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Lux de Luna - Capítulo 119

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Capítulo 119: Compañeros destinados (Primera parte)

“Dicen que soy humana. Dicen que él es animal. ¿Juntos? Puede ser que sí. ¿Funcionará? No lo sé, lo dejo al destino”…

—————————–

Después de que Lux visitara el Reino Humano junto a sus dos protectores, las aventuras apenas comenzaron. En medio de la habitación de Lux, Conall, Zeta, la propia Lux y la pequeña Mina se encontraron. Mina miró a su alrededor con los ojos muy abiertos, sin pronunciar palabra alguna.

Conall rompió el silencio con evidente preocupación.

—¿Crees que se ha quedado muda?

Zeta se encogió de hombros.

—No lo sé, pero lleva un buen rato sin decir ni una sola palabra.

Conall frunció el ceño, como si algo le rondara la cabeza desde hacía rato.

—Sabía que los viajes entre portales no serían buenos para los humanos…

Lux intervino, tratando de calmar ambas preocupaciones.

—Ella está bien. Solo está un poco asustada.

Lux se acercó a Mina con cuidado y la vigilaba tenidamente, tratando de encontrar alguna señal de vida en esa expresión tan seria.

—Mina, ¿me oyes?

Pero Mina parecía atrapada en otro mundo, como si estuviera intentando comprender si estaba soñando o si acaso la habían abducido extraterrestres. Finalmente, soltó una frase que hizo reír a todos por lo inesperado.

—¿Y si me abdujeron los alienígenas y ahora soy su juguete para experimentar?

Conall bufó.

—¿Y ahora qué? ¿Aún crees que fue buena idea traerla aquí?

Zeta sospechó.

—Ella no pierde la memoria, pero… ¿qué pasará ahora cuando todo esto se asiente?

Conall, algo molesto, replicó.

—Si nuestra compañera nos hiciera caso de vez en cuando, nada de esto pasaría. Pero no… se encapricha y ya hemos liado otra vez un lío monumental.

Lux puso los ojos en blanco.

— ¿Podéis darnos solo unos minutos? A veces sois demasiado intensos.

Zeta ascendió, reconociendo que tenía razón.

—Tienes razón, mejor las dejamos solas un rato.

Conall, sin embargo, negoció con la cabeza.

—Yo no me voy.

Zeta rodó los ojos.

—No empieces, Conall… vamos a revisar los planos de las nuevas entradas para los escondites subterráneos.

Conall se mantuvo firme.

—Es tarde, y no quiero dejar a Lux sola.

Lux respiró hondo, con cierta desesperación.

—No lo volveré a pedir… tiempo necesito a solas con mi hermana.

Conall se tensó y lanzó una mirada fulminante a Lux.

—Antes eras más dócil, antes me gustabas más.

Zeta hizo un gesto de “vamos”.

—Conall… vámonos.

Ambos salieron de la habitación y se pusieron a hablar con Will y Sebastián para que cuidaran la puerta y evitaran que nadie entrara.

Al quedarse solas, Mina finalmente exhaló profundamente, rompiendo el hielo.

—¿Cómo les aguantas? Son dos machirulos insoportables…

Lux sonrió con ternura.

—Son mis protectores, su deber es cuidar de mí.

Mina la miró con incredulidad.

—Pareces fuerte… no creo que los necesites.

Lux ladeó la cabeza.

—Son mis compañeros y los tres tenemos un vínculo único y especial.

Mina le guiñó un ojo.

—¿Me estás diciendo que te enrollas con tus dos guardaespaldas cachas?

Lux frunció el ceño, claramente perdida.

—No entiendo esas expresiones.

Mina estalló en risas, sin poder contenerse.

—Esto se pone interesante. ¿Me vas a contar quién eres, o me dejarás adivinar?

Lux suspiró divertida y resignada al mismo tiempo.

—Soy alguien que prefiere el misterio, pero quizás comencemos por cómo terminé con dos machos alfas capaces de matar dragones y con una hermana que parece salida de un cuento mágico.

Mina se entusiasmó como una niña pequeña, lista para escuchar cualquier locura que hablaran esas paredes y aventuras que apenas comenzaban. Su voz brillaba con emoción y ganas de descubrirlo todo.

—¡Pues venga! No me hagas esperar, que adoro las historias raras y las personas con secretos —dijo, mientras se acurrucaba en el sillón, preparada para la aventura que apenas daba sus primeros pasos.

Lux respiró hondo antes de hablar.

—Me llamo Lux de Luna… —comenzó, con voz suave pero firme—. Soy una sanadora. Pertenezco al Reino Sagrado.

Mina frunció ligeramente el ceño, como si intentara procesar cada término.

—Mis padres se llaman Lilian y Cornelius. Ella también es una sanadora…

El silencio que siguió fue breve… pero cargado.

Mina dejó escapar una risa nerviosa.

—Vaya… o sea que mi madre es una especie de figura mística.

Lux negó con suavidad.

—Ella huyó para salvarme.

Las palabras cayeron con peso.

—Después de tenerme… se refugió en el Reino Humano.

Mina sintió que algo en su interior se removía. Una mezcla de incredulidad, enfado y tristeza.

—Estoy… muy perdida, Lux —admitió—. ¿Por qué ahora? ¿Por qué no sé nada de ti hasta hoy?

Lux bajó la mirada un instante.

—Mi madre perdió sus poderes… al conjurar un hechizo para protegerme de una maldición.

Alzó los ojos de nuevo.

—Esperó dieciocho años… hasta que yo pudiera encontrarla.

Mina tragó saliva.

—Yo tengo diecisiete…

Lux esbozó una leve sonrisa, cargada de emoción.

—Entonces… tengo una hermana menor.

La palabra “hermana” quedó flotando entre ambas.

Era nueva.

Extraña.

Pero también… inevitable.

Mina negó ligeramente con la cabeza.

—Lux… ¿cómo pueden existir otros reinos?

Había miedo en su voz.

Y curiosidad.

—¿De verdad creías que solo existían los humanos? —preguntó Lux con suavidad.

Mina dudó.

—Sí… en mi mundo… las cosas son así.

Lux se acercó un poco más, acortando la distancia.

—No quiero alterar tu vida, Mina —dijo con sinceridad—. Pero cuando te vi… supe que eras especial.

Mina alzó la mirada de golpe.

—¿Especial?

—Tienes algo de poder —explicó Lux—. Aunque seas humana.

El silencio se tensó.

—Aún eres joven —continuó—. Y no has encontrado a tu protector.

Mina abrió los ojos con sorpresa.

—¿Como los tuyos?

Mina pensó en Conall y en Zeta y frunció el ceño.

Lux soltó una pequeña risa.

—Algo parecido…

Mina cruzó los brazos, intentando recuperar el control.

—Yo no necesito que dos hombres tan… intensos me cuiden.

—Los lobos son así —dijo Lux con naturalidad—. Pero no sabemos qué te deparará el destino.

Hizo una pausa.

—Tu compañero podría no ser un lobo.

Mina la observó, completamente fuera de su zona de confort.

—Esto es demasiado…

Y entonces…

El aire cambió.

Una presencia irrumpió sin previo aviso.

A Mina se le pusieron los pelos de punta.

—Dime que lo que estoy viendo… es producto de mi imaginación.

La voz fue tajante.

Oz.

Mina dio un pequeño salto y se llevó las manos a la boca.

—¡¿Y eso qué es?! —susurró, señalando—. ¿Has visto sus orejas?

Oz la ignoró por completo.

Su mirada estaba fija en Lux.

—¡Maldición, Lux! ¿Qué has hecho?

Lux suspiró.

—No dramatices, Oz.

—¿No dramatice? —replicó él—. ¿Se te ha ocurrido que traerla aquí es una mala idea?

Mina levantó una mano.

—Perdón… ¿vosotros no usáis puertas?

El comentario rompió momentáneamente la tensión.

Lux sonrió levemente.

—Mina, él es Oz. Un hada. Cuida de nuestra madre.

Mina lo miró de arriba abajo.

—Así que las hadas existen…

Entrecerró los ojos.

—Aunque me las imaginaba… diferentes.

Lux arqueó una ceja mostrando curiosidad.

—¿Cómo?

—Pequeñas. Con alas de colores. Revoloteando… como pequeños insectos…

Oz la miró, incrédulo.

—¿En serio? Cuanto daño han hecho algunos pocos autores de libros y novelas…

Lux soltó una pequeña risa.

Pero la ligereza duró poco.

—Escucha, Oz —dijo con firmeza—. Solo quiero hablar con ella. Luego la devolveré a su reino.

Oz negó lentamente.

—Subestimas a tu madre.

Su tono cambió.

Se volvió más grave.

—Aunque no tenga sus poderes… sigue viendo cosas.

Lux se tensó.

—Sabrá que Mina ha estado aquí.

El silencio se volvió pesado.

Mina dio un paso adelante.

—Yo puedo guardar el secreto.

Lux y Oz la miraron.

—Pero quiero quedarme unos días. —añadió—. Quiero conocer este mundo.

Oz negó de inmediato.

—Eso no va a pasar.

—¿Por qué? —replicó Mina.

—Porque este reino no es para tu especie.

Mina intervino con desdén.

—Eso ya lo veremos.

Oz la miró fijamente.

—Luego no digas que no te lo advertí.

Lux cruzó los brazos.

—Que pase tiempo con mi hermana no va a cambiar las profecías sobre el regreso de la Diosa Mystra, Oz. No seas tan estricto.

El nombre cayó como un peso invisible.

La Diosa Mystra…

Oz no sonrió.

—Esto no es un juego.

Su mirada se clavó en Lux.

—Lo sabes.

Lux sintió un escalofrío.

—Tienes pesadillas… ¿verdad?

Lux se quedó helada.

—¿Cómo sabes eso?

—Lo sé y punto. Es Mystra que comienza a llamarte, Lux. Sabe sobre tu inmenso poder y te quiere para ella.

El silencio fue absoluto.

—Es ella —continuó Oz.

Mina parpadeó, fascinada.

—Yo leo mucho y lo místico es lo mío. Puedo ayudar en lo que sea que está pasando.

Lux la miró con ternura.

Demasiada ternura.

—No, Mina.

Negó suavemente.

—Oz tiene razón. Estar aquí, solo te expone al peligro.

Mina sintió el golpe.

—¿Entonces qué?

Su voz se quebró.

—¿Vas a olvidarte de mí?

Lux dio un paso hacia ella.

—No.

Le sostuvo la mirada.

—Volveremos a vernos.

Mina negó.

—No me basta.

Oz suspiró.

—Yo la llevaré de vuelta.

—No —respondió Mina de inmediato.

Lo miró desafiante.

—No pienso irme sin garantías.

Oz la observó con cierta diversión.

—La rebeldía viene de familia.

Lux sonrió levemente.

—Mina… yo puedo comunicarme contigo.

—¿Cómo?

—Mentalmente.

Mina cruzó los brazos.

—No soy fácil de convencer.

Oz dio un paso adelante con la poca paciencia que nunca tuvo.

—Se acabó.

Su tono no admitía discusión.

—Vienes conmigo.

Mina lo miró.

Y entonces…

Sonrió.

Una sonrisa traviesa.

Desafiante.

—Oh, querido elfo…

Dio un paso atrás.

—Para eso… tendrás que atraparme.

Y salió corriendo.

————————

La imagen del capítulo de hoy, os la dejo en comentarios.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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