Lux de Luna - Capítulo 82
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Capítulo 82: Verdades que sangran
¿Es verdad que te has acostado con mi hermana?
Las palabras de Lux cayeron como un cuchillo, dejando una herida expuesta entre los dos. Conall se quedó inmóvil. Por primera vez en mucho tiempo, el alfa parecía no tener una respuesta inmediata. Su mente giraba, buscando las palabras adecuadas, pero todo lo que halló fue silencio.
—¿De dónde ha sacado eso? —preguntó finalmente, con un tono que intentaba ocultar su nerviosismo.
—Eso da igual —replicó Lux con frialdad—. Solo quiero saber si es verdad o no.
El silencio pesaba entre los dos como una losa. Podía cortarse con un cuchillo. La atmósfera era densa, cargada de emociones no expresadas.
—Eso fue antes de encontrarte, Lux —respondió él al fin, aunque las palabras le salieron con dificultad, como si estuviera tragando piedras.
La respuesta llegó demasiado tarde. Lux, que antes parecía desafiante, empezó a desmoronarse. Sus ojos, grandes y llenos de vida, se apagaron lentamente, como si una luz se apagara en su interior.
—Entonces es cierto… —susurró, más para sí misma que para él.
Bajó la mirada, como si algo dentro de ella se hubiera roto en mil pedazos. Conall dio un paso hacia ella, sintiendo que cada centímetro entre ellos era un abismo inquebrantable.
—Lux, escúchame… —intentó acercarse, anhelando que su voz pudiera alcanzar su corazón herido.
Ella levantó la cabeza, sus ojos ahora chispeantes de dolor y traición.
—¿Escucharte? —su voz tembló, cargada de rencor—. Habéis sido íntimos y no me lo ha contado. Me has estado mintiendo desde el primer día.
Conall sintió que el aire se le escapaba de los pulmones. La rabia y la tristeza agitaban su pecho, pero sabía que no había forma de que eso mejorara la situación. Las decisiones que había tomado en el pasado parecían cobrar vida, como sombras alargadas que se cernían sobre ambos.
—No es lo que crees —insistió, aunque las palabras sonaban vacías incluso para él. No era solo la relación con la hermanastra de Lux lo que pesaba, sino la culpa por haberla traicionado, aunque no de la manera en que ella creía.
— ¿Qué más puede ser? —interrumpió Lux con un grito que resonó en la noche estrellada—. Dimelo, Conall. Dime cómo puedo confiar en ti después de esto.
El eco de su dolor atravesó el aire, desgarrando cualquier esperanza que él pudiera tener para reconciliarse.
—No quería hacerte daño. No pensé que alguna vez te fuera a encontrar… —su voz se quebró al pronunciar esas palabras. El instinto primario del alfa se debatía entre el deseo de protegerla y el peso de su propia historia.
—Y ahí está la cuestión, ¿no? —dijo Lux, su tono lleno de desdén—. Nunca pensaste que esto pasaría. Solo pensaste en ti mismo.
Conall se sintió herido por la verdad de su afirmación, cada palabra era un puñal que se hundía más profundamente en su pecho. Era incapaz de responder. La razón se diluía bajo la presión de las emociones crudas que brotaban entre ambos.
Lo que había comenzado como una simple conversación se había transformado en un campo de batalla emocional. Él quería explicarse, pero cada intento fallaba, y lo único que quedaba era el abismo que había creado entre ellos.
—Lo siento, Lux. —Finalmente murmuró, aunque sabía que su arrepentimiento no bastaría para restaurar lo que estaba perdido.
—De verdad, no es lo que crees. No llegamos al acto en sí…
—¡Claro que lo es! —interrumpió Lux, desesperada por irse a cualquier otro lugar para no verle la cara a Conall.
Conall presionó la mandíbula. Sentia la tristeza y el dolor de Lux.
—Esa noche te olí. Supe que mi compañera estaba cerca y dejé a Electra en la habitación. Me volví loco buscándote por toda la casa hasta que te vi en la cocina. Desde entonces, no tengo ojos para otra loba que no seas tú.
—¡No soy una loba!
Lux gritó sin poder contenerse.
Algunos miembros de la manada se giraron para mirar la escena.
Conall bajó la voz.
—Lux… ¿podemos hablar en otro lugar?
—No. No quiero escuchar los detalles de tu noche salvaje con Electra.
El alfa perdió la paciencia. Dio un paso rápido y la sujetó por las muñecas.
—No voy a permitir que pienses cosas que no son. Lo que pasó con ella solo fue una estrategia…
Lux intentaba soltarse.
—¡Suéltame!
Sus ojos brillaron con rabia.
—Tu fama te precede, Alfa Conall. Y ya me enteré de tus gustos sádicos.
Conall se quedó helado.
—¿Qué…?
—No quería creerlo —dijo Lux con la voz quebrada—, pero todos tenían razón. Eres el alfa despiadado al que todos temen. El que disfruta haciendo sufrir a los demás.
—¡Eso no es verdad!
—Ah, ¿no? —Lux rió con amargura—. ¿También vas a decirme que lo de Electra no sucedió? Cuando supiste de mí, planeaste la manera de quitárte del medio a tu amante e involucraste a tu guerrero, como has hecho ahora mismo con tu gamma obligándolo a marcar a Sabine.
El golpe fue directo.
Conall aflojó las manos, como si de pronto le pesaran toneladas.
—Lux… no lo entiendes…
—He sido una estúpida —susurró ella—. Pensé que detrás del monstruo, había alguien diferente.
Conall sintió como el suelo se abría bajo sus pies.
—No digas eso.
—¿Por qué no? ¡Es lo que eres!
—¡Lux! —Conall intentó acariciar la mejilla de Lux.
—¡No me toques!
Ella retrocedió, temblando de rabia.
—Me repugna pensar que compartiste la cama con ella y luego viniste a tocarme como si nada.
—¡Nunca te he faltado el respeto!
—¡Lo hiciste en el momento en que me ocultaste la verdad!
El pecho de Conall subía y bajaba con dificultad.
—Te iba a contar todo.
— ¿Cuándo? ¿Después de aparearte conmigo?
El alfa abrió la boca… pero no salieron palabras.
Ese silencio terminó por romper algo dentro de Lux.
—Lo sabía —susurró—. Todos los alfas sois iguales.
Conall dio un paso hacia ella, desesperado. Quería desvanecer la distancia que había crecido entre sus corazones, pero cada movimiento le parecía en vano ante la tormenta de emociones que brillaba en los ojos de Lux.
—Lux, mírame. Te amo, solo a ti.
Ella negó con la cabeza, mientras las lágrimas acumuladas comenzaban a deslizarse por sus mejillas, como si cada caída representara una palabra no dicha, un sentimiento ahogado. La tristeza se tornó en furia, y su voz tembló al responder.
—No quiero verte.
El eco de su rechazo resonó en el aire como un golpe. Conall sintió cómo su pecho se hundía; Qué ironía, pensó. El alfa, el protector, reducido a nada…
—Lux… si me dejaras explicarte…
—¡No! —gritó, y el sonido rasgó el silencio, imbuyendo el ambiente de un hielo mortal.
La energía a su alrededor cambió. Oscuridad. Densa. Peligrosa. Un viento helado acarició las sombras del bosque que los rodeaba, cargando la atmósfera con un presagio que hizo que la piel de Conall se erizara.
Lux, sintiendo el peso de su propio dolor, levantó las manos inconscientemente. En ese gesto, un humo negro comenzó a filtrarse entre sus dedos, bailando como serpientes en busca de presa. La penumbra absorbía la luz, devorando todo a su paso.
Conall frunció el ceño. El miedo se transformó en comprensión. Pudo percibir una inmensa oscuridad… algo antiguo, algo que había permanecido dormido, guardando este momento.
— ¿Lux? ¿Qué ocurre? —su voz fue un murmullo, un intento de llegar a la parte de ella que aún podría escucharle.
Pero el humo se lanzó hacia él como una garra invisible. En un instante, el mundo se detuvo. Conall se llevó la mano al cuello, sintiendo cómo una presión inquebrantable se apoderaba de su ser.
El aire desapareció de sus pulmones, un grito ahogado atrapado en su garganta. Una lucha interna comenzó, mientras la oscuridad se erguía sobre él, dispuesta a consumirlo.
—¡Lux…! —su súplica se tornó un eco apagado, perdido en la vorágine de terror que se cernía a su alrededor.
Conall cayó de rodillas, la desesperación apretando su pecho. Él era un alfa, un guerrero, pero en ese momento se sintió insignificante, un niño asustado a la sombra de un monstruo que había creído conocer, pero que ahora se manifestaba en la forma de la mujer que amaba.
—Lux… por favor, detente —su voz se convirtió en un susurro nostálgico, mientras su mente buscaba la manera de alcanzar lo que un día había sido.
Las sombras parecían reírse de él, un coro macabro que resonaba en su mente mientras luchaba por resistir. Lux estaba allí, frente a él, y, sin embargo, a kilómetros de distancia.
En ese momento, Zeta se acerca rápidamente.
—¿Algún problema?
—¡Vete! —gruñó Conall entre jadeos.
-¡No! —Lux replicó de inmediato—. Zeta tiene todo el derecho de estar aquí.
Conall intentó levantarse.
—Lux… por favor… déjame explicarte…
—¡No quiero!
Las lágrimas finalmente cayeron.
La furia dentro de Lux explotó
El humo negro se volvió más denso.
Conall cayó al suelo, ahogándose.
Zeta abrió los ojos con sorpresa.
Ese dolor…
Ese mismo dolor.
El mismo que sintieron en el despacho de Conall.
—Lux… —dijo con cuidado—. Lux, no lo hagas.
Ella no escuchaba… estaba poseída, estaba dolida.
Sus ojos están perdidos.
En trance.
El humo seguía aplastando el pecho de Conall.
—¡Lux, te amo! —logró decirlo con la voz rota.
Zeta se lanzó hacia ella y la sujetó por los hombros.
—¡Lux! ¡Para! ¡No quieres matarlo!
El contacto rompió el trance.
Lux parpadeó y el humo se disipó.
Conall respiraba con dificultad.
Los lobos cercanos miraban confundidos, pero los betas rápidamente, comenzaron a redirigir la atención hacia el festejo.
Lux miraba a su alrededor, desorientada.
Luego vio a Conall en el suelo. Pálido y jadeando por aire.
—¿Qué… qué ha pasado?
Conall, aun recuperando el aliento, se incorporó lentamente.
La observó con una mezcla de preocupación… y alivio.
—Creo… —dijo con una sonrisa cansada— que te has enfadado un poco.
Lux llevó una mano a su boca.
—Lo siento… yo no quería lastimarte.
Zeta se acercó y, aprovechando el momento, tomó suavemente la mano de Lux.
—Será mejor que me lleve un Lux para que descanse y recupere energía.
Conall levantó la cabeza, con la mirada oscura.
—Ni se te ocurra tocarla.
Zeta sonrió con frialdad.
—Conall, tú no puedes darme órdenes. Soy tu príncipe.
Se acercó un poco más a Lux.
—Y será mejor que lo entiendas de una maldita vez.
Luego lo miró directamente a los ojos.
—Ella también es mi compañera.
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La imagen de Lux despertando el poder oscuro os la dejaré en comentarios 💞😈
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