Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Lux de Luna - Capítulo 116

  1. Inicio
  2. Lux de Luna
  3. Capítulo 116 - Capítulo 116: Sombras antes de la tormenta
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 116: Sombras antes de la tormenta

En la Manada de las Sombras Plateadas, el ambiente estaba cargado de una tensión casi palpable, como si el aire mismo presintiera el conflicto que se avecinaba.

Bodolf observaba el horizonte a través de la ventana, con una copa de whisky en la mano. El líquido ámbar temblaba levemente, reflejando la inquietud que no se permitía mostrar abiertamente.

—Tengo todo preparado para el viaje —informó Redmond con voz firme, aunque sus ojos analizaban cada reacción de su alfa.

Bodolf dejó escapar una risa breve, amarga.

—Aún no puedo creer que mi bastarda vaya a ser coronada como la Luna del Norte.

El silencio que siguió fue denso. Redmond cruzó los brazos, pensativo.

—Ese no era nuestro plan inicial.

—Electra ha fallado —replicó Bodolf con frialdad—. Y ya no podemos esperar más.

Redmond dio un paso al frente, inclinándose ligeramente.

—La mestiza se ha convertido en alguien muy valioso. El Rey está obsesionado con ella… y también el Alfa Conall.

Bodolf giró lentamente, entrecerrando los ojos.

—Lo sé. Ambos la desean… pero no entiendo por qué.

—Entonces averígualo —respondió Redmond, con un destello estratégico en la mirada—. Descubre qué la hace tan importante… y usa eso a tu favor. Después de todo… eres su padre.

La palabra parecía pesar más de lo esperado. Bodolf apretó la mandíbula, pero asintió.

—Aprovecha que llegaremos días antes de la coronación —continuó Redmond—. Es tu oportunidad.

Bodolf bebió un largo trago antes de hablar.

— ¿Y si resulta que realmente tiene valor?

Redmond sonrió con frialdad.

—Entonces nos la traeremos de vuelta a la manada.

—Conall no lo permitirá.

Redmond alzó una ceja.

— ¿Quién dijo que pediríamos permiso?

Una sonrisa oscura se dibujó en el rostro de Bodolf. Por primera vez en días, parecía verdaderamente satisfecho.

—Entonces estamos listos —dijo alzando su copa—. Listas para declarar la guerra.

—Que así sea —respondió Redmond.

————————–

Lejos de allí, en un ambiente completamente distinto, la calma envolvía a Lux tras un día de entrenamiento agotador.

El baño estaba lleno de vapor y aromas suaves. Electra terminaba de preparar la bañera con cuidado, como si cada gesto fuera una forma de redención.

— ¿Cómo te sientes? —Preguntó Lux con suavidad.

—Mucho mejor… gracias, Luna —respondió Electra, con una mezcla de respeto y afecto.

—Cuando estemos a solas… puedes llamarme Lux.

Electra bajó la mirada, incómoda.

—Si el Alfa Conall me oyera… me mataría. Y esta vez lo haría de verdad.

Lux negó con la cabeza, entrando en la bañera con un suspiro relajado.

—Solo intenta protegerme. No es mala persona. Hablaré con él.

Electra dudó un momento antes de alzar la voz, su pregunta temblorosa atravesando el silencio que los envolvía como un tenue velo de incertidumbre y esperanza.

—¿Por qué eres tan amable conmigo… después de todo lo que te hice? —susurró, con la mirada fija en el suelo, incapaz de sostener la intensidad de los ojos que la observaban.

Lux la contempló con una calma profunda, esa serenidad que parecía disolver cualquier barrera, desarmándola por completo. Su voz, suave y firme a la vez, emergió con una sinceridad que golpeó a Electra hasta el fondo de su alma.

—Porque he visto tu alma, Electra. Y sé que no hay maldad en ti.

Esas palabras, pronunciadas con una verdad inquebrantable, sacudieron a Electra más que cualquier castigo o reproche que hubiese recibido. Fue como si una luz tenue pero cálida fuera encendida dentro de ella, alumbrando rincones oscuros que había creído irremediables.

—Me gusta esta vida… —confesó finalmente, casi con temor, para no espantar aquel sentimiento nuevo y delicado—. Me siento… amada.

El rostro de Lux se iluminó con una convicción serena y profunda.

—Lo eres —respondió con seguridad—. Tu compañero se ha enfrentado a su alfa por ti, y eso habla mucho de lo que representas para él.

Electra dejó escapar una pequeña sonrisa, mezcla de resignación y ternura.

—Will es un necio… —murmuró, recordando los momentos de tensión y pasión que habían compartido.

—Un lobo enamorado —interrumpió Lux con una leve sonrisa— es impredecible y valiente al mismo tiempo.

El tiempo pareció detenerse entre ellas, el aire cargado de una intimidad que iba más allá de las palabras. Finalmente, con una voz apenas audible pero cargada de significado, Electra formuló la pregunta que le corría por la mente como una inquietud persistente.

—¿Crees que nuestro vínculo es fuerte?

Lux vaciló brevemente, una sombra cruzó sus ojos, como si evaluando su propia fe antes de responder.

—Él te ama… ¿y tú?

—Muchísimo… —confesó Electra, dejando que su voz se quebrara por la emoción contenida.

Lux extendió la mano hacia ella, un gesto que invitaba a la confianza y a lo desconocido.

—Ven.

Cuando Electra dio un paso adelante, acercándose con una mezcla de temor y esperanza, Lux habló con una gravedad inesperada que hizo que su corazón latiera con fuerza.

—Mañana entrarás en celo. La decisión será tuya.

Electra parpadeó, la confusión marcando su expresión. No lograba comprender del todo la magnitud de aquellas palabras.

—No entiendo… —murmuró, buscando en los ojos de Lux alguna explicación que disipara su desconcierto.

—No se trata solo de procrear —aclaró Lux con paciencia—. Si pasas tu primer celo con tu compañero… sellarás el vínculo para siempre. Nadie podrá separarlos.

El impacto de esa verdad cayó sobre Electra como un torrente implacable. Quedó inmóvil, sintiendo cómo cada fibra de su ser se estremecía ante la idea de un compromiso tan profundo e irrevocable. En ese instante, sus emociones fueron un torbellino de miedo, amor y esperanza entrelazados en un solo latido. Sabía que su vida estaba a punto de dar un giro inevitable, y aunque el futuro se mostraba incierto, algo dentro de ella anhelaba ese vínculo que prometía no solo protección, sino también una pertenencia que, hasta entonces, jamás había experimentado.

—¿Cómo sabes eso?

Lux apartó la mirada.

—Aún no puedo decirte eso. Pero deberías empezar a confiar en mí.

—Claro que confió en ti… mi Luna —susurró Electra—. Solo… no entiendo cómo haces todo esto.

Lux señala ligeramente.

—Lo entenderás la noche de mi coronación.

Electra inclinó la cabeza con respeto.

—Tienes mi vida, Lux. Haría lo que fuera por ti.

—Lo sé —respondió ella suavemente—. Ahora descansa.

Cuando Electra salió, dejando tras de sí un eco de pasos que se desvanecían en el silencio, la estancia volvió a sumirse en una quietud tensa, un vacío apenas interrumpido por el lento goteo del agua. Sin embargo, ese silencio no duró mucho. Una presencia inesperada emergió de las sombras, como un susurro que perturba la calma antes de una tormenta.

—¿Qué quieres? —preguntó Lux sin siquiera voltear, su voz firme y medida, aunque cargada de una tensión contenida.

—¿No te sorprende verme? —respondió Oz, una media sonrisa ladeando sus labios, pero había un brillo inusual en sus ojos, uno que Lux no pudo descifrar del todo.

Lux dejó escapar un resoplido de impaciencia, negando con la cabeza.

—Eres un hada que se teletransporta. No es precisamente algo inesperado.

Oz dio un paso adelante, su mirada adquiriendo una seriedad casi solemne.

—Sé lo que intentas, Lux. Y la respuesta, es no.

La advertencia flotó en el aire como una nube amenazante. Lux sintió cómo sus músculos se tensaban, como si un hilo invisible estuviera apretando sus nervios.

—No sé de qué hablas —replicó, buscando ocultar la inquietud que comenzaba a crecer dentro de ella.

Pero Oz no la dejó escapar tan fácilmente.

—Tus planes para regresar al reino humano. He visto lo que has estado preparando.

Los ojos de Lux chispearon con una mezcla de irritación y alarma. Sabía que alguien sabía más de lo que debería.

—¿Estoy siendo vigilada? —inquirió, su voz bajando hasta un tono casi peligroso.

—No exactamente —contestó Oz con calma, pero con un peso implícito en sus palabras—. Tu madre está preocupada.

Un escalofrío recorrió la espalda de Lux. El nombre de su madre siempre llevaba consigo un halo de misterio e incertidumbre. Apretó los puños con fuerza, el agua todavía cayendo en finas corrientes desde su cabello empapado.

—Entonces sabes del colgante.

—Sí —confesó Oz—. Ha completado el proceso.

Pero había un matiz en su respuesta que despertó aún más suspicacia en Lux. Se acercó a él lentamente, su aura cargándose con una energía palpable.

—Pero no todo está dicho —insistió, la voz baja, casi un susurro estratégico—. Hay algo que no me están contando.

Oz desvió la mirada hacia un rincón oscuro de la habitación, como si evitara enfrentar la verdad que pesaba en sus labios.

—Es mejor que no lo sepas —advirtió con severidad.

El pulso de Lux se aceleró. La frustración se transformó en una fuerza contenida, una urgencia que desafiaba las órdenes tácitas.

—Estoy perdiendo la paciencia —declaró con voz dura, levantándose de un brinco mientras el agua resbalaba por su piel, destellos de poder mágico emanando de su aura como relámpagos en una noche tormentosa.

Antes de que la tensión estallara en un conflicto abierto, Oz reaccionó con rapidez, tomando una toalla y envolviéndola con un gesto inesperadamente cuidadoso. Esa simple acción, lejos de aliviarla, intensificó la complejidad de sus emociones; había algo detrás de ese gesto que no comprendía del todo.

—No puedo decir más —murmuró él, casi con remordimiento—. Si lo hago, te pondría en peligro.

Lux lo miró fijamente, escudriñando cada línea de su rostro en busca de la verdad oculta. Había rabia, sí, pero también un miedo profundo, una intranquilidad que la asfixiaba.

—¿De qué están intentando protegerme? —preguntó con una mezcla de desafío y desesperación.

Oz suspiró, dando un paso atrás, como cargando el peso de un secreto demasiado grande para compartir.

—Confía en tu madre… Todo llegará a su tiempo.

Pero para Lux, esa espera se convertía en una prisión invisible. El tiempo, antes aliado, ahora parecía un enemigo que conspiraba contra ella, engullendo cada posibilidad de descubrir la verdad antes de que fuera demasiado tarde. En esa estancia donde el silencio había reinado apenas unos momentos antes, ahora resonaban las preguntas sin respuesta y la sombra de un misterio que solo comenzaba a desplegar sus alas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo