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Lux de Luna - Capítulo 108

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Capítulo 108: Provocando al lobito

El Reino Sagrado, en ausencia de su rey, se sentía… distinto.

Demasiado silencioso.

Demasiado amplio.

Demasiado vacío.

Iris permanecía sentada en el trono, recta, impecable en apariencia… pero inquieta por dentro. Sus dedos tamborileaban suavemente sobre el brazo del asiento, delatando una impaciencia que no quería reconocer.

A unos metros, Sion la observaba.

Apoyado contra una de las columnas, con los brazos cruzados y el ceño levemente fruncido.

—¿Y cuánto tiempo vas a estar ahí sentado esperando que Cornelius regrese?

Iris ni siquiera lo miró.

—Eso no es de tu incumbencia.

Sion soltó un suspiro, claramente molesto.

—¿Puedes alguna vez contestarme bien?

Esta vez, Iris giró la cabeza, clavándole una mirada cargada de irritación.

—No creo que tarde más de un día de este reino en regresar. ¿Satisfecho?

Sion ladeó la cabeza, sin parecerlo en absoluto.

—Y te lo vas a pasar sentada ahí?

La paciencia de Iris se quedó un poco más.

—Si quieres, me paseo por el pueblo y dejo la sala del trono a la merced de cualquiera.

El tono fue cortante.

Sion bufó.

—Aquí me aburro. Soy un guerrero. Necesito entrenar.

—Te hubieras marchado con tu Alfa —replicó ella con frialdad—. Aquí sobras.

Aquellas palabras no fueron ligeras.

Golpearon.

Y Sion lo sintió.

Su mirada cambió ligeramente, aguantándose.

—Luna Lux me pidió que me quedara a cuidar de ti.

Iris se levantó de golpe.

La tela de su vestido se movió con brusquedad mientras descendía los escalones del trono.

—Porque le ha dicho que no se podía confiar en mí.

La distancia entre ambos comenzó a reducirse.

Paso a paso.

—Eres rencoroso —continuó, cada vez más cerca—. Y como no aceptas que no quiero estar contigo, haces que los demás duden de mí.

Sion bajó ligeramente la cabeza para mirarla.

Era notoriamente más alto que ella.

Más fuerte.

Pero en ese instante… no parecía tener el control.

—Iris… —su voz baja— creo que no deberías acercarte tanto.

Pero Iris no se detuvo.

Había algo en ella.

Algo que no era solo enfado.

Su respiración comenzó a agitarse.

Una fina capa de sudor apareció en su frente.

—¿Por qué no? —replicó—. ¿Piensas que voy a atacarte?

Dio otro paso.

—Eso es lo que has hecho creer, ¿no?

Sion se tensó.

Sus sentidos se agudizaron.

Algo estaba mal.

Muy mal.

—Sanadora… —advirtió, con voz grave—. Por tu bien, no te acerques más.

Pero Iris no escuchaba.

O quizás… no quería escuchar.

— ¿Vas a matarme? —susurró, desafiante—. ¿Tanto me odias?

El grito de Sion resonó en la sala.

—¡Iris! ¡Quédate quieta!

Pero fue inútil.

Ella sonrió apenas.

—No deberías amenazarme, lobito…

Sus ojos brillaban de una forma distinta.

—Recuerda que tengo poderes u puedo inmovilizarte cuando quiera.

Entonces, se detuvo.

Solo un segundo.

—Hace calor… ¿verdad?

Sion lo sintió en ese instante.

El olor.

Intenso.

Embriagador.

Inconfundible.

Su respiración se volvió más pesada.

Sus pupilas se dilataron.

—Tu olor… —murmuró.

Iris lo miró, confundida.

—¿Qué te ocurre?

Sion cerró los ojos un segundo, luchando contra sí mismo.

—Me está llamando…

Cuando los abrieron, su mirada era más salvaje.

Más profunda.

—Creo que ha entrado en celo, joder…

El silencio se rompió con un pequeño gemido de Iris.

Sus mejillas se sonrojaron.

-Unión Postal Universal…

Pero no había miedo en su voz.

Había… curiosidad.

Y algo más.

— Me siento… muy caliente … —pensó.

Sus dedos rozaron su propio brazo, como si intentara comprender lo que ocurría.

— Y este lobito fuerte… podría ayudarme.

Sion aprieta los dientes.

—¿Qué haces?

Pero Iris ya estaba frente a él.

Demasiado cerca.

—Parece que necesito ayuda…

Su voz se volvió más suave.

Más envolvente.

—Para calmar este fuego.

Sion respiró hondo.

—Pequeña… no juegues conmigo.

Su voz era una advertencia.

Pero también una súplica.

—No puedes sentirlo… pero yo sí.

Se inclinó apenas hacia ella.

—El vínculo está ahí. Latiendo…

Su mano tembló ligeramente.

—Y mis instintos… están perdiendo el control.

Iris.

Una sonrisa peligrosa.

—Qué emocionante…

Sion cerró los ojos un instante.

—Si damos ese paso… te marcaré, Iris.

Cuando volvió a mirarla, no había vuelta atrás en su expresión.

—Y no habrá retorno.

Iris inclinó la cabeza, observándola.

—Me dejarás sola con esto? ¿No era que estuvieras aquí para cuidar de mí?

Su voz bajó. Iris hizo un puchero que desarmó a Sion por completo.

— ¿O tendré que buscar a otro?

Aquello fue suficiente.

Sion reaccionó.

No con violencia.

Sino con decisión.

Acortó la distancia.

Sus manos rodearon la cintura de Iris, atrayéndola hacia él.

—Hueles a mermelada de fresa…

Su voz se volvió más grave.

Más íntima.

—Y me vuelve loco.

Iris soltó una pequeña risa.

—¿Vas a comerme?

Sion rozó su mejilla con la suya.

—Eres mía.

No fue posesión.

Fue reconocimiento.

—Y voy a cuidarte.

Iris lo miró.

Por primera vez… sin desafío.

—Entonces no hables tanto.

Sion sonrió levemente.

Y sin decir más, la tomó en brazos.

—¿Por dónde?

Iris se aferró a él, señalando el camino entre risas suaves y suspiros entrecortados.

La habitación no estaba lejos.

Pero el trayecto… se sintió eterno.

Cuando la dejó sobre la cama, el mundo pareció reducirse en ese instante.

A esa respiración compartida.

A ese calor creciente.

Sion la vigilada con intensidad.

No había prisa.

Solo tensión.

Solo deseo contenido.

Iris, aún sonrojada, sostuvo su mirada.

Ya no había burla.

Había algo más profundo.

Algo que ninguno de los dos podía negar.

Y cuando finalmente la distancia entre ellos desapareció…

No fue la urgencia lo que los guió.

Fue el vínculo.

Ese que había estado esperando.

Ese que ahora… ardía.

Sion se quitó la ropa y, de un tirón, razó la ropa de ella.

—¡Oye, mi vestido!

—Eres hermosa, Iris.

Sion la miró como se mira a una obra de arte.

—Y tú eres muy grande. —Iris señaló el enorme pene erecto de Sion.

Sion la besó apasionadamente hasta que ambos quedaron sin aliento, su boca dura y exigente estaba deseosa por saborearla entera.

— ¿Vas a dejar que te toque?

—Te inmovilizaré de por vida si no lo haces, lobito. —bromeó Iris.

—Bruja.

—Bruto.

Iris agarró el pene de Sion y lo acarició con un ritmo lento y constante.

—¿Te gusta mi pene? preguntó Sion con algo de perversión en su mirada.

Él sabía que era enorme para ella, pero deseaba con locura enterrarla y anudarla.

—Te necesito, Sion. Me palpita allí abajo…

Sion recostó a Iris sobre el colchón, mientras dejó caer un poco de su cuerpo sobre ella sin aplastarla.

—Eres una jodida provocadora.

Él le separó las piernas moviéndose hacia el espacio entre ellas.

—Te lo haré despacio. No quiero desgarrarte… —la sinceridad y preocupación de Sion, excitó más a Iris.

—Confío en tí, lobito.

Iris tragó con fuerza, mientras Sion sujetaba su pene para presionarlo contra su entrada palpitante y deseosa de placer.

—Estás húmedo, para mí. Para recibirme completo.

—Y necesitada de mi lobo fuerte y protector.

Iris se dejó vencer por su celo que la llevó a un estado de trance, volviendola loca de deseo.

Sion frotó su punta, contra el clítoris de ella, enviando pequeñas sacudidas de electricidad.

—¡Ah! ¡Quiero eso! ¡Lo quiero ahora!

—Tranquila, Iris. ¡Te lo haré despacio!

—No, no me tengas piedad, lobito. Estoy muy caliente y necesito que me siga bien duro.

Sion tragó con dificultad, intentando mantener a su lobo a raya y no romperla como deseaba hacaerlo.

—¡Uf! Iris, no sabes lo que me pides. Mejor que no me provoques.

Sion sentía como su animal dentro, quería apoderarse de él y destrozar el precioso y delicado coño de su compañera.

—No , bestia. Ella es nuestra compañera y necesita que la cuidemos.

—¡Te necesito dentro, ya! —Iris comenzaba a impacientarse.

Sion sospechó mirando a Iris a los ojos.

—Compañera, no se siente como si solo te estuviera entregando mi cuerpo para aliviar tu dolor. Tengo la certeza de que esto va a ser mucho más profundo para mí.

Iris lo miró con cautela.

—Voy a reclamarte como mía asíque, si quieres que me detenga, dímelo ahora. Porque cuando esté dentro de ti, no voy a contenerme… no pararé hasta anudarte y llenarte de mi semilla caliente.

—¡Hazme tuya, Sion! Soy tu compañera y te pertenezco.

Sion no podía creer que al fin, sus deseos más primitivos se harían realidad.

—¡Joder, Iris!

Sion empujó dentro de ella, su enorme pene por primera vez, llenando el pequeño y virgen coño de Iris.

-¡Sí! ¡Si! ¡Si! ¡Si! —Iris reaccionó mejor de lo que él esperaba y, de inmediato sintió como su estrecha vagina se acomodaba para recibirlo hasta su base.

—Te sientes incluso mejor de lo que imaginaba. Eres perfecta…

Sion se retiró antes de volver a empujar, moviéndose agonizantemente lento, dejando que el cuerpo de ella se fuera adaptando a su monstruosa virilidad.

Sion estaba preocupada por la diferencia de tamaños entre ellos y porque siempre las lobas con las que ha estado, se quejaban de su gran pene.

—¿Estás bien? ¿El duelo? ¿Quieres que pare?

—¿Bromeas? —jadeó Iris, deseosa de más.

—Déjame escuchar como lo quieres…

—Quiero que esta vez me lo hagas lento, y de forma apasionada.

—Quiero sentirte en cada punto exacto, Sion.

—Iris, voy a hacer algo que nunca he hecho antes…

—Voy a hacerte el amor. —confesó el gran y solitario guerrero, abriéndose completamente a su compañera.

@Iris; ¡Oh!

—Fuiste hecha para mí y ya no te dejaré.

La sensación de posesión de todos los lobos era abrumadora, pero Iris ahora misma estaba encantada con su lobo fuerte y protector.

Sion encuentró su ritmo, llenándola profundamente.

—¡Ay, Reino Santo!— Iris jadeó, pasando sus manos por la espalda de Sion, atrayéndolo más cerca de ella.

—Te voy a atravesar de un lado al otro…

—¡Ah, no te detengas!

Con los labios pegados, él le giró lentamente las caderas.

Estaba dentro de ella, llenándola tan bien, con sus brazos envueltos a su alrededor.

Las grandes manos de Sion hacían magia, deslizándose entre ellas para acariciar el hinchado clítoris de Iris.

Él, frotó en círculos a su alrededor a medida que el cuerpo de Iris se tensaba.

Mientras ambos sintieron que la presión aumentaba, Sion descubrió la zona perfecta en la clavícula de ella en donde irá su marca.

—¡Eres mía y solo mía! ¡Dilo!

—¡Soy tuya y solo tuya!

—Mataré a cualquiera que se te acerque, Iris. No te compartiré con ningún otro protector…

Sion seguía embistiéndola salvajemente.

—Mi polla es lo suficientemente grande y potente, para llenarte ese delicioso coño tuyo.

—Sí, SIon… quiero tu polla siempre dentro mío… se siente tan bien… ah… ah…

Sion dejó salir sus colmillos afilados y, mientras aumentaba la intensidad de sus embestidas, se presionó contra el cuello de ella para hincarle los colmillos y marcarla como suya.

-Desaparecido en combate…

—¡Ay! —gimió Iris.

El clímax explotó dentro de ella, intensificado por la reciente marca.

Ella gritó mientras arqueaba la espalda ejerciendo una fuerte presión sobre el pene de Sion, quien no tardó en anudarla, liberándose dentro de ella.

—¡Sion!

—¡Joder, Iris! No creo que tenga suficiente, nunca…

Ambos convulsionaron mientras intentaban recuperar el aliento.

—Eres mi compañera…

—Lo soy, Sión. Ahora lo sé…

—————————–

La imagen del capítulo de hoy, os la comparto en comentarios 🔥👌🐺

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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