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Lux de Luna - Capítulo 83

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Capítulo 83: El alfa maldito

“Si no puedes enfrentar a los lobos, no entres en el bosque”

—————————-

El festejo continuaba.

Risas.

Música.

El aroma de carne asada y vino llenaba el aire.

Pero Conall no escuchaba nada.

Se había quedado en el mismo lugar donde Lux lo había dejado.

Solo.

Con los pulmones aún ardiendo por el recuerdo de aquella presión invisible.

Pasó una mano por su rostro.

La respiración todavía le temblaba.

No por el ataque.

Sino por las palabras de Lux.

“Me repugna pensar que compartiste la cama con mi hermanastra.”

Su mandíbula se tensó.

—Maldita sea…

Caminó unos pasos alejándose de la celebración.

Necesitaba aire.

Silencio.

Oscuridad.

Llegó hasta el borde del bosque, donde la luz de las antorchas apenas alcanzaba.

El sonido de la fiesta quedó atrás.

Solo se escuchaban grillos.

Y su respiración pesada.

Se apoyó contra un árbol y cerró los ojos.

Por primera vez en años…

El alfa parecía derrotado.

— La estoy perdiendo —… el pensamiento le tocó el pecho.

Nunca había tenido miedo de nada.

Había enfrentado guerras, traiciones, cazadores…

Pero perder a Lux…

Eso lo aterraba.

—No… ni hablar.

Sacudió la cabeza.

—No voy a perderla.

Pero la voz dentro de su mente apareció.

Afable.

Oscura.

Divertida.

— Oh… pero ya la estás perdiendo.

Los ojos de Conall se abrieron de golpe.

—Cállate.

—¿No recuerdas la manera en la que te miró? Asco.

Conall apretón los puños.

—¡No sabes nada de ella!

La voz soltó una risa baja.

— Yo sé más de lo que crees.

Un dolor agudo atravesó su cabeza.

Conall gruñó y se llevó la mano a la sien.

—¡Sal de mi cabeza!

—  ¿Salir? Pero si este es mi nuevo hogar.

El aire alrededor parecía volverse más frío.

—Debo decir que tu cuerpo es… impresionante.  Estoy muy a gustito…

Conall respiró con dificultad.

—Marcus…

El nombre salió cargado de odio.

—Por  fin me reconoces. Qué considerado.

Conall tocó el árbol con el puño.

La corteza se partió.

—¡No voy a dejar que te acerques a ella!

Silencio.

Luego…

Una risa.

Larga.

Cruel.

— Oh, Conall… Yo no necesito acercarme. Tú lo haras… y me ayudarás a destruirla.

—¡No, ni se te ocurra!

— ¿No lo viste? La furia. El poder. La sangre de Lilian corre fuerte en ella.

La voz se volvió casi nostálgica.

— Exactamente como su madre…

Los ojos de Conall se oscurecieron.

—No podrás dañarla, no lo permitiré…

—  Oh… pero es inevitable. Tu pequeña Luna es el vivo retrato de Lilian.

La presión en la cabeza de Conall aumentó.

Imágenes comenzaron a filtrarse en su mente.

Una mujer.

Cabello rojo.

Ojos llenos de determinación.

Magia.

Sangre.

Una cueva.

Una maldición.

— Y Lux me servirá para vengarme de Lilian por lo que me ha hecho.

Conall cayó de rodillas.

—¡Basta!

— Ella me quitó todo.

La voz de Marcus se volvió venenosa.

—Mi alma. Mi poder. Mi libertad.

El suelo bajo las manos de Conall comenzó a agrietarse por la fuerza con la que apretaba.

—Lux no es Lilian.

—Pero es su hija. Y eso es suficiente.

Conall gruñó.

—Si la tocas…

—  ¿Qué? ¿Me matarás?

La risa de Marcus resonó dentro de su cráneo.

—Eso sería complicado. Porque ahora… somos uno.

El pecho de Conall se agitó con furia.

—Te arrancaré de mi cuerpo si es necesario.

—  Eso quiero verlo.

Un silencio pesado cayó entre ambos.

Luego Marcus susurró algo que heló la sangre del alfa.

— Aunque debo admitir algo… Tu desesperación por ella es… deliciosa.

Conall apretó los dientes.

—  Ese momento en el que pensaste que la estabas perdiendo… Casi puede saborearlo.

—No te atrevas…

— Claro que me atrevo. Y aún mejor… Creo que puedo usarlo.

Conall sintió un tirón extraño en su pecho. Como si algo intentara empujar desde dentro. Su visión se volvió roja por un segundo. Cuando parpadeó… su reflejo en un pequeño charco cercano lo dejó helado.

Sus ojos.

Estaban rojos.

La sonrisa que apareció en su rostro…

No era suya.

—Imagínalo, Conall. El momento perfecto. Cuando ella confió en ti otra vez. Cuando baje la guardia…

La sonrisa en su rostro se ensanchó.

— Entonces… la destruiré.

Conall reunió toda su fuerza y ​​golpeó el suelo.

La energía de su aura alfa explotó alrededor.

Los ojos volvieron a su color normal.

—¡No!

Su respiración era agitada.

Salvaje.

—¡No la vas a tocar!

— Veremos.

La voz de Marcus se desvaneció lentamente.

Pero antes de desaparecer…

Dejó una última frase.

—  Después de todo… El amor siempre es la mejor puerta para una tragedia.

El silencio volvió al bosque.

Conall se quedó allí.

De rodillas.

Respirando con dificultad.

Luego levantó la mirada hacia la casa de la manada.

Hacia donde Zeta había llevado a Lux.

Sus ojos se endurecieron.

—Si cree que voy a rendirme…

Su voz salió baja.

Peligrosa.

—Es que no me conoce lo suficiente.

El Alfa del Norte se puso de pie.

Y por primera vez en años…

Tenía miedo.

No de sus enemigos.

Sino de sí mismo.

————————

La habitación de Zeta estaba en silencio.

Las cortinas apenas dejaban pasar la luz de la luna y el aire olía a lavanda y madera.

Lux lloraba en silencio.

Su cuerpo temblaba.

Zeta la sostenía entre sus brazos, sentada en el borde de la cama, permitiéndole esconder el rostro en su pecho.

—Lux… —murmuró con voz suave— sabes que puedes contarme cualquier cosa.

Lux negó con la cabeza, sollozando.

—¡He lastimado a Conall!

Zeta frunció ligeramente el ceño.

—Algo te habrá hecho.

Lux levantó la mirada, con los ojos húmedos.

—No lo entiendes, Zeta… ¿Cómo puedo sentir tanta ira por alguien y simplemente, dañarlo?

Zeta la observó en silencio unos segundos.

—No lo sé.

Luego acarició con suavidad su cabello.

—Pero voy a ayudarte a descubrirlo.

Con delicadeza, tomó su barbilla entre los dedos y levantó su rostro para que lo mirara.

—Si no despiertas tus poderes por completo… Hanna no podrá ayudarte a controlarlos.

Lux suspiró.

—Lo sé… pero…

Zeta la observó con atención.

—¿Me tienes miedo?

Lux negó enseguida.

—No… no es eso.

Zeta inclinó ligeramente la cabeza.

—También soy tu compañero, Lux.

Ella bajó la mirada.

—En realidad… eres mi protector.

Zeta sonrió con suavidad.

—Compañero… protector…

Se encogió de hombros.

—Para mí significa lo mismo.

Lux dudó antes de hablar.

—Zeta… siento cosas por ti cuando estamos juntos…

Él esperó en silencio.

—Pero no es igual que con Conall.

Zeta no reaccionó con enfado.

Ni con celos.

Solo suspiró.

—Eso es porque llevas su marca más tiempo.

Sus dedos trazaron suavemente la marca en el cuello de Lux.

—Y habéis terminado vuestra ceremonia de apareamiento.

Lux se sonrojó de inmediato.

Bajó la mirada hacia sus pies.

—Entonces…

Su voz salió casi como un susurro.

—¿Deberíamos concluir nuestra ceremonia?

Zeta se quedó mirándola unos segundos.

Luego negó con calma.

—Te prometí esperar todo el tiempo que necesites.

Su voz era cálida.

—Nunca voy a presionarte.

Lux lo miró con una pequeña sonrisa triste.

—Tú me gustas mucho.

Zeta levantó una ceja, divertido.

—Me da gusto saberlo, princesa.

Lux dejó escapar una pequeña risa nerviosa.

—Eres muy paciente conmigo.

Pero su expresión volvió a ensombrecerse.

—Pero…

Zeta ya sabía lo que venía.

—Pero lo que sientes por Conall no desaparece.

Lux asintió lentamente.

—Lo que siento por él… me impide conectar contigo igual.

Zeta suspiró.

—No sabes cómo funcionan los vínculos de pareja, Lux.

Ella negó con la cabeza.

—No.

—Pero yo sí.

Lux levantó la mirada.

—Puedo sentir el arrepentimiento de Conall.

Eso la sorprendió.

—¿Qué?

—Está arrepentido por todo lo que ha pasado. ¿Quieres contármelo?

—Intimó con mi hermanastra, Electra.

—¿Antes o después de conocerte?—preguntó Zeta estratégicamente.

Lux, ruborizada, bajó su mirada y susurró…

—Antes, pero el hecho ha sido que intimó con ella y no me lo ha contado.

—Bueno, eso no me sorprende en absoluto. Es bien sabido sobre la promiscuidad del Alfa del Norte.

—Vaya… lo vamos arreglando.

—Pero si fueron hechos realizados antes de conocerte, no puedes enfadarte con él.

—¿Ahora le defiendes?

—Siento su verdadero arrepentimiento.

Lux frunció el ceño.

—¿Cómo puedes saberlo?

Zeta dudó un momento antes de responder.

—Porque desde que ambos te marcamos…

Sus ojos brillaron ligeramente.

—Nuestros lobos se conectaron.

Lux abrió los ojos con sorpresa.

—¿Qué significa eso?

Zeta apoyó su espalda contra la cabecera de la cama.

—El vínculo se ha dividido en tres.

Lux tardó unos segundos en procesarlo.

—¿Tres?

Zeta asintió.

—Ni él ni yo lo admitiremos fácilmente…

Una sonrisa ladeada apareció en sus labios.

—Pero podemos sentirnos.

Lux se quedó completamente quieta.

—¿Sentirse?

—Emociones… miedo… rabia.

Su mirada se volvió más seria.

—Conall tiene miedo de perderte.

Lux bajó la mirada.

—Y también intenta protegerte de algo muy peligroso.

Lux frunció el ceño.

—¿Protegerme de qué?

Zeta negó con la cabeza.

—Eso no lo sé, pero lo averiguaré.

Luego añadió:

—Pero sí sé otra cosa.

Lux lo miró.

—Conall cree que quiero llevarte conmigo para separarte de él.

Lux suspiró.

—Eso suena muy propio de él.

Zeta sonrió ligeramente.

—Nuestro mundo no está preparado para aceptar un vínculo de tres.

Luego sus ojos brillaron con determinación.

—Pero pienso cambiar eso.

Lux parpadeó.

—¿Cómo?

Zeta se inclinó hacia ella.

—Dejando que el mundo te conozca.

Sus dedos apartaron un mechón de su rostro.

—Pero para que eso ocurra…

Su voz se volvió suave.

—Primero tienes que despertar tus poderes.

Lux lo miró en silencio.

Zeta se inclinó un poco más.

Sus labios rozaron los de ella.

Un beso suave.

Cálido.

Paciente.

Lux se quedó quieta al principio.

Pero no se apartó.

Zeta susurró contra sus labios.

—Si me aceptaras por completo…

Sus dedos tomaron suavemente su mano.

—Podría darte la otra parte de la energía que tu cuerpo necesita.

Lux lo miró confundida.

—¿Para qué?

—Para completar tu proceso.

El corazón de Lux comenzó a latir más rápido.

—Crees… ¿qué deberíamos dejar que pase?

Zeta no respondió con palabras.

Solo la besó otra vez.

Esta vez más profundo.

Lux dejó escapar un pequeño suspiro cuando él la acercó.

—Deja que suceda… —murmuró él suavemente—. Sabes que lo deseas.

Lux cerró los ojos.

Su mente estaba llena de dudas.

Pero también de algo más.

Necesidad.

—Si completo el proceso con mi otro protector…

Susurró contra sus labios.

—Podré controlar mis poderes.

Zeta afirma.

—Exactamente.

—Y dejaré de hacer daño a las personas que quiero…

Sus dedos se aferraron suavemente a su camisa.

Lux respiró profundo.

Luego lo miró.

Con una mezcla de decisión y miedo.

—Está bien, Zeta…

Una pequeña sonrisa apareció en los labios del lobo.

—Completemos la ceremonia.

Pero justo en ese momento…

Un viento frío recorrió el exterior de la casa de la manada.

Y en algún lugar del bosque…

Los ojos de Conall  se volvieron rojos.

Como si algo dentro de él hubiera sentido lo que estaba a punto de ocurrir.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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