Lux de Luna - Capítulo 104
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Capítulo 104: Regresando a casa
El aire del Reino Sagrado parecía distinto aquella mañana.
No era solo la luz del sol, más intensa y pura que en cualquier otro lugar conocido, ni el silencio solemne que envolvía sus jardines y palacios. Era algo más profundo, algo que vibraba en lo invisible, como si el propio reino fuera consciente de que un cambio importante estaba a punto de suceder.
Lux también lo sentía.
Desde que había despertado su verdadera naturaleza, el mundo ya no se limitaba a lo que sus ojos podían ver. Percibía corrientes de energía, fragmentos de intención, ecos de emociones suspendidas en el ambiente. Era como si hubiera abierto una puerta que jamás volvería a cerrarse.
Y, sin embargo, en medio de todo aquel despertar… seguía siendo ella.
Seguía siendo Lux.
Después de aquel fogoso amanecer compartido con sus compañeros, los tres se prepararon para partir. El regreso al Reino de los Lobos ya no podía retrasarse más. Cada instante en el Reino Sagrado implicaba un riesgo, un desequilibrio entre mundos que comenzaba a tensarse peligrosamente.
Pero lo que ocurrió antes de partir, marcaría un nuevo punto de inflexión entre ellos.
En la habitación donde se cambiaban, la calma inicial se rompió con una tensión inesperada.
Lux apareció con la vestimenta tradicional de las sanadoras del Reino Sagrado: un conjunto de dos piezas, ligero, ajustado al cuerpo y de un tono plateado que reflejaba la luz como si estuviera tejido con fragmentos de luna.
Era hermoso.
Y también… provocativo.
Muy provocativo.
Conall la observó en silencio durante unos segundos.
Su expresión se endureció.
Había algo en aquella imagen que no le gustaba.
No era solo la ropa.
Era lo que representaba.
—No me gusta que los demás te vean así vestida.
La frase cayó con más peso del que pretendía.
Lux arqueó una ceja, sorprendida al principio, pero no intimidada.
—A mí me gusta. —interrumpió Zeta.
—Las sanadoras de este reino visten así.
El tono de Lux era tranquilo, pero firme.
Zeta, apoyado contra una de las columnas, no pudo evitar soltar una breve risa.
Había diversión en su mirada.
—Déjala —intervino—. A ella le queda todo bien.
Pero aquello solo empeoró el humor de Conall.
—¡Está desnuda!
Lux se giró hacia él de inmediato.
—¡No, no lo estoy!
Zeta negó con la cabeza, divertido.
—No, no lo está.
Pero luego añadió algo más serio:
—Y parte de alimentar nuestro vínculo… es mantener la confianza entre nosotros.
Las palabras golpearon a Conall más de lo que esperaba.
No porque no entendiera su significado, sino porque sabía que eran ciertos.
Aun así, su instinto posesivo rugía dentro de él.
—Zeta, Lux no debería regresar vestida así. Nadie tiene porqué ver su cuerpo, a parte de nosotros dos,
Lux lo miró fijamente.
En sus ojos ya no había duda.
Había decisión.
—Pues usaré lo que me venga en gana. Nadie va a decirme lo que puedo o no usar.
El silencio que siguió fue tenso.
Pesado.
Y antes de que alguno pudiera agregar algo más, Lux giró sobre sí misma y caminó hacia la salida.
—Y ahora me marcho.
La puerta se cerró con un golpe seco.
El eco resonó en la habitación como un recordatorio de lo que acababa de ocurrir.
Durante unos segundos, ninguno de los dos habló.
Hasta que una voz gruñona irrumpió en la mente de Conall.
— ¡Alá! Ya la habéis hecho enfadar …
El lobo de Conall no estaba precisamente contento.
El de Zeta respondió con una calma casi burlona.
— Ha sido tu humano.
Conall cerró los ojos un instante.
Sabía que había cometido un error.
Pero no estaba seguro de cómo arreglarlo.
Mientras tanto, Lux no se dirigió inmediatamente al punto de encuentro.
Su mente necesitaba claridad.
Y sabía exactamente dónde encontrarla.
En un parpadeo, la realidad a su alrededor se desvaneció.
El aire cambió.
La luz se transformó.
Y en cuestión de segundos, Lux se encontró en Tierra Media.
Aquel lugar no tenía forma fija ni límites definidos. Era un espacio entre mundos, donde la energía fluía libremente y donde las leyes de la realidad parecían más flexibles.
Oz la recibió como si hubiera estado esperándola.
—¡Has regresado, pequeña luminiscencia!
Lux no sonrió esta vez.
Había algo más serio en su mirada.
—Ha salido todo como lo has dicho.
Oz alzó la barbilla con orgullo.
—Por supuesto. Nunca fallo.
Pero Lux no había venido a halagarlo.
—Tengo preguntas.
Oz rodó los ojos con dramatismo.
—Vaya por Dios…
Aun así, no se marchó.
Sabía que aquella conversación era inevitable.
Lux no tardó en ir al grano.
Quería saber qué ocurriría con los poderes que había compartido con sus protectores.
La reacción de Oz fue inmediata.
—Poco has tardado en traspasárselos, pequeña picarona.
Lux desvió la mirada un instante.
—Los echaba de menos y necesitaba energía.
Aquella confesión fue más honesta de lo que pretendía.
Oz suspiró, resignado.
—Cada uno ha sido bendecido con un poder que los reconoce solo a ellos.
Lux frunció el ceño.
—¿Eso qué significa?
Oz miró hacia los lados, claramente incómodo.
—Haces muchas preguntas.
—Me gusta aprender.
Aquello arrancó una leve sonrisa en él.
—Lo irás descubriendo a medida que se despierten.
Lux no quedó satisfecha.
—¿Y cuándo despertarán?
La respuesta fue más seria esta vez.
—Los poderes de tus protectores no son como los tuyos.
Hizo una pausa.
—Ellos los usarán… cuando tu vida esté en peligro.
Lux asintió lentamente.
Aquello tenía sentido.
Pero no era lo único que quería saber.
Se quedó quieta.
Observando a Oz.
—He hecho todo lo que me ha pedido.
Su voz bajó ligeramente.
—Ahora necesito conocer la verdad sobre mi madre. ¿Dónde está?
Oz resopló.
—¡Ay, chiquilla! Eres muy preguntona.
Lux no se mueve.
-Si.
Sus ojos brillaron suavemente.
—Y también tengo poderes.
Oz entrecerró los ojos.
—¿Amenazas a tu cuidador?
Lux negó con la cabeza.
—Mi cuidadora se llama Hanna.
Oz bufó.
—Ya… y ha hecho de todo menos cuidarte, la muy floja.
Lux no pudo evitar soltar una pequeña risa.
—La verdad… no se lo he puesto nada fácil. Creo que la he asustado un poco y casi no se me acerca.
Por un momento, el ambiente se suavizó.
Pero solo por un momento.
Oz finalmente cedió un poco.
—Ya tienes el collar de tu madre.
Lux llevó su mano a la piedra de obsidiana.
La energía que emanaba de ella era innegable.
—Será cuestión de tiempo que lo descubras.
Lux cerró los dedos alrededor del colgante.
—¿Podré evitar la guerra?
La respuesta fue directa.
—La guerra ya es un hecho.
El corazón de Lux se tensó.
Pero Oz añadió:
—Pero tú serás la clave para devolver el río a su cauce.
Aquella imagen quedó grabada en su mente.
No evitaría el conflicto.
Pero sí podría cambiar su desenlace.
—Quiero que recuerdes siempre, que no todo es lo que parece.
Sin pensarlo, Lux se acercó y abrazó a Oz.
El gesto lo tomó completamente por sorpresa.
—Oz… te necesito.
Él parpadeó, desconcertado.
—¿Perdona? ¿Qué has dicho?
Lux no se apartó.
—Te necesito a mi lado.
Oz se tensó.
—No creo entenderte.
Lux lo miró directamente.
—Te vienes conmigo al Reino de los Lobos.
La reacción fue inmediata.
—¡No! ¡Ni hablar!
Pero Lux no retrocedió.
—Eres el único que entiende mis poderes.
Hizo una pausa.
—Y sabes cosas sobre mi madre.
Oz cruzó los brazos.
—Información que no te revelaré aunque me chamusques.
Lux sonrió ligeramente.
—Eso ya lo veremos.
La tensión entre ambos se volvió casi cómica.
Finalmente, Oz resopló con resignación.
—¡Vale! De acuerdo…
Mientras se alejaba murmurando, no pudo evitar decir en voz baja:
—Caprichosa igual que la madre…
Minutos después, el salón del trono se convirtió en escenario de decisiones importantes.
Cornelius conversaba con Iris cuando Lux apareció de la nada, como algo que flotaba en el aire y caía al suelo… acompañado por Oz.
Ambos se sobresaltaron.
La aparición había sido demasiado repentina.
Lux alzó las manos, ligeramente avergonzada.
—¡Oh! Lo siento. Tendré que practicar más…
Pero la sorpresa no terminó ahí. Cornelius no podía desencajar la mandíbula.
—¿Hija, de dónde vienes?
—¿Quién es el hada que te acompaña? Nunca lo he visto antes.
Oz presentó con naturalidad, dejando claro que no pertenecía a aquel reino.
Lux explicó su origen.
Tierra Media.
El lugar donde nacían los poderes.
Donde se abrirían los portales.
Cornelius no tardó en hacer la pregunta que llevaba años guardando.
Lilian.
—¿Allí está Lilian?
Oz miró a Cornelius y luego giró su profunda mirada hacia Lux.
—Esa información no puede ser revelada.
Pero Lux aclaró algo importante.
Su madre no estaba allí.
Al menos, no físicamente.
Aquello dejó a Cornelius con más preguntas que respuestas.
—¡Vaya! Hanna va a flipar cuando se entere que hay otro ser como ella. —mencionó Iris, divertida.
Oz se acercó a Iris y la miró de mala gana.
—Pequeña sanadora, cuando esté delante de esa hada floja, me escuchará. Como cuidadora designada de nuestra pequeña luminiscencia, lo ha hecho fatal.
—Ya me gustará verte intentar dialogar con Hanna. —rió Iris.
Pero el tiempo se agotaba.
Lux dejó claro que debía marcharse.
Que su lugar estaba en la manada de la Escarcha Feroz.
No en aquel palacio.
Cornelius intentó retenerla.
—Hija, yo necesito que te quedes un poco más conmigo. Quiero conocerte más a fondo.
—No puedo quedarme, padre. Cada día que pasamos aquí, son días en mi reino.
—¡Este es tu reino! —exclamó Cornelius con desespero.
—No, padre. Mi reino es donde está mi casa, y mi casa está en la Manada de la Escarcha Feroz.
Esa afirmación dolió como mil cuchillos afilados, clavándose en el pecho de Cornelius.
—Ya veo. ¿Te volveré a ver alguna vez? —cuestionó tristemente su padre.
Cornelius sabía que Lux ya no era una niña.
Era una fuerza imposible de contener.
Antes de partir, Lux le entregó un puñado de piedras runas.
Una invitación.
Una oportunidad.
—Aquí tienes. Eres libre de venir a visitarnos cuando quieras.
—¿Al Reino de los Lobos?
—Sí. Necesitas ver con tus propios ojos lo maravillosos que son en su mayoría.
Cornelius se emocionó.
Por primera vez, no como rey.
Sino como padre.
Y entonces, contra toda lógica…
Decidió acompañarla.
La reacción de Iris fue inmediata.
El reino quedaría sin su rey.
Pero Cornelius ya había tomado su decisión.
—Tú te encargarás, Iris. Confio en ti.
El eco de aquella orden resonó en la sala.
Y con él, el inicio de un nuevo capítulo.
Uno donde la luz no solo brillaría…
Sino que guiaría el destino de todos.
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En comentarios, os comparto la imgen del capítulo de hoy. Gracias por llegar hasta aquí y continuar apoyándome 🔥🐺💞
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