Lux de Luna - Capítulo 85
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Capítulo 85: Causa y efecto
—¿Dónde está?
La voz de Conall retumbó en la habitación como un trueno.
Zeta, sentado en una silla junto a la cama, levantó la vista con calma irritante. Luego señaló hacia arriba…
—Ahí.
Conall siguió la dirección del dedo de Zeta y, cuando localizó el objetivo, quedó completamente perplejo.
En medio de la habitación, Lux flotaba horizontalmente en el aire, envuelta en una tenue luz plateada que latía como un corazón.
Su cabello rojo se movía suavemente, como si estuviera bajo el agua.
—Zeta ¿qué… mierda… le has hecho?
La voz de Conall fue baja. Peligrosa.
Zeta se recostó en la silla, cruzando los brazos.
—Nada que ella no quisiera. Hemos terminado la ceremonia de apareamiento.
Pausa.
—Varias veces.
El aire de la habitación se volvió pesado. Un frio que helaba la sangre de cualquiera.
El rostro de Conall se volvió rojo de furia.
Sus manos se cerraron en puños con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.
Raunak, que estaba apoyado contra la pared, levantó una ceja con curiosidad.
—Vaya…
Conall no apartaba los ojos de Zeta.
—Raunak.
—Sí, Alfa.
—Ve a buscar al hada.
Raunak ya se dirigía hacia la puerta cuando Conall agregó con voz dura…
—Y a la otra sanadora también. Las quiero aquí, a las dos, ahora mismo.
Raunak asintió sin hacer preguntas.
—Entendido.
La puerta se cerró tras él.
Zeta frunció el ceño.
—¿Otra sanadora? ¿Acaso esta manada tiene un imán para los del Reino Sagrado?
La verdad, que ellos no lo sabían, pero la ironía de Zeta no estaba tan desacertada… las piedras runas que habitan las minas de la Montaña Pico Blanco, tenían mucho poder.
Conall seguía mirando a Lux flotando en el aire, como si no pudiera apartar la vista.
—Hanna necesita ayuda para entrenarla y contactó a otra sanadora.
Zeta soltó una risa seca.
—Sabes perfectamente lo que pasará.
Conall lo miró finalmente.
—¿Qué?
—Querrán llévársela.
El silencio se tensó entre ambos como una cuerda a punto de romperse.
—¡Esto no habría pasado si no la hubieras tocado! —gruñó Conall.
Zeta se levantó lentamente de la silla.
—Tengo el mismo derecho que tú.
—¡No!
La voz de Conall salió como un animal gruñido.
—No después de lo que sabías.
Zeta ladeó la cabeza con calma irritante.
—Ahora la has expuesta —continuó Conall—. Si ella es tan poderosa como dicen… es normal que quieran devolverla a su reino.
Zeta comenzó a caminar despacio por la habitación, pensativo.
—Conall… ambos sabemos que Lux es nuestra.
El alfa lo miró con odio puro.
—Quieras admitirlo o no…
Zeta se señaló el pecho.
—Sientes el vínculo de tres, tanto como yo.
Conall apartó la mirada con frustración.
—Eso no cambiaba nada.
Zeta soltó un suspiro frustrado.
—No podemos dejar que se la lleven.
Se acercó un poco más.
—Tenemos que unirnos.
Conall soltó una carcajada amarga.
—¿Unirnos?
—Si.
—Y ¿qué crees que pasará después?
Zeta lo miró fijamente.
Conall alzó la barbilla y miró a Zeta con mucha preocupación.
—¿Los lobos aceptarán a alguien como Lux?
Zeta no respondió.
Conall continuó…
—¿La Luna del Norte?
Hizo una pausa antes de agregar…
—¿O la Reina de todos los Lobos?
Zeta gruñó con molestia.
—Lo dices como si fuera imposible.
Conall lo miró con gravedad.
—Se viene una guerra, Zeta. ¿Estás listo para luchar?
El príncipe frunció el ceño.
—Lo estoy. Estoy listo para luchar contra cualquiera que intente llevársela.
En ese momento, la puerta se abrió.
Hanna entró primero.
Iris la siguió.
Ambas se detuvieron en seco al ver la escena.
Lux flotaba en el aire.
Brillando.
—¿Quién ha sido? —preguntó Hanna de manera acusatoria.
Zeta levantó una mano.
—El príncipe, como no…
Hanna rodó los ojos.
—Ya estamos otra vez… tenías que terminar lo que empezaste ¿verdad?
Iris observó a Zeta con interés.
—¿Este es el otro protector?
Hanna sonrió con picardía.
—Sí, querida.
Se acercó un poco más a Lux.
—Al parecer, nuestra querida Diosa de la Luna ha decidido que dos lobos de alto rango protejan a nuestra princesa.
Iris alzó una ceja.
—Ambiciosa la Diosa.
Zeta se cruzó de brazos.
—¿Por qué está flotando? —finalmente preguntó desconcertado.
Hanna se rascó la cabeza.
—Bueno… a ver como lo eexplico…
Iris suspiró.
—Déjamelo a mí.
Miró a los dos lobos.
Hanna se encogió de hombros.
— Si prefieres, pero ya te digo que este, no es mejor que el cabezota del Alfa.
Conall gruñó.
—¿Habláis de mí?
Iris lo observó con una sonrisa suave.
—Antes de aparearse contigo, Alfa Conall… Lux ya había comenzado a despertar sus poderes. Habrá ido experimentando algunos cambios significativos, tal vez… mejoró su visión, su olfato…
Conall parpadeó sorprendido.
—¿Perdón?
Zeta también se sorprendió.
Iris continuó con calma.
—No creeríais que un lobo hubiera sido lo suficientemente fuerte para provocar ese despertar por sí solo ¿verdad?
Conall dio un paso adelante en tono desafiante.
—¿Me estás llamando debilucho?
Hanna suspiró con cansancio.
—Y así todo el día…
Iris levantó ambas manos.
Y en ese mismo instante…
Conall y Zeta quedaron completamente inmóviles.
Ni siquiera podían hablar.
Solo parpadeaban con furia.
Iris sonrió satisfecha.
Ella había utilizado su poder, el de inmovilizar y los dos machos lobos no estaban muy contentos.
—Ahora mucho mejor.
Hanna aplaudió suavemente.
—Te dije que eran dos cabezotas que siempre se están peleando.
Iris observó a Lux con atención.
—Sí… lo veo.
Respiró hondo.
—Bien. Volvamos a lo importante.
Hizo un gesto elegante con las manos.
Lux comenzó a descender lentamente del aire.
—Voy a bajar a Lux.
Hanna se preparó junto a la cama.
—Cuando despierte necesitará reposo.
Lux cayó suavemente sobre el colchón.
Hanna la cubrió rápidamente con una manta.
La luz se atenuó poco a poco.
—Me la llevaré a su habitación.
Iris asintió.
—Y no olvides darle la pócima.
—Por supuesto. —aseguró Hanna.
Hanna salió con Lux en brazos.
Conall y Zeta, miraban todo lo que estaba sucediendo sin poder hacer nada al respecto.
La puerta se cerró.
Iris se volvió hacia los dos lobos inmóviles.
Suspiró.
—Y aquí estamos los tres.
Caminó lentamente frente a ellos.
—La explicación es bastante sencilla.
Se detuvo frente a Conall.
—El Alfa del Norte alberga en su interior una criatura maligna.
Zeta abrió los ojos de par en par.
Iris continuó…
—Un antiguo protector que mantiene su alma atrapada en el Inframundo.
Miró a Conall con interés.
—Y pronto, tomará su cuerpo.
Zeta intentó hablar.
Pero seguía paralizado.
Iris continuó caminando.
—Desde la primera vez que Lux y Conall se vieron… ella despertó su poder. Luego se asentó con el apareamiento y la marca.
Se detuvo entre ambos.
—Un solo cuerpo.
Pausa.
—Pero dos protectores luchando dentro.
Luego miró a Zeta.
—Y ahora…
Sus ojos brillaron ligeramente.
—Tres.
Señaló la cama vacía donde había estado Lux.
—Al completar el marcado contigo… algo en sus poderes cambió.
Cruzó los brazos.
—No sé si para bien o para mal.
Con un gesto suave de sus dedos…
El hechizo desapareció.
Conall y Zeta recuperaron el movimiento al mismo tiempo. Conall intentó alcanzar el cuello de Iris para estrangularla, pero Zeta lo sostuvo.
—Ella puede sernos de utilidad, no seas hostil.
—Nos inmovilizó… —gruñó Conall.
—Y lo volveré a hacer si no te calmas, lobo. —sentenció Iris.
—¿Eres una bruja? —Gruñó Zeta.
Iris sonrió con calma.
—No. Soy sanadora, una tradicional.
Conall sacudió los brazos con molestia.
—No era necesario paralizarnos.
Iris alzó una ceja.
—Créeme. Sí lo era.
Luego su expresión se volvió más seria.
—Y si no cambian de actitud… las cosas para vosotros empeorarán.
Conall respiró hondo.
—¿Qué pasará con Lux?
Iris suspiró.
—No lo sé.
Caminó hacia la ventana.
—La verdad, no sé cómo puede afectar la influencia de Marcus en ella. En vida, él poseía la habilidad de controlar el poder oscuro…
Zeta miró a Conall con furia.
— ¿Estás poseído por una criatura maligna y no se te ocurrió contármelo?
Conall respondió con frialdad.
—No tenías que saberlo.
Iris lo corrigió inmediatamente.
—Te equivocas, Alfa del Norte.
Se volvió hacia ambos.
—Zeta es también tu compañero ahora. Después de completar el vínculo… los tres están unidos.
—En lo bueno…
Pausa.
—Y en lo malo.
Zeta se pasó una mano por el cabello con frustración.
—¡Estupendo!
Suspiró.
—Justo lo que me faltaba. — exclamó Conall, pensando que había hecho otro trato con Marcus solo para que matara a Zeta y ahora ¿no podría hacerlo?
Iris continuó…
—Tendrán que aprender a aceptarse.
Los miró con severidad.
—Si algo le ocurre a uno de vosotros…
Su voz bajó ligeramente.
—Los otros dos, lo sufrirán también.
El silencio se volvió pesado.
Conall habló primero.
—Tiene que haber una manera de romper esto.
Iris avanzó lentamente, su mirada fija en los dos lobos que se encontraban frente a ella, como si el peso de la incertidumbre cayera sobre sus hombros.
—La hay.
Zeta dio un paso adelante, lo que indicaba su creciente impaciencia.
—Habla.
Iris los miró fijamente, su voz serena contrastando con la tensión palpable en el aire.
—Lux podría elegir a uno de vosotros.
Una pausa tensa siguió a sus palabras.
—Y rechazar al otro.
Conall y Zeta intercambian miradas cargadas de significado, la preocupación reflejada en ambos rostros.
Zeta, siempre el más pragmático, preguntó…
—¿Consecuencias?
Iris no suavizó su respuesta; Conocía el riesgo que corrían.
—El rechazo sería doble.
Un gruñido se escapó de los labios de Conall.
—Ya sabemos lo que pasa cuando un lobo es rechazado.
La amarga realidad resonó en la declaración de Zeta.
—Renegados…
La palabra flotó en el aire, como una sombra oscura.
—Ni tú ni yo podríamos llegar a perder el control siendo renegados. Pondríamos a este reino en peligro extremo —confirmó Conall, su voz grave y tensa.
Un renegado era un lobo solitario que vagaba sin rumbo. Su pelaje desgastado por el tiempo y la soledad reflejaría su alma errante. Sin manada que lo guíe, dejaría atrás las reglas y los juramentos de su especie. Con cada luna llena, su instinto se distorsionaría, lo que lo transformaría en una bestia irracional. La supervivencia sería su único motor, y la vida de otros seres se convertiría en su único alimento. Con ojos feroces y un aullido desgarrador, avanzaría entre sombras, dejando un rastro de destrucción a su paso, olvidando la nobleza de su origen.
Iris asintió solemnemente.
—Exacto.
Luego agregó, su voz casi un susurro…
—Pero Lux no es un lobo.
El silencio cayó como una piedra en la habitación, cada uno de ellos comprendiendo la gravedad de lo dicho.
—Y con su poder…
Los ojos de Iris brillaron levemente, y la inquietud creció en el pecho de Zeta.
—¿Qué?
Iris, con total calma, reveló la verdad desgarradora.
—Su rechazo podría matar al tercer miembro del vínculo.
Un segundo.
Dos.
Conall y Zeta reaccionaron al mismo tiempo, la desesperación surgiendo en sus voces.
—¡Mierda!
Ambos sabían que tenían que actuar, pero el costo podría ser demasiado alto. La lucha por Lux había comenzado, y el tiempo era un enemigo feroz.
———————–
La imagen de Iris la comparto en comentarios. Si os está gustando la historia, dejarme vuestro comentario. Gracias 😉
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