Lux de Luna - Capítulo 134
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Capítulo 134: Un nuevo huésped para Marcus
Lux y Zeta regresaron al estudio de Lilian, dónde Conall permanecía en un profundo sueño.
Un silencio denso, casi sagrado, como si las paredes mismas guardaran secretos demasiado antiguos para ser pronunciados en voz alta.
La luz tenue de una lámpara bañaba el espacio en tonos cálidos, reflejándose sobre los cuadros que decoraban el lugar. Paisajes imposibles, cielos que no pertenecían a ningún mundo humano… y en medio de todo aquello, el sofá cama donde Conall yacía, aún débil, respirando con dificultad.
Lux y Zeta no se habían separado de él en ningún momento.
Sus cuerpos estaban cerca, casi entrelazados, como si instintivamente comprendieran que esa proximidad era lo único que lo mantenía anclado a la vida.
—Y ahora ¿qué vamos a hacer? —susurró Zeta, sin apartar la mirada de Conall.
Su voz, normalmente firme, tenía una matiz de vulnerabilidad que no era habitual en él.
Lux no respondió de inmediato.
Sus dedos recorrían con suavidad el pecho de Conall, como si a través de ese contacto pudiera devolverle la fuerza que había perdido.
—Me niego a aceptar que él no es nuestro compañero —dijo finalmente, con una determinación que apenas lograba ocultar el miedo que le oprimía el pecho.
Zeta la vio.
Había algo en su mirada… algo que no encajaba.
—A mí tampoco me gusta la idea —admitió—. Aunque parezca una locura…yo…
Se detuvo.
Las palabras parecían pesarle.
—Le quiero.
Lux levantó la mirada hacia él.
No hubo sorpresa.
Hubo comprensión.
Y dolor.
Porque ambos sabían que lo que sentían no era normal… pero tampoco podían negarlo.
Lux deslizó su brazo sobre el torso de Conall, apoyando la cabeza cerca de su hombro, mientras con la otra mano buscaba la de Zeta.
—Pase lo que pase… prométeme que permaneceremos juntos —susurró.
Zeta entrelazó sus dedos con los de ella sin dudarlo.
—Te doy mi palabra.
El aire pareció cambiar.
Más cálido.
Más denso.
Como si algo invisible se activará entre ellos.
—Vamos a abrazarlo —añadió Lux—. Puede que el manantial haya sido suficiente para darle algo de energía de la nuestra.
Zeta asintió de inmediato.
Ambos se acercaron más a Conall, rodeándolo.
Y entonces…
Conall respiró más profundamente.
Un leve estremecimiento recorrió su cuerpo.
Lux miró primero a Conall y luego captó la atención de Zeta.
Fue cuando una nueva determinación pasó por su cabeza.
—Voy a encontrar otro huésped para Marcus. Vamos a liberar a Conall de él.
————————
Dentro de su mente, la oscuridad se disipaba poco a poco.
—¿Titán…? —murmuró.
—Aquí estoy, alfa —respondió la voz grave en su interior.
—¿Qué ha pasado?
—Marcus ha tomado más energía de la que debía.
Conall presiona los dientes.
—Cada vez utiliza más…
—Está luchando por recuperar un cuerpo —explicó Titán—. Y eso nos está consumiendo…
Conall guardó silencio unos segundos.
—Un trato es un trato… supongo.
—Bueno justo de eso quería hablarte. Yo me quiero quedar con mi pelirroja. A la mierda el pacto con el chucho vengativo del demonio.
—No creo que sea tan sencillo…
—Alfa, no me seas cobarde, te lo pido por favor…
Entonces, Conall sintió algo…
Calor.
Presión.
Presencia.
—Ellos… —susurró—. Están aquí.
—Siempre lo estarán —respondió Titán—. Pero necesitas volver.
Conall respiró hondo.
—Tengo miedo de perderlos.
Hubo una pausa.
—Entonces lucha por ellos.
—————————–
Los ojos de Conall se abrieron lentamente.
Lo primero que vio fue a Lux.
Después, a Zeta.
Ambos tan cerca… tan reales…
—Los amo a los dos —pensó, antes incluso de hablar.
—Y ellos a ti —susurró Titan, antes de desaparecer.
—¡Conall! —exclamó Lux, incorporándose de inmediato.
Sus ojos se llenaron de lágrimas al verlo consciente.
—Hola, pequeña… —murmuró él con una sonrisa débil.
Lux no dudó.
Se lanzó a abrazarlo con fuerza.
—Has vuelto…
—Parece que tu energía funciona mejor que cualquier magia —bromeó él suavemente.
Zeta también se incorporó, aunque intentó mantener su compostura habitual.
Le dio un par de palmadas en el hombro.
—No te acostumbres a esto. Sabes que no eres mi tipo.
Conall sonrió de lado.
—Sé que me quieres, principito.
—Sin exageraciones.
Pero no apartó la mirada.
Lux los observaba a ambos.
Y en su pecho… algo se rompía.
Porque sabía la verdad.
Y aun así…
No podía aceptarla.
— ¿Quieres que reforcemos nuestro vínculo? —preguntó de pronto.
Ambos la miraron.
Pero Lux no esperaba respuesta.
Se movió con decisión, colocándose sobre Conall, apoyando las manos a ambos lados de su cuerpo.
No había provocación.
Había necesidad.
Urgencia.
—Quiero recuperarte —susurró.
Conall la miró fijamente.
Había deseo, sí… pero también algo más profundo.
Algo que no podía nombrar.
Zeta observó la escena en silencio.
Y aunque una parte de él sabía que aquello no era lo correcto…
Otra parte…
No quería alejarse.
—No es lo mismo sin ti —dijo finalmente.
Conall giró el rostro hacia él con expresión divertida.
—Veo que habéis estado entreteniendo sin mí.
Lux negó con la cabeza.
—No quiero hablar de eso.
Sus ojos brillaban.
—Solo quiero estar con vosotros. Los necesito dentro mío.
El aire se volvió denso.
El tiempo pareció detenerse.
Y por un instante…
Todo encajó.
Aunque no fuera real.
Aunque no fuera el destino.
Lux se inclinó sobre Conall y, envolviendo sus brazos alrededor de su cuello, lo besó apasionadamente.
Conall gruñó en aprobación y sus labios suaves se movieron contra los de ella, calientes, atractivos y eléctricos.
Cada una de las emociones de Lux se llenaban de su aroma, sabor y tacto, incluso resultando más que adictivo.
—Eres la hembra más hermosa y sexy que he visto en mi vida, Lux.
Ella le mordió el labio inferior, exigiendo más.
—Eres única y ambos somos tan afortunados de tenerte, princesa.
Zeta comenzó a besarla desde la nuca hasta lo bajo de su cintura, trazando toda la columna vertebral provocándole escalofríos por todo su cuerpo.
Mientras tanto, Conall la acercó más hacia su pecho para profundizar el beso y devorarle hasta el alma. Sus besos eran desesperados, y su lengua se adentraba en las profundidades de la boca de Lux, saboreándola con pasión.
Lux se separó por un momento, pero la boca de Conall continuaba besando la piel de la mandíbula y su cuello.
La carga eléctrica que surgió entre los tres, iba más allá de un vínculo predestinado por la diosa Selene…
Eso era el poder del amor que los tres sentían, estuvieran destinados o no.
—Los amo, de verdad que los amo a los dos por igual. —jadeó Lux en el momento en que separó sus labios de los de Conall.
Lux sentía la electricidad recorrer por todo su cuerpo al tener las manos de sus dos compañeros acariciándola por completo.
En un momento, Conall la volteó con la ayuda de Zeta y ambos, comenzaron a lamer, chupar y a morder cada rincón del cuerpo de Lux.
Conall fue el primero que se acercó para presionar besos ardientes en la piel del cuello de Lux.
Algo que la hizo explotar en sensaciones lividinosas.
—¡Oh! ¡Sí!
Conall jugaba moviéndose hacia abajo, dejando que la piel se liberara de sus labios cada pocos segundos, la sensación se intensificó cuanto más se acercaba al lugar donde la habían marcado.
Cuando finalmente llegó a la maravillosa marca en forma de media luna, que se había formado por la combinación de ambas mordidas, lamió provocando una respuesta de deseo incontrolable en Lux.
—¡Maldición! —Lux respondió cogiéndole del pelo a Conall para profundizar sus lamidas en esa zona tan sensible y lujuriosa que despertaba en ella hasta el deseo más prohibido y perturbador.
—Estás muy mojada, Lux.
Susurro Zeta mientras se recreaba con el coño de Lux viendo como Conall hacía lo mismo con la marca de apareamientos de ella.
Ambos la estaban estimulando.
Entre los dos, provocaron que ella entrara en un estado de éxtasis total.
—¡Follarme! Los necesito a los dos juntos, ya…
Cada centímetro en la mente de Lux consciente estaba segura de que Conall le pertenecía y, que ese vínculo de tres era real…
La marca que ambos compañeros le habían dejado en el mismo sitio abrió la puerta al pecado.
Solo el olor, el sonido de sus voces, y el tacto de sus pieles contra la de ella, era suficiente para prender en llamas todo su cuerpo.
—¿Quieres que te follemos los dos a la vez?—preguntó Conall de manera sugerente.
—Sí, los quiero sentir al mismo tiempo.—jadeaba Lux, visiblemente necesitada.
—Eres nuestra, Lux y no vamos a parar de follarte hasta que te rompas.
Conall murmuraba contra su marca.
Lux pudo notar la enorme erección en sus compañeros y abrió sus piernas sin más.
—¡Tomadme!
Conall se alineó a su ya, húmeda y chorreante entrada ella, mientras clavaba sus afilados colmillos en su cuello.
—¡Ayyy!
La sensación fue muy intensa, mientras se clavaba en su marca, Conall se introdujo dentro de Lux, haciéndola gritar de placer.
A medida que iba aumentando sus embestidas, los ojos de Lux se nublaban mientras olas de placer se desbordan por sus muslos.
Conall sin perder el ritmo, la sujetó fuertemente entre sus brazos para levantarla de la cama.
Zeta captó la idea y aprovechó para acostarse sobre el colchón.
Es cuando Conall la bajó sobre el pecho de Zeta, quien no perdió tiempo y utilizó las aguas de placer de Lux, para lubricar su trasero con la clara intención de introducirse dentro.
—¡Sí, sí… quiero más! —Lux solo podía pensar en lo llena que estaría con las pollas de sus dos compañeros reclamando cada orificio.
Zeta se acomó y pronto Lux, fue completamente devorada por sus dos protectores.
Los tres, en ese mismo momento, se encendieron. Literalmente, comenzaron a brillar y sus poderes se volvieron a reactivar.
Si eso no era el destino, que bajara la mismísima Selene y lo viera.
—————————-
En la mansión de Lilian, Sebástian permanecía de pie en la oscuridad.
Inmóvil.
Pero no en calma.
Su lobo estaba inquieto.
Inestable.
Y Mina…
Seguía en su mente.
—Control —se repitió.
Pero entonces…
La puerta se abrió.
— ¿Qué haces aquí en la oscuridad?
Sebastián giró el rostro.
Lilian.
—Soy un guerrero —respondió con firmeza. —Y también soy un lobo. Ya sabes… podemos ver en la oscuridad.
Ella lo observó durante unos segundos.
Analizándolo.
—Si vas a quedarte… tendrás que aprender a comportarte como humano.
—Por Mina, estoy dispuesto a soportar cualquier carga que se me imponga. —contestó Sebástian sin inmitarse.
Y por primera vez…
Lilian sonrió levemente.
—Eso es justo lo que me preocupa. — se hizo una pausa.— Recuerdo lo pasional que sois los lobos, pero eso aquí, no está muy visto.
—Dime que hacer y lo haré. Te doy mi palabra. No causaré problemas.
Lilian pudo ver la verdad en sus ojos. Él haría cualquier cosa por su compañera.
La idea era tierna, a no ser por el hecho de que esa compañera era su pequeña hija adolescente con sus hormonas descontroladas que para rematar, era mitad humana y mitad sanadora.
Lilian se sentó en el sofá.
—Tendremos que crear una historia creíble para que mi esposo y su hijo no sospechen nada.
Lilian se quedó unos minutos meditando hasta que se le ocurrió una idea.
—Ya lo tengo, serás el nuevo guardaespaldas de Mina.
Sebástian ni se movió. Él no entendía el lenguaje humano.
—Claro que, para eso, tendré que provocar algún incidente.
—No entiendo nada de lo que estás diciendo…
—Tú quédate con la idea de que no te despegarás de mi hija Mina.
Sebástian sonrió de oreja a oreja.
— Eso sí que lo entiendo muy bien.
Sebástian sonó satisfecho. A él todo lo demás le daría igual. Solo quería estar cerca de su sexy y adorable compañera.
—También te quedarás con la idea de que no la tocarás. Y mantendrás las distancias prudenciales.
Eso ya, a Sebástian no le gustó.
Pero no dijo nada.
Sabía muy bien que había dado su palabra a Lux y a Lilian de que no interferiría.
—Algo que tienes que saber, mi hija es muy testaruda, caprichosa y nada tiene que ver con las lobas…
Él escuchaba.
—Ella no sentirá el vínculo de pareja y, tampoco es una sanadora, asique dudo que sienta el poder de los protectores.
Lilian quería proteger a Mina. No iba a permitir que alguien descubriera que ya tenía un poder.
Eso la pondría en peligro.
—¿Entonces como sabrá que soy su compañero?
—No lo sabrá. Si quieres estar con Mina, tendrás que enamorarla como lo hacen todos los humanos.
La cara de Sebástian se tensó por completo.
—¿Y eso como se hace?
—————————
Dentro de su habitación, Mina caminaba de un lado a otro.
Molesta.
Inquieta.
Confundida.
— ¿Dónde se ha metido ese idiota…? Se supone que debía seguirme hasta mi habitación…
Pero en el fondo…
Sabía la respuesta.
Ella se había comportado como una niña malcriada en medio de un berrinche.
Y eso la enfadaba aún más.
Porque no entendía por qué…
Pero en el fondo, ese lobo con mirada rara, le gustaba.
Después de que Conall se recuperara, los tres partieron hacia Tierra de Lobos.
Mientras, en casa de Lilian, todos se preparaban para la gran exposición de arte, que ella manejaba como marchante, y en dónde Ethan sería el protagonista de la gala, como una joven promesa.
——————————-
El centro comercial estaba lleno de vida.
Luces brillantes, música suave y el murmullo constante de la gente creando una atmósfera casi hipnótica. Para cualquiera, era una tarde normal. Para Mina… todo se sintió extraño desde que había descubierto que su mundo no era lo que creía.
Se miró en el espejo una vez más.
El vestido caía con suavidad sobre su figura, elegante, sencillo, pero con un toque que la hacía sentirse diferente.
—Este me gusta —dijo, girándose ligeramente.
Lilian, de pie a unos metros, se acercó con una leve sonrisa.
—Es bonito.
Pero no la estaba mirando a ella.
Mina lo notó al instante.
Su madre observaba el reflejo de la tienda, la entrada, las sombras… como si esperara que algo ocurriera.
—¿Ocurre algo? —preguntó Mina, frunciendo el ceño.
—Nada —respondió Lilian demasiado rápido.
Mina no insistió.
Pero lo sintió.
Ese cosquilleo incómodo en el pecho… esa sensación de que algo no estaba bien.
Ella debía confiar en su madre, Lilian le había pedido paciencia y que pronto Sebástian se convertiría en su guardaespaldas.
Pero no le había dado más información.
Mina no lograba entender, como su madre permitiría que un lobo se encargara de protegerla.
¿Y protegerla de quién?
Por el amor hermoso, ¿acaso ella estaba en peligro?
Mina sentía mucho estrés.
Minutos después, salieron de la boutique con las bolsas en la mano.
El aire del exterior era más frío, más real.
Caminaron hacia el coche.
Todo parecía normal.
Demasiado normal.
Y entonces ocurrió.
Unos brazos fuertes rodearon a Mina por detrás.
—Pero ¿qué cojones…? —alcanzó a decir.
El mundo se volvió caótico en un instante.
El hombre la sujetaba con fuerza, levantándola casi del suelo.
—¡Auxilio! —gritó Lilian, con una desesperación que heló la sangre—. ¡Que alguien me ayude!
Mina forcejeó mientras intentaba gritar para llamar la atención de los transeuntes.
—¡Suelta!
Pero una mano le cubrió la boca.
Su toque era suave y su aroma le recordaba a alguien, pero su miedo era más fuerte que su curiosidad.
Su corazón comenzó a latir con violencia.
No entendía por qué…
Pero su cuerpo sí.
—¡Suéltala ahora mismo! —gritó Lilian, avanzando hacia él.
El hombre dudó.
Un segundo.
Solo uno.
Y entonces…
Soltó a Mina.
Y salió corriendo.
Desapareciendo entre los coches.
Mina se quedó inmóvil.
Sin aire.
Sin voz.
Su cuerpo temblaba.
Lilian llegó hasta ella y la abrazó con fuerza.
—Mina… ya ha pasado… ya ha pasado…
Pero Mina no reaccionaba.
Había sentido algo.
Algo que no podía explicar.
Horas después, la mansión estaba cargada de tensión.
Genaro, el padre de Mina, caminaba de un lado a otro completamente alterado.
—¿Cómo que no se puede identificar? —gruñó. —¿Y las cámaras de seguridad del parking?
—Llevaba pasamontaña —respondió Lilian con calma aparente—. Y las cámaras no captaron bien su rostro.
—¡Mierda!
Golpeó el mueble con frustración.
—Esto no es normal…
Ethan, apoyado contra la pared, fruncía el ceño.
— ¿Creéis que alguien ha intentado secuestrar a Mina?
El silencio que seguía era incómodo.
—Puede ser —dijo Genaro finalmente—. Tu madre es muy conocida… y yo…
Se detuvo.
Se sirvió un trago.
—Tú qué, cariño? —preguntó Lilian, observándolo con atención.
—Nada… —murmuró—. Solo… cosas del trabajo.
Pero su mirada decía otra cosa.
En ese momento, Mina apareció en la sala.
Más pálida de lo normal.
—Hija, ¿por qué te has levantado? —preguntó Genaro de inmediato—. Deberías descansar.
—Estoy bien —respondió ella—. Solo… un poco asustada.
Ethan se acercó y le revolvió el pelo con suavidad.
—Pecas… si hubiera estado allí, ese tipo no se habría ido tan tranquilo.
Mina sonrió débilmente.
Pero su mente no estaba allí.
Seguía sintiendo…
Esa presión en el pecho.
Esa inquietud.
El timbre sonó.
Todos se giraron.
Lilian respiró hondo.
—Ya está aquí.
Mina frunció el ceño.
—¿Quién?
—Tu nuevo guardaespaldas
La cara de Mina fue de horror.
Cuando la puerta se abrió…
El mundo de Mina se detuvo.
Sebastián.
De pie.
Serio.
Intenso.
Demasiado cerca.
Demasiado real.
Luciendo extraordinariamente guapo.
Llevaba un traje hecho a su medida, negro, con el cabello engominado hacia atrás y luciendo unas exclusivas gafas de sol.
—Espera un momento, — pensó Mina.
¿Su madre orquestó lo del centro comercial para poder traer a Sebástian a casa?
Definitivamente, su madre era una loca temeraria…
Mina se sonrojó y Sebástian clavó sus ojos en los de ella.
Y algo… vibró.
—Buenas tardes —dijo él.
Pero no apartó la mirada.
Ni un segundo.
Entró.
Y caminó directamente hacia Mina.
Cada paso era firme.
Decidido.
Inevitable.
—Hola, señorita Mina —dijo con voz grave—. A partir de ahora… le protegeré con mi vida si es necesario.
El lobo de Sebástian aulló de satisfacción.
Al fin, podría estar a su lado.
El aire entre ellos se tensó.
Mina tragó saliva.
—Oh… bueno…
No sabía qué decir.
No sabía por qué su corazón latía tan fuerte.
—¡Cuánta intensidad! —bromeó Ethan, rompiendo el momento.
Genaro se adelantó.
—Soy Genaro, su padre.
Sebastián le estrechó la mano.
—Mucho gusto, señor Van Helsing.
Genaro dudó un instante.
—¿Te conozco de algún sitio?
—No lo creo —respondió Sebástian sin titubear—. Acabo de llegar.
Pero sus ojos volvieron a Mina.
Siempre a Mina.
—Mamá —murmuró ella—. ¿Puedes explicarme esto?
Lilian la miró.
Y, por un segundo, su expresión cambió.
Culpa.
Preocupación.
Decisión.
—Lo de hoy ha sido peligroso —dijo finalmente—. No voy a arriesgarme a que te pase algo.
Le guiñó un ojo.
—Alguien de la galería me lo ha recomendado. Sebástian es el mejor en lo suyo.
Su padre asintió en señal de aprobación.
Mina suspiró.
—Supongo que tendré que aguantar al gorila…
Sebastián no reaccionó.
Pero por dentro…
Su lobo rugió.
Minutos después, Lilian lo guió por la casa.
—Tu habitación estará aquí —dijo.
Sebastián apenas miró el espacio.
—Gracias.
Lilian lo observó con atención.
—No hacía falta que vinieras tan pronto.
—Sí hacía falta.
Silencio.
—No pienso alejarme de ella —añadió.
Directo.
Sin rodeos.
Lilian cerró los ojos un instante.
—Lo sé.
—Entonces entiendes que no es una opción.
—Lo entiendo demasiado bien.
Sus miradas se cruzaron.
—Pero también debes entender algo tú —continuó Lilian—. Mina no sabe nada sobre vuestro vínculo de compañeros predestinados.
—No lo sabrá —respondió él con firmeza.
—Y no puedes tocarla. Bajo ningún concepto.
Sebastián tensó la mandíbula.
—Lo sé, Lilian. te he dado mi palabra.
—Ni acercarte más de lo necesario.
Sebástían se tensó.
—Eso no puedo prometerlo.
Y de nuevo, el silencio.
Un ambiente tenso.
Pesado.
—Sebástian…
—La siento —la interrumpió—. Aunque no quiera. Aunque lo intente.
Lilian lo observó.
Y vio la verdad.
—Entonces esto será más difícil de lo que pensaba.
————————–
Esa noche, Mina no podía dormir.
Daba vueltas en la cama.
Molesta.
Irritada.
Confundida.
—¿Qué demonios le pasa a ese tío…?
Se levantó.
Salió de la habitación.
Y bajó las escaleras con la intención de ir a la cocina por un vaso de agua.
Sebastián estaba allí.
En la oscuridad.
Como si nunca se hubiera movido.
Mina se asutó al verle. Luego cogiéndose el pecho por la impresión le hablo con seriedad.
—¿No duermes?
Él no respondió de inmediato.
—Los guerreros no duermen cuando deben proteger.
—Eres un exagerado.
Silencio.
—¿Por qué me miras así? —soltó Mina de pronto, su voz un susurro cargado de desafío.
Sebastián apartó la mirada, pero no pudo evitar que una sombra de sonrisa se dibujara en sus labios.
—No lo hago —negó con firmeza, aunque sus ojos delataban todo lo contrario.
—Sí lo haces —insistió ella, acercándose un poco más con una mirada que desafiaba su negación.
—No es asunto tuyo —respondió él, la voz baja, casi ronca, tratando de mantener una distancia invisible que ambos sabían que era inexistente.
—¡Claro que lo es! —replicó Mina, sin dar un paso atrás, su presencia ocupando cada milímetro de espacio entre ellos.
Se acercó.
Demasiado.
El corazón de Sebastián latía con fuerza, pero mantuvo la compostura.
—No deberías acercarte tanto, Mina. Me haces sentir incómodo —dijo finalmente, y aunque sus palabras sonaron firmes, hubo en ellas un matiz vulnerable que lo sorprendió.
Eso dolió. Ahora era el turno de ella de sentirse lastimada por sus palabras.
Dolió más de lo que debería.
Sebastián dio un paso atrás, el frío de su respuesta contrastando con la intensidad del momento.
—Entonces mantendré la distancia —declaró ella con tono cortante, queriendo imponer un muro invisible.
Sebástian parpadeó, como si hubiera esperado otra cosa.
—Entonces no te necesito como mi guardaespaldas.—sentenció Mina.
Sebástian la miró con desafío. Ambos sabían jugar al mismo juego.
—No tienes opción. Eres una pequeña y débil humana que necesita que alguien la cuide.
En vez de enfadarse, Mina sintió como una ola de excitación se anidaba en sus zonas más vulnerables.
¿Las palabras de Sebástian, la habían excitado?
Ella negó con la cabeza queriendo alejarse de esos pensamientos.
Él podría ser su padre… ¡¡¡qué horror!!!
Pero si algo tenía Mina, era su incanzable filosofía de vida.
“Toca los cojones y no mires a quien…”
—Ah, ¿sí? —preguntó, su voz teñida de una mezcla irresistible de provocación y reto.—¿Y esa persona que cuidará de esa pequeña y débil humana eres tú, lobito?
Sebástian tragó saliva. Su tensión ya estaba por las nubes y su lobo amenazaba con salir y devorarse a esa malcriada sexy de compañera que la diosa de la luna, le había otorgado como un miserable castigo por sus acciones.
—Si. —Fue la única respuesta, breve pero categórica.
—Perfecto —concluyó ella, cruzándose de brazos, su actitud desafiante más evidente que nunca.
—Mejor así.
Silencio.
Pero ninguno se movió.
El aire entre ellos parecía vibrar, electrificado por las palabras no dichas y los sentimientos contenidos.
Tenso.
Insoportable.
En ese instante, una tensión palpable los envolvía, un juego sutil y peligroso donde las miradas eran balas y el deseo un campo de batalla.
—Eres raro —murmuró ella.
—Y tú imprudente.
—Y tú un borde.
—Y tú una niña malcriada.
Eso fue demasiado.
—¡¿Perdona?!
Sebastián apretó los puños.
Su lobo luchaba por salir.
—Vete a dormir, Mina.
—No me des órdenes.
—No es una orden.
—Pues lo parece.
—Es por tu bien.
—¡No necesito que me cuides!
Silencio.
Pesado.
—Sí lo necesitas —dijo él en voz baja.
Mina se quedó quieta.
Algo en su tono…
La hizo estremecerse.
—No pienso hacerte caso, nunca.—sentenció ella.
Sebástian aunque intentó respirar, no logró contenerse y la cogió de las muñecas y la embistió a la primera pared que tenía al alcance.
Su cuerpo se apoyó sobre el de ella, mientras se inclinó sobre su cuello para olerala mientras sujetaba sus manos sobre su cabeza.
—No tienes ni idea… —añadió.
Y entonces ocurrió.
Mina sintió algo.
Un titón.
Un dolor.
Sin examen físico.
Emocional.
Profundo.
Como si algo dentro de él… estaría sufriendo.
Mina abrió los ojos como platos.
—¿Qué… es esto…?
Sebastián la miró.
Alarmado.
—¿Qué pasa?
—No lo sé…
Respiró hondo.
—Siento…
Lo miró.
Directamente.
—Te siento.
Silencio.
Sebástian la soltó de inmediato y salió a toda prisa de la casa.
Mina se quedó agitada, respirando con dificultad apoyada en la pared inmtentando encontrar una explicación a todo lo que estaba pasando.
Pero…
el mundo acababa de cambiar.
Y ella ya estaba dentro.
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