Lux de Luna - Capítulo 118
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Capítulo 118: El umbral entre dos mundos
Un rato más tarde, los tres estaban listos.
El contraste con sus atuendos habituales era evidente. Habían dejado atrás las prendas que marcaban su jerarquía, su poder, su naturaleza. Ahora vestían de forma sencilla, casi común, como si quisieran fundirse con un mundo que no les pertenecía.
Lux los observó en silencio durante unos segundos. Había algo casi irónico en la escena: dos de los seres más poderosos que conocía… intentando pasar desapercibidos.
— ¿Estás seguro de esto? —preguntó Conall, cruzado de brazos, con el ceño ligeramente fruncido.
Zeta asintió, aunque su tono fue más medido.
—No sabemos cómo funcionan nuestros poderes en ese mundo… —dijo—. Ir solos, sin guerreros… podría ser peligroso.
Lux no dudó.
—Confiad en mí.
No fue una orden. Tampoco una súplica. Fue algo más firme… más profundo.
Una certeza.
Se acercó a ellos y tomó sus manos. El contacto fue inmediato, eléctrico. El vínculo entre los tres respondió al instante, como si reconociera la intención antes incluso de que se materializara.
Lux cerró los ojos.
Visualizó el portal.
La última vez.
El mismo lugar.
El mismo punto de conexión entre dos realidades.
Sintió cómo la energía se acumulaba, cómo su cuerpo se convertía en el canal de algo mucho más grande. El aire vibró a su alrededor… y al instante siguiente, todo desapareció.
Cuando abrieron los ojos, el silencio los envolvió.
Habían llegado.
La casa estaba en penumbra, iluminada apenas por la luz tenue que se filtraba desde el exterior. Todo estaba en calma.
Demasiado en calma.
Lux respiró hondo, analizando el entorno.
—Por la hora… todos deberían estar durmiendo —susurró, aunque no se escuchó sonido alguno.
El enlace mental se activó entre ellos, fluido, natural.
—No hablaréis. No hagáis ruido.
Zeta observaba cada rincón con fascinación contenida.
—¿Estamos… en el reino de los humanos?
—Sí —respondió Lux—. Este es su mundo.
Conall frunció el ceño, recorriendo con la mirada cada objeto, cada detalle.
—Estoy… sorprendido.
Había algo casi incómodo en su voz. No era desprecio.
Era desconcierto.
—No toquéis nada —añadió Lux rápidamente.
—Vale —respondió Zeta, aunque no apartaba los ojos de todo.
Conall se inclinó ligeramente hacia Lux.
—¿Dónde está tu madre?
Lux negado con suavidad.
—No he venido a verla a ella…
Conall exhaló con frustración.
—Ya estamos…
Lux ignoró el comentario y les hizo una señal.
—Escondeos ahí. Detrás del sofá. Espéradme.
Ambos dudaron un segundo… pero obedecieron.
Lux se movió con sigilo hacia las escaleras. Cada paso era medido, calculado. El silencio de la casa se sentía distinto ahora… más frágil.
Subió.
Y una vez arriba, se detuvo.
Un pasillo.
Varias puertas.
Oscuridad.
—Una de estas debe ser la habitación de Mina…
Cerró los ojos, intentando concentrarse. Intentando sentir algo.
Pero no había señales claras.
—No puedo verla… —pensó—. No así.
No tenía visión a través de paredes. No podía permitirse errores.
Pero tampoco podía irse sin comprobarlo.
—Tengo que encontrarla.
Avanzó.
Primera puerta.
Vacía.
Segunda.
Un baño.
Tercera.
Nada.
La frustración comenzaba a crecer.
Hasta que llegó al final del pasillo.
Reconoció una de las puertas al instante.
La habitación donde había estado la primera vez.
La de Lilián.
Y al lado…
La última.
Lux contuvo la respiración.
—Tiene que ser esta.
Giró el pomo con cuidado.
La habitación estaba completamente oscura.
Pero no estaba vacía.
Lo sintió al instante.
Una presencia.
Una respiración.
Un latido.
—La encontré.
Abajo, mientras tanto, la calma se había transformado en una tensión muy distinta.
Zeta no podía dejar de mirar a su alrededor.
—Nunca pensé que pisaría el reino humano…
Había algo casi infantil en su asombro.
—Mi padre me contó historias terribles sobre ellos cuando era pequeño.
Conall bufó.
—Viniendo de tu padre, prefiero no saber qué tipo de historias eran.
Pero entonces…
Ambos se quedaron completamente inmóviles.
Una silueta acababa de cruzar el elegante salón.
Conall reaccionó al instante.
—Zeta… no te muevas.
Zeta se tensó.
—Esto no es divertido.
—Hay alguien justo delante de nosotros.
El aire se volvió denso.
—Te dije que no deberíamos haberle dicho a Lux que sí a todo —añadió Conall mentalmente.
Zeta tragó saliva.
—Ya sabes cómo se pone… no me atrevo a llevarle la contraria.
La silueta se movió.
Caminó lentamente.
Y entonces…
Se sentó en el sofá.
Justo delante de ellos.
Un clic.
Una luz.
Una caja rectangular de tamaño considerable, se encendió.
Ambos se quedaron completamente paralizados.
Las imágenes en movimiento los dejaron en shock.
Colores.
Sonido.
Escenas cambiantes.
—¿Qué… es esto? —pensó Zeta, completamente descolocado.
—Ni idea —respondió Conall—. Pero no apartes la vista.
—Jo… siempre la misma tonta película de amor…
La voz rompió el silencio.
Era una chica.
Conall ladeó ligeramente la cabeza.
Cabello rojizo.
Joven.
Humana.
—Zeta… si esa es la hermana de Lux… —murmuró mentalmente— ¿a quién ha ido a buscar arriba?
La duda no llegó a resolverse.
Un grito desgarró la casa.
—¡¿Pero bueno?! ¿Quién demonios eres y qué haces en mi habitación?!
Arriba.
Conall y Zeta intercambiaron una mirada.
—Creo que alguien más no está durmiendo…
En la planta superior, Lux se había quedado completamente quieta.
—Creo que me equivoqué…
El chico frente a ella la miraba con mezcla de furia y desconcierto.
—Tú no eres Mina.
El silencio dura apenas un segundo.
—¿Quién eres?
Lux suspiró suavemente.
—Eso no importa.
Alzó la mano.
—Te borraré la memoria.
Un chasquido.
El tiempo pareció detenerse.
El chico quedó inmóvil.
Congelado.
Lux ni siquiera esperó a comprobar el efecto.
El grito que había escuchado abajo le heló la sangre.
—Mina…
Bajo corriendo.
La escena que encontró fue… caótica.
Mina estaba de pie, con un cuchillo en la mano, apuntando directamente a Conall y Zeta.
Ellos, tensos, listos para reaccionar.
— ¿Qué le habéis hecho? —exigió Lux.
— ¿Nosotros? Es ella la que nos está amenzando con un cuchillo…— gruñó Conall.
Mina la miró, con los ojos abiertos de par en par.
—¿Otra vez tú? Acaso ¿sois… fantasmas?
Conall frunció el ceño.
—¿Qué es un fantasma?
Lux ignoró la pregunta.
—¿Me recuerdas?
—Sí —respondió Mina—. Estabas en la habitación de mi madre.
Zeta sonrió levemente.
— Si. Definitivamente esta es la hermana.
Lux exhaló.
—Genial… contigo mis poderes no funcionan.
Mina apretó el cuchillo.
— ¿Poderes? ¿Quiénes soís? ¿Qué queréis?
— ¿Puedes bajar eso? —pidió Lux—. No nos gusta que nos amenacen.
—¡Perdón! —replicó Mina—. Estáis en mi casa. Habéis asustado a mi hermano…
Se quedó en silencio de golpe.
—¿Qué le has hecho?
Lux dudó un segundo.
—Está… congelado.
—¿Cómo que congelado?
Lux la miró fijamente.
—Has dicho… ¿tu hermano?
— Si.
Lux frunció el ceño.
—¿Cuántos hijos ha tenido nuestra madre?
El silencio fue absoluto.
—¿Nuestra madre?
—Ve a buscarla —ordenó Lux—. Tiene mucho que explicarme.
Mina bajó lentamente el cuchillo.
Respiraba agitada.
—¿Eres… hija de Lilian?
— Si.
Pausa.
—Soy Lux. Su primera hija.
—Mierda…
El impacto fue evidente.
Lux suavizó el tono.
—Nuestro hermano estará bien. No recordará nada… eso espero.
Mina negó con la cabeza.
—No es tu hermano.
Lux parpadeado.
—¿Qué?
—Su padre es mi padre… pero no es hijo de mamá.
Lux se llevó una mano a la cabeza.
—Esto es un desastre…
—Mamá no está —añadió Mina—. Ha salido con mi padre.
Conall intervino.
—Lux. Se nos acaba el tiempo.
Zeta asintió.
—No es seguro estar aquí…
Lux cerró los ojos un instante.
—Tenemos que irnos.
—¡Espera! —dijo Mina—. No te vayas.
Sus ojos brillaban ahora con algo distinto.
Curiosidad.
Ansiedad.
Necesidad.
—Quiero respuestas.
Lux la observó.
Y entonces… sonrió.
—Yo también.
Conall negó de inmediato. Conocóa demasiado bien a su compañera y sabía lo que pensaba antes de decirlo.
— ¡No! De ninguna manera. — gruñó Conall.
Zeta tensó el cuerpo.
—Lux…
—Ella viene con nosotros.
—Es humana —insistió Conall.
—Es hija de Lilian —replicó Lux—. Y mis poderes no funcionan con ella.
Mina frunció el ceño.
—¿Qué poderes?
—He intentado borrarte la memoria. Y generalmente funciona con todos…
Silencio.
—Pero contigo no ha funcionado.
Conall murmuró:
—Esto es una locura…
Mina señaló a ambos.
—¿Y estos dos raros?
—¿Nos ha llamado raros? —protestó Conall.
—Sí, la humana nos ha llamado raros. —añadió Zeta.
Lux suspiró.
—No es el lugar para explicaciones.
Mina dudó.
—Podemos subir a mi habitación…
Lux se negó.
—No, tu hermano no tardará en despertar.
Se acercó a ella.
—Mejo te vienes con nosotros.
—¿Ir a dónde?
Lux la miró con intensidad.
—Mina ¿escuchas voces por la noche?
Mina se quedó helada.
—Sí…
Su voz tembló.
—Tambien tengo un vínculo especial con los animales. A veces, parece que me entendieran.
Mina sonrió sin gracias. Como si eso que acababa de decir fuera ridículo.
—Mi padre dice que lo inventó… pero yo las oigo.
Zeta miró a Lux.
—¿Qué significa?
—Es hija de Lilian, algo se le habrá pegado ¿no?
El silencio se volvió pesado.
—No correrá ningún peligro si se teletransporta con nosotros.
Mina tragó saliva.
—¿Teletransportarme?
Zeta parpadeado.
—¿Cómo lo sabes?
Lux alzó una ceja.
Zeta suspiró.
—Tus visiones…
Mina los miró a todos.
—¿A dónde me vais a llevar?
Lux se acercó despacio.
Le acarició la mejilla.
Mina sintió un escalofrío… pero no de miedo.
Era… cálido.
Extraño.
Reconfortante.
—No sois humanos… ¿verdad?
Lux negó suavemente.
—No.
—Y no estaís muertos…
—No, estamos bastantes vivos.
—Entonces… ¿qué sois?
Lux sonrió.
—Prepárate, hermanita.
Tomó su mano.
—Ahora mismo, vas a descubrirlo.
Mina respiró hondo.
—¿A dónde iremos?
Lux entrelazó sus dedos con los suyos.
Conall y Zeta se acercaron.
El aire comenzó a vibrar.
—Al Reino de los Hombres Lobo.
Y el mundo… volvió a desaparecer.
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La imagen de Mina y la de Ethan, os la comparto en comentarios.
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