Lux de Luna - Capítulo 117
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 117: Promesas
Después de la cena, el ambiente en la casa de la manada se tornó más íntimo. Las conversaciones se apagaron poco a poco, y el murmullo de la vida cotidiana dejó paso a una despedida que pesaba más de lo que cualquiera quería admitir.
Cornelius se encontraba frente a Lux, observándola con una mezcla de orgullo y preocupación que no lograba disimular. Sus ojos, antiguos y sabios, recorrían cada rasgo de su hija como si quisieran memorizarla.
—Necesitaré un par de días… —dijo finalmente, con voz grave—. Lo que aquí serán semanas.
Lux se acercó suavemente, manteniendo la compostura, aunque por dentro sintió cómo algo se removía.
—No te preocupes —respondió con serenidad—. Mientras llegues antes de la coronación…
Cornelius no contestó de inmediato. Dio un paso más cerca, como si la distancia entre ellos fuera de pronto insoportable.
—Hija… ¿estás segura de que quieres esto?
La pregunta no era sencilla. No hablaba solo de la coronación, ni del poder, ni del conflicto que se avecinaba. Hablaba del destino, del sacrificio… de todo lo que Lux estaba aceptando sin mirar atrás.
Ella bajó la mirada por un instante, dejando que la sinceridad se filtrara en su voz.
—Mi vida siempre ha sido miserable, padre —confesó—. No he sabido lo que era ser feliz… hasta que los conocí.
A ellos, a sus protectores.
Alzó los ojos, firmes, decididos.
—Ellos merecen paz. Este reino merece la paz. Y nosotros… podemos dársela.
Las palabras quedaron suspendidas en el aire. Cornelius cerró los ojos un instante, como si intentara aceptar algo inevitable.
—¿Y después? —preguntó con un hilo de voz—. ¿Te perderé?
Aquella pregunta golpeó más fuerte que cualquier otra. Lux sintió un nudo en el pecho, pero no apartó la mirada.
—No tengo visiones sobre eso —admitió—. No sé qué ocurrirá.
Se permitió una pequeña sonrisa, cargada de una esperanza frágil.
—Pero creo que el futuro… también lo escribimos nosotros.
Cornelius la observó en silencio, y algo en su expresión cambiada. Una melancolía dulce, casi dolorosa, se dibujó en su rostro.
—Cada día que pasa… te pareces más a ella.
El corazón de Lux se encogió al instante. El nombre de su madre no fue pronunciado, pero no hacía falta. Su recuerdo siempre estaba presente, como una sombra luminosa que nunca terminaba de desvanecerse.
Lux tragó saliva. Durante un instante, estuvo a punto de romper el silencio.
—Papá… tengo que decirte algo…
Cornelius la miró con atención, expectante, casi temeroso de lo que pudiera escuchar.
Pero entonces, las palabras de su madre resonaron en su mente con claridad.
Aún no es el momento.
Lux dudó. Y en ese instante de vacilación, tomó una decisión.
—Te quiero —dijo finalmente, con suavidad—. Y necesito que estés en mi vida… nos lo debemos.
El cambio de dirección fue sutil, pero suficiente. Cornelius comprendió que había algo más… pero no insistió.
Una lágrima silenciosa recorrió su mejilla.
Sin decir nada más, la abrazó.
Fue un abrazo fuerte, sincero, lleno de todo lo que no podía decir en voz alta. De momentos perdidos, de oportunidades que apenas comenzaban a reconstruirse.
—Hija mía… —murmuró él—. Seré digno de ti. Te lo prometo.
Lux cerró los ojos, aferrándose a ese momento.
—También te quiero.
Cuando se separaron, el silencio ya no era incómodo. Era un pacto.
Cornelius no se quedó más tiempo. Sabía que, si lo hacía, le costaría marcharse.
Con un último vistazo, desapareció, dejando tras de sí un vacío que Lux sintió de inmediato.
Pero no tenía tiempo para detenerse.
No ahora.
El camino de regreso a la casa de la manada se le hizo más corto de lo habitual. Sus pensamientos se arremolinaban, pero su rostro permanecía sereno.
Cuando cruzó la puerta y subió hasta su habitación, los encontró esperándola.
Conall y Zeta.
Dos presencias completamente distintas… y, sin embargo, iguales de intensas.
—Mi padre ya se ha ido —anunció Lux al entrar.
Conall, apoyado contra la pared, resopló con desdén.
—No puedo decir que lo vaya a echar de menos.
—¡Conall! —lo reprendió Lux al instante.
Zeta, sentado con elegancia despreocupada, intervino con una sonrisa ligera.
—Está desconfiado… pero parece buena gente.
Conall rodó los ojos.
—Eres demasiado complaciente, principio encantador.
El tono no era hostil del todo, pero sí cargado de esa rivalidad constante que parecía definirlos.
Lux susspiró y se colocó entre ambos, cruzándose de brazos y mirándolos con intensidad.
—¿Qué? —preguntó Conall, arqueando una ceja.
—Esa cara a qué viene? —añadió Zeta, divertido.
Conall dio un paso más cerca, su mirada tornándose peligrosa… y juguetona.
— ¿Quieres repetir el castigo de ayer?
Zeta sonando con la misma chispa traviesa, acercándose también.
—No suena mal…
Lux los miró a ambos, exasperada… pero también consciente del efecto que tenían sobre ella.
Esa tensión.
Ese vínculo.
Esa conexión que desafiaba toda lógica.
Durante un instante, el ambiente cambió. La gravedad dio paso a algo más íntimo, más eléctrico.
Pero Lux no olvidó lo importante.
—Esta noche… —comenzó, recuperando el control— pienso ir al Reino de los Humanos.
Ambos se tensaron suavemente.
—Tenemos que estar preparados —continuó—. Cualquier cosa puede suceder.
El silencio se volvió más denso. Ya no había bromas.
Solo realidad.
Zeta fue el primero en hablar.
—Entonces debemos estar al cien por cien.
Conall caminando lentamente, sus ojos fijos en Lux.
—Más que nunca.
Lux los observará a ambos. Sabía lo que implicaba lo que estaba a punto de sugerir.
Y aun así, no dudó.
— ¿Deberíamos… coger energía extra?
La pregunta quedó suspendida entre los tres, cargada de significado.
Zeta ladeó la cabeza, con una media sonrisa.
—Siempre es buena idea fortalecer el vínculo.
Conall no molestar. Su mirada se volvió más intensa, más profunda.
—Sobre todo… antes de una batalla.
Lux sintió cómo su pulso se aceleraba. No era una estrategia en solitario.
Era confianza.
Era entrega.
Era algo mucho más grande que ellos mismos.
Se acercaron, casi sin darse cuenta, como si una fuerza invisible los empujara.
Y en ese instante, Lux comprendió algo con claridad absoluta.
No estaba sola.
Nunca más.
— Esta noche no quiero ser castigada. Solo los quiero dentro de mí, sin más.
Zeta fue el primero en tomar la iniciativa. Tomó el cabello de Lux para acomodarlo sobre el costado de su hombro, dejando al descubierto la parte del cuello donde llevaba la marca fusionada de ambos compañeros, con la forma de una preciosa media luna.
Lux se estremeció al dulce tacto de Zeta.
— Siempre lista para nosotros, princesa.
—Tu olor es excitante, Lux. —Conall se acercó.
Deslizó la correa de la camisón de Lux sobre sus hombros y éste, cyó al suelo dejándola completamente expuesta.
—No te lleves tus bragas, pequeña.
— Sabía que no las necesitaría. – Lux sonoro.
— Oh, nuestra pequeña princesa es muy provocadora.
Lux se excitó con facilidad.
Conall se inclinó para capturar uno de sus pezones.
Manteniendo a LuX de pie, comenzó a lamer y chupar sus turgentes pezones rosas, mientras Zeta se encargó de la parte del cuello que la llevó a estremecerse.
— ¡Ah!
Se escuchó unos pequeños gemidos suplicantes provenientes de Lux.
— Los necesito.
Un segundo después, Conall la carga sobre su hombro para llevarla hasta la cama. La acostó suavemente antes de inclinarse encima de ella y dejar caer su boca sobre la suya.
— Hoy te tomaremos de uno en uno… y te llenaremos ese coño tan estrecho que tienes… —sentenció.
Los besos de Conall se conviertieron en una necesidad urgente, mientras Zeta se iba quitando la ropa preparando su pene, tocándolo de arriba a abajo aprovechando la lubricación de su propio líquido preseminal.
— Quiero estar muy dentro de ti, princesa.
Zeta era quien le susurraba palabras prohibidas, mientras Conall deslizaba sus grandes manos por sus muslos internos.
— Ella ya está lista. Su coño está empapado. —gruñó Conall muy excitado. El olor de Lux los volvía locos.
—Quiero ir primero. —preguntó Zeta.
Conall se alejó para darle espacio a Zeta y aprovechar el momento para quitarse él también su ropa.
—Te amamos, Lux. Eres nuestra y solo nosotros podemos follarte. — susurró Zeta mientras se acomodaba entre los mojados pliegues de Lux.
— No quiero a nadie más que a vosotros. —gimió Lux, totalmente entregada.
Zeta se introdujo de una sola estocada. Él solía ser más delicado que Conall, pero esta vez, necesitaba llenar a su princesa.
— ¡Ahhhh!
Lux dejó salir un fuerte gemido de su garganta, mientras Zeta la embestía duramente una y otra vez con desesperación.
— Dilo, Lux… di que solo eres nuestra. —Gruñó Zeta.
— Soy solo vuestra.
Zeta se dejó llevar comenzando a penetrarla sin piedad, mientras la sujetaba de ambas manos por encima de su cabeza besándola para ahogar sus gemidos.
Conall no pudo contenerse y cogió su gran pene para masturbarse, mientras observaba la escena y excitándose al escuchar a ambos gemir de placer.
— ¡Más fuerte, Zeta! ¡Hazlo más fuerte! Conall exigía con lujuría.
Mientras Zeta aumentaba la intensidad, Conall se acercó a ellos para encerrar su boca sobre uno de los pezones de Lux.
Sus dientes le atraparon el pezón sin piedad, lo que excitó aún más a Lux.
Zeta gemía con cada embestida, provocando fuertes descargas eléctricas en ella.
— Me tienes loco, Lux. Estoy muy duro…
— Quiero sentirte, Zeta… anúdate, por favor.
Él gruñía, mientras se deslizó dentro de Lux explotando con tanta fuerza, que ella le clavó las uñas en la espalda.
Lux jadeó mientras se corrió, apretándose contra la dura erección de Zeta que también dejó caer su semilla caliente dentro de ella.
— ¡Maldición! — eres perfecta, princesa.
Zeta descansó encima de Lux hasta que su nudo se deshizo.
Cuando salió de ella, Conall tomó su lugar. Se introdujo dentro de su coño sin nunguna restricción.
El cambio de presión, la volvió loca, y más cuando Conall comenzó a embestirla, mientras mordía sus pezones.
— Me pasaría todo el día comiéndote los pechos, me encantan.
Zeta al ver a Conall encima de Lux, llenándola y haciéndola suya, se volvió a excitar.
— Conall, mientras la haces tuya, quiero follarme su boca.
— ¡Oh! — exclamó Lux mientras era duramente follada por Conall.
Un puñado de deseo pasó por todo su cuerpo, el cual estaba siendo llenado por completo, una y otra vez, produciéndole orgasmos tras orgasmos.
Zeta se colocó de costado cogiendo la cara de Lux, para guiarla hacia su pene.
Gimió cuando Lux sacó su lengua para acariciar su capullo.
— ¡Chúpale la polla, mi Luna! ¡Quiero verte como te viene el pene de Zeta, mientras tienes el mío dentro tuyo!
Lentamente, Lux tomó el pene de Zeta y lo llevó por completo dentro de su boca.
Se deslizó de abajo hacia arriba, mientras utilizaba una de sus manos para acariciarlo.
— ¡Joder! — exclamó Zeta.
— Eso es, pequeña. Sé lo que gusta tenernos a los dos juntos.
Zeta gimió, mientras Lux comenzó a lamerlo con esmero, tomándolo profundamente en su boca.
— ¡Eres tan jodidamente buena! No podré aguantar mucho…
Ella juegó con su lengua sobre la cabeza del pene de Zeta, mientras lo tomaba con sus labios succionando fuertemente.
— ¡Oh, mierda! Me voy a correr…
— Así es, pequeña. Trágatelo todo…
Los tres comenzaton a respirar con dificultad por la nueva experiencia que los estaba llevando al clímax en conjunto.
— Sigue así, pequeña… que me voy a correr dentro y te voy a llenar hasta la última gota…
Antes de que Lux pudiera terminar, sintió que los testículos de Zeta se contrajeron comenzando su clímax.
— ¡Joder! ¡Joder!
Mientras Zeta se descargaba en la boca de Lux, Conall lo hizo en su coño.
— ¡Maldición!
Todo sucedió en el mismo momento en que Lux sexperimento otro de sus fantásticos orgasmos.
Un momento después, los tres colapsaron en la cama y Lux quedó profundamente dormida.
Son sus compañeros quienes la llevaron hasta el cuarto de baño para limpiarla.
Otra vez en la cama, Lux seguía profundamente dormida.
— Ella es increíble.
— Lo sé.
— No podemos perderla, Conall.
— ¿Crees lo que dijo Iris sea cierto?
— Espero que no. Espero que no haya un hechicero esperándola.
— Si lo hay, le mataremos.
— ¡Conall! — exclamó Zeta preocupado.
— No me mires así, Zeta. Si hay alguien esperándola, le mataremos y nos desharemos de su cuerpo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com