Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Lux de Luna - Capítulo 129

  1. Inicio
  2. Lux de Luna
  3. Capítulo 129 - Capítulo 129: La traición de la Luna
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 129: La traición de la Luna

El aire en el estudio de Lilian era distinto.

No era solo el olor a óleo y lienzo húmedo, ni la tenue luz cálida que iluminaba cada rincón con una delicia casi sagrada. Era algo más profundo… como si aquel lugar estuviera impregnado de recuerdos, de sueños no dichos y de verdades ocultas durante demasiado tiempo.

Lilian avanzó en silencio, abriendo la puerta con cuidado, como si temiera perturbar la calma que ella misma había construido allí.

—Pasad —indicó con voz suave, pero firme.

Zeta no dudó. Llevaba a Conall entre sus brazos, el peso de su compañero no era nada comparado con la preocupación que le comprimía el pecho. El alfa respiraba con dificultad, su pecho subía y bajaba de forma irregular, como si su cuerpo estuviera luchando por no rendirse.

Lux entró detrás de ellos, pero sus ojos no estaban en Conall… al menos no del todo.

Recorrió el estudio lentamente.

Las paredes estaban cubiertas de cuadros.

Paisajes imposibles, cielos que parecían latir, montañas que respiraban magia… y sin embargo, todo se sentía real. Demasiado real.

Hasta que se detuvo.

Un lienzo cubierto por una tela blanca captó su atención.

Sin pensarlo, se acercó y retiró el paño.

Y entonces… el mundo se detuvo.

—¿Y esto? —susurró, sin poder apartar la mirada.

Lilian se tensó al instante.

Un leve rubor tiñó sus mejillas.

—Esa… eres tú, hija.

Lux entendió de inmediato.

En el lienzo… estaba ella.

No como se veía ahora. Era una versión más etérea, más pura… casi divina. Sus ojos brillaban con una luz que ella misma no reconocía, como si la pintura capturara algo que aún no había despertado completamente.

—Te sueño desde siempre… —añadió Lilian, con una mezcla de orgullo y dolor en la voz.

Algo dentro de Lux se rompió.

O quizás… se reconstruyó.

—¡Ay, mamá…!

No lo pensó. No lo midió.

Corrió hacia ella.

Y la abrazó.

Fue un abrazo desesperado. Necesario.

Sanador.

Lilian cerró los ojos al sentir el calor de su hija, aferrándose a ella como si el tiempo pudiera deshacerse entre sus brazos.

Porque en ese instante…

no había guerra,

no había profecías,

no había oscuridad.

Solo madre e hija.

—No sabes lo que necesitaba esto… —susurró Lux, con la voz rota.

—Lux de Luna… —respondió Lilian, apretándola con más fuerza— te prometo que voy a reparar todo el daño que te he causado.

Lux negó suavemente.

—No ha sido tu culpa…

Pero Lilian sí sentía que lo era.

Y ese peso… no se iba a ir tan fácilmente.

—Hay cosas que no visualizo —murmuró, separándose apenas para mirarla—. Pero si hubiera visto que te tratarían peor que a un omega… jamás lo habría permitido.

Zeta observaba la escena en silencio, pero no podía relajarse.

No cuando Conall…

—Necesita ayuda —interrumpió finalmente, su tono grave—. No puede respirar bien.

El momento se rompió.

Lux reaccionó de inmediato.

— ¿Qué hacemos si no está consciente?

Lilian ya estaba moviéndose.

—Conall no necesita conciencia… necesita vínculo.

Zeta frunció el fruncido.

—Explícate.

Lilian los miró a los tres.

—Vuestro vínculo no es solo emocional. Es energético. Es vital. Cuando uno cae… los otros deben sostenerlo.

Lux entendió antes que nadie.

Sus mejillas se tiñeron de rojo.

—¿Estás diciendo que…?

—Sí —afirmó Lilian sin rodeos—. Necesita cercanía. Contacto. Intimidad.

Zeta apartó la mirada, incómoda.

—Esto va a ser raro…

—Esto va a salvarle la vida —corrigió Lilian con firmeza.

Mientras ella comenzaba a preparar el sofá cama, Lux se arrodillo junto a Conall.

Le tomó la mano.

Estaba frío.

Demasiado frío.

—No te voy a perder… —susurró.

Zeta se colocó al otro lado.

—Ni de broma.

Pero mientras la vida de Conall pendía de un hilo…

muy lejos de allí, en la oscuridad del bosque…

otro hilo comenzaba a romperse.

——————————

El bosque de la manada de las Sombras Plateadas estaba inquieto aquella noche. El viento susurraba entre los árboles, como si intentara anunciar algo que nadie deseaba escuchar.

Bodolf caminaba sin rumbo fijo, sus pasos crujían sobre las hojas secas. No podía dormir. Algo en su interior le carcomía profundamente. Una sensación… un presentimiento oscuro que le anudaba el estómago y aceleraba su pulso.

Entonces, los escuchó.

Voces.

Se detuvo en seco, conteniendo la respiración. Reconoció esas voces al instante.

Aria.

Y Redmond.

Con cautela, se acercó entre las sombras, fundiéndose con la penumbra del bosque, dejando que su instinto de alfa lo protegiera como una segunda piel, afilando sus sentidos para no ser descubierto.

Entonces, las palabras llegaron a sus oídos.

—No deberíamos estar aquí —dijo Aria, su voz temblaba, impregnada de nerviosismo e incertidumbre—. Esto es demasiado peligroso. ¿Y si alguien nos encuentra? Podría significar el fin de todo.

—Estoy harto de esperar —respondió Redmond, con rabia contenida, haciendo vibrar cada sílaba con frustración y amargura—. Llevo años esperando pacientemente mientras tú te escondías bajo tu corona de mentiras y silencios. Ya basta.

Bodolf frunció el ceño, sintiendo que algo no encajaba, que las piezas de ese rompecabezas oculto comenzaban a tener sentido.

—¿Crees que para mí ha sido fácil? —replicó Aria, con voz cortante, casi quebrada—. ¿Qué crees que es vivir en una mentira, teniendo que ocultar mi verdadero dolor?

—Renunciar a ti ha sido una decisión desgarradora…

—No compares tu vida con la mía —escupió Redmond con desprecio, la ira rebosando en cada palabra—. Tú no has tenido que renunciar a tu hija. No has sufrido lo que yo he sufrido en estos años.

El mundo de Bodolf se tambaleó.

Hija.

Sus pensamientos se dispararon. Electra.

—Te recuerdo que estuviste de acuerdo —insistió Aria, tratando de mantener la calma, aunque sus ojos brillaban con una mezcla de culpa y desafío—. No puedes echarme la culpa ahora. Firmaste ese pacto con plena conciencia.

—Antes de ver en qué se ha convertido —respondió él con amargura—. Se suponía que sería la Luna de la Manada de la Escarcha Feroz… no una simple omega sin fuerza ni futuro.

Bodolf sintió un golpe directo en el pecho, como si alguien hubiera incrustado una daga invisible.

Electra.

Electra era la hija de Redmond, no era suya.

—Electra se ha vuelto loca —dijo Aria con voz apenas audible, como si temiera pronunciar estas palabras—. No sé qué le ha pasado realmente. Es como si una tormenta interna la consumiera.

—Se cansó —la interrumpió Redmond, su voz fría y cortante como acero—. Se cansó de tu control, de tu manipulación enfermiza. De cómo la convertiste en prisionera de tus mentiras.

El silencio cayó denso, pesado, como una condena irrebatible.

—No te atrevas a culparme —siseó Aria, sus dientes apretados, la furia contenida apenas disimulada—. Tú has hecho lo mismo. O peor.

—Desde que descubrimos que éramos compañeros —continuó Redmond, con voz baja y amarga— decidimos ocultarlo. Fingir. Fingir que eras la compñaera de Bodolf, para que pudieras ser la Luna de esta manada. Pero eso solo sirvió para envenenar nuestra vida.

El corazón del alfa dentro de Bodolf pareció detenerse por un instante. No podía creerlo.

No.

No.

No podía ser verdad.

—Funcionó —insistió Aria, con desesperación—. Nadie sospechó nada. Fue un sacrificio necesario para mantener la paz. Funciono cuando convencí a Bodolf que te eligiera como su nuevo beta después de matar al anterior.

—¿Funcionó? —rió él con sorna, sin humor—. Poco funcionó cuando él se buscó a su amante humana, y tú te quedaste atrás, vacía, perdiéndote en tu propia farsa.

Bodolf apretó los puños, sintiendo que el mundo que conocía se desmoronaba ante sus ojos.

Su mente corría a mil por hora.

Demasiadas piezas encajaban con demasiada crueldad.

Demasiadas mentiras.

—¿Qué insinúas? —preguntó Aria, intentando mantener la máscara de fortaleza aunque su voz traicionaba su miedo.

—Nada —respondió Redmond, agotado, pero con una determinación helada—. Mañana partimos hacia la ceremonia. La Luna del Norte será coronada.

Se dio la vuelta, sus pasos resonaron firmes sobre la hojarasca.

—Un título que sería de mi hija… si no la hubieras arrojado a los cerdos.

Y se marchó.

Dejando a Aria sola, temblando.

Y a Bodolf…

Roto.

Completamente roto.

—Maldición… —murmuró Aria antes de desaparecer entre los árboles.

Pero Bodolf no se movió. No podía.

Su mundo acababa de colapsar en una tormenta de dolor y traición.

—He sacrificado al amor de mi vida… —susurró con la voz rota, ahogada por el peso de la verdad.

Las piezas finalmente encajaban.

Demasiado bien.

—¿Por una falsa compañera…?

Recordó a Lilian.

A aquella mujer a la que había amado profundamente.

A la que había apartado.

Por deber.

Por honor.

Por una mentira.

Le tardo poco caer en su triste realidad.

—¿He despreciado a mi verdadera hija… por una que no lo era?

Su mirada llena de sufrimiento y arrepentimiento.

Su dolor.

Su rebeldía.

Todo cobraba sentido ahora.

—¿Mi Beta… y mi Luna…?

Su respiración se volvió errática, convulsa.

—¿Me han engañado durante dieciocho años?

El Alfa dentro de él rugió. No de ira.

Todavía no.

Sino de dolor.

De traición.

De pérdida.

El bosque respondió a su emoción.

Las hojas temblaron con violencia.

El viento se alzó, arrastrando consigo un eco de antiguo poder.

Algo ancestral despertaba dentro de él.

Algo oscuro.

Algo peligroso.

—Pero ya no más… —murmuró, con los ojos brillando en la oscuridad—

—Pienso vengarme de todos los traidores.

—————————-

La imagen del capítulo de hoy, os la comparto en comentarios. Si os está gustando mi historia, podéis apoyarme con piedras de poder, comentarios y reseñas ❤️

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo