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Lux de Luna - Capítulo 84

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Capítulo 84: Completando el vínculo

Zeta le quitó la ropa hábilmente, sin dejar de besarla, mientras Lux hacía lo mismo con él. Sus cuerpos se entrelazaban en un frenético baile de pasión, donde cada prenda que caía al suelo parecía liberar aún más el deseo que ardía entre ellos. La luz tenue de la habitación se filtraba suavemente, creando un ambiente íntimo que hacía que la química entre sus pieles se intensificara.

Al quedarse completamente desnudos, Lux sintió cómo el aire frío acariciaba su piel expuesta, mientras los labios de Zeta se deslizaban por su cuello. En un susurro ansioso, escuchó sus palabras, un eco de posesión que resonó profundamente en su ser.

— Sabes que también eres mía, ¿verdad? —preguntó Zeta, casi como si la afirmación fuera un pacto irrompible entre ellos.

Ella, atrapada en esa burbuja de sensaciones, asintió con la cabeza, totalmente ruborizada por el tacto de las manos de Zeta sobre el contorno de su cuerpo. El roce de sus dedos era electrizante, explorando cada curva con una ternura ardiente que la hacía sentir como si estuviera flotando.

— Eres increíblemente hermosa, princesa —murmuró Zeta, y su voz era una suave caricia que se deslizaba por su mente y su corazón a la vez. Las palabras se posaron en el aire, cargadas de admiración y deseo, desdibujando los límites entre la realidad y el ensueño.

Lux sonrió, dejando que la vulnerabilidad de ese momento la envolviera. Cada beso, cada toque era un nuevo descubrimiento, un camino hacia lo desconocido que prometía placer y conexión. Sus corazones latían al unísono, marcando el ritmo de una danza que apenas comenzaba, llevando consigo el eco de promesas y secretos compartidos en la penumbra.

Un gemido escapó de ella cuando Zeta tomó su pezón izquierdo rosado en su boca. mientras que con su pulgar, le frotaba el pezón derecho en un movimiento circular haciendolo endurecer al contacto.

—¡Ah! ¡Ahhh! —gimió Lux.

— Puedo oler lo excitada que estás, mi amor.

Lux soltó otro gemido, permitiéndose disfrutar de los placeres que él les brindaba a sus pechos perfectamente diseñados.

—¡Ahhhh! ¡Sí!

—Deja que te pruebe, Lux.

Sus labios viajaron hasta el clítoris de ella, mientras sus piernas se debilitaban con las sensaciones que recorrían su cuerpo cuando Zeta presionó sus labios contra su hinchado núcleo.

Lux fue llevada al límite cuando el príncipe introdujo varios de sus dedos por su estrecha vagina y, con movimientos profundos y certeros, la llevó a otra dimensión.

—¡Ahhhh! —Lux soltó un gemido fuerte acompañado de su liberación dentro de la boca de Zeta.

— Joder, princesa… sabes demasiado bien y me perteneces… eres mía.

Lux se recompuso después de su liberación y, bajando su mano, cogió el pene de Zeta para acariciarlo.

— Y tú eres mío y debes proporcionarme la energía necesaria.

Zeta levantó una ceja para mirarla incrédulo.

— Veo que en estos momentos, la timidez se te pasa.

— ¿Vas a follarme o a seguir hablando? — lo fulminó Lux con su mirada.

— ¿Quieres que te folle, mi princesa?

Lux se abrió de piernas para darle mejor acceso a Zeta mientras él gemía al rozar la entrada de su húmeda vagina con la cabeza hinchada de su pene.

—Por favor. —suplicó Lux.

— Añade mi nombre. —exigió él.

—Por favor, Zeta, fóllame bien rico.

Zeta sonrío introduciendo su miembro duro en su calidez húmeda.

-¡Sí! —jadeó Lux al sentirlo completamente dentro de ella.

Zeta no se contuvo y se introdujo de una sola vez.

Lux se retorcía debajo de él, sintiendo su plenitud en su interior. Cuando él se aseguró de que ella estaba bien, empezó a penetrarla suave y lentamente.

— Mía, mía…

Zeta se excitaba con cada embestida mientras le susurraba palabras en su oído.

—¡Sigue! ¡Ahhh! —suplicaba Lux cada vez más.

Tan pronto como ella comenzó a gemir, él comenzó a empujar con fuerza.

Sus gemidos se convirtieron en gritos de placer con cada golpe en su punto G y el placer era tan intenso que ambos sudaban mientras llegaban juntos a sus orgasmos.

—¡Sí, Zeta! ¡Me corro!

Él sacudió hasta la última gota de su semen caliente dentro de ella, para de inmediato, acomodarla en cuatro patas.

— Ahora que te he probado no podré dejar de hacértelo, Lux.

—Y yo no quiero que pares, mi príncipe.

— Si a él le has entregado la virginidad de tu coño, a mí me darás la virginidad de tu culo.

— ¿Qué? —la expresión de Lux era de confusión.

Zeta se inclinó suavemente en su espalda y le susurró al oído.

— Te lo haré despacio hasta que me ruegues que te meta mi enorme y grueso pene hasta el fondo.

En esos momentos, el dulce y cariñoso principito encantador, parecía estar poseído por la lujuria.

Lux obedeció gimiendo cuando sintió su pene en la entrada de sus nalgas.

— Ahhh…

— Joder, estás tan cerrada…

Zeta se mordía el labio para no ceder a la tentación de penetrarla de golpe y producirle daño.

En cambio, mientras jugaba con la entrada trasera, con sus manos le daba placer a su hambrienta vagina que rogaba por su atención.

— ¿Te gusta sentirme?

— Sí, me gusta mucho.

— ¿Me quieres dentro de ti?

— Sí, mi príncipe. Te deseo otra vez.

— Bien…

Zeta continuó introduciendo sus dedos dentro del coño de Lux, mientras jugaba con la punta de su pene en la abertura de su culo.

— Quiero poseerte entera, Lux. Hacerte mía, una y otra vez, y engendrarte a mis cachorros.

—¡Hazlo, Zeta! Quiero sentir tu pene al completo.

Lux gritó de dolor cuando Zeta se dejó llevar y la penetró hasta el fondo.

En esos momentos, Zeta no era el caballero que siempre había sido con ella, sino más bien era un lobo en celo reclamando a su hembra.

—¡Compañera!

Zeta embestía a Lux como un animal hambriento y, en el momento en que sintió que se aproximaba la liberación de Lux, la marcó en el mismo lugar.

Esa zona tan sensible que llevaba las marcas de sus dos protectores. Quienes la llenaban de energía, amor y sexo descomunal.

—¡Ay! —gimió Lux, totalmente abducida por las diferentes sensaciones que él le provocaba.

Zeta lamió su marca de inmediato para curar la herida que le ocasionó sin dejar de embestirla ni por un momento.

Gotas de sudor caían sobre su espalda, seguidas de gemidos placenteros mientras él apretaba sus nalgas.

—¡Ahh! No puedo parar, eres demasiado dulce.

— No pares… —suplicaba Lux.

Lux también estaba deseosa por más y, durante toda la noche, se aventuró a los brazos de su príncipe encantador quien la lleno de sexo salvaje y energía.

————————

La mañana siguiente se presentó con un aire denso y cargado de tensión. Raunak, que había esperado lo peor, se dirigió a la habitación de Conall, un nudo en el estómago que no podía ignorar. Sabía que su alfa había pasado una noche complicada, pero su urgencia de encontrarlo era mayor que cualquier otro sentimiento. La situación demandaba su presencia.

Al abrir la puerta, encontró a Conall tendido sobre su cama, una botella de ron en la mano y la mirada perdida en el techo. Este espectro cansado, este ser que solía irradiar fuerza, ahora parecía atrapado en sus propias sombras.

—¡¿Qué carajos quieres?! —rugió Conall, su voz retumbando en las paredes como un eco de frustración.

Raunak trago saliva; la tensión entre ellos era palpable. Conall había sentido lo que ocurrió entre Lux y Zeta a través de su vínculo de tres, y ese vínculo estaba resentido. No era el momento para juegos.

—Ha pasado algo —dijo Raunak con una seriedad inquebrantable—. Y creo que necesitas verlo con tus propios ojos.

Conall giró la cabeza, su expresión se tornó aún más oscura.

—No necesito ver que mi Luna se apareó incontables veces con su estúpido príncipe —replicó, su desdén cortante como un cuchillo.

Raunak sintió cómo la preocupación se apoderaba de él, abrumándole.

—¿Perdona? ¿Qué has dicho? —preguntó, su corazón acelerándose.

—¡Déjame en paz, Raunak! —zanjó Conall, mientras se regresaba hacia la pared, como si quisiera hundirse en ella.

Pero Raunak no estaba dispuesto a ceder. Le tomó un momento, pero finalmente encontró el valor para continuar.

—No sé qué ha pasado entre nuestra Luna y el príncipe… —la voz de Raunak tembló ligeramente—. Solo sé que ella está en la habitación de Zeta, flotando en el aire y nadie sabe cómo bajarla.

El silencio se instaló entre ellos, pesado y sofocante. Conall, que había querido ignorar la realidad, sintió que su corazón se detenía por un instante. El enfado que lo consumía empezó a evaporarse.

— ¿Cómo que flotando? —dijo finalmente, su voz casi un susurro.

Como un resorte, Conall se incorporó de un salto, dejando caer la botella al suelo. Febril, salió disparado hacia la habitación que ocupaba Zeta. Cada paso resonaba como un tambor en su mente, impulsado por una mezcla de furia y preocupación. Cuando entró, el ambiente lo recibió con un velo de recuerdos y el olor a lo que había ocurrido la noche anterior, pesado y denso en el aire.

Se encontró con la mirada alarmada de Zeta; sus ojos estaban llenos de una inquietud que Conall no podía ignorar.

— ¿Dónde está? —exigió, su tono desafiante, casi desesperado.

Zeta, con una mano temblorosa, le señaló hacia arriba. Conall siguió su dedo y, al mirar, se encontró con una visión que nunca podría haber imaginado: Lux, flotando horizontalmente en el aire, proyectando un brillo casi etéreo. Su figura parecía suspendida entre dos mundos, envuelta en un halo que desmentía la gravedad.

— ¿Qué mierda le has hecho? —gritó Conall, la furia regresando a su pecho, aunque esta vez mezclada con una profunda preocupación.

Esperaba una respuesta, pero el silencio en la habitación se hacía cada vez más ensordecedor. Los eventos de la noche anterior danzaban en su mente como fantasmas burlones. Zeta pareció perderse en sus pensamientos, incapaz de proporcionar respuestas claras. La impotencia y la rabia burbujeaban bajo la superficie de Conall, que sabía que el tiempo se estaba agotando.

Si Lux no regresaba pronto, tal vez la realidad que conoció jamás volvería a ser la misma.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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