Lux de Luna - Capítulo 133
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Capítulo 133: Destino fragmentado
El aire en Tierra Media se volvió denso.
De pronto, todo se quedó quieto.
No por magia.
No por peligro inmediato.
Sino por algo mucho más devastador:
La verdad.
Lux estaba de pie, inmóvil, con la mirada clavada en Oz. Sus manos apenas temblaban, aunque intentaba mantener la compostura. Su respiración se había vuelto irregular, como si su propio cuerpo rechazara lo que estaba a punto de escuchar.
—Habla ya mismo, Oz —exigió, con una voz que pretendía ser firme… pero que se quebraba en los bordes.
Oz tragó saliva.
Por primera vez desde que lo conoció, Lux no vio en él al ser burlón e impredecible… sino a alguien que dudaba.
Y eso… nunca era buena señal.
El hada bajó la mirada un instante, como si buscara las palabras adecuadas.
—Habéis estado en el manantial… —comenzó, despacio—. Y ahí es donde las almas perdidas encuentran su vínculo… si es que hay uno.
El silencio que siguió fue ensordecedor.
Lux sintió cómo algo dentro de ella se tensaba.
Algo invisible.
Algo profundo.
—¿Qué quieres decir? —preguntó, dando un paso hacia él.
Oz levantó la vista.
—Pequeña luminiscencia… estoy casi seguro de que el Alfa Conall no es tu compañero predestinado.
El mundo se detuvo.
Literalmente.
El sonido desapareció.
El aire se volvió pesado.
Y Lux… dejó de respirar.
— ¿Qué has dicho? —la voz de Zeta rompió el silencio, cargada de incredulidad.
Pero Lux no reaccionó de inmediato.
Sus ojos estaban abiertos, fijos, pero vacíos.
Como si su mente hubiera decidido desconectarse para no enfrentar lo que acababa de escuchar.
Un leve mareo la obligó a tambalearse.
Zeta la sostuvo al instante con una inminente preocupación en su rostro.
—Lux…
Pero ella apenas lo sentía.
—No… —susurró—. No…esto no…
Oz dio un paso hacia ellos.
—La influencia de Marcus ha corrompido el vínculo verdadero —continuó, como explicando una herida invisible—. Conall lucha con una cadena invisible, obligado a reclamarte como suya, pero no por voluntad propia.
Lux alzó la mirada lentamente.
Y en sus ojos… ya no había duda.
Había miedo.
—Sigue hablando —ordenó, con una calma peligrosa.
Oz nuevamente dudó.
Pero no podía detenerse ahora.
—Marcus buscaba a Lilian…—hizo una pausa—. El vínculo se forzó para poder llegar a ella por intermedio de ti.
El corazón de Lux se detuvo un segundo.
—Oz… —su voz se quebró—. ¿Me estás diciendo que Conall no es mi protector?
Oz cerró los ojos un instante.
Y al abrirlos, una nueva determinación abordó su pálido rostro.
—No lo es, Lux. Lo siento mucho.
Las palabras cayeron como un golpe seco.
Sin magia.
Sin explosión.
Pero con un impacto devastador.
Lux se quedó paralizada, como si el tiempo se hubiera congelado a su alrededor. Las palabras de Oz resonaban en su mente con la fuerza de una tormenta implacable. “No lo es, Lux. Lo siento mucho.” Cada sílaba caía con un peso insoportable, aplastando la esperanza que había anidado en su pecho desde que Conall apareció en su vida.
El mundo parecía desmoronarse ante sus ojos; el aire, antes fresco y vivificante, ahora era denso y opresivo, como si cada bocanada le robara más fuerzas. Sus manos temblaban levemente, la piel palidecía, y su corazón latía con una intensidad que casi parecía querer romper su pecho. No podía comprenderlo, no quería aceptarlo.
Conall, su protector, su macho alfa, el faro en la oscuridad que la había acompañado sin importar el peligro… no era su verdadero compañero…
Zeta tensó la mandíbula.
—Eso es imposible —intervino, firme—. Yo también lo siento. Siento a Conall como mi compañero vinculado.
Oz negó lentamente.
—Eso es por el poder de Lux. Su energía une, amplifica… crea lazos más fuertes de lo normal.
Lux negó con la cabeza, retrocediendo un paso.
—No… no… no…
Ella apretó los dientes con fuerza, intentando contener un alarido que brotaba desde lo más profundo de su ser, un impulso primario que pedía justicia, respuestas, aunque solo fuera una chispa de verdad que iluminara aquella oscuridad.
—Entonces ¿qué soy yo? —su voz, quebrada y temblorosa, apenas pudo sostenerse—. ¿Una ilusión? ¿Una pieza en un juego para alguien más?
Una moneda de cambio y ella lo sabía. Su destino siempre había sido ese.
Oz la miró, con pesar y comprensión. —Eres mucho más que eso. Eres un símbolo de resistencia, de luz en medio de la tormenta. Pero para poder protegerte verdaderamente, debes conocer la realidad, aunque duela.
Las manos de Lux comenzaron a temblar con más fuerza.
El silencio se volvió a envolverlos, pesados y cargados de una tensión insoportable. Lux bajó lentamente la mirada, sintiendo cómo sus fuerzas se escapaban lentamente, como granos de arena que se deslizaban entre los dedos. El lugar parecía cerrarse a su alrededor, oscureciéndose hasta que lo único que pudo ver fue la sombra de sus propias dudas.
Un nudo en la garganta le impedía respirar con normalidad.
Recordó cada gesto de Conall, cada promesa, cada caricia, cada beso, cada toque…
Cada momento en que creyó estar segura a su lado. ¿Todo había sido una mentira? ¿Un engaño tejido en las sombras?
Entonces, con un esfuerzo titánico, levantó la cabeza y miró directamente a Oz.
Sus ojos, aún empañados por las lágrimas contenidas, brillaban con una nueva determinación.
—Dime la verdad completa —exigió—. No quiero medias verdades ni mentiras disfrazadas.
Oz suspiró y luego habló.
—Conall te protege porque su esencia quiere liberarte —explicó —, pero mientras Marcus mantenga su influencia, la conexión será falsa y peligrosa.
Lux escuchaba cada palabra, pero en su interior estaba batallando con su poder oscuro para no arrasar con todo el maldito mundo y reducirlo solo a cenizas.
Ella sabía que podía, que su poder era inalcanzable.
Pero también sabía que justo eso, era lo que quería Mystra.
Su vulnerabilidad para poder hacerse con ella y sus poderes.
Lux se obligó a respirar y centrarse en lo que Oz le estaba diciendo.
—Si Conall realmente fuera tu compañero… —continuó Oz, con suavidad—. Su alma la habrían encontrado en el manantial.
El silencio volvió a caer.
Pero esta vez… era más pesado.
Más oscuro.
Lux llevó una mano a su pecho.
Como si intentara aferrarse a algo que se le escapaba.
El dolor era abrumador.
—Esto… no puede estar pasando… —susurró.
Zeta la abrazó sin dudarlo.
Fuerte.
Protector.
Desesperado.
—Lo resolveremos —murmuró contra su cabello—. Encontraremos su alma… y verás que sí es nuestro compañero.
Pero incluso mientras lo decía…
Había una grieta en su voz.
Porque, en el fondo…
También había escuchado a Oz.
Y había sentido el peso de la verdad.
Lux cerró los ojos contra el pecho de Zeta.
Quería creerle.
Necesitaba creerle.
Pero algo… algo dentro de ella… no encajaba.
Un recuerdo cruzó su mente.
El manantial.
El silencio.
La ausencia.
No había sentido a Conall allí.
No como esperaba.
No como debería haber sido.
Y ahora… entendía por qué.
Un escalofrío recorrió su cuerpo.
—Entonces… —murmuró, separándose lentamente—. ¿Qué es Conall para mí?
Oz no respondió de inmediato.
—Es alguien importante —dijo finalmente—. Muy importante. Pero no tu destino.
Lux rió.
Una risa suave.
Vacía.
—Qué bien…
Levantó la mirada hacia él.
—Y mi destino sí decide jugar conmigo ¿verdad?
Zeta dio un paso hacia ella.
—Lux…
—No —lo detuvo ella, alzando una mano—. Déjame pensar.
Se llevó ambas manos a la cabeza.
—Esto no tiene sentido…
—Tiene demasiado sentido —intervino Oz, en voz baja—. Y por eso duele tanto.
El conflicto interno.
Zeta observaba a Lux como si el mundo dependiera de ella.
Porque, en cierto modo…
Así era.
—Yo te siento —dijo, con firmeza—. Te siento como mi compañera.
Lux lo miró.
Y por un segundo…
Todo se detuvo.
Porque lo que había en los ojos de Zeta…
Era real.
Profundo.
Innegable.
Ella veía a su P´rincipe Encantador y sabía que se pertenecían.
—Yo también… —susurró ella.
Y ahí estaba el verdadero problema.
—Pero ahora… ¿si lo nuestro también es falso?—sugirió Lux.
No sabía si confiar en ese sentimiento.
Oz cruzó los brazos, inquieto.
—No estoy diciendo que lo que sentís sea falso —aclaró—. Solo… que no es lo que creéis.
Lux dejó caer los brazos.
—¿Y entonces qué es?
Oz no respondió.
Porque ni siquiera él lo sabía con certeza.
Había una grieta en el vínculo.
Zeta volvió a acercarse a ella.
Más despacio esta vez.
Como si temiera que cualquier movimiento brusco pudiera romperla.
—No importa lo que diga Oz —dijo, con suavidad—. Yo no me voy a ir.
Lux lo miró.
Y esa vez…
Sus ojos brillaban.
—No es tan fácil, Zeta.
—Para mí sí lo es.
Zeta llevó su mano hasta la de ella… pero no llegó a tocarla.
Dudó.
Y esa duda…
Dijo más que cualquier palabra.
Lux lo notó.
Y le dolió.
— ¿Amor? —susurró—. Ya no es igual.
Zeta apretó la mandíbula.
—No… —negó—. Es más complicado. Pero no es menos real.
Lux cerró los ojos.
—Ojalá eso fuera suficiente…
Oz los observaba en silencio.
Y por primera vez…
No tenía ninguna broma que hacer.
Porque sabía algo más.
Algo que no había dicho.
Algo que podía romperlos aún más.
La energía de Lux…
Se estaba volviendo inestable.
Y eso…
Solo significaba una cosa.
Qué la oscuridad…
… había comenzado a notar su grieta.
Y eso…
Era justo lo que Mystra buscaba.
A todas los lectores que apoyan mi obra, os quiero dar las gracias de todo corazón. Espero seguir compartiendo con vosotros mucha más aventura… esto recién comienza.
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