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Lux de Luna - Capítulo 126

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Capítulo 126: Verdades que condenan

El silencio que quedó tras aquellas palabras fue distinto a todos los anteriores.

Más denso.

Más peligroso.

Más… revelador.

—Yo sé muchas cosas interesantes… —dijo Marcus con calma, acomodándose en el sofá como si aquel cuerpo no fuera prestado—. Cosas que podrían ser de gran utilidad.

Lilian no se movió.

No respiró más profundo.

No apartó la mirada.

Pero dentro de ella… todo se agitaba.

—Tú no das nada por nada —respondió con frialdad—. ¿Qué quieres a cambio?

Marcus sonrió.

No fue una sonrisa amable.

Fue antigua.

Dolida.

—Te quiero a ti.

El aire se congeló.

Lux reaccionó de inmediato.

Un paso al frente.

Fuego contenido en la mirada.

—No voy a permitir que dañes a mi madre… ni a nadie que me importe.

Marcus la observó detenidamente.

Con curiosidad.

Con algo más… difícil de definir.

—No quiero dañar a nadie.

Se inclina ligeramente.

—Solo quiero recuperar mi vida.

Su voz bajó.

—Tengo derecho a ser feliz.

Aquello… no sonó como una amenaza.

Sonó como una suplica disfrazada.

Lilian cerró los ojos un instante.

Y cuando los abrió…

Había lágrimas contenidas.

—Marcus… —su voz tembló apenas—. Yo te arrebaté el alma.

El silencio se hizo absoluto.

—Te encerré… durante años.

Su respiración se volvió irregular.

— ¿Cómo puedes… seguir amándome?

Marcus no respondió de inmediato.

Su mirada se perdió en algún punto invisible.

Lejos.

Muy lejos.

—Porque ahora sé la verdad.

Sus ojos regresaron a ella.

Más oscuros.

—Tu padre nos mintió. A los tres…

La tensión creció.

—¿De qué hablas? —Susurró Lilian.

Marcus apoyó los codos en las rodillas.

—Provocó el enfrentamiento entre Cornelius y yo.

Lux frunció el ceño.

Zeta dio un paso más cerca.

—Marcus… ¿qué ocurrió realmente?

Marcus exhaló lentamente.

—¿Quereís saberlo?

Y entonces…

El pasado volvió.

———————————

Escena retrospectiva

El Reino Sagrado brillaba.

Imponente.

Majestuoso.

Y corrupto hasta la madera.

Bajo el reinado de Lucius… nada era lo que parecía.

El trono no le pertenecía por derecho.

Sino por conveniencia.

La Reina, la madre de Lilian, había muerto en circunstancias… demasiado convenientes.

Y ella…

Era la pieza clave.

Marcus avanzaba por los pasillos de mármol blanco, su capa arrastrándose suavemente tras él. Era respetado. Temido incluso.

Pero aquella llamada…

No le gustaba.

—Su majestad, ¿me habéis mandado a llamar?

El Rey Lucius lo observaba desde su trono.

Inmutable.

Frío.

—Así es, Marcus.

Hizo un gesto para que se acercara.

—Tenemos que hablar.

Marcus se detuvo a una distancia prudente.

—Vos diréis.

Lucius no perdió tiempo.

—Lilian está embarazada.

El mundo se detuvo.

—¿Perdón?

—No me preguntes cómo lo sé.

Su mirada se afiló.

—Pero lo sé.

Se inclinó ligeramente hacia adelante.

—Quiero saber si eres el padre.

Marcus apretó la mandíbula.

—Yo no la he tocado.

Silencio.

—Entonces ha sido Cornelius.

El nombre fue un golpe.

—¡Ese traidor!

La rabia estalló sin control.

Lucius sonrió.

Sutil.

Calculador,

—Eso significa que mi hija ha comenzado a despertar sus poderes.

Hizo una pausa.

—Y ya sabes lo que eso implica para ti.

Marcus no respondió.

Pero lo sabía.

Perfectamente.

—Yo la amo.

Su voz fue firme.

—No pienso alejarme de ella.

Lucius se levantó lentamente.

—Entonces ayúdame.

El silencio se volvió peligroso.

—Ayúdame a deshacerme de Cornelius…

Y lo que dijo después…

Fue peor.

—Y del bebé.

Marcus se quedó inmóvil.

—Lilian tiene un destino.

Su tono era frío.

Inquebrantable.

—Será entregada al Rey Alfa Eliseo.

Marcus negó.

—Eso no va a ocurrir.

Lucius sonrió.

—Por eso te necesito.

Se acercó más.

—Mata a Cornelius.

—Haz desaparecer al niño.

—Y yo… te ayudaré a quedarte con ella.

Marcus dudó.

Por un instante.

—¿Qué gano yo?

Lucius no titubeó.

—Poder.

—Tierras.

—Riqueza.

Sus ojos brillaron con ambición.

—Y a mi hija… para siempre.

El silencio selló el pacto.

Fin del flashback

————————–

El presente volvió con violencia.

—Le creí —dijo Marcus, con voz amarga—. Pero el tiempo… me enseñó a ver más allá.

Miró a Lilian.

—Tu padre nunca me habría dejado quedarme contigo.

Lilian se rompió.

Las lágrimas cayeron sin permiso.

—Marcus… yo nunca quise hacerte daño.

—Ahora lo sé.

Y esa frase… dolió más que cualquier reproche.

—Mi maldición… —continuó Lilian— debía romperse cuando alguien se sacrificara por ti.

Lux dio un paso adelante.

—Y ese alguien fue Conall.

Su voz estaba cargada de ira.

—Te aprovechaste de su dolor.

Marcus negó.

—Nunca le mentí. Él sabía el precio.

—Perdió a su familia —intervino Lux con dureza—. Estaba roto.

—Él quería venganza y yo le di la fuerza para obtenerla.

Zeta frunció el ceño.

—Podríamos buscar otro envase.

Todos lo miraron.

—¿Qué? —exclamó Lux.

—Si alguien más se sacrificara…

Miró a Marcus.

— ¿Podrías liberarte de Conall?

El silencio fue absoluto.

Lux sintió cómo el corazón le latía con fuerza.

—¿Eso… es posible?

Marcus dudó.

—No lo sé.

Todas las miradas fueron a Lilian.

Esperanza.

Temor.

—Podríamos intentarlo —admitió—. Pero…

Su voz se quebró.

— ¿Quién aceptaría morir por él?

Lux no dudó.

—Nadie.

Su mirada se endureció.

—Porque no lo permitiré.

El fuego volvió a vibrar a su alrededor.

—Si alguien tiene que morir… serás tú.

Marcus no se inmutó.

—Para matarme…

Se inclinó ligeramente hacia Lux.

—Tendrías que matar a tu protector.

Silencio.

Doloroso.

—Y no lo harás. Lo amas demasiado para sacrificarlo.

Lux apretó los puños.

—Encontraré la forma. Siempre la encuentro.

Marcus sonrió.

—No esperaba menos…

Y entonces lo dijo.

—…de la “elegida”

El mundo se detuvo.

—¡Marcus! —estalló Lilian.

Pero ya era tarde.

Lux lo miró fijamente.

—¿Qué significa eso? ¿Yo soy la elegida?

Lilian negó con la cabeza. No estaba preparada para contarle a su hija todo lo que se le avecinaba.

Pero Marcus, era otra cosa e intervino rápidamente.

—Eres quien pondrá fin a la guerra.

—Eso ya lo sé.

Su mirada se afiló.

—Pero hay algo más.

—Siempre lo hay.

—¡Basta! —ordenó Lilian.

—Vete de inmediato, Marcus.

Su voz era firme.

Autoritaria.

—Estás consumiendo a Conall.

Zeta asintió.

—Eso es cierto. Está más débil cada vez.

Lux dio un paso adelante.

Su energía crepitó.

—Como le hagas daño…

Su voz bajó peligrosamente.

—No habrá rincón donde esconderte de mí.

Marcus se acercó.

Muy cerca.

Demasiado.

La miró a los ojos.

Y lo que vio…

Lo hizo sonreír.

—Ten cuidado con eso.

—¿Con qué?

—Con tu oscuridad.

El aire se volvió frío.

—Cada vez que sientes ira…

Su voz se volvió un susurro.

—Ella te escucha.

Lux se tensó.

—¿Quién?

—Mystra.

El nombre cayó como una sentencia.

—Ya me han hablado de ella.

—La madre de la magia oscura.

—Los brujos quieren traerla de vuelta.

Marcus negó lentamente.

—No quieren.

La miró fijamente.

—Lo están consiguiendo.

El silencio fue brutal.

—Y tú…

Se inclinó aún más.

—Eres la clave.

—¡Marcus, basta! —ordenó Lilian.

Pero él no apartó la mirada de Lux.

—Ella siente tu poder.

—Tu luz…

Hizo una pausa.

—Y tu oscuridad.

Lux no retrocedió.

Pero por dentro…

Algo se disolvió.

—Lux no está lista —insistió Lilian.

Y entonces ocurrió.

Marcus parpadeado.

Sorprendido.

La observó con detención.

Más allá de lo visible.

Más allá de lo físico.

—Interesante…

Sus enlaces mentales habían vuelto…

—Has recuperado el enlace.

Lilian se tensó.

Demasiado tarde.

Marcus sonrió.

—Ya no estás tan débil como creías. Y sabes que es por mi cercanía.

El silencio se volvió espeso.

Peligroso.

Porque aquello…

Lo cambiaba todo.

Marcus seguía allí.

Dentro del cuerpo de Conall.

Pero ya no había desafío en su postura.

Ni arrogancia.

Solo… cansancio.

Nadie habló al principio.

Ni Lux.

Ni Zeta.

Ni Lilian.

Porque, por primera vez…

no estaban frente a un enemigo.

Estaban frente a alguien que había perdido todo.

—Siempre he odiado este silencio… —murmuró Marcus al fin, sin mirar a nadie—. Es en estos momentos cuando uno empieza a recordar cosas que preferiría olvidar.

Lux no bajó la guardia.

Pero tampoco atacó.

Había algo diferente.

—Entonces habla —dijo con firmeza—. Pero sin juegos.

Marcus dejó escapar una leve risa sin humor.

—Ya no me quedan fuerzas para jugar, pequeña.

Sus ojos —los de Conall— se alzaron lentamente hacia Lilian.

Y ahí estaba.

El centro de todo.

Siempre lo había sido.

—¿Sabes qué es lo peor de todo esto? —preguntó en voz baja.

Lilian no respondió.

Pero tampoco apartó la mirada.

—Que si pudiera volver atrás…

Hizo una pausa.

Dolorosa.

—Volvería a elegirte.

El aire se tensó.

Lux frunció el ceño.

Zeta observó en silencio.

Lilian… se rompió un poco más.

—Marcus… no digas eso.

—¿Por qué no?

Se incorporó levemente.

—Es la única verdad que me queda.

Su voz no era agresiva.

Era honesta.

Desarmante.

—Me equivoqué.

—Confié en el hombre equivocado.

—Creí que podía luchar contra el destino.

Sonrió con amargura.

—Y terminé convirtiéndome en lo que más odiaba.

Lux cruzó los brazos.

—Un asesino.

Marcus negó lentamente.

—No.

La miró fijamente.

—Un hombre desesperado.

Silencio.

—Hay una diferencia.

Nadie respondió.

Pero todos lo sintieron.

—Nunca quise hacerte daño —dijo mirando de nuevo a Lilian—. Ni a ti… ni a él.

—Pero lo hiciste.

—Sí.

No lo negó.

No lo suavizó.

—Y llevo años pagándolo.

Lilian dio un paso adelante.

—Yo también.

Marcus alzó la mirada.

Sorprendido.

—Marcus, no eres el único que perdió algo ese día.

Su voz tembló apenas.

—Perdí mi vida… mi amor… mi familia… mi hogar…

Se llevó una mano al pecho.

—Y lo peor…

Cerró los ojos.

—Perdí quién era.

El silencio fue devastador.

Lux bajó ligeramente la intensidad de su energía.

Zeta respiró más lento.

Incluso el aire pareció detenerse.

—Lili ¿sabes qué es lo más cruel? —continuó Marcus—. Que durante siglos pensé que me lo merecía.

Abrió los ojos.

—Que era justo.

—Que yo era el monstruo.

Lilian negó.

—No lo eres.

Marcus sonrió.

—Lo fui.

Y esa aceptación…

dolió más que cualquier defensa.

—Pero ya no quiero serlo.

Esa frase cambió algo.

Pequeño.

Pero real.

Lux lo notó.

—¿Y qué quieres ser? —preguntó, desconfiada.

Marcus la miró.

Sin ironía.

Sin desafío.

—Libre.

La palabra cayó suave.

Pero firme.

—Quiero salir de este cuerpo.

—Quiero dejar de ser una sombra.

—Quiero… vivir.

Hizo una pausa.

—Aunque solo sea un día.

El silencio fue absoluto.

Zeta frunció el ceño.

—Eso no cambia lo que hiciste.

—Lo sé.

—Ni lo que le hiciste a Conall.

Marcus apretó la mandíbula.

—Tampoco.

Lux dio un paso adelante.

—Entonces, ¿por qué debería ayudarte?

Marcus no respondió de inmediato.

Miró a Lilian.

Y luego…

a Lux.

—Porque no soy tu enemigo.

Sus ojos se suavizaron apenas.

—Y porque, te guste o no…

Hizo una pausa.

—Voy a ser necesario.

Lux entrecerró los ojos.

—Explícate.

Marcus respiró hondo.

—Mystra no es un cuento.

El nombre volvió a tensar el ambiente.

—Está despertando.

—Y cuando lo haga…

Su voz bajó.

—Nadie va a poder detenerla.

Miró a Lilian.

—Ni siquiera tú.

Lilian se tensó.

—A menos que tengamos la obsidiana.

Zeta habló.

—¿Dónde está?

Marcus negó.

—No lo sé con certeza.

Miró a Lilian.

—Pero ella sí.

El peso volvió a caer sobre ella.

—Y no podrás protegerla sola.

Lux intervino.

—Yo la protegeré.

Marcus la observó.

Con algo parecido a… respeto.

—Lo sé.

Se inclinó ligeramente.

—Y por eso eres peligrosa.

Lux se tensó.

—Tu poder no es solo luz.

Su mirada se volvió intensa.

—Es equilibrio.

—Y eso…

Hizo una pausa.

—Es exactamente lo que Mystra necesita.

El silencio volvió.

Pesado.

—No entiendes lo que eres aún.

Lux apretó los puños.

—Entonces explícame.

Marcus negó.

—No puedo.

—¿Por qué?

—Porque hay cosas…

La miró fijamente.

—Que debes descubrir antes de que alguien te las arrebate.

Lux no quedó satisfecha.

Pero no insistió.

Esta vez.

—Entonces ayúdanos con lo que sí sabes —intervino Zeta—. Y quizá podamos ayudarte a salir del cuerpo de Conall.

Marcus soltó una leve risa.

—¿Quizá?

Zeta no sonrió.

—Es lo máximo que vas a obtener ahora.

Marcus asintió lentamente.

—Justo.

Miró a Conall… o al reflejo de él en sus manos.

—No quiero seguir usándolo.

Su voz fue más baja.

—Él no se lo merece.

Lux lo observó con atención.

Buscando mentira.

Pero no la encontró.

Y eso…

la incomodó más.

—Si te ayudo… —dijo finalmente—, será por él.

Marcus asintió.

—Lo entiendo.

—Y no confíes en mí.

Esa sinceridad sorprendió a todos.

—Aún no.

Hizo una pausa.

—Pero dame una oportunidad.

Lilian dio un paso adelante.

Su voz fue suave.

—Marcus…

Él alzó la mirada.

—Si te libero…

El silencio se tensó.

—¿Qué harás?

Esa era la verdadera pregunta.

Marcus no dudó.

—Vivir.

Una palabra simple.

Pero cargada de todo lo que había perdido.

—¿Y después?

Lilian necesitaba saberlo.

Necesitaba creerlo.

Marcus la miró.

Y por primera vez…

no había oscuridad en sus ojos.

—Después…

Una leve sonrisa.

Triste.

Hermosa.

—Te dejaré ir. Para que pudas elegir.

El silencio se rompió por dentro de Lilian.

Porque eso…

era amor real.

No posesión.

No obsesión.

Amor.

Lux lo vio.

Y eso la desconcertó profundamente.

Porque el enemigo…

ya no encajaba en el molde.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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