pelirrojo se extendía sobre las almohadas como una pequeña llama que contrastaba con las sábanas claras.

A cada lado de ella, Conall y Zeta permanecían despiertos.

Ninguno de los dos había logrado conciliar el sueño por completo.

No después de todo lo que había ocurrido.

Zeta fue el primero en romper el silencio.

Su voz fue apenas un murmullo, casi temeroso de despertar a la mujer que dormía entre ellos.

—¿Duermes?

Conall no giró la cabeza. Permanecía mirando el techo, con los brazos detrás de la cabeza.

—No.

El silencio volvió a instalarse durante unos segundos.

Zeta observó a Lux con detención. Su expresión se suavizó ligeramente.

Aún le resultaba difícil creer cuánto había cambiado ella en tan poco tiempo.

— ¿Qué crees que le ha pasado a nuestra tímida y frágil compañera? —preguntó finalmente.

Conall dejó escapar un suspiro largo.

Había pensado mucho en esa misma pregunta durante las últimas horas.

—Supongo que lo que tenía que ocurrir —respondió con calma.

Las palabras parecían simples, pero contenían una aceptación silenciosa de algo inevitable.

Lux había despertado algo dentro de sí.

Algo antiguo.

Algo que ningún lobo, rey o criatura maldita podía detener.

Zeta frunció ligeramente el ceño.

No parecía convencido.

—Tengo miedo de que llegue el momento en el cual ya no nos necesite.

Aquella confesión flotó en el aire con una honestidad inesperada.

Conall giró la cabeza para mirarlo.

Durante algún tiempo había visto a Zeta como un rival. Un enemigo al que debía eliminar.

Pero ahora lo veía diferente.

Habían atravesado demasiada cosas juntos.

—Zeta, no seas tan negativo.

Zeta no apartó la mirada de Lux.

—¿Pero y si ocurre?

La pregunta no tenía respuesta fácil.

Conall lo sabía.

El mundo estaba cambiando.

Lux estaba cambiando.

Y el destino rara vez era amable con quienes intentaban aferrarse a algo.

Conall guardó silencio unos segundos antes de responder.

—No lo sé.

Sus ojos se desplazaron hacia la ventana donde la luz del amanecer comenzaba a filtrarse.

—Pero se vienen tiempos muy difíciles… y es mejor que los tres nos mantengamos unidos.

Zeta soltó una pequeña risa seca.

—¿Ya no quieres matarme, gran Alfa del Norte?

Conall lo miró de reojo con una expresión desafiante.

—¿Y tú?

Zeta negó lentamente con la cabeza.

—Vale… yo tampoco. —terminó diciendo Conall.

Un instante después, dos voces resonaron en sus mentes al mismo tiempo.

— ¡Mentirosos!

Los lobos de ambos habían hablado a través del enlace mental.

Conall gruñó.

— ¡Oigan, no se metan!

Las bestias no parecían impresionadas por su enfado.

—Conall, el único que me preocupa es Marcus.

Zeta se unió al vínculo mental.

El nombre provocó un ligero cambio en la expresión del alfa.

Marcus.

La criatura maldita que habitaba dentro de él.

—Él nos ayudará —respondió Conall finalmente.

La voz de Zeta era más oscura.

—Pero a costa de tu alma.

El comentario no fue exactamente una sorpresa.

Conall ya lo sabía.

Aun así, el rubor que apareció en su rostro lo delató.

—Lo sé.

Zeta lo observó con una mezcla de preocupación y resignación.

—¿Piensas que Lux lo permitirá?

Antes de que Conall pudiera responder, el cuerpo que dormía entre ellos se movió ligeramente.

Lux abrió los ojos.

—Es muy difícil dormir cuando no paran de hablar.

Ambos hombres se quedaron inmóviles.

Zeta fue el primero en reaccionar.

—¿Estabas despierta?

Lux bostezó suavemente mientras se acomodaba entre ellos.

—Si.

Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

—Llevo un rato escuchando vuestra interesante charla con sus lobitos interiores.

Conall parpadeado.

Entonces lo recordó.

El vínculo.

Lux compartía el enlace mental que los unía.

Zeta dejó escapar un suspiro.

—Claro… el vínculo de pareja.

Lux los miró a ambos con ternura.

—Y antes de que sigan con sus paranoias…

Su voz se volvió firme.

—Quiero que sepan que los amo.

La sinceridad de sus palabras llenó la habitación.

—Los necesito a ambos.

Sus ojos brillaron con determinación.

—No pienso separarme de vosotros.

Luego agregó con absoluta convicción:

—Nunca.

Las bestias dentro de ambos lobos reaccionaron con satisfacción.

Lux continuó hablando.

—Y con respecto a Marcus… cuando llegue el momento, tendré que hablar con él a solas.

Zeta se incorporó inmediatamente.

—Eso ni hablar.

Su voz se volvió gruñida.

—No dejaré que estés con esa cosa a solas.

Una voz nueva resonó entonces en sus mentes.

Más profunda.

Más antigua.

— Zeta… sabes que te puedo escuchar, ¿verdad?

Era Marcus.

Zeta se tensó como si hubiera recibido un golpe invisible.

— ¿Puedes dejar de entrometerte, Marcus? —murmuró Lux, llevándose una mano a la frente.

Conall la observó.

—¿Puedes escuchar a Marcus?

Lux asintió con naturalidad.

—Escucho a Marcus… y a vuestros lobos.

Zeta la miró con incredulidad.

—¿En serio?

Lux sonrió.

—Si.

Luego agregó con un tono divertido:

—Y hablando de los lobos, creo que deberíamos ponerle un nombre a cada uno.

El lobo de Conall reaccionó inmediatamente.

— Amo a esta hembra…

La bestia de Zeta respondió con aprobación.

— Mi príncipe… nuestra compañera es muy generosa.

Zeta negó con la cabeza.

—No estilamos ponerles nombres a nuestras bestias.

Lux se encogió de hombros.

—Bueno… eso deberá de cambiar.

Luego estiró los brazos con pereza.

—Ya buscaremos nombres más tarde.

Su estómago emitió un pequeño sonido.

—Ahora tengo hambre.

Zeta levantó una ceja.

—¿Hambre de comida o…?

—Hambre de energía. —confirmó ella.

Zeta se inclinó lentamente hacia ella.

Tomó su rostro entre sus manos con una suavidad inesperada para alguien que normalmente se comportaba con tanta arrogancia.

Sus ojos brillaban con un destello travieso.

—Vamos a darte toda la energía que necesitas.

Su voz se volvió más baja.

Más cálido.

—Eres muy hermosa, Lux.

Desde el otro lado, Conall se acercó por detrás de ella.

Apartó con cuidado el cabello pelirrojo de su cuello.

Su respiración cálida rozó la piel de Lux cuando besó suavemente la marca que compartían.

Un pequeño estremecimiento recorrió el cuerpo de la joven.

Antes de que pudiera reaccionar, Conall tomó una cinta de seda que descansaba cerca de la cama.

Con movimientos suaves, rodeó las muñecas de Lux.

Ella abrió los ojos con sorpresa.

—¿Qué están haciendo?

Zeta, sin responder inmediatamente, sacó un pañuelo que había escondido debajo de su almohada.

Con cuidado lo deslizó sobre los ojos de Lux, cubriéndolos.

La joven soltó una pequeña risa incrédula.

—¿En serio?

Zeta habló cerca de su oído.

—Castigándote por tu mal comportamiento.

Lux intentó protestar.

Pero Conall intervino con una gravedad que contrastaba con el brillo divertido de sus ojos.

—A tus compañeros no se les amenaza con bolas de fuego.

Lux no pudo evitar reír.

—Era una broma…

Pero Zeta ya la había empujado suavemente hacia las almohadas.

—¿Quieres tu castigo o no?

Su voz tenía ese tono seductor que siempre hacía que Lux sintiera un ligero escalofrío.

Conall se inclina más cerca.

El ambiente se volvió cálido.

Íntimo.

—Fuiste muy mala, Lux.

El aliento de Zeta rozó su cuello.

—Es justo que nos dejes castigarte.

El silencio que siguió fue breve.

Pero cargado de expectativa.

—¿Vas a dejarnos, Lux?

Ella asintió, mientras se mordía el labio inferior.

Un momento después, Lux sintió como el colchón se hundió.

Dos manos cálidas le agarraron los senos, sobándolos desde atrás, mientras su dueño, lamía

su cuello.

—¡Ah…!

Lux suspiró, recostando la cabeza en su regazo, mientras otro par de manos la agarraron por la cintura.

Su núcleo ya estaba resbaladizo por la humedad, mientras sus pantyss bajaban lentamente por sus piernas.

— Si esto es un castigo, pienso amenazarlos más a menudo. —confesó sin ningún ápice de timidez.

—Cuidado, Lux. No querrás que nos enfademos demasiado. —mencionó Zeta de manera seductora.

Todo el cuerpo de Lux se estremeció cuando la punta de una lengua rozó su clítoris turgente.

El compañero que estaba detrás de ella, la mantuvo firme mientras el otro lamía su humedad con breves e insoportables caricias.

— Por favor, no te detengas. —suplicó ella.

La lengua se retiró y ella pudo sentir el aliento caliente en su dolorido clítoris.

-¡No! —gruñó ella frustrada por el alejamiento de uno de sus compañeros.

— Recuerda que esto es un castigo. —mencionaron ellos.

La boca se alejó de su sexo y se acercó a su trasero esperando a que ella reaccionara.

— Reconozco que me he excedido con la broma. Necesito ser castigada.

—¿Cómo se pide?

—¡Por favor! —suplicó al fin.

Ambos compañeros se separaron. Entonces dos pares de manos comenzaron a trabajar juntas, haciendo que Lux se pusiera de rodillas sobre la moqueta.

Es cuando, la punta de un pene cálido y palpitante rozó sus labios, ella abrió la boca con avidez.

Comenzó lamiendo la diminuta gota de líquido preseminal de la punta para luego abrir bien grande su boca permitiendo que se introdujera lentamente en ella.

Mientras la lengua de Lux se deslizaba por todas las venas del enorme miembro, dos manos agarraron sus caderas.

Esas manos, separaron sus nalgas y Lux sintió el aliento del compañero rozando su culo.

Una lengua resbaladiza la rozó y todo su cuerpo se estremeció por la sorpresa.

El pene en su boca llegó hasta el fondo de su garganta, haciendo que sintiera un pequeño atragantamiento.

—¡Maldición! ¡Esto me encanta! —se oía a ellos gritar.

Lux movió la cabeza hacia adelante y hacia atrás sobre la gruesa circunferencia del compañero mientras el otro lamía su culo en lentos círculos.

Algunos dedos serpentearon por el cabello de Lux, mientras el pene dentro de su boca penetró más y más rápido en su garganta.

Lux luchaba contra sus ataduras, desesperada por aferrarse al pene que tenía en su boca, pero era inútil. Ella era la presa, y estaban haciendo con ella lo que sus compañeros querían.

Lux recorrió con su lengua la punta del pene y luego subió hasta la punta.

El compañero gruñó y su semilla cálida se derramó dentro de su boca.

La lengua que acariciaba el trasero de Lux paró de repente.

Ambos la cogieron en brazos y la llevaron otra vez a la cama, con el trasero en alto, con su mejilla presionando las sábanas.

— Por favor, no se detengan.

— Princesa, solo estamos empezando.

Lux sintió como unas manos la cogieron por la cintura y la guiaron para que se pusiera a horcajadas sobre uno de ellos, que está acostado de espaldas.

— ¿Quién es? ¿Zeta? ¿Conall? —preguntó deseosa por saberlo.

Pero ninguno de sus compañeros respondió.

En su lugar, dos manos separaron sus nalgas un poco para introducirle dos dedos para masajear su ano y así relajar sus músculos.

El compañero que estaba debajo de ella acarició su clítoris palpitante con la punta de su pene.

—¡Ya no aguanto más! ¡Por favor, castíguenme ya! —Lux estaba totalmente entregada al placer y solo necesitaba ser llenada por sus dos compañeros.

Ella lo suplicó.

El compañero de debajo, de pronto, introdujo su gran pene en la estrecha vagina de Lux, haciéndola jadear moviéndose contra él desesperadamente.

—¡Ah! ¡Ah! ¡Ah!

Cuando al fin, ella sintió la punta de otro pene rozando su trasero.

El compañero que estaba detrás hundió su grueso pene, lenta pero profundamente, en el interior de su culo, llenándola al máximo.

— Demonios, más rápido, más rápido. —Lux enloquecía con cada toque, exigiendo más.

— ¿Estás segura de que eso es lo que quieres?

Lux no puedo distinguir de dónde vino la voz de Conall, si él era quien estaba detrás o debajo de ella.

Tampoco le importaba.

Ambos sabían cómo llenarla.

Ellos gruñeron con la voz ronca.

El pene en su coño se movió más rápido y ella se aferraba a él con desespero.

Entonces, el pene que estaba martillando su culo, también aceleró su ritmo.

La presión que se generó en el interior de Lux fue exquisita.

—¡Más! ¡Más, quiero más!

Se movieron contra ella al unísono, piel con piel mientras una luz brillante y potente comenzó a desprenderse de Lux y los rodeó a los tres en cuestion de segundos.

Todas las terminaciones nerviosas del cuerpo de Lux se aferraron al creciente calor de su interior.

Cuando el compañero que estaba detrás de ella emitió un gruñido orgásmico mientras la llenaba con su semen caliente, clavando sus dedos en su cintura, Lux no puedo aguantar más.

La liberación la recorrió como un maremoto y gimió, ahogada por la euforia.

—¡Ahhhh!

En el momento en que el miembro salió de su trasero, el compañero que estaba debajo de Lux, la agarró por la cintura volteándola con fuerza y ​​poder.

Se introdujo otra vez en su coño, profundamente, moviéndose cada vez más rápido hasta que finalmente gimió llenándola con su semilla. Hasta la última gota.

Cuando él también salió de dentro de Lux, ella terminó por desplomarse sin aliento sobre las almohadas.

De inmediato, le quitaron las ataduras de sus muñecas y Lux se quitó la venda de los ojos.

—¡Esto ha estado fantástico! —exclamó Lux, totalmente llena.

— ¿Crees que tus energías se han recompuesto? —provocó Zeta.

Lux dejó escapar una risita mientras observaba a sus compañeros.

— No solo se han recompuesto mis energías…

Conall fue el primero que se notó extraño y de inmediato miró a Zeta.

—¡Estás brillando! —dijo Conall con la boca abierta por la sorpresa.

Zeta miró a Conall desconcertado.

— Y tú…

— Lux ¿tú sabes que nos está ocurriendo? —cuestionó Conall algo preocupado.

—Creo que os he pasado parte de mi poder.

—Santo Reino. —exclamó Zeta mientras se observaba brillar a la luz del día.

— Compañeros, os he mejorado vuestras habilidades.

—¿Y eso es bueno o es malo? —preguntó Conall con inocencia.

Lux se acercó a ellos para abrazarlos y sonreírles.

— Ahora nadie va a poder separarnos. ¡Jamás!

—————————-

Os dejo en comentarios la imagen del capítulo de hoy. Espero que os esté gustando.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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